Eterno Despertar (“Cuentos Fríos”)

Ciudadela "La Carpio". Imagen utilizada con fines ilustrativos. FUENTE: Informativo CrHoy.

Ciudadela “La Carpio”. Imagen utilizada con fines ilustrativos. FUENTE: Informativo CrHoy.

Hoy, damos inicio a la publicación de la obra “Cuentos Fríos”, del Prof. Álvaro Carvajal Suárez, publicando el primero de ellos.

Por: Prof. Álvaro Carvajal Suárez (*)

Prólogo

 Se ha dicho muchas veces que nuestro país es una Nación sin historia, que aquí no pasa nada interesante. Sin embargo estas palabras ignoran las miles de historias de nuestra cotidianidad que se escriben con tinta roja en lo más profundo de nuestro ser costarricense.

Costa Rica, república que no ha alcanzado, gracias a Dios, la completa transición del campo a la ciudad, guarda aún paisajes y gentes como las de los tiempos de Calufa o Fabián Dobles, aunque nuestra gente humilde posea Ipod, Tablet y celulares multifuncionales, todavía no han creado el programa que borre las miserias de nuestro pueblo.

Los males de nuestra sociedad son los mismos pero redireccionados de distintas formas y más crueles. Esta postmodernidad que carcome nuestra idiosincrasia y hace de ella una mezcolanza desconocida que ni es nuestra, ni de nadie más.

Y las personas pasan inmutables por el pavimento sin dejar huella y se pierden en la nada heredándonos a todos un vacío silencioso y amargo, enterrando a nuestros hijos en el letargo.

 *

*      *      *

*

Eterno Despertar

Amaneció un día por la noche, debía ser, en ese momento, los doce pasados meridianos, pero como amaneció por la noche, fue las cinco de la mañana, y ya para eso ella llevaba una hora de estar despierta y más de quince años viviendo de sueños.

Fue un día como cualquier otro, porque aparte de sentir que la noche no le había alcanzado para opacar un poco el cansancio y prepararse para perder más vida, todo transcurría igual que siempre: con la misma monotonía mortal que había sido las últimas terceras partes de su vida, porque sólo en la inocencia de su niñez fue donde sintió que había vivido por ella.

Desde entonces sus anhelos se habían convertido en los sueños de otros, había adquirido desde los quince años, la responsabilidad de ser madre de sus hijos y además madre de su esposo, quien la había perdido a los pocos días de estar casado.

En ese día, todo transcurría con normalidad, tejiendo ilusiones en la cocina, en donde preparaba el desayuno, revoltijo de arroz con frijoles un poco agrios, como el rostro duro de su marido que lo esperaba sentado a la mesa.

La mujer luego de engullir algunos tragos de café y masticar el pinto ahumado, de tanto emanar humo los tres tizones de nance, de un fuego que ese día no quería arder, pues la llovía de la noche se había colado entre los tinamastes y humedecido las cenizas en donde se cuecen y se disfraza el apetito de estómagos a medio llenar, emprendería el camino interminable hacia el yugo de su trabajo, yugo suavizado por el amor y la eterna entrega a este sentimiento, como los bueyes al final de la faena esperan el pasto tierno y la ociosidad del potrero.

No era suficiente el asma para detenerla, ni la lluvia, el calor o el polvo, la insoslayable meta ya estaba fijada desde que la vida no le permitió alcanzarla, desde que su pensamiento y un escaso conocimiento de lo complejo que es el mundo, -esperable de una niña de quince años-, le engañó y la hizo pensar que la felicidad se obtenía en relación con otro, es decir, el matrimonio. Y fue desde entonces que fijó no prohibir a sus nuevas vidas del placer que brinda el conocer que no sabemos nada y el estar conscientes de la inconsciencia que al ser humano abruma.

Para esto tuvo que vapulear su alma hasta que no quedara ni un vestigio de ella, y ya sin esta, no era más que un objeto o animal con el fin de servir y funcionar en beneficio de otro. Fue como el cerdo que se medio alimenta en el transcurso del año para ser sacrificado y servido en la mesa de la Nochebuena, porque trabajó y obtuvo dinero bien ganado, más aun, no complació a su paladar cuando le pedía algún refresco para disimular la sed y sosegar el fatigoso bochorno de su labor, no hubo ropa nueva para ella, mas cuando alguno de los escalones hacia la límite era sobre pasado, en ese momento regeneraba sus fuerzas y se preparaba para seguir siendo adsorbida cruelmente por logros ajenos, pero que le satisfacían más que si fueran propios. Esa destrucción de su cuerpo ya no la sentía, pues su vida ya no tenía más que espíritus ajenos. Estos espíritus ajenos a los que la mujer llama hijos.

