La Toronja por la Ventana

Museo Ferroviario Estación de Atenas, Alajuela (Fuente: costaricainfolink.com)

Museo Ferroviario Estación de Atenas, Alajuela (Fuente: costaricainfolink.com)

Por: Prof. Jonatán González Díaz (*)

Si pudiese volver a un minuto en mi pasado, escogería estar sentado en el tren, de vuelta a Esparza, después de visitar a mis abuelos maternos en Atenas, recibiendo por la ventana una deliciosa toronja rellena.

La aventura más grande que viví en mi infancia lejana fue ese viaje que nunca olvidaré, aunque en ese entonces tenía alrededor de 4 años, nada más.

Todavía me veo subiendo al bus, de madrugada, para tomar el tren en la Estación de Barranca, y esperar ese medio de transporte que únicamente había visto en películas. Una vez en el tren, en compañía de mis padres y hermanos, iba escuchando historias y mirando por la ventana el hermoso paisaje.

De pronto… ¡Todo se puso oscuro! ¡No lo podía creer! Estábamos pasando dentro de un túnel que desembocaba en un puente sobre un río… ¡Todo parecía ser mágico!

Luego, al pasar por Orotina, donde vendían tantas frutas deliciosas, disfrutamos de aquella sandía, cuyo caldo se nos escurría por los cachetes.

Al llegar a la Estación de Atenas, allí estaban Chalo y María esperando a sus nietos, con aquellos cálidos y perfumados abrazos que han quedado en lo más tierno de mis sentimientos. Fuimos a su casa, que era bonita y pequeña, de la que recuerdo un piso de mosaico de colores donde, sentaditos en círculo, comimos tortillas -a la pura mano- con natilla casera de la región. Chocolate para los pequeños y café para los papás, quienes estaban sentados en sillas de ‘cablecitos’ blancos y rojos, de aquellas que tenían forma circular y que mi abuela adornaba con tapizados de retazos de telas de colores, hechos por sus manos.

En esa ocasión, abuelo nos llevó a conocer los alrededores. Supe lo que era correr por las mangas del redondel de Atenas, imitando a los toros. En su canchita, en seguida me puse a jugar con niños del barrio, a quienes no conocía, pero que parecía hubiesen nacido conmigo, luego de menos de cinco minutos de estar con ellos, con esa sociabilidad infantil que ahora, de viejo, es tan difícil encontrar.

Recuerdo que acompañamos al abuelo a recoger frutas, mientras nos contaba historias de su niñez, al tiempo que canturreaba alguna vieja canción con su voz fuerte que no perdía el vigor.

A la hora del almuerzo, abuela nos tenía su infaltable ‘Sopa Negra’ y ‘Tamal mudo’, que servía humildemente, con el máximo cuidado y limpieza casi obsesiva que le caracterizaban, sin olvidar el ‘fresco’ bien frío de naranjilla, ajustado a la perfección con la tierra del clima más bueno del mundo, como bien sostienen los atenienses…

Por la tarde, un ratito dedicado a jugar naipes y, luego, con un poco de remilgo de mi parte -pues no quería irme- a tomar el tren que pasaba a las cuatro por la Estación del pueblo.

Una vez subido al tren, sólo recuerdo que mi abuela me pasó por la ventana aquella deliciosa e inolvidable “Toronja rellena de cajeta de leche”, que me alivió el pesar y, creo que me dormí durante el camino, pues no recuerdo nada más… ¡Qué bueno, pues de aquel mágico viaje nunca conocí el retorno!

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Toronja rellena (Fuente: Blog "Cocina Costarricense", de Luis González)

Toronja rellena (Fuente: Blog “Cocina Costarricense”, de Luis González)

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Prof. Jonatán González Díaz

Prof. Jonatán González Díaz

(*) Prof. Jonatán González Díaz, Cantautor y Docente Esparzano.

E-mail: jonagonzalez@gmail.com

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IMÁGENES: 

Toronja Rellena: Cortesía del Sr. Luis González, Blog “Cocina Costarricense”.

http://recetasdecostarica.blogspot.com.

Museo Ferroviario de Atenas: www.costaricainfolink.com

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2 pensamientos en “La Toronja por la Ventana

  1. Muy bella historia…¡esa niñez en el campo y en los trenes de NUESTRA TIQUICIA!…recuerdos imborrables…¡felicitaciones Prof. Jonatán González Díaz!

  2. Bellísimo relato. Me transporté a Atenas, cuando visitaba a Papi y a Mami, y me alegra mucho que tengás tan lindos y mágicos recuerdos, y tenés un gran parecido con Papi, cuando de contar historias se trata. Papá tenía una magia increíble cuando contaba algo, que generalmente eran vivencias propias y lograba transportarlo a uno en el tiempo, a vivir lo que él contaba. Mamá era un poco más seria, se le quedaba mirando y le decía “¡Viejo más vago!” y, luego, acto seguido, se escuchaban las carcajadas de Papi.

    Gracias mi querido sobrino, aquí me detengo, porque sino, se me pasa el día escribiendo acerca de ellos y hecha ‘una bomba de mocos’.
    Un abrazo, te quiero mucho.
    Tu tía Dora.

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