Nace la Cátedra Claudia Quirós (Año 2009)

La recordada MSc. CLAUDIA QUIRÓS VARGAS (Premio Nacional de Historia "Aquileo J. Echeverría, 1991), fue la gestora de la creación del Mes de la Esparzaneidad.

La recordada MSc. CLAUDIA QUIRÓS VARGAS (Premio Nacional de Historia “Aquileo J. Echeverría, 1991), fue la gestora de la creación del Mes de la Esparzaneidad.

CLAUDIA QUIRÓS VARGAS (In Memoriam)

Autor: Lic. Marcos Hernán Elizondo Vargas (*)

Amigas y amigos todos:

Para mí es un honor venir a cumplir con una solicitud de la Junta Directiva de la Casa de la Cultura. Me uno con regocijo y agrado al deber cívico de rendir tributo de admiración, gratitud y respeto a la persona y a la obra de la máxima historiadora que residió en la ciudad del Espíritu Santo de Esparza en la segunda mitad del Siglo XX y en los primeros años de éste: a doña Claudia Quirós Vargas.

Hace ya más de 3 años, “Cavita” como la llamábamos con cariño, se subió a la barca absurda de Caronte para emprender su viaje hacia la eternidad. Nos dejó enfrentados ante la prueba de la muerte que es, sin duda, la más dramática y sugerente que puede afrontar el ser humano.

Porque podrá borrarse de nuestros recuerdos, el momento en que vimos de niños, apagarse la vida del pajarito cuyos arpegios melodiosos halagaron nuestros oídos, o el del instante en que cayó muerto a nuestros pies, el perro noble que vino a compartir con nosotros, sin regateos ni mezquinas conveniencias, muchas horas de alegría. Pero cuando la muerte nos ofrece la más dolorosa de las experiencias, arrebatándonos a un ser querido, el familiar cercano o la amiga entrañable, las reflexiones acuden presurosas al espíritu conturbado, y por su medio, del ser superficial que hasta ahí éramos, comienza a surgir, como el rayo luminoso entre las tinieblas, un nuevo ser más profundo y angustiado.

Este es el momento creador en el que, con la madurez sicológica adquirida en el tiempo, adviene en nuestro destino la espontánea actitud metafísica, que nos exige responder a aquellas inquietantes preguntas que, hasta ese momento, dormían en todos los pliegues del alma: ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónele vamos?

De Esparza a Heredia y viceversa

Déjenme decirles que doña Claudia vino de la ciudad de Heredia. Allí nació en 1934, por circunstancias de la vida, cuando sus padres, don Fernando Quirós Moraga y doña Gladys Vargas Chavarría, una familia auténticamente garrobera, se había trasladado a la “Ciudad de las Flores”, porque don Fernando, músico y guitarrista, fue llamado a formar parte de la Orquesta Borbón, donde tocó algunos años. A pesar de haber nacido en Heredia, “Cavita” siempre lució en su corazón los colores garroberos.

La Familia Quirós Vargas regresa a Esparta por cuanto don Fernando es nombrado para dirigir la Filarmonía local y entonces, Claudia pudo cursar sus estudios primarios la Escuela Arturo Torres Martínez, en la tierra natal de sus padres.

Hago un paréntesis para señalar que Heredia es una ciudad y una provincia que ha tenido mucha relación con Esparza, desde la época colonial. De Heredia, vinieron los Benavides, una de las familias más emblemáticas y numerosas del pueblo. De Heredia vino a morir en estos lares, don Fadrique Gutiérrez, el político, el escultor, el escritor, el arquitecto que construyó el Fortín de Heredia y cuyos restos descansan hoy olvidados en algún rincón también olvidado de nuestro cementerio.

De Heredia vino a ese mismo camposanto, la extraordinaria obra en granito del escultor Olger Villegas: “La Maternidad” que desde los años 60 del siglo pasado, adorna la tumba de la familia Quirós Vargas.

Por su parte, de la antigua Esparta, llegó a Heredia, después de estudiar en Estados Unidos, uno de nuestros mejores hijos: don Arturo Torres Martínez, nombrado primer Director de la Escuela Normal.

De Heredia vinieron al pueblo muchos educadores a servir en el Liceo de Esparza. De Esparza fueron a Heredia muchos estudiantes a cursar carreras en la Escuela Normal primero y en Universidad Nacional después. Y ahí vamos, aumentando nuestros intercambios educativos y culturales, de uno de los cuales nació el grito retador de: “¡Soque Esparta, que Heredia aguanta!”

Gestación Profesional

Claudia ingresó a la Escuela Normal de Costa Rica donde se graduó de maestra. Impartió clases en la Escuela Arturo Torres, la misma en la que había estudiado, donde fue “una maestra de verdad”.

Posteriormente, fue designada Directora de la Escuela “Francisco J. Orlich” de Chacarita, Puntarenas. Ingresó a la Universidad de Costa Rica para realizar estudios de Licenciatura en Historia.

En 1976, presentó su Tesis de Grado que versó sobre los Aspectos Socieconómicos de la Ciudad del Espíritu Santo y su Jurisdicción entre 1574 y 1848.

Fue nombrada Profesora de Historia de Costa Rica en la Universidad y en 1987, el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Costa Rica publicó su obra: Dialéctica entre Ciudad-Conquistador durante el Siglo XVI en Costa Rica.

La Muerte cosecha su partida

Realizó su Maestría mediante una pasantía en Sevilla, España, y no logró obtener su ansiado Doctorado, pues le sobrevino la muerte en forma repentina, dentro de un autobús, en febrero del año 2006, cuando viajaba hacia San José, para entregar unos informes sobre un proyecto de investigación que realizaba sobre la “guanacastequidad”.

