¿Dónde nacemos, maduramos, producimos, envejecemos y morimos?

Por: Prof. Cándida Chinchilla López (*)

Por supuesto que en la Familia, que es la célula vital de la sociedad, del país, de la política, del trabajo, de la Iglesia.

Dice el Papa Juan Pablo II en uno de sus documentos sobre la Familia: “Familia sé lo que eres”:

«Lugar donde florece la vida esperada con ansia por un papá y una mamá, en esa familia nacimos los hijos del  amor que el Señor de la Vida les ha confiado a esos esposos, que se comprometen a cuidar la vida de ese hijo que Dios le ha confiado, no son dueños, sino administradores.»

La Familia es el lugar donde los hijos crecemos: en el amor, la aceptación, la convivencia, el trabajo, la responsabilidad, la conciencia de la propia dignidad, la libertad, con la ayuda de los padres, hermanos, tíos, abuelitos, vecinos, escuela, comunidad, la Iglesia. Cada uno de estos miembros, aportando desde su realidad, lo que es cada uno como persona, como hombre, como mujer, con sus valores en el puesto que ocupa responsablemente en la realidad que nos toca vivir en el aquí y el ahora.

Pero esto no se realiza de manera fácil, si la Familia no cumple su cometido de núcleo fundamental de la sociedad y del país, si no tiene en cuenta y acepta al que es el principal: Jesucristo y su mensaje.

“Sin mí, nada podéis hacer”. –nos dice Jesús, porque en la Familia se necesita la fuerza, el valor, para el perdón, la aceptación para seguir amando cuando nos equivocamos y nos fallamos unos a otros, los esposos, los papás, los hijos. Sin Jesucristo -muerto y resucitado por nuestro perdón y amor-, ¿qué nos brota del corazón? Sólo venganza, odio, violencia y resentimiento, aunque nos pongamos una máscara de “que los queremos mucho” y por eso: gritos, castigos, exigencias, palabras, gestos y acciones, a veces veladas… Pero, todo eso nos causa a nosotros mismos sufrimiento, tristeza, frustración, porque descargamos sobre quienes decimos querer mucho, a veces los más débiles, indefensos, los niños, los ancianos, los enfermos y los pobres. ¡Qué injusticia! No son otros, somos nosotros mismos… En la Familia, en la sociedad, en el trabajo.

Pero si hacemos un alto, tomamos conciencia de esta verdad y volvemos nuestro corazón, nuestra vida, nuestros ojos Al que Todo lo Puede y con valentía le preguntamos: Señor, ¿Qué harías Tú en esta situación?, en este problema, en esta crisis?

Y si le preguntáramos a la Esposa y Madre modelo, la Virgen María, ¿qué nos contestaría? De seguro: “Hagan lo que Él les diga”. (Jn. 2)

Y así, practicando el perdón, el amor y la escucha, brotará de esa escuela de humanidad –la Familia-, vocaciones a la vida, al amor, al matrimonio, al sacerdocio, al servicio de los más necesitados, los más débiles, niños, ancianos, enfermos, inmigrantes, carentes de calor de hogar, de Familia, trabajo, comida, salud, educación y derechos inalienables de todo Hijo de Dios, de todo costarricense o que vive con nosotros.

Por eso, es una necesidad cultivar los valores humanos, espirituales, Familiares, cristianos en esta pequeña comunidad que es la Familia, para que nuestro país, golpeado, zarandeado hoy por tanta violencia en sus diversas manifestaciones, así como por el hedonismo, la corrupción, el consumismo, el afán de poder, el tener en sus diversas formas, para llenar el vacío de no ser alguien y que busca llenarse con los pseudo valores engañosos que están generando tanto dolor,  frustración,  resentimiento, incertidumbre, pérdida de credibilidad, pobreza, desempleo y miseria, no sólo física, sino también moral, ética, espiritual.

Estos vacíos son la consecuencia de arrancar a Dios y Su Ley, del corazón de la Familia, del trabajo, de la política, del niño, del joven, del adulto y  hasta del Adulto Mayor…

Volvamos a Cristo, a su palabra, a los valores cristianos, reconozcamos nuestros errores y nuestra Familia, nuestra patria encontrará el rumbo acertado. Hagamos la prueba. Ánimo, Él viene con nosotros, a pesar de nuestra debilidad.

 

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(*) Prof. Cándida Chinchilla López, Educadora Religiosa, Colaboradora del Hogar de Ancianos de Esparza “Carlos Venegas Moya”.

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