ACOSO LABORAL: Esto fue lo que viví…

Por: Prof. Jonatán González Díaz (*)

 “Intenso relato de un caso extremo del denominado “Moobing Laboral” (acoso), desarrollado en contra de un educador no vidente que conocemos como un excelente Profesional en su materia”

Hola, quiero compartirles este texto, que se convirtió en mi primera publicación. Fue colocado en la Revista de APSE el año antepasado. Narra lo que viví en medio de la situación que tenía en mi trabajo en Palmares.

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Son las siete de la mañana y estoy sentado en mi escritorio. Estoy sacando mi computadora portátil para pasar lista; pero no se confundan, no es que sea un profesor acomodado, sino es que, sin este aparato, difícilmente podría trabajar como los demás. Al llamar uno a uno a mis estudiantes para saber si están en clase, tengo que confiar en mi buen oído, pues no conozco las caras de mis pupilos, sus rostros son un timbre de voz para mí.

Al terminar, tomo en mis manos el trozo largo de metal que me permite no trastabillar con los pupitres que se extienden a lo largo de mi salón para comenzar a hablar a mis alumnos de lo bello que puede ser el mundo de la música.

Sí, es dificultoso, en alguna medida, lidiar con problemas disciplinarios como: guerras de papelitos, chicos con celulares y con reproductores musicales de ‘mp3’, distrayéndose y, uno que otro muchacho, acusando a su compañero porque lo vio con malos ojos, diciendo: “Profe, ¡vea a este güila!”, sabiendo que no habría otra cosa más buena para mí, que poder ver a aquel que no deja a los demás aprender a gusto.

No es éste un relato lastimero, para provocar un mar de lágrimas o una seguidilla de comentarios como: “¡Ay pobrecito! ¡Qué valiente muchacho!”, u otros tantos que la gente usa para sentirse consciente o preocupado por “aquel ‘pobre cieguito’ que lucha tanto contra las adversidades de su discapacidad”.

No es ser un profesor no vidente lo que me hace un trabajador infeliz, pues nunca mi deficiencia visual ha sido un obstáculo para desenvolverme; es otra limitante la que ocasiona que cada domingo, como a las tres de la tarde, empiece a darme un malestar en el estómago y un ‘brinqueteo’ en mi corazón medroso.

Terrible es que sintás que cuando estás dando tu clase, haya una presencia furtiva que te observa sin aviso, para tratar de pillarte incurriendo en una falta.

Duro es saber que alguien está deseando que cometás hasta el más mínimo error, como no poder saber que tendrás una cita de emergencia en el hospital, provocada por los mismos problemas que esta persona causa en tu psicología y traer un comprobante de asistencia a la atención médica, encontrando un: “No sea tan irresponsable, usted no me avisó que se ausentaría y no le justificaré la falta y le rebajaré su salario ¡Y no hay nada que reclamar!”.

Engorroso es saber que tenés que recibir menos salario, pues te han quitado diez lecciones sin previa advertencia, sólo por haber tratado de defender tus derechos al denunciar que te viven amenazando si te unís a un movimiento de huelga para pedir sueldo justo, que aquella persona también disfrutará en su momento.

Horrible es saber que si acompañás a tu esposa embarazada a su chequeo mensual, te harás acreedor a otro día de rebajo salarial y a otra ‘ausencia injustificada’ que saldrá en tu nota final, dando pie a un “bueno”, en el mejor de los casos.

Deplorable es escuchar decir a tus estudiantes que el Director les dijo que este año no habría banda en las celebraciones del 15 de setiembre porque el malvado del Profesor de Música no había querido organizar la banda, cuando sabe muy bien que había un gran entusiasmo por hacer un mejor trabajo y presentación que la del año anterior, logrando de esta manera, que los y las jóvenes crean que su maestro no los quiere o que no está orgulloso de sus comprobados talentos musicales, cuando la realidad es que vos sentís que te arrancan la vida.

Cansado es sentir que tus compañeros de trabajo te tienen miedo o perciben peligro al acercársete, pues si hablan con ese ‘muchacho loco’ que dice que el ‘todopoderoso administrador’, que nos ha defendido siempre nuestras moneditas es un hombre acosador laboral y Dios libre hablar o atestiguar en contra de ese “Santo hombre” que les vive diciendo: “Recuerden que yo siempre lucharé por que ustedes tengan sus cuadros completos para que estén a gusto y trabajen contentos”, omitiendo que los que no tendrán su paga completa, son los que se atrevan a divergirle, al mejor estilo del Tercer Reich.

Feo es saber que te tratan especialmente mal, con respecto a los otros colegas.

