Los Duendes de San Juan Chiquito (Cuento)

Los Duendes de San Juan Chiquito

Por: Álvaro Cortés González ( * )

Eran esas tardes de invierno, de cuando oscurece tempranito. Como a las tres de la tarde, un fuerte trinar del yigüirro alerta que ya viene el agua. Se ven los nubarrones venir, pero no llueve.

-Ahí, precisamente es -decía abuela Moncha- cuando no se puede salir a juntar leña… Lo pierden los duendes -sentenciaba la anciana-. A mí me pasó de mi niña -contaba la abuela mientras le daba vuelta a la maquina oxidada de moler maíz, sus manos arrugadas, de pasar de lo caliente del fogón ardiente al frío de la pila donde lavaba el maíz…

Sentate y te cuento -me dijo, mientras perdía la mirada apuntando al horcón, viejo y retorcido como su encorvadura, ‘como su suerte‘, siempre decía.

El abuelo pasaba con su tabla de madera con dulce raspado. Lo olía y con singular ingesta lo acababa en un ‘dos por tres’.

-Son puras tonteras tuyas, los duendes no existen, Moncha. Dejá de atollarle burradas a la güila.

Sin embargo, la abuela Moncha ignoraba el insulto y paraba la molida, se limpiaba la frente con el delantal lullido y gastado.

-Era yo una chiquilla, como así… -y puso la mano plana a la altura de la cintura.

-¡Ni que fueras una chancha, Moncha! -se carcajeaba el abuelo.

-Bueno… ¡Así, entonces…viejo cabrón! -corregía la mano encorvada para medir seres humanos. Tenía que ir al potrero a traer los terneros para el corral, pues las vacas debían llenar de leche sus ubres, para la ordeñada.

Bajaba por la “Cueva del Tigre”, hasta la “Poza de Los Ahogados”, caminando entre boñigas y semillitas de espabel. ¡Uy! ¡Qué ricas eran! ¡Dulciticas!

Al llegar al final de la quebrada, ya divisaba al “Toñillo”, al “Vainicas Tiernas” y al “Casifundio”. Eran los terneros de mi tata. Ya, cuando me miraban llegar con el mecate, se venían mansiticos, ya sabían que iban a ser guardados.

“¡Maaaaaaaaaaaa!!!” -decía “Luzmilda”, la vaca pintada. ¡Bien machosa, la cabrona! Se me tiraba encima y tenía que correr a encaramarme en los jiñocuabes a la orilla de la cerca.

Ese día, algo me llamó la atención. Acostumbrada a andar a pata pelada, llena de purrujas y una que otra garrapata, agarrada del jarrete, me distrajo una figura infantil. Era como un carajillo, pero caminaba como un viejo. Como yo era muy valiente, me decidí a seguir a confisgado enano. Eran pasadas las tres, y ya sentía el aguacero venírseme encima de la mollera… Creí que era Rafaelo, un chiquillo de la pulpería de don Pedro Soto, que no creció, el desgraciado, por malo y mal hablado. De manera que, emprendí la caminada para asustar al confisgado carambitas… No eran ni diez minutos, cuando el cielo se puso negro, y cuando percaté ver alrededor, ya no estaba en la finca de Virgilio Vega, donde papá dejaba el ganado pastando.

-Pero abuela –interrumpió la nieta- si usted conocía la finca como la palma de su mano… ¿Cómo se iba a perder, así de fácil?

-Ay m’hija, los duendes… Vieras que no sabía dónde estaba y esos infelices se carcajeaban de mi suerte. Ahí fue cuando ya me puse asustada… Se me paró el pelo, así como una gallina culeca con los pollos amenazados. Me puse pálida como leche agria, y una sensación “como de querer obrar” se me plantó en la panza. ¡Quién sabe…!!! ¡Al rato, y hasta me cagué!”. ¡Jajajajaja!!!

-¡Dejá de decir cochinadas, Moncha, que me estoy tomando un fresco de tamarindo!!! -decía el abuelo, al ver el tamarindo flotando en el vaso de vidrio.

-Pero, ¿qué hizo abuela?

-¡Ay, mi niña! Ahí fue cuando me di cuenta que estaba embarrada… porque salí cuesta abajo, “resbalada como cuecha de mono”. Y cuando paré, estaba en la orilla de la carretera que va para San Juan Chiquito. A razón de cruzar todo aquello, hubieran sido casi dos horas a caballo hasta llegar adonde estaba.

-¡Eso son puras babosadas tuyas, Moncha…!!! Lo que seguiste fueron puras ardillas que corretean en los palos de poró… -arremetió una vez más el abuelo.

Aún me cuenta, la abuela Moncha, cuando la perdieron los duendes, allá, en San Juan Chiquito. Otros dicen que se defecó e inventó todo eso para que no la ‘chilillaran’ en casa… No sé…

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Prof. Alvaro Cortés González

Prof. Álvaro Cortés González

( * ) Álvaro Cortés González, Docente esparzano radicado en Heredia.

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FUENTE DE IMAGEN: Proporcionada por el autor. Proveniente del Blog de Poesía “REGIÓN PLURAL”. Publicada con esta leyenda: “Mujer moliendo en metate, Museo de Antropología e Historia, Chapultepec, México”.

ENLACE: www.regionplural.com/ninez/

 

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