La Omnipotencia (“Cuentos Fríos”)

+ demon +

Hoy, proseguimos con la publicación de la obra “Cuentos Fríos”, del Prof. Álvaro Carvajal Suárez.

Por: Prof. Álvaro Carvajal Suárez (*)

Prólogo de la Obra

Se ha dicho muchas veces que nuestro país es una Nación sin historia, que aquí no pasa nada interesante. Sin embargo estas palabras ignoran las miles de historias de nuestra cotidianidad que se escriben con tinta roja en lo más profundo de nuestro ser costarricense.

Costa Rica, república que no ha alcanzado, gracias a Dios, la completa transición del campo a la ciudad, guarda aún paisajes y gentes como las de los tiempos de Calufa o Fabián Dobles, aunque nuestra gente humilde posea Ipod, Tablet y celulares multifuncionales, todavía no han creado el programa que borre las miserias de nuestro pueblo.

Los males de nuestra sociedad son los mismos pero redireccionados de distintas formas y más crueles. Esta postmodernidad que carcome nuestra idiosincrasia y hace de ella una mezcolanza desconocida que ni es nuestra, ni de nadie más.

Y las personas pasan inmutables por el pavimento sin dejar huella y se pierden en la nada heredándonos a todos un vacío silencioso y amargo, enterrando a nuestros hijos en el letargo.

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La Omnipotencia

Tuve quince años aquella noche, en la que con cuentos de terror, sembróse en mí el embrión del mal, iniciaba la gestación de un ser ajeno al que fui. Esa noche parecía la de unos tres años atrás, cuando la afición por aquellos cuentos había iniciado. Aquella noche cultivándome en las páginas infinitas, me distraían de cuando en cuando, unas molestas lagartijas no me dejaban entregarme al ocio en paz, copulando sobre mi cabeza veía dos o más parejas, entrecruzados sus rabos con chillidos de éxtasis, me causaban conmociones terribles, de un acto animal que no llegué a comprender.

Recordé dejar en el cuarto un arma de juguete de mi hermano menor, la tomé. Suficientes municiones para divertirme un rato, deje la lectura a la mitad, y en lugar de caer línea por línea el texto consumido, caían las lagartijas con grandes moretes en las espaldas y en la cabeza, -debo presumir de mi buena puntería- a algunas se les desorbitaban los ojos, se les destruía la columna e intentaban huir inútilmente con sus extremidades superiores.

Aquella noche no pude dormir de la excitación, ¡me había divertido tanto!- Me levanté de madrugada y seguí casando animalillos.

Así pasaban los días y la diversión de una noche habíaseme convertido en obsesión, pasaba largas horas mirando el techo de la que fue mi casa, para encontrar ya no mi juguete, sino mi enemigo, disfrutaba verlos revolcarse, mutilados, moribundos, empezaba a sentir el regocijo de la omnipotencia.

Aquellos animalitos indefensos ante mí, debían pagar la osadía de existir, de robar mi aire, estaban puestos allí para mi diversión, su destino era el balín que se insertaba en sus cuerpos, su libre albedrío lo había convertido en la dictadura de balas de goma. Me temían; se escondían en los recovecos del techo, el los huequecitos de las reglas en un afán inútil de supervivencia y yo con la impaciencia de verlos sucumbir con enormes muecas de dolor, los hostigaba día y noche.

Días después, una mañana de esas medias tristes, medias perversas, estando en el patio trasero de la casa, golpeaba un cajón para buscar más lagartijas, pues de tanto matarlas ya eran escasas, y resultó que entre las cajas de cartón de la galera, escuché un tierno maullido, encontré la gata de mi casa que hacía días no la veía, con un crío de apenas unas semanas, con curiosidad me asomé por encima de la caja, al ver el animalito tan indefenso, tuve ganas de chinearlo, de la misma manera que se haría con un recién nacido, en sus ojos grises había un tono de súplica que me indignó, lo tomé entre mis manos pero se asustó, tal vez sintió la parca en mis dedos, me hizo un casi imperceptible rasguño en el dedo meñique y esto me enfureció de una forma extraña, ira implosiva que ahora explotaba, demasiada volátil; lo tomé con rudeza del cuello y empecé a estrangularlo, sus patitas comenzaron a moverse en señal de desesperación, pero más fuerte apretaba su delicada tráquea, ya moribundo el animal, le giré el cuello con fuerza y sentí y escuché ese cuello indefenso quebrarse entre mis manos, como un tronar de dedos, había visto escenas como esas tantas veces en las películas, pero nunca lo había experimentado por mí mismo.