Murió, con las “botas puestas” como acertadamente lo manifestara don Francisco Enríquez, Director de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica.

A la hora de su partida terrenal “Cavita” fue llorada con lágrimas del corazón, de esas que al caer, cálidas y profusas sobre el sepulcro recién abierto, parece que ablandan y entibian el último de los sueños.

Doña Claudia estaba considerada como una de las mayores exponentes de la Historia Colonial, impulsó proyectos de investigación orientados al estudio y rescate de la cultura popular y se preocupó por llevar a sus alumnos a conocer los lugares que estudiaban, las costumbres de sus gentes y su historia.

Dentro de sus aportes a la comunidad, están su lucha y el logro de declarar como Zona Protectora el Área de Tivives y la gran lucha emprendida junto al pueblo, en enero y febrero de 1993, cuando el Presidente de la República de entonces, el hoy indiciado Rafael Ángel Calderón Fournier, ordenó convertir a Esparza en el basurero de la República.

Además, doña Claudia luchó con denuedo por la creación de la Asociación para el Rescate y Desarrollo de la Cultura de Esparza, de la que fue Presidenta.

En su extraordinario trabajo al mando de la Asociación, logró que un diputado asignara la partida presupuestaria para que la agrupación adquiriera la antigua residencia de don Juan Bautista Matamoros Montoya, para ser utilizada como sede de la organización, como Casa de la Cultura y para diversas actividades cívicas como ésta que hoy realizamos.

También, promovió la firma de los decretos mediante los cuales se declararon incorporados al patrimonio nacional, varios de los inmuebles históricos del cantón, logró que se declarara a Espíritu Santo como “Ciudad Primada” y logró que se designara al mes diciembre como el “Mes de la Esparzaneidad“.

A principios de la década de los años 90, le brindó al profesor Marco Francisco Soto Ramírez, todo el bagaje histórico necesario para crear los símbolos cantonales: el Escudo y la Bandera, así como la Bandera de la Provincia de Puntarenas. Fue declarada como Hija Predilecta del Cantón, por la Municipalidad de Esparza. (Nota del Blog: Esto, gracias a la iniciativa y diligencias de su amigo y compañero de luchas Marco Fco.·. Soto Ramírez, en ese sentido).

En 1991, obtuvo el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría, en la rama de historia, por su obra: La Era de la Encomienda, publicada por la Editorial de la Universidad de Costa Rica. La Editorial Costa Rica le publicó su obra: Los Tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas.

El 6 de diciembre de 1996, en compañía de Sergio Zúñiga Aguilar y Carlos Eduardo Delgadillo Solano interpuso un Recurso de Inconstitucionalidad contra el artículo 71 de la Ley Forestal para preservar la Zona Protectora de Tivives, el cual fue acogido con lugar y propició la anulación del artículo.

A “doña Cavita“, siempre le fascinó la cultura popular con su gran sentido comunitario, festivo y religioso. Su casa fue y sigue siendo usada para dictar la alocución con que el cura párroco celebra el encuentro de María y Jesús, el Jueves Santo, en la Procesión respectiva.

Pero también estuvo imbuida de la cultura universal que la adquirió en sus numerosas lecturas, en sus diálogos fraternos y en sus innumerables viajes alrededor del mundo, pero sobre todo, en el viaje que para ella fue el más maravilloso de su vida: su encuentro con Sevilla en España.

Todavía la veo, en una foto, rebosante de alegría, delante de una de las monumentales obras con que El Greco perduró su arte a través de los tiempos.

Todavía la escucho, repitiendo el mensaje de amor que palpita en los versos orientales de Khalil Gibrán, en las cuerdas líricas de Darío, el vate de los cisnes o en el dolor gitano del atormentado García Lorca.

Todavía la recuerdo, aludiendo a la fuerza magistral con que Diego Rivera y Clemente Orozco le impregnaron patriotismo a los murales mexicanos, o hablando de la arquitectura indígena sepultada por la arquitectura colonial de influencia española o removiendo la pasión cristiana al referirse a las obras que conocía de la imaginería religiosa o relatando con dolor la historia de las incursiones piratas en América, con un amor y una pasión por lo autóctono, pocas veces conocido.

Con ella, que fue una excelente anfitriona, hablé muchas veces de la Historia General de Costa Rica y de la Historia particular de Esparza, que era su vocación. Le profesé afecto y la admiré por su temple profesional, su amor al pasado, su respeto a todas las culturas y a todas las creencias. La admiré como educadora, como ciudadana y como historiadora.

Tuve la oportunidad de constatar la rectitud de su juicio, la pulcritud de su palabra y la ponderación de su temperamento. Poco aficionada a la política, y decepcionada de ella, al final de su vida, para no cambiar de principios, “Cavita” cambió de partido. Y se sintió muy feliz, por ello.

Doña Claudia despertó cada mañana contemplando ante sí el impulso progresivo del mundo de la técnica. Ahí comprendió que en el discurrir de la historia, no suelen repetirse los acontecimientos, porque todo cambia. Por eso, desde su partida, Esparza y nosotros hemos cambiado también.

__________________________

(*) Lic. Marcos Hernán Elizondo Vargas es Miembro del Colegio de Profesionales en Ciencias Políticas de Costa Rica.

Este texto pertenece al discurso pronunciado por el Lic. Marcos Hernán Elizondo Vargas en el acto de Inauguración de la Cátedra “Claudia Quirós Vargas”, en la Casa de la Cultura “Juan Bautista Matamoros”. Esparza, 22 de mayo de 2009.

Texto facilitado por la Prof. Sonia Quirós Vargas, hermana de la Msc. Claudia Quirós, y miembro de la Junta Directiva de la Asociación para el Rescate y Desarrollo del Cantón de Esparza.

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