Inadmisible es el no poder encontrar la ayuda necesaria en los médicos, que te dicen sin cesar: “Tenés que enfrentar tu problema, porque yo no puedo estarte incapacitando tanto”.

Tétrica es la interminable espera para que las autoridades competentes tomen cartas en el asunto y te arrojen aunque sea un traslado que te haga salir de aquel lugar que se vuelve una tortura para vos.

Doloroso es escuchar decir a tus compañeros que sólo sos un manipulador que aprovecha su condición de discapacitado para inspirar lástima o gozar de privilegios, como si el hecho de no poder cuidar exámenes es la dicha más grande del mundo. ¡Por favor! Cuidaría diez pruebas al día si pudiera ver la mitad de lo que ellos perciben con su sentido de la vista.

Desgastante es tener que luchar contra una ‘figura de poder’ que amedrenta y chantajea a tus testigos y no es capaz de mantener las palabras que te ha dicho, en las cuales te hirió, ofendió o humilló.

Para finalizar diré que una muerte en vida es tener que asistir a reuniones de personal, especialmente planeadas para hacerle ver a tus compañeros lo equivocado, mal informado, mal aconsejado, mal asesorado y hasta lo maligno de tu proceder o, simplemente, para hacerte quedar -ante la opinión de los demás- como el profesor más irresponsable, holgazán y mentiroso del colegio.

Estimado amigo o amiga, no quiero que se malinterpreten mis palabras, pero considero que si sos una persona que hacés un esfuerzo extra para laborar y convertirte en un instrumento útil para tus compatriotas, considerando que tenés una limitante física, deberías ser ayudado, al menos, con el favor de poder trabajar en un ambiente tranquilo garantizado.

Sí, señoras y señores, soy una persona que ha sido picada con el aguijón del conocido “Moobing laboral”. El hecho de haber tomado un papel de informador y entusiasta para la huelga de educadores ocurrida en abril del 2008, me dejó un saldo difícil de pagar.

Costa Rica, en esta coyuntura, ha sufrido uno de los ambientes más represivos de todo tipo de solicitud de justicia en materias salariales, ambientales, comerciales y tantas otras áreas sociales que afectan a los ciudadanos comunes. Esta política encadenante ha hecho metástasis en los más pequeños grupos administrativos de gobierno y ha desencadenado actos de abusos de poder e incongruencias en las relaciones obrero-patronales.

Debo acotar que este espinoso camino de mantener una denuncia formal por la vía administrativa del MEP, ha sido más llevadero, gracias al apoyo de mi familia, amigos y el hombro fuerte de mi sindicato (APSE); todos ellos, ya sea con consejos, asesorías legales, facilidades en materia de tramitar todo lo relacionado con los distintos procesos nomotéticos (sic) y hasta una palmadita en la espalda con un sonoro: “¡Adelante compañero!”, dulcifica y fortalece el trance tan escabroso que atravieso.

Lo único que puedo decir es que se precisa valentía para meterse en la lucha por combatir el acoso laboral, y es algo comprobado que la mayoría de denuncias en este país por esta nefasta práctica de algunos jefes, ha terminado en poco o en nada para el beneficio y la reivindicación del ofendido.

Pero, pese a todo el panorama borroso que mencioné, seguiré adelante -y hasta las últimas consecuencias- con mi lucha por trabajar dignamente, aunque en ocasiones se torne oscuro mi camino, tal vez más oscuro que mi propia ceguera y con mi bastón y mi denuedo, iré sorteando los obstáculos que me sierran el paso.
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(*) Autor: Prof. Jonatán González Díaz, Cantautor y Docente Esparzano.

E-mail: jonagonzalez@gmail.com

Tel: 8702-1197

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3 pensamientos en “ACOSO LABORAL: Esto fue lo que viví…

  1. Hola, ¿cómo estás? Sólo con la ayuda de Dios y de nuestras familias podemos pasar estas situaciones tan dificiles. Yo sé lo que sientes, debido que yo he pasado por lo mismo.

  2. A personas como tú, Jonatán, admiro. Ésas son las personas sinceras, no tienen ese virus mortal de la jerarquía. Aunque yo soy Director, siempre, a mis treinta años de labores, he defendido a la clase trabajadora.

  3. Qué bueno conocer tu caso. Sé lo desesperante que es el silencio y la falta de apoyo de todo un personal. ¿Cómo es posible que la gente calle y se deje menospreciar ante el abuso sigiloso y enfermizo de un superior? Parece que estuvieran sumergidos en éter o algún somnífero, porque no reaccionan.

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