La sucursal de la muerte, recién instaurada en mi pecho, tuvo mayor clientela a partir de esa mañana, pateaba perros, mataba pájaros a pedradas, quería matar a todo ser que respirara, en la noche me fascinaba ver películas de acción, de donde se alimentaba la criatura violenta, que ya me empezaba a dar patadas, desde cuanto tuve doce años y decidí por cuenta propia y desinterés de mis padres, no ir al colegio.

Adquirí un arma de copas, con la cual seguí haciendo mis fechorías, ¡bam, bam! -caían mis subyugados-. Realmente me sentía Dios. Lo imaginaba desde lo alto, al igual que yo, y al mejor estilo Rambo, jugando a los soldaditos.

– ¡Tome! …en el corazón- muere el hombre de un infarto-

¡Pum! -le di en la cabeza– muere la mujer de un derrame cerebral-

-¡Ese hijue puta me cae mal! ¡Tome! Para que le aguante tamaño tiempo sufriendo -Cáncer, SIDA.

¡Yo fui Dios!, la enredadera venenosa que crecía en mis adentros se bifurcaba y enmarañaba mi razón, recuerdo el momento en que Rufo, el perro del vecino le mutilé una pierna para divertirme mirándolo cojear y dar aullidos de dolor, por supuesto que no lo dejé escapar, con un machete lo descuarticé.

En la agonía de una tarde cubierta por nubes gordas, ociosas e iracundas, pateaba la bola con mis amigos, quería matar el rato y dejar un momento de matar animales. Sucedió que la yedra me cubrió la conciencia o lo que quedaba de ella, en una jugada que no me pareció justa, se desbordó mi magma de energía destructiva, me retiré a la habitación de mi padre, en donde sabía que él guardaba un viejo rifle, lo revisé, el magazín lleno con seis balas explosivas y un cartucho con al menos cincuenta más, me dirigí al patio en donde estábamos jugando, en ese instante no era yo quien tomaba el arma, solo mi cuerpo se gobernaba.

Apunté a Juan, veía en él la misma cara de aquel gatito débil, lo miré; simple mortal ante el poder que me brindaba el arma, ¡pumg! En medio de sus ojos suplicantes estalló el proyectil, el cuerpo calló lánguido en el césped. Luis intentó huir, le di en la pierna, y al igual que a Rufo, descuarticé su cuerpo, su cráneo abierto manaba sesos y unos líquidos viscosos que se mezclaron con la lluvia que empezaba a caer sobre los cuerpos de los que antes fueron mis amigos.

El poder turbó mi mente, era divertido ser Dios por algunos minutos, sus muertes me llenaron de una perpetuidad inexplicable, nada me detenía, disparaba a la lluvia, a los árboles, hasta disparé al cielo intentando herir a Dios, él era el único que podría detenerme, y si me lo echaba, el mundo era mío.

Corrí por entre las montañas que daban detrás de mi casa, un sentimiento de asechanza invadió mis músculos y los sentidos, algo superior de mis adentros doblegábame.

-¿Eres tú?– le grité.

La lluvia corría a cántaros por riachuelos formados entre los trillos de la montaña, truenos horrísonos resonaban en las cavidades de la selva. Una tormenta horrorosa me estrujaba por dentro, el laberinto indescifrable de mi confusión estaba volviéndome loco.

-¿Eres tú?– grité otra vez.

Algo me estaba comiendo, devorábame. No soporté más, corrí despavorido entre los árboles buscando un no sé qué, hasta que en un charco de agua turbia intenté mirarme el rostro, unas miles de sombras desdibujadas alcancé a ver con el arma aún asida entre mis brazos.

– ¿Eres tú! -pregunté al tenebroso reflejo.

– ¿Soy yo? -me dijo el espectro… Y no miré más.

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Prof. Álvaro Carvajal Suárez

Prof. Álvaro Carvajal Suárez

(*) Álvaro Carvajal Suárez, es Profesor de Español en el Liceo de Bagaces, Guanacaste. Es nativo de la comunidad de Humo de Esparza. Su obra “Cuentos Fríos” fue galardonada con el Primer Lugar, en la categoría de Cuentos, en el Certamen Literario “Brunca 2011”, concurso literario promovido por la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA), con sede en San Isidro del General. Actualmente, trabaja en nuevas producciones literarias que están a punto de salir publicadas en el mercado de literatura nacional.

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IMAGEN: Tomada del Blog “Alumine”.

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