Vamos a ver cómo me va con este Mundial

 

balon futbol 

Por: Carl Brengle Emmons Clark -CARLITOS GRINGO- (*)

Lo cierto del caso es que me ataca la misma congoja que apareció a los 13 durante mis primeras sesiones de masturbación. Aquí detallo mi placer culpable.

Para los que ya estamos en nuestros 30 o más, no es ninguna sorpresa darse cuenta de lo poco que recordamos con el pasar de los años. Sin embargo, precisamente en esta maravillosa realidad de madrigueras, cavadas en nuestras fosas amnésicas, yace esta realidad.

Los brincos de gol calendáricamente programados cada 4 años, los guardo como imágenes de Polaroids que denotan los países en los que he vivido, las fases de mi vida y mis círculos de amigos.

Italia 90. En las aceras, fuera de nuestra casa, en la Coviefi de Antofagasta en Chile, se llevaron a cabo los ritos de iniciación en la religión del fútbol, bajo la meticulosa tutela de mis Escribas, los compas del barrio. Nuestra biblia fueron los álbumes, fanatismo inocente el cual debe vivir todo pre-adolescente. Entre nuestros dioses de temporada, se encontraron Higuito, Campos y Valderrama. El gran debate apologético del momento era si Maradona o Pelé era el mejor jugador del mundo y fue ahí donde comencé a entender la diferencia entre un deportista y una estrella. Con el pasar de los años, la balanza se inclinó hacia el astro-brasileño, estrella dentro y fuera del campo. Este tipo de dudas existenciales me acompañan hasta el día de hoy, cuando me pregunto si seré músico o artista, docente o educador.

Francia 1998. Recuerdo inolvidable de las clases perdidas en el Santiago College. Ya corría mi penúltimo año de colegio, y mis travesuras se habían elevado a un estatus pre-mafioso, o sea, con estilo y táctica como el Zidane del mismo año y no la rata en la que se convirtió 8 años después. Con la famosa fiebre, bien pasados los 40 grados, me las ingenié para no perderme un partido, más bien por el contrario… perderme decenas de lecciones… organizando un acto solidario entre todos los ricachones que iban a ese cole lleno de platudos.

La idea era reunir fondos para comprarles una tele grande y a color a los conserjes, que siempre andaban limpiando nuestra mierda. ¡Lo logré! Y justito antes de la ceremonia inaugural, la instalé para que yo, junto al chino y sus compas, nos encerráramos a ver partidos… por más “Demerit” que tuviese que pagar.

Corea del Sur 2002. ¡Imposible olvidar el cambio de horario!! Que montón de madrugadas nos pegamos yo y la manada de inmigrantes en Messiah College, quienes no teníamos para dónde jalar en vacaciones de verano. Enjaranados hasta el hocico, nada más nos tocaba inscribirnos en los planes solidarios de la institución, para empezar a pagar nuestra deuda universitaria, desde ese momento, ¡con trabajo de verano! Para todos en común, los salarios eran inimaginablemente incomparables a cualquier paga realizada en nuestros países de nacimiento. Además, era trabajo de gringo, o sea, bien pagado y al suave.

Épica fue la noche de tacos para celebrar el encuentro de Méjico y EE.UU., cuando todos íbamos, como deportados en amargura, pidiéndole a los Charros nuestra vindicación. Aunque fueron los Alemanes los que nos otorgaron el consuelo… ¡La fiesta de tacos que nos pegamos esa noche, no se quita de las fosas de la memoria!

Cómo olvidar 2006. Ya para esos años, había dejado atrás la idea de volver a Chile por mis estudios de la U y por el sueño de Rock and Roll. Aunque no había visto un solo partido ni hablado del tema, ni mucho menos haber tocado un balón desde el mundial pasado, apenas se acercaban los meses, empezó a calentar otra vez.

No me imaginé el problema con el que me toparía. Lo programé todo a la perfección. Después de todo, era a mi linda Costa Rica a quien le tocaba abrir el mundial frente al monstruo alemán. En aquel entonces, mi amor filial por Tiquicia era distante, una nostalgia sin hogar. Jamás hubiera pensado que tan sólo un año después estaría conociendo al amor de mi vida y creando una nueva vida junto a ella en el país donde perdí el ombligo.

Pero bueno, nos tocaba un largo viaje ese día y, como a los muchachos de Last Tuesday les cuadraban los “malles”, programé nuestra salida desde temprano con una parada de 90 minutos de descanso en un gran Shopping Center -no se adónde putas – pero frente a un Sportsbar.

Me despedí y fui buscando fútbol, con la fiebre al máximo. Entré al bar, pedí cerveza, pedí el partido y el gringo bartender hijo’e puta me dijo:

-¿Partido de qué?

-¡Qué gringo más hijo’e puta!! Todo el mundo de fiesta y vos con repeticiones de baseball y hockey en cada canal.

Me perdí el partido, pero me gané una gran historia.

Ya para el 2010… una gran parte de mi conciencia había empezado a cambiar. Empecé a entender conceptos como “elefantes blancos”. Cómo olvidar cuando me cayó la peseta y dije: “¡Puña, sí! ¿Para qué tanta parafernalia? ¿Para qué tanto estadio? Sin saberlo, veía cómo me entraba la fiebre, y mis convicciones se iban por la ventana, sin siquiera darme cuenta, sin esa culpa que te agarra cuando te disculpás de un grupo para masturbarte en soledad. Seguro fue algo, más bien, como la inocencia de mis hijos cuando se tocan las bolas entre sí y se sueltan carcajadas. Del mundial, recuerdo muy poco; de la devastación económica que este tipo de eventos causa, lo recuerdo todo.

Y, por eso, digo “Vamos a ver cómo me va con este 2014”. Ya la fiebre no es la misma, aunque confieso no se me ha ido por completo. Festejo, nostalgia y unión de muchos amigos esparcidos por todo el mundo; pero, el dolor de lo que están sufriendo muchos brasileños frente a la gastadera desproporcionada, me da asco. Voy a ver los partidos y voy a comentarlos… pero me siento de luto. Con tanta parafernalia y tanta conciencia la inocencia que viví a los 9 años en las aceras de la Coviefi en Chile, se ha perdido.

Espero que las canchas se llenen de Pelés y que las graderías de gente dispuesta a dar los mismos $6000 dólares, tiquetes y entradas para los niños de la calle en los años por venir. Espero ser parte del cambio, y no fomentar este sistema obsoleto.

Cariños a todos. ¡Viva el futbol de una cultura diferente!

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(*) Carl Brengle Emmons Clark (CARLITOS GRINGO), Mentor de la Academia Auténtica y Holística AMERIKANOESTUDIOS, actualmente residiendo y laborando en la República Popular de China.

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