La Yegua de los “mandados”

 

Imagen utilizada con fines ilustrativos. Fuente: © Blog "Animalitrus Argentina".

Imagen utilizada con fines ilustrativos. Fuente: © Blog “Animalitrus Argentina”.

Por: Mateo Arroyo Cortes (*)

 Era una mañana muy clara y soleada. Como de costumbre, mi padre se había levantado muy temprano. El sol aún no salía, y los gallos, allá en el gallinero, aún ‘quiquiriqueaban’.

Yo estaba arrolladito en mi cobija cuando, de pronto, escuché la voz de Papi que decía:

-¡Arriba, levántese! ¡Acompáñeme a hacer un mandado!

Y ante una orden como ésa, no cabían los peros ni las preguntas. En pocos minutos, estaba arriba. Salté de la cama a lavarme la cara y a desayunar. Mi madre, como de costumbre, había molido maíz y había preparado unas deliciosas tortillas con “gallopinto” y un humeante café.

Después de aquel banquete mañanero, ya con la panza llena, tomamos el camino a Esparza. A esas alturas, yo no sabía adónde íbamos y en qué consistía el ‘mandado’.

Papi no era hombre de silencios y al poco rato me contó de qué se trataba: ‘Manito’, un comerciante de Esparza centro, le había regalado una vieja yegua e íbamos a recogerla.

No estoy seguro, pero creo que fuimos a un lugar llamado Humo de Esparza. Una calle solitaria y llena de huecos y piedras por todas partes.

Después de caminar durante casi una hora, llegamos a un viejo portón hecho de alambre de púas y palos redondos. Tenía un letrero desteñido, supongo que era el nombre de la finca.

Abrimos y nos adentramos en aquella finca. No debimos buscar mucho… Allá, al fondo, debajo de un frondoso árbol de guácimo, se encontraba la regalía. Se trataba de una vieja yegua, tan flaca y descuidada que podían verse sus costillas y su espinazo. Más bien, parecía un serrucho con cuatro patas.

Si algo daba aquel animal era profunda lástima. Mi padre la observó y por la cara que puso, supongo que pensó lo mismo que yo.

Luego de aquella lamentable primera impresión, el mecate de la rienda le cayó encima y en unos minutos la tenía puesta. Escuché a mi padre decir:

-¡A caballo regalado no se le busca colmillo!

En realidad fue lo único que no hicimos. Además de la jáquima, habíamos llevado un saco de gangoche para utilizarlo como silla improvisada. Pero, dado el penoso estado de la bestia, no nos quedó otra que desistir de montarla.

Ya, de camino a casa, con más tiempo, pude observar con más detalle a aquel animal. Descubrimos que tenía ‘piojillo’. Todo su cuerpo, lomo, patas, nalgas y pescuezo estaba lleno de ruedas negras, producto de la caída del pelo, como efecto de los ácaros.

Cuando llegamos a zona urbana, me dio vergüencilla que me vieran jalando de la rienda a aquel animal.

Nomás llegamos a casa, y mi padre le asignó un lugar, allá al fondo del patio. Ahí la tendría en recuperación, por algún tiempo. Por las mañanas y las tardes, le cortaba pasto fresco, la bañaba y le ponía azufre sobre sus peladuras. Parecía un tigre por las manchas.

Así que la ¡‘Bacalao’! -como mi padre la bautizó- se volvió una consentida. Mi Abuelo le había cortado las crines de la cola.

Después de más de un mes, ya ‘Bacalao’ estaba bastante repuesta, casi lista para ensillarla. Su función sería llevar a los muchachos al centro del pueblo a hacer los mandados de la casa.

Una de esas lindas tardes, donde los rayos del sol se colaban por entre las ramas de los árboles hasta pegar en las ventanas de la vieja casa de madera, escuché la voz de mi padre que me llamaba…

-¡¡¡Hijo!!! ¡¡Venga acá!! ¡Vaya al centro y se trae un colón de pan para el café! (Por un colón se podían adquirir veinte bollitos de pan blanco).

Bueno, igual, no discutí la orden. Sólo busqué las viejas espuelas y me las puse, tome una tajona y salté sobre la yegua ‘Bacalao’.

No había caído sobre la vieja albarda de cuero crudo que lucía la ‘Bacalao’, cuando ésta comenzó a dar vueltas sobre sí misma. Mi padre al ver aquella actitud de su consentida me dijo:

-¡¡¡AGÁRRESE!!!

Y, acto seguido, le dio un mecatazo a ‘Bacalao’ sobre sus nalgas, que ésta levantó su rabo y salió como alma que lleva el diablo por un trecho de casi doscientos metros. Claro, no sin antes pasar restregándose por la vieja cerca de alambres de púas. Quien esto relata debió subir su pierna izquierda, de no ser así, me la hubiera destrozado en su paso contra la cerca.

Sí, caminó y corrió casi doscientos metros y luego se detuvo casi diez metros antes de llegar frente a un viejo Land Rover que se encontraba en las afueras de una finca vecina.

La espueleé, la tajoneé… ¡Y nada! No se movió… Así que decidí bajarme a conseguir un garrote más grande. En la cerca abundaban árboles de jiñocuabe y era fácil quebrar una rama.

Me bajeé y dejé a ‘Bacalao’ como a dos metros de la cerca, mientras me guindaba de una rama para quebrarla. Me disponía a quebrarla cuando, de pronto, sentí un fuerte golpe en mi rodilla derecha. Había sido la condenada ‘Bacalao’, que se había dado vuelta con sus patas traseras hacia mí y me había propinado tremenda patada. Hasta ese momento llegué a comprender por qué la habían regalado.

El golpe fue tan fuerte y el dolor tan intenso, que decidí devolverme hacia mi casa.

Nomás enterarse mi padre de aquel hecho, tomó las riendas de la yegua, levantó su brazo derecho y… ¡Le ha propinado tal golpe a la ‘Bacalao’ en medio de sus ojos, que ésta reculó –atarantada- un par de pasos! Al otro lado, el pobre de mi padre se agarraba su dolorida mano…

Yo no sabía si reír o llorar al ver aquella situación. Lo cierto del caso es que después de esto mi padre me dijo:

-¡Móntese!

Subí a la bestia con algo de miedo, por aquello de que ‘Bacalao’ buscara la revancha… Y no sucedió nada… La ‘Bacalao’ comenzó a caminar tan normal, que fui y volví decenas de veces más a hacer los encargos de la casa en mi ‘brioso’ corcel manchado.

De esa forma… Habíamos ganado a la ‘Yegua de los mandados’…

.

______________________________

Fuente de la imagen: Blog Animalitrus Argentina. Imagen utilizada únicamente con fines ilustrativos. http://animalitrus.blogspot.com

.

Prof. Mateo Arroyo Cortés.

Prof. Mateo Arroyo Cortés.

(*) Mateo Arroyo Cortes, Educador Esparzano, Dirigente Sindical, ex Asesor Legislativo.

Anuncios

Un pensamiento en “La Yegua de los “mandados”

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s