A mi Abuela Carmen

"Abuela", por Chase Stone

“Abuela”, por Chase Stone

Quiero compartirles a poco más de un año de fallecida mi abuela Carmen Carvajal Mora, este texto que le escribí hace un tiempo luego de su partida.

Por: Prof. Jonatán González Díaz (*)

Ahí estoy, en medio de vagos y difusos recuerdos. Diluido entre turbias imágenes que se ciernen en el inicio de mi memoria. Cómo llegué a darme cuenta de quién soy, de mi nombre y de mi familia y cómo aprendí los nombres de quienes me rodeaban.

Difícil paradoja la del descubrimiento del yo. Lo que sí es seguro es que estoy vivo y de que he tenido que aprender muchas cosas de mi familia.

Han rodeado mi aprendizaje muchas personas importantes, como mi padre, mi madre y mis hermanos. Pero nunca olvidaré la puerta que me llevaba directo a parajes que solo dibujaba mi imaginación, frases y voces que solo oían mis neuronas. Aquellos cuentos inolvidables de aventuras entre cafetales, aquellas noches de carbuncos y bruma en la que se escuchaban coyotes y pumas a lo lejos, al Oso-Caballo buscando camorra embriagado de terror, aquellas piedras de fuego que caían del cielo, aquellas serpientes titánicas en lagunas desaparecidas, aquellas plagas de langostas, aquellas carreras a lo alto de la loma, aquellas risas en posas y el llanto de aquel que creía ahogarse al golpear una piedra su estómago.

Hay imágenes que parecen ser invenciones ficticias, pero eran tan verdaderas como las manos que me estrechaban con cariño. Tan real como su tierna y siempre queda voz que me narraba las historias de aquel hombre maravilloso que nunca conocí, que era para mí como un épico personaje, del cual me sentía orgulloso aunque mis ojos ni los suyos se vieran jamás. Aunque su voz nunca resonó en mis tímpanos, juro que fui capaz de oírlo cantar como Caruso, de leer cuentos de sus libros, aquellos que devoraba con avidez. Es más, seguro estoy de que lo vi en mi mente correr a esconderse de los militantes de Calderón que le buscaban para encarcelarle.

Hablo de aquellos abuelos que nunca dejarán de cuidarme, desde el enigmático y desconocido paladín invencible, más tan cercano a mí en sueños; como la abuela que me daba siempre un dulce cuando la visitaba, el cual se tornaba amargo junto a su compañía de verdadera miel. Aquella que lloraba por mí, pero nunca de lástima, sino de alegría. Una mujer que dejaba ver en sus arrugadas manos toda una vida de sacrificios y en las marcas de su rostro un auténtico tributo a la felicidad.

Me dejó con una paz tan grande y la sentí feliz de irse allá, donde la esperaba su épico marido, el que ella tanto amaba.

-Abuelo Nato, qué bueno que ya no estás solo en las aventuras de mi mente, porque ya tenés a tu lado a la bella Carmen que cabalgará en las grupas de tu corcel hasta el fin del horizonte, allá donde el sol se despide en lo alto de la loma.

-¡Por favor, queridos, cuídenme desde allá!

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A la memoria de mi abuela Carmen

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Prof. Jonatán González Díaz

Prof. Jonatán González Díaz

(*) Autor: Prof. JONATÁN GONZÁLEZ DÍAZ, Cantautor y Docente Esparzano.

E-mail: jonagonzalez@gmail.com

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IMAGEN: Tomada de Maikelnai’s Blog (http://maikelnai.elcomercio.es), y pertenece al Artista gráfico estadounidense Chase Stone.

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