Don CARLOS VENEGAS MOYA: Agricultor, Solidario y Visionario

Sr. Carlos Venegas Moya, el Hogar de Ancianos de Esparza, lleva su nombre.

Sr. Carlos Venegas Moya, el Hogar de Ancianos de Esparza, lleva su nombre.

Don Carlos María Venegas Moya nació el 7 de febrero de 1914, en Juanilama de Esparza. Fue el sétimo hijo del matrimonio en primeras nupcias de los señores Ramón Venegas Vásquez y Rafaela Moya Ugalde. Su madre murió al tener él 6 años de edad; esta situación de orfandad, unida a la dirección estricta de su padre y de su abuela paterna, Rosario Vásquez Monge, forjó en don Carlos un carácter fuerte y sensible.

Para ayudar a su familia vendía productos agrícolas en el mercado de la comunidad; desde entonces, se le conoció como un muchacho despierto, comunicativo, de clara inteligencia, con un espíritu y una voluntad emprendedora en todos los quehaceres de su vida. Para todos los efectos, fue el brazo derecho de su señor padre, don Ramón, quien depositó en él su confianza llegando a extremos inimaginables.

Casó con la señora Margarita Porras Benavides, con quien procreó 17 hijos, de los cuales sobreviven 9 varones y 4 mujeres.

Hombre laborioso y visionario

Bajo su particular línea de pensamiento y con trabajo arduo y honesto, hubo años de mantener al mismo tiempo a seis hijos en la Universidad, sufragando sus gastos de hospedaje y alimentación en casas particulares.

Decía don Carlos, allá por la década de los años 1960, que el dinero llevado en el bolsillo y los comestibles en la alforja -con el tiempo y debido a la devaluación creciente- se invertiría la forma de transportarlos: el dinero se llevaría en la alforja y los comestibles en el bolsillo… Su familia creció bajo el lema estricto de la honradez y pregonaba que era mejor heredar a un hijo un buen nombre, que dinero, porque con lo primero se conseguía lo segundo, pero no a la inversa. Era enfático en afirmar que era mejor perder dinero que la palabra empeñada y varias veces dio muestra de esa filosofía.

Hace 40 años, cuando este país era eminentemente agrícola, se le escuchaba decir que las fincas, con el tiempo, serían una carga económica para sus dueños, porque no producían lo suficiente para su mantenimiento y el de sus familias. Don Carlos Venegas tenía la certeza de que la agricultura sería sustituida por la industria y que el futuro de los jóvenes estaba en hacerse profesionales y obtener lo mejor del conocimiento.

A pesar de no haber cursado ni un solo día de escuela, aprendió a leer y escribir por sus propios medios. Por otra parte, a gran diferencia de los hombres de esa época quienes consideraban que sus hijos debían dedicarse a trabajar en el campo junto a ellos, su actitud y su mentalidad visionaria lo impulsaron a tomar la decisión de enviar a sus propios hijos a estudiar para que llegaran a ser profesionales, a pesar del gran esfuerzo y sacrificio que ello le significara, pues, por un lado, consideraba que ese era el mejor instrumento con el que sus hijos podían enfrentar los retos de la vida y -por otro lado- era la mejor manera de servirle a la sociedad que los vio nacer.

Por ello, cuando el mayor de sus hijos obtuvo el diploma de primaria, no dudó en enviarlo a vivir a Esparza centro para que viajara al Liceo Nocturno “José Martí” a obtener su bachillerato. Luego, haría lo mismo con su segunda hija.

La vida en la ciudad

En 1962, construyó una casa en Esparza centro, donde vivió el resto de su vida, viajando diariamente a caballo hasta sus fincas, ubicadas en Juanilama. Recordemos que en esos momentos el trayecto Esparza-Mata de Limón era transitable sólo a pie o a caballo y algunos vehículos podían transitar esa vía solamente durante el verano.

Con esa visión, don Carlos se esforzó por brindar a todos sus hijos e hijas la oportunidad de prepararse académicamente.  Consideraba que todas las profesiones eran importantes, pero que en cada familia era fundamental la existencia de un médico y de un abogado, quienes resultaban muy útiles, ya fuera por una emergencia médica o por un lío judicial.

Ejerció un gran liderazgo entre sus amigos y familiares y era común observar constantemente a muchos de ellos visitarlo para tomarle parecer en muchas cosas, desde qué hacer con un enfermo hasta decidir por quién votar en las elecciones nacionales.

