En verdad, nadie muere

Celaje en horizonte. Imagen: Gabitos.com

Celaje en Horizonte. Imagen: Gabitos.com

Un pensamiento sobre el sufrimiento de todos cuando llega la muerte de alguien querido. Hay mucha verdad en lo que pasa en la mente humana…

                                  Por: Miguel Ángel Soto Flores

Los esposos Juana y Casimiro filosofan durante una tarde de estas…

-Casimiro, ¿fue rara la muerte de Fulgencio? ¿Verdad? Se me erizan lo vellos del cuerpo. Dicen que Florencia lo amaba con locura y no podía vivir lejos de él.

-Sí, Juana, no se sabe de qué murió en realidad. Fue pronta y repentina… Lo único que pienso es en Florencia… Queda sola a tan temprana edad, sin familiares. Ella era única hija y sus padres murieron hace tiempo.

-Es duro perder a alguien y quedarse sola… Yo no quiero perderte a vos, Casimiro. No sé qué haría, porque yo te amo…

-No pensés así, Juana, las cosas no son como la gente cree… Yo no voy a dejarte nunca, aun después de muerto… Yo siempre estaré contigo mientras vivás y me recordés.

-No es lo mismo, Casimiro… Yo no te vería más… Ni te hablaría… ¡Jesús, María y José! ¡No quiero ni pensarlo! No sé qué haría sin vos, sin tu ayuda, tu modo de pensar…Yo no quiero perderte.

-No digás eso… No se puede perder a una persona. Lo que se pierde es la oportunidad de convivir con ella, cuando las diferencias son mayores que las compatibilidades… Pero eso es en la vida terrenal y no en la espiritual.

Sabés, Juana, el dolor y la pena llegan por el egoísmo de mantener a esa persona como si se tratase de una propiedad exclusiva para nuestros caprichos y exigencias… Las incompatibilidades humanas se hacen, no nacen, y el egoísmo humano le asigna prioridades arrogantes que no pueden quebrarse más adelante. Sólo la muerte quiebra esas incompatibilidades y, en ese momento, la lucidez del razonamiento retorna a la mente con una luz brillante de la comprensión y la compasión. La conclusión es, entonces, que las cualidades positivas de la persona eran más que aquellas negativas… en verdad es el amor el que vence cualquier resentimiento.

Lamento lo que ocurre cuando un ser querido parte de la presencia material. Y pienso en Florencia… ¿Qué va a ser de ella? Veo el dolor que los deudos, llorando la ausencia que viene. La falta de esa persona que desaparece en nuestras vidas. No se puede reconciliar esa idea, aquel apego que se desgarra y se desprende de nuestros sentimientos. Es duro, pero, lamentablemente, inevitable.

La vida no termina en ese instante -sentenció Casimiro-. La vida continúa sin resabios. La vida solamente detiene el envejecimiento de la materia. Ahora, ya no aumentan más las arrugas, y las manecillas del reloj se detienen atrapando la apariencia en ese momento. La imagen de la persona que se esfuma, queda en esa última apariencia, eternamente, en las mentes de aquellos que la conocieron. Ahí, sigue su proceso viviente, sin más preocupación de la muerte. Mas, ¿acaso se consigue la resignación en esos momentos aciagos? Claro, no se puede en una mente abrumada sufriendo en la irrealidad de la realidad, pensando en un mundo que termina. Nada será lo mismo, el dolor es más grande que la resistencia humana. No se puede entender que solamente la presencia de la materia es lo que concluye, ni se puede comprender que, exceptuando eso, la vida sigue su evolución. Así pasan los días, en angustias y añoranzas. La energía se pierde, consumida en el pasado, y el deseo de morir se hace presente.

La naturaleza es sabia maestra de la realidad material y etérea… Ella nos enseña que, así como los ciclos de la vida tornan, la mente torna la vida… Todo está dentro de la mente: la vida y la muerte, presencia y ausencia, realidad e irrealidad. La realidad física se forma en la mente y, ahí, junto con los pensamientos y sentimientos, sueños y anhelos, todo existe, pero todo es mental, nada físico. Dentro de esta filosofía, nada muere en realidad, y existe mientras hay una mente que conoce la existencia y carácter de la persona que se ausenta. Sin embargo, las añoranzas persisten.

Escuché una frase que dice:

“Qué bonito sería traer de regreso a alguien del cielo y pasar un día con esa persona: solamente una vez, una última vez”.

Sollozo, pensando en la inocencia de la gente que así piensa. Nadie se va para siempre, porque vive en nuestras mentes. Conozco el dolor que produce la ausencia, o la imposibilidad de ver enfrente a la persona que se fue, aparentemente.

Digo “aparentemente”, porque sólo el olvido termina la existencia de la persona que dejó el mundo material y vivirá para siempre, mientras haya una mente que la recuerde como la persona era. No es cosa de creer en mí, sino cosa de razonar los principios de la vida por los cuales he vivido. En esta forma, mi resurrección es real, aunque sé que mi existencia se reduce a una eterna forma espiritual. Sólo la presencia material se pierde, y la existencia resplandece en la dimensión mental donde en verdad existe desde su nacimiento. Así, toda persona sigue existiendo y aquellos que las conocieron pueden continuar su relación mental y conversar con ella, puntualizó Casimiro.

Sí podés… Vos, Juana, podés entablar una conversación conmigo cuando no esté aquí, muerto o vivo, como si estuviera presente, cuando podás y querás… podés contarme tus problemas y pensar en lo que diría, conforme a mi carácter y modo de pensar… Pero, no debés cambiar el criterio de mi pensamiento, porque entonces te escucharás a vos misma… En esa forma te ayudaré a resolver cualquier problema que tengás… Si conocés mi carácter y pensás en cómo haría yo las cosas, si razonás que estoy en lo correcto, dímelo y te explicaré, en tu mente, mis razones. Pero, siempre tomá tus propias decisiones porque ahora la vida solo vos la manejás.

Juana, lo miró con ternura y con esa mirada le decía que sí entendía y sabía que nunca estaría sola. Casimiro, sentado en la mecedora, percibió el entendimiento de Juana y suspiró complacido.

Juana siguió hablando sobre este tema de vida y muerte… y Casimiro permanecía callado… al rato Juana se levantó y con gesto de reclamo le dijo:

-¿Qué? ¿Te quedaste dormido o los ratones se comieron tu lengua…?

Juana se encaminó a la cocina, a tomar un poco del café percolado y, cuando volvió y sacudió a Casimiro, entendió que estaba muerto. De pronto, vino a su mente que los viajes extraños de su marido eran al doctor y en un citatorio en que tenía en la bolsa de la camisa, estaba la razón de su muerte… Casimiro tenía una enfermedad terminal y nunca le dijo a Juana…

Los años pasaron y, a la fecha, Juana sentada en el corredor que da al patio, conversa con Casimiro, tal como él le dijo… diciendo:

-“Gracias, Casimiro, gracias por estar conmigo todo el tiempo, entenderme y ayudarme a vivir”.

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Sr. Miguel Ángel Soto Flores
Sr. Miguel Ángel Soto Flores

© – En verdad, nadie muere, escrito por el Ing. Miguel Ángel Soto Flores, Esparzano residente en Stanton, California USA – Enero, 2015.

IMAGEN: Gabitos.com

 

 

 

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