Hombre de campo pierde a su Hijo

niño campo

Por: Carl Brengle Emmons Clark (*)

No es con frecuencia que el hombre de campo, hombre de manos callosas, mirada cansada, pero de hombros bien estirados, cede a la confesión que lo delata como dueño aún de un corazón de carne y hueso. Pero, los dados cayeron a mi favor y esta semana fui el confesor principal de un pródigo por omisión.

“Perdí a mi hijo el día que lo mandamos a la escuela”

…leía el colofón escondido entre los profundos valles de un rostro envejecido por infinitas jornadas bajo la ‘luna’ esparzana.

No hace falta mucha imaginación, para darle color y forma al resto de su relato. Aún no había salido del horno, cuando ya se oía en toda la hacienda al padre repitiendo eso que el suyo había dicho de él:

“Cada pelao viene con el bollo de pan bajo el brazo”.

Apenas fue dando sus primeros pasos, fue leal a la sombra de su padre, como el canto del gallo a la milpa que despierta. Siendo un tercer tobillo que, sin duda, causó rezagos y tropiezos durante las corridas matinales, siempre fue absuelto de todos sus pecados y alzado al puesto principal, como yugo sobre los hombros de su padre, formando la curiosa yunta vertical que los amalgamaría durante cuantiosas faenas.

El perdón siempre es un trillo de dos vías y, como toda mirada de niño que aún vive como tal, libre de rencores, resentimientos y mal-amores, así también su hijo perdonaba, entre silencios y sonrisas, las ofensas de la bestia bruta, cansada y malhumorada de la noche anterior.

Atento al desvelo del meollo masculino, la necesidad intransigente de ser el héroe y maestro emprendieron la siembra del confiado sembrador en que su hijo siendo ahora ‘semilla’, un día sería fruto sazón.

Pero, en esas, llegó ese primer gran día y un zaguate tomó su lugar.

Fue casi una década de cándida confianza en que, gracias a cada gota de sudor que humedecía el vergel, su hijo volvería a casa para conferirles a todos, con la dignidad que cada vez se esconde más en la vida del hombre de campo, hombre de manos callosas, mirada cansada, pero, de hombros bien estirados.

Las manos suaves del que fue su yugo despertaron las primeras sospechas, sus hombros caídos fueron la sentencia, ni con migas bajo el brazo había vuelto…

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Carlitos y su hijo (*) Carl Bengle Emmons Clark, conocido popularmente como “Carlitos“, es Profesor de Enseñanza del idioma Inglés, Visionario y Mentor en la Auténtica y Holística Academia AMERIKANOESTUDIOS, con sede en Esparza, Puntarenas, Costa Rica.

IMAGEN: Blog Oxfam. Utilizada únicamente con fines ilustrativos.

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100 metros al Este y 50 al Norte de la Sucursal del ICE, en Esparza, Puntarenas.  Tel. 8869 0591

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