El día que me llevaron ‘a conocer la Pizza’

 pizza-hut

Por: Víctor J. Castro Barrantes  (*)

Cuando tenía como ocho años, llegó a Costa Rica la ‘Pizza Hut’. Hay que entender primero el contexto en el que vi por primera vez un anuncio de pizza a finales de los setenta. Para ese entonces, vivía en un pueblo, a dos horas y media de la capital, lugar que visitaba una vez cada dos años; es decir, si tenía muchísima suerte probaría la pizza a los nueve o si acaso a los diez años, siempre y cuando tuviera la dicha y la suerte de que en un mismo viaje pudiera hacer ambas cosas, situación que aumentaba aún más mi frustración.

Y, así vivía yo, envejeciendo en mitad de la nada, comiendo tacos de donde Juanita Ugalde o tratando de morir ahogado en seco con ‘sorpresas de pinolillo (*) compradas en la pulpería de Efraín Hidalgo, en lugar de estar disfrutando de uno de aquellos pedazos de pizza, llena de quesos y un montón de ingredientes más de los cuales no sabía ni el nombre, mucho menos podría imaginar siquiera el sabor.

Los días se convirtieron en semanas y éstas en meses. Llegaron las vacaciones de quince días y yo seguía con la idea fija de probar aquella bendita comida italiana que ponían en menciones en todas partes… ¡Hasta en sueños veía los anuncios! A ratos, sentía que cada cosa que hacía me llevaba irremediablemente a estar expuesto a una pauta más. En las cafeteadas de las tardes, a veces, mami hacía tortillas prensadas con queso y yo imaginaba que eran pizza, mordía la tortilla y estiraba el queso lo más que podía, imitando el anuncio de televisión, es increíble cómo un simple pedazo de pizza pueda convertir la vida de un niño en un infierno, sobre todo de un niño ‘muerto de hambre’ como lo fui yo.

Pero, el universo, en su infinita sabiduría, inventó a los tíos y en esto debo agregar que yo tuve al mejor, Tío Hernán, mi tío preferido. En esos días de vacaciones, anunció que pasaría por mí para llevarme unos días a Guápiles, para andar a caballo y ayudar en la granja de huevos que tenían detrás de la casona. Se pueden imaginar la alegría tan enorme que pude sentir. A partir de ese momento, supe que Tío Hernán me llevaría a comer pizza a San José, no lo dudé ni por un instante. Y durante el viaje en carro hasta San José, me aseguré de pedírselo un millón de veces.

Llegamos al hotel, nos cambiamos y me dijo:

“-Papito, lo voy a llevar a esa pizzería. Usted hoy se duerme con dolor de panza de tanto que vamos a comer de eso”.

Llegamos a Pizza Hut y les juro que creía que estaba en uno de aquellos anuncios, había que esperar para sentarse y eso me pareció cosa como de otro planeta. Ya sentados, nos trajeron el menú que era más grande que yo…

Tío siempre fue un hombre de dar a manos llenas y ese día pidió dos pizzas grandes, una para él y la otra para mí, pero me dejó elegir la mía. Cuando trajeron aquellas inmensidades, mi alegría fue absoluta, no me lo podía creer, estaba tan feliz, es increíble cómo un simple pedazo de pizza pueda convertir la vida de un niño en el cielo.

Sobra decir que no me pude comer toda la pizza, tampoco me dio dolor de panza… ¡Qué me iba a dar, si con tanta felicidad dormí como un angelito!

Tío Hernán me enseñó, ese día, que cuando tienes más que el resto de las personas, necesitas construir una mesa más grande, no una tapia más alta.

(*) NOTA DEL BLOG: Las ‘Sorpresas de Pinolillo’ o ‘gofio’ eran unas muy antiguas y rústicas golosinas que existieron en las pulperías de Costa Rica hasta principios de la década de los años 1980, consistentes en un pequeño tubo de cartón  flexible, envuelto en papel ‘chinilla’ o ‘cebolla’, con las puntas sobrantes retorcidas (al estilo de los confites), en cuyo interior había pinolillo con azúcar y un minúsculo juguete de plástico. Muchas veces, los chiquillos se escapaban de ahogarse con lo reseco del pinolillo y/o con el pequeño juguete de plástico.

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Víctor J. Castro Barrantes

Víctor J. Castro Barrantes

(*)  Víctor Julio Castro Barrantes “Tojulio”, Administrador de Empresas, incansable viajero cosmopolita, Escritor, Fotógrafo Esparzano.

Imagen: Platos Fáciles con Tamara (YouTube) – Utilizada con fines ilustrativos.

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