EL RESPETO AL MÚSICO

Cimarrona "Los Coyoches", de Esparza, en una de sus presentaciones artísticas.

Cimarrona “Los Coyoches”, de Esparza, en una de sus presentaciones artísticas.

“Algo que escribí sobre nuestro canto más importante, ticamente hablando, celebrando el Mes de la Patria”

Por: Prof. Jonatán González Díaz (*)

En la más remota antigüedad de los tiempos bíblicos, apareció un personaje llamado Jubal, quien inspirado por Dios, creó con sus manos artefactos para producir sonidos agradables.

En multitud de culturas y mitologías podemos encontrar también personajes similares como Pan, Changó, Orfeo, etc. En todas las civilizaciones se rindió culto o respeto a aquellos músicos que alegraban el oído de los otros dioses y a quienes les rodeaban con los bellos sonidos de sus voces e instrumentos.

Lamentablemente, con el paso del tiempo, y como en muchas otras cosas similares, la sociedad actual va perdiendo aquel lugar de privilegio que se le solía dar a las cosas importantes; no es extraño ver que el respeto a los educadores, adultos mayores, dirigentes religiosos y políticos se ha ido difuminando, absorbido por una cultura egoísta de pleno consumo.

Los músicos no han quedado por fuera de esto, y ya se les ve nomás como un producto destinado a llenar un espacio, en este caso, sonoro. No es extraño ver a un joven con gran talento en la esquina de un restaurante, prácticamente tocando y cantando para sí mismo, ahogado en un mar de voces y risas de personas que apenas si notan que hay una música de fondo, igual que si de un equipo de sonido se tratase, que termina sus magistrales interpretaciones y ya no oye aplausos, sino “tintineo de copas”, como diría el Gran Combo de Puerto Rico en una de sus canciones.

Igualmente, orquestas maravillosas que tocan en los bailes, ya no tanto para que la gente se deleite con sus complicados arreglos, sino para que todos bailen y, al término de una pieza, prácticamente exijan que inicie la otra, como si fuera un reproductor mp3, que sólo necesita que le presionen un botón, porque no se puede parar de bailar ni para felicitar a aquel grupo talentoso con un humilde aplauso.

También ha sido culpa del gremio, y hay que reconocerlo, pues el músico también ha devaluado su trabajo, laborando casi por nada, haciendo competencia desleal, entregándose al precario gusto consumista de las masas, tocando lo que la gente quiere oír o, más bien digamos, lo que los productores de las radios y disqueras dicten que la masa quiere escuchar, según su mercado.

Pero partamos de lo básico. En nuestro querido pueblo tenemos músicos, que quizá con más humildad, pero con no menos talento, también van a alegrar tu fiesta de cumpleaños, llenan de colorido tus desfiles patrios, acompañan tus procesiones, animan tus eventos comerciales, le cantan a tu novia en una serenata, le ponen sabor, a la medianoche, a tu reunión con una alegre cimarrona.

El problema, en la mayoría de los casos, es que se puede llegar a pensar que el trabajo o el resultado final de un músico es producto de casualidad, pero no es así. Hacer un buen trabajo musical requiere horas haciendo arreglos, ensayando, depurando e invirtiendo tiempo y dinero para que su trabajo suene bien. Es por esto que, muchas veces, la gente cree que cualquier miseria de dinero es suficiente para pagar un trabajo musical, como si de pagar un peón de finca se tratara.

Vivimos en un planeta golpeado por la contaminación ambiental, lo que ha derivado en un impacto solar más inclemente que provoca enfermedades graves de la piel y creemos que aún está bien organizar desfiles y procesiones en horas sumamente dañinas.

Y, si no hay voluntad de cambiar esas horas, al menos podríamos preocuparnos por invertir en bloqueador solar y líquidos para ofrecer a los ejecutantes una correcta protección e hidratación, sobre todo, cuando vemos que las bandas están integradas por niños y adolescentes, quienes desde sus tiernas edades están aprendiendo que los músicos a demás de tocar gratis, tienen que soportar las inclemencias del tiempo, mientras cargan pesados instrumentos, soplando y moviendo su cuerpo, para en el mejor de los casos, recibir un emparedado de pan cuadrado con un pequeño vasito de refresco disuelto en agua.

Nótese que no menciono nombres, para que nadie se sienta aludido, naturalmente habrá mucha gente con la conciencia tranquila y no lo discuto, pero escribo estas líneas para que todos hagamos reflexión y nos preguntemos si a un digno trabajo como el del músico le estamos dando la remuneración y el trato que merece.

Vayamos derrotando ese disparate de que “músico pago no toca buen son”, y comprobemos que “músico motivado sí toca buen son”.

.

***************************************

Prof. Jonatán González Díaz

Prof. Jonatán González Díaz

(*) Prof. Jonatán González Díaz, Músico, Cantante, Compositor y Docente Esparzano.

E-mail: jonagonzalez@gmail.com

Tel. 8702-1197

.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s