Memorias de un Pobre Diablo: Novela de don Hernán Elizondo Arce

El Libro "Memorias deun Pobre Diablo", del laureado escritor Hernán Elizondo Arce,  tiene como ilustración en su portada una obra de Juan Luis Ramirez  Vargas, Pintor Artistico de renombre internacional.

El Libro “Memorias deun Pobre Diablo”, del laureado escritor Hernán Elizondo Arce, tiene como ilustración en su portada una obra de Juan Luis Ramirez Vargas, Pintor Artistico de renombre internacional.

Por: Dr. Carlos Araya Guillén (*)

Así se titula la novela de don Hernán Elizondo Arce, escritor costarricense que obtuvo el primer premio en los Juegos Florales de 1963 y el Premio Aquileo J. Echeverría en 1964.

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Fue publicada en su primera edición por la editorial Costa Rica en 1964 y se ha reeditado por quinta vez. Está dedicada “a la culta profesora Lilia Ramos, como parte del tributo que a su inmensa labor debemos todos los costarricenses.”

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“Memorias de un pobre diablo” es una obra de denuncia social, de lucha por la justicia encabezada por el grito de rebeldía “Viva Vargas” y de reverencia por la vida en la bajura guanacasteca. También es una novela de sensibilidad humana y de sueños que recoge la esperanza de los labriegos sencillos de morar en un rincón del llano con los ojos cerrados para siempre.

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Aunque el autor advierte que no participa de las tertulias de los pontífices del verbo (olorosos a latín) ni ha escuchado las meditaciones metafísicas de los intelectuales de “élite”, ni se ha rozado nunca con los sabios intocables del Olimpo estético, ni con los cerebros iluminados de los cenáculos literarios, logra escribir una obra de aguda reflexión filosófica, donde se pregunta por la vida, la existencia, el yo personal, el prójimo, el destino y la verdad que guarda el ser humano en lo más íntimo de su alma.

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Si bien es cierto, no estamos ante una concepción epistemológica del individuo, sí estamos ante un “llanero”, “costeño”, “sabanero” o “peón” que define su “yo” en relación con el mundo, de tal suerte que su futuro no escapa a la realidad de su casta maltratada. Es decir, don Hernán Elizondo se niega desde la presentación del libro (primer capítulo) a construir un hombre de la pampa abstracto en su esencialidad, por el contrario, propugna por un costarricense que es voluntad, libertad y conciencia social que llora, ríe y canta en la construcción cultural de su propia identidad.

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Por eso, con mucha razón se pregunta el autor: “¿Hay acontecimientos en la vida que puedan cambiar a un ser humano? ¿Hay hechos en la existencia que puedan volcar un alma, haciéndolas mostrar facetas hasta entonces desconocidas? ¿Hay una fuerza superior y misteriosa, que haga aparecer valiente al que fue cobarde, villano al que fue justo, noble al que fue canalla?”

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Su respuesta es clara: “Yo un pobre diablo, que no tengo nombre, soy capaz de levantar con dignidad la verdad de mi ‘yo’ para encontrarme a mí mismo entre cascabelas de ponzoña escondida y politiqueros olorosos a licor, a fraude, a mentiras y a corrupción”.

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“Memorias de un Pobre Diablo” es una novela donde la mezcla entre pensamiento y ser provocan la más apasionada actitud existencialista: ser auténtico.

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(*) Dr. Carlos Araya Guillén, Doctor en Educación

FUENTE: Columna ‘Candil’, del periódico La Prensa Libre, San José, Costa Rica.

Publicado el Lunes 5 de marzo de 2007.

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