El CLUB del MANTECADO

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“…la vida no es todo eso que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que nos sucede”. 

Por: Víctor J. Castro Barrantes  (*)

El primer recuerdo que tengo de Sandra Rojas al cuadrado es de un club de amigos que queríamos formar un verano, allá por el 77. La sede era una casita de madera que tenían a un lado de su casa, cerca de la pulpería de los Paniagua, donde apenas si cabíamos todos.

Nunca nos pudimos poner de acuerdo en nada, unos querían sembrar árboles y salvar al mundo de la tala indiscriminada de finales de los 70`s, otros querían que repasáramos la materia de todo el año durante las vacaciones (de fijo que fue Ana Jara la que presentó esa noción), otros querían ir de pesca a La Cortina, en el río Esparta, o andar en bici por Nances, lo cual, para aquella época, era lo más parecido a un “peligro” que pudiéramos vivir.

Sólo yo soñaba con tener un club que resolviera misterios, al mejor estilo de la serie de ‘Scooby Doo’. Nos imaginaba entrando a casas tenebrosas, llenas de telas de arañas, tablas que rechinaban al caminar y sonidos sin sentido; por supuesto, hay que ser claros en algo: en Esparta no había nada que se pareciera a esa idea sembrada en mi cabeza por los libros de enigmas que, desde esa época, ya leía como un descosido, gracias a la mamá de Memito, quien nos inculcó el amor por la lectura, desde muy pequeños.

La idea de doña Rosita era buenísima, el problema fue a quién se lo ofrecieron, ya que yo siempre he tenido una mente con extrema imaginación. Pero… ¡Bueno…! Regresemos a la historia de la casita del club, pues no quiero salirme del tema de esta lectura…

Resulta que el club estaba conformado por Sandra, Memito, Ana, Gallo, Lucy y yo. Pasamos muchísimas tardes de ese verano tomando café con leche, antes de ponernos de acuerdo en nada…

Pasamos horas redactando una serie de reglas tontas de los secretos que teníamos que guardar y nunca hicimos nada que valiera la pena ocultar… ¡Pucha! Es que no matamos ni una ardilla, ni robamos guayabas en San Juan Chiquito… ¡Nada! Creo que lo único que ganamos fue peso con tantos carbohidratos y café con azúcar que nos daba la mamá de Sandra para tener la excusa de entrar y revisar qué estábamos haciendo.

Recuerdo a Sandra perfectamente, cualquier de esas tardes, mandona, dictando reglas que teníamos que seguir para poder ser parte del ‘Club de Intelectuales del Mantecado’ (*). En realidad, apenas y ha cambiado, talvez un poco más alta; pero, por lo demás, me resulta como transportada en un túnel del tiempo: Pelo alborotado, faldas por fuera, sin poner especial cuidado a los detalles de sí misma, pero con una personalidad y labia como pocos… Su mirada, inteligente, despierta, llena de preguntas y respuestas al mismo tiempo, con sonrisa pronta y prolongada, con un sentido del humor muy propio y del cual, hasta la fecha, disfruto enormemente en las pocas ocasiones que nos vemos durante el año.

Me parece increíble que, entre esa tarde de verano y hoy, hayan pasado 38 años y lo que me resulta aún más increíble es que, durante casi 20 años, no tuvimos contacto. Por supuesto, entre mi ida a la capital a perder el acento y su pasión a una secta, hubo un mar de distancias, tormentas, alegrías, enfermedades, embarazos, muertes y cientos de cosas más, que ni sé, ni podré saber jamás.

Sólo una cosa tengo clara, cuando estamos uno frente al otro, volvemos a ser esos niños del ‘Club del Mantecado’, que lo único que quieren es tener la compañía del otro, sin juzgarnos, porque no hay nada que perdonar; sin promesas, aunque hay sueños por cumplir, y sin miedo, porque el futuro, como entonces, es igual de incierto… Ya, por fin, entendimos que la vida no es todo eso que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que nos sucede.

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pan mantecado (*) Mantecado: Especie de galleta de harina.

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Víctor J. Castro Barrantes

Víctor J. Castro Barrantes

(*)  Víctor Julio Castro Barrantes “Tojulio”, Administrador de Empresas, incansable viajero cosmopolita, Escritor, Fotógrafo Esparzano.

Imágenes utilizadas con fines ilustrativos:

1) Blog “Legados, Huellas de Nuestra presencia en Iberoamérica”.

2) Página “El Club del Pan”.

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