Fue tanta adhesión que sentía por el anhelo de un futuro mejor para los que ahora eran su razón de existir, que los preparó desde pequeños para enfrentar la vida de forma distinta, no permitió que su infancia fuera otra más que las “escobillas”, “abrojos”, aves, bovinos, reptiles y arácnidos. Para qué estresarlos desde pequeños con las exigencias de este nuevo mundo; computadoras, normas, reglas, moralismos, que no tengan más escuela que la curiosidad de su infancia.

Y, así, los envió a una escuela rural… por qué contaminarse desde niños con el humo de la indiferencia de la “ciudad”, pues este humo es aún más dañino que el proveniente de fábricas, automóviles o de su propia cocina. Gracias a este pensamiento la vida de aquellos infantes era reducida a recolectar coyoles y curiosear con cuanta alimaña apareciera, además de las mejengas semanales, que solo eran eso, mejengas sin mundiales de fútbol, sin personas enriqueciéndose por este deporte, sin el afán de ganar, sino únicamente de liberarse del fiero látigo que lacera a los hombres, personas de pueblo; niños, jóvenes, viejos, donde no había malos o buenos, todos fueron ganadores en aquellas tardes, soleadas o lluviosas, no importaba. Cuando el juego era solo eso.

Recuerdo una vez ese niño que en su fantasía preguntaba a su madre…

-¿Cuando entre al colegio nos iremos pa’l “centro” pa´ que nos que´e menos largo y no tener que caminar como en la escuela?

 La madre no pudo responder porque en ese momento cavilaba dentro de aquel mundo de ideas encontradas. En su mente estaba la decisión más importante del día, justo en el momento que su hijo le decía esto; pero esa idea no era más que el menú de la noche y la mañana siguiente, recordó que no quedaba nada para cocinar a sus hijos y menos dinero, pues su esposo se le terminó el contrato.

El roble que tenía como compañero cumplió un año de torcerse como cogollo rociado de herbicida, de rechinar los dientes cuando la pala hería la mezcla en una construcción de una lujosa vivienda bajo el sol ingrato que le requemaba el cuero, por unos colones fugitivos que apenas pasaban velozmente de su mano a los estómagos lombricientos de sus retoños.

A la mujer se le vino a la mente unos “tiquisques” que sembró el año anterior, los cuales ya deberían de estar buenos para alimentar al menos unos dos días, además que la vaca de su cuñado estaba recién parida y le podría pedir un poco de leche para acompañar la comida, porque no enviaría a dormir a sus hijos otra noche más sin comer.

Por lo que respondió a la pregunta de su hijo con:

 -Tiquisques, haré tiquisques.

Y el niño replicó con su bendita inocencia:

-Sí qué rico, pero me da muchos, muchos.

Y juntos a las seis de la tarde se introdujeron al caramanchel que llamaban hogar.

Las paredes enclenques, toscas y manchadas, el piso de tierra, las ollas tiznadas, daban aspecto de precariedad a esa casa desdibujada. De cada rincón reverberaba la miseria, era una casucha melancólica, por ese mismo motivo, los niños solo la usaban para dormir, pues todo el día pasaban jugando fuera. Los postes de guachipelín y las tablas de cedro labrado llevaban más de cien años sosteniendo a dos generaciones de huesos envueltos en pellejo.

Pasaron quince días de maldita y cíclica monotonía, hasta que una noticia inesperada hizo relucir una luz entre las rendijas de los tablones, unos señores llagaron en automóvil hasta la humilde casucha… ¿Enviados por quién?…

Tal vez el destino tramaba una magna ocurrencia, no eran noticias de trabajo, era algo mejor, un hecho inesperado… Los señores ofrecieron techo digno, víveres y colchones.

-¿Podrías imaginarte la felicidad de esos pobres? sus ojos brillaban como pesetas nuevas.

