EL MONAGUILLO (Cuento)

Cosas de Garroberos

Por: Dionisio Carvajal Gätgens (*)

Las tardes se llenaban de oro y el cielo le robaba al mar azul su color.

La sombra fresca de los almendros del parque servía de refugio a cantidad de chiquillos que, acicateados por el premio de un helado o unas grosellas, esperaban la hora del catecismo para recibir las sagradas lecciones, las cuales, una vez aprobadas, les darían la oportunidad a realizar su Primera Comunión.

Más tarde, convertidos quizá en instructores, con el derecho que los conocimientos del Credo, los Diez Mandamientos y algunas formas de liturgia les daban, podían aspirar a un elevado sitial: ser monaguillos.

Jorge no fue la excepción.

El Vía Crucis que se iba a celebrar tenía en ascuas a todos los güilas que aspiraban a pertenecer al egregio grupo.

El reducido mundo de Jorgito lo hacía soñar despierto.

Se imaginaba, unas veces, pomposamente vestido, matraca en mano, marcando con el ruido de sus giros el paso de la procesión entre las estaciones. En otras, bamboleando el incensario para impregnar el ambiente de tan eclesiástico olor.

Creía verse admirado y envidiado.

Llegó la hora del escogimiento. Los infantiles corazones palpitaban de ansiedad esperando oír sus nombres: Manuel, Andrés, Esaú… ¡Jorge!

Tras una noche de zozobra, de inquietos sueños y enmarañados pensamientos, llegó el anhelado día. La luz del sol rayó su cuerpecito cuando lo descubrió esperando junto al grupo de privilegiados para ponerse los atuendos de gala.

Al iniciarse el magno acontecimiento, Jorgito marchaba al lado izquierdo del cura.

Se sentía como querubín sonando en cada inclinación la campanilla que le habían asignado.

Envuelto en la bruma del incienso, la solemnidad del oficio y el ruido de su cascabel, no percibía la sonrisa de los grandes y las risillas que con sus manitas ahogaban los chiquitines, después de cada una de las genuflexiones de Jorgito.

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EL MONAGUILLO - Dionisio Carvajal (Cosas de Garroberos) Dibujo Hugo Diaz

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Sus compañeros cuchicheaban y sus rostros enrojecían.

-Jorge –le dijo el monaguillo jefe cuando, sudorosos, ingresaban en el atrio de la iglesia- ¿Usted no sabía que uno no se quita los pantalones cuando se pone el uniforme?

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(*) Dionisio Carvajal Gätgens,  es funcionario bancario jubilado, Escritor, nativo y residente de Esparza.

Bibliografía

Carvajal Gätgens, Dionisio. “Cosas de Garroberos”. Editado bajo el patrocinio del Banco de Costa Rica. San José, 25/noviembre/1982. Pág. 5.

Ilustración: Hugo Díaz.

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