Tuvo la dicha de relacionarse con muy buenos amigos; entre los que podemos citar: a su padrino, Jesús Ugalde y su hijo Erasmo, Abraham Cambronero (padre), José Aguilar, Raúl Pérez Ulloa, Juan de Dios Ugalde así como los hermanos Noé y Manuel Adán González Prendas, entre otros. De todos ellos, obtuvo grandes enseñanzas y logró formarse una filosofía de la vida muy particular.

Producto de su trabajo tesonero, desde muy joven logró hacer sus pri­meros ahorros, lo cual le permitió ir adquiriendo propiedades dedicadas, principalmente, al cultivo de diversos productos agrícolas. Posteriormente, desarrolló la ganadería vacuna y porcina. Siendo un apasionado de la ganadería, participó exponiendo sementales producidos en su propia finca, en varias Ferias Ganaderas organizadas en la zona Pacífico Central, en la década de los años 1970.

Su gran visión futurista lo llevó a iniciar -hace más de 60 años- un proceso de reforestación, en momentos donde abundaban los recursos naturales y nadie preveía la necesidad de preservarlos; muchas de esas especies maderables han sido utilizadas en la construcción de las casas de gran parte de su familia.

En la comunidad, prestó sus servicios en Juntas de Educación, Jun­tas de Caminos, en la Junta Directiva del Comité Local de la Benemérita Cruz Roja y en la Junta Directiva de la Agencia del Banco Nacional de Costa Rica, sede de Esparza.

Fundación del Hogar de Ancianos de Esparza

Es así, como en el año 1985, un grupo de vecinos de la comunidad de Esparza, luego de constituir una Asociación de Bienestar Social sin fines de lucro para dedicarla a brindar una vida digna a los ancianos de la región que estuvieran en estado de abandono y riesgo social, -conocedores del espíritu de servicio de don Carlos Venegas, acudieron a él para solicitarle la donación del terreno que hoy alberga a nuestra querida institución; cesión realizada por don Carlos con el más grande de los cariños para los futuros beneficiarios, a quienes no llegaría a conocer, pero que -desde aquel instante- ya posaban en su corazón.

Gracias al valioso aporte de la Fundación Santiago Crespo, así como de ciudadanos de la comunidad y fondos provenientes de actividades feriales, se inauguró la primera etapa de nuestro albergue el 23 de abril de 1989, bautizándolo con el nombre de: Hogar de Ancianos “Carlos Venegas Moya”, en homenaje a ese ciudadano ejemplar, a su vida y, muy especialmente, a su noble gesto para con los Adultos Mayores.

Bendiciones de la Vida

Fue un hombre afortunado a quien Dios premió hasta en el últi­mo período de su vida, permitiéndole durante unos días más -una vez que se enteró de lo grave de su enfermedad- compartir con amigos, allegados y familiares, sus pensamientos, consejos y recomendaciones a cada uno de ellos.

En resumen, podemos describir a don Carlos Venegas como un hombre “a carta cabal”: Hijo, hermano, padre, esposo ejemplar, amoroso, capaz de dar la vida por sus seres queridos; en fin, don Carlos Venegas vivió intensa y productivamen­te -orgulloso de su origen campesino- con valores y conducta dignos de ser emulados en nuestros tiempos.

Murió apaciblemente el 7 de noviembre de 1988, rodeado del amor de sus seres queridos. Los hijos de don Carlos Ma Venegas Moya, labraron en el mármol de su sepulcro el siguiente epitafio:

“Tu Ejemplo y Enseñanza rige la vida de tus hijos. Tu sangre corre con gran influencia en cada uno de tus nietos. Fuiste Maestro de Justicia y Honestidad en todos los que te conocimos. Gracias, Papá”.

Autor: C.B.E. (Colaborador)

FUENTE:  Boletín Informativo: “Blanco y  Dorado”, Volumen Nº4, Año 1, 2004, del Hogar de Ancianos de “Carlos Venegas Moya”, Juanilama, Esparza.

Editor: Marco Fco.·. Soto Ramírez

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4 pensamientos en “Don CARLOS VENEGAS MOYA: Agricultor, Solidario y Visionario

  1. Sé que este artículo tiene ya algunos años de haber sido publicado. En su momento, lo leí y lo disfruté porque describe muy bien a quien fue mi padre. Hoy que se cumplen 103 años de su natalicio, mi corazón se llena de nostalgia y de grandes recuerdos. Gracias Marcos Soto, por tu excelente trabajo.
    Atte.
    Rodrigo Venegas Porras

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