-¡Pero por qué Dios mío!- parecía que Dios por fin había vuelto sus despreocupados ojos hacia ellos y envió a sus fieles heraldos

– ¡Pero por qué Dios mío!- estaba agonizando la tarde cuando los señores llegaron del cielo… o del infierno… no sé, a veces uno no entiende y deja de creer.

–¡Pero por qué Dios mío!- esa noche el padre encabezaba una oración que luego se perdería en la nada… los niños podrían estudiar; tendrían una beca, libros nuevos y transporte hasta su hogar…

Esa misma noche en la madrugada, la madre no lograba conciliar el sueño… era tanto su gozo, imaginábase a sus pequeños uniformaditos rumbo a la escuela, ella los terminaba de arreglar, los persignaba y con un beso los enviaba con tal orgullo… construyendo su casita…

-Al principio tal vez nos haga falta algunas cositas para rellenar, pero es verdad que Dios nunca le falta a uno.

Decía para sus adentros, pues de muebles solo tenían unas cuantas tucas que servían de bancos y un moledero que hacía a veces de desayunador, otras de comedor y también de alacena.

La madruga se engalanaba con el brillo de las constelaciones que parecían sonreírle a la pobre… ¿De quién…? ¿De quién era esa sonrisa que se formaba con las estrellas?… ¿Te burlas de nosotros?… ¿Te da placer nuestro dolor?

Pero… ¿Por qué, Dios mío, esa misma noche mientras deliraba en sus anhelos, cuando los veía ya realizados, sentada en el pasto con el pensamiento perdido en la plenitud de su regocijo, la casa tuvo que caerles encima a los muchachos y a su esposo?

– ¿Por qué, Dios mío, me dejaste viva?…

Este día que amanece nuevamente por la noche es soledad perpetua y cíclica oscuridad para la pobre.

Desde aquella noche una lluvia de agujas le aguijonea el seso e inundan su razón ennegreciéndola toda.

Y cuentan ahora que aquella madre ya no se deja ver con facilidad por la gente, que hace varios años se internó más en la selva Brunca, donde levantó su tugurio; se le ve famélica, ojerosa, pálida y con ojos fijos que lanzan un grito largo y profundo. Hay otros que cuentan cómo en la madrugada se ve encendida una llama desde su rancho y algunos, que se atreven ir más cerca, relatan con espanto a una mujer que siempre sirve cuatro platos vacíos al desayuno… ¿a quién si no hay nadie en su mesa?…   y atiza el fuego y conversa… mientras sus manos mueven las brazas al rojo vivo sin la más mínima muestra de dolor. Se le ha visto espiando entre los matorrales a los niños que vienen por los trillos desde la escuela.

Y últimamente se le teme, tal vez porque dicen verla caminar en las madrugadas entre los sembradíos y asidas de sus manos apenas se vislumbran algunas pequeñas sombras saltarinas que se pierden en la oscuridad y negrura de la selva.

.

 ______________________

Prof. Álvaro Carvajal Suárez

Prof. Álvaro Carvajal Suárez

(*) Álvaro Carvajal Suárez, es Profesor de Español en el Liceo de Bagaces, Guanacaste. Es nativo de la comunidad de Humo de Esparza. Su obra “Cuentos Fríos” fue galardonada con el Primer Lugar, en la categoría de Cuentos, en el Certamen Literario “Brunca 2011”, concurso literario promovido por la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA), con sede en San Isidro del General. Actualmente, trabaja en nuevas producciones literarias que están a punto de salir publicadas en el mercado de literatura nacional.

______________________

IMAGEN: Ciudadela “La Carpio”. FUENTE: Informativo CrHoy.

Anuncios

3 pensamientos en “Eterno Despertar (“Cuentos Fríos”)

  1. Triste y desgarradora realidad a la que se enfrentan nuestros campesinos, narrada magistralmente; por la sensibilidad hecha pluma. ¡Mis sinceras felicitaciones, Profesor Álvaro Carvajal Suárez! (Y)

  2. Estupenda exposicion de la miseria. Mas, hay ahi una abnegacion maternal… Profundo sentimiento no recompensado…

    Hay que leerlo dos o mas veces para extraerle la expansion del dolor que el autor relata…

    Excelentemente natural….

  3. Demasiado bueno. X momentos senti q era yo, pero a dios gracias tengo a mis hijos. ERES UN ORGULLO ESPARZANO.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s