Por qué el Congo tiene esos colores…

Mono Congo o Aullador (Allouatta palliata) © Alvaro CuberoVega.

Mono Congo o Aullador (Allouatta palliata). © Alvaro CuberoVega.

Por: Álvaro Cubero Vega (*)

¿Quién dijo que sólo lo científico es lo verdadero? No sabemos si la Madre Naturaleza también tiene sentido del humor.

Si tiene un par de minutos lea esta historia, referente a nuestro amigo (el de la foto… ¡Jajaja!)

Los sonidos de la montaña son tiernamente infinitos, llenos de colores salvajes y bellos, para la misma naturaleza que vive en armonía. De noche, los sonidos son totalmente distintos a los de la luz del día, menos duraderos y, por ende, más tenebrosos y con el dolor maligno que se escucha. Así es la montaña, así viven animales y plantas y aguas y ríos y luces y todo envueltos en el mismo aire que, algún día, llevará sus sonidos al rincón más alejado de esta tierra.

Desde muy temprano, en algunas ocasiones, el rugir de algún felino asusta al venado, al mono, a todo animal con suficiente carne como para alimentarlo. Los sonidos viajan a su velocidad, sin interrupciones de ninguna índole y entre los árboles se preguntan quién será el que produce el más fuerte de los sonidos. La imponente Ceiba (Pentandra Gaertin), elevando más sus ramas envió señales a todos sus alrededores:

“¿Quién tiene el sonido más fuerte en la selva?”

Los animales más pequeños prefirieron esconderse lo más lejos posible de la Ceiba, para evitar ser alimento de los más grandes. Más de un Gavilán (Buteo jamaicensis), desde zonas lejanas escuchó el llamado y partió enrumbado hacia la Ceiba; dejando detrás todo lo conseguido. No iba en competencia, sino a escuchar el sonido más fuerte de la selva.

Así partieron cientos y cientos de animales, y las flores enviaron sus aromas hasta el cerro donde se encontraba la Ceiba más alta entre todas las más altas. Muy de lejos, las Loras (Amazona farinosa), anunciaban sus llegadas a la majestuosa Ceiba.

El Jaguar (Panthera onca), fue el primer felino en llegar a la cita. Muy temprano salió de su guarida, se alimentó y, antes que el sol asomara con sus rayos, esperaba el parloteo de la loras.

La neblina embellecía más la tierra impregnado de un aire que no olía a nada, ni a guerra. Los mamíferos más grandes fueron los últimos en llegar. En la mera cúspide sonriente un Congo (Alouatta palliata) esperaba impaciente por todos los contendores.

La Ceiba esperó por varios días hasta que todos los rugientes estaban presentes. Y así comenzó la competencia… El Coyote (Canis latrans), inició la dura competencia, y pequeños roedores aullaban de alegría, dos bellas aves aleteaban alrededor de la Ceiba anunciando al próximo.

El Jaguar fue el mejor de todos. La Ceiba estaba a punto de anunciar al ganador, pero no pudo escucharse lo que decía, debido a los gritos intensos del Congo en lo más alto de la Ceiba. A gritos, proclamaba su derecho, sus gestos grotescos ensuciaron a todos los que estaban cobijados bajo la sombra de la Ceiba.

Sin rencor alguno, el Jaguar rindió respeto al Congo y todos sus descendientes, risas y danzas continuaron por todo el día. El Congo sintiéndose cada vez más poderoso, no bajaba de las altas ramas, creyéndose todo un cacique de la selva y gritando hacia el cielo retaba a todos para ver quién era capaz de quitarle su trono.

Aquella neblina mañanera de días pasado ya se había disipado, el bochorno era cada vez más fuerte y todos los animales temblaban al escuchar al Congo con sus gritos, improperios, moverse de rama en rama, como esperando que apareciera un retador que fuese capaz de quitarle el puesto. La neblina dueña de la paz, apareció de repente, la luz del sol fue plácidamente desapareciendo y los improperios continuaban.

Por días, parecía que el tiempo se había detenido para esperar el final de la competencia. Las hojas del suelo se movían muy lentamente, se podía oler la lluvia acercándose hacia la Ceiba. Los improperios del Congo no se detenían.

Se abrió un espacio en el cielo, como separando y uniendo al mismo tiempo dos o tres nubes. Soltó el rayo su estruendoso sonido, mientras el Congo se alzaba en lo más alto de la Ceiba.

Para ese entonces, el Congo era todo blanco, y con la misma rapidez del rayo, el Congo se cagó del susto y llevó sus manos hacia sus “huevos” (forma coloquial de llamarle a los testículos), como queriéndolos proteger, con más velocidad que el rayo.

Pero al final el rayo le tocó, quedando el Congo en total silencio y con los ojos desorbitados por el sonido más fuerte que había escuchado. Apartó sus manos negras de los testículos, para poder bajar de la Ceiba… Todos los animales se rieron al verlo bajar totalmente negro, menos sus “huevos” que eran blancos, como él había sido.

Entonces, cada vez que un rayo suena en la selva, el Congo aúlla de temor y cubre sus genitales, y esto es así desde mucho antes de que el hombre conociera estas tierras.

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(*) Fotografía y texto: Cortesía de © Alvaro Cubero Vega.

Visite la Página “Alvaro Cubero Fotografía”: https://www.facebook.com/alvarocuberofotografia

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Un pensamiento en “Por qué el Congo tiene esos colores…

  1. Excelente material, y punto de referencia para trabajos escolares. Más bien, se debería informar a las instituciones del cantón que se cuenta con esta página.

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