Historia de las Corridas de Toros en Costa Rica

El Chirriche (Autora Sra. Elena Ramírez Vargas)

“El Chirriche”, pintura al óleo de la Sra. Elena Ramírez Vargas. (Foto: Marco Fco.’. Soto Ramírez)

 

Por: Lic. Francisco Arturo Ugalde García (*)

Marco Fco.’. Soto Ramírez (**)

ORÍGENES

Es innegable el legado cultural dejado por la Corona Española en muchas costumbres y tradiciones de la Costa Rica actual. Tal es el caso de las corridas de toros que se realizaron en la provincia de Costa Rica, a partir del siglo XVII, y en conmemoración con el advenimiento de un nuevo Rey y/o el nacimiento de Infantes nobles.

Cuando el Rey Luis I –Príncipe de Austria– asumió el trono de la Corona Española, por la renuncia de Felipe V, al efecto se emitió una Real Cédula para todas las Provincias del Reino dirigida al Gobernador y Capitán General de cada Provincia y éste la expandía hacia el Sargento Mayor, Tenientes de Gobernador, Jueces de Campo, Cabildos y Escribanos.

En 1724, el Rey Luis I toma posesión del trono. Las autoridades anteriormente señaladas, mandaron a publicar en la Ciudad del Espíritu Santo de Esparza “en Espíritu Santo de Esparza y en todos sus valles, a son de sajas de guerra, clarines y tiros de fusiles (…) para ejecutar la “Jura y Aclamación de nuestro Rey y Señor”, el día 21 de enero de 1725. Al momento de recibirse la Real Cédula imperaba un riguroso invierno en la Provincia de Costa Rica, por lo cual hubo la imperante necesidad de trasladar dicha celebración.

Es importante resaltar que, a esta fecha, la jurisdicción territorial administrativa de Esparza permanecía incólume; todavía no se había segregado ni Bagaces ni Cañas, y la Alcaldía de Nicoya aún ostentaba su autonomía. Territorio general que se extendía desde el río Salto, en Liberia, hasta el río Grande de Tárcoles, incluyendo los Valles de Bagaces, Landecho, del Coyoche y Tugures.

El 20 de enero de 1725, “se puso debajo de dosel y sitial el Estandarte Real en el corredor de la Casa del Cabildo con la decencia y guardia necesaria y todas las honras militares del caso, el cual fue recibido por el Vicario de la Iglesia de Cartago y se colocó dentro de la Iglesia”.

Entre otras festividades, hubo luminarias y candeladas en toda la ciudad de Cartago “con estrépito de cajas (tambores), clarines, chirimías, y tiros de fusil, misas cantadas, sermones, procesiones” y el Maestre de Campo con el Real Estandarte en la mano pronunció tres veces en altas voces “Cartago, Cartago, Castilla y Las Indias por don Luis I”. Y toda la gente, a gritos, manifestaba “¡Viva nuestro Rey don Luis I!”.

En esas ceremonias conmemorativas de la Jura y Aclamación del Rey, se convidaba a los participantes con bebidas dulces (‘frescos’ de limón con dulce). Se celebraba con el juego de ‘La Sortija’ dando premios de cintas a los aventureros que entraban en la palestra.

Siguiendo puntual protocolo, dicho Estandarte Real fue llevado en solemne desfile por todas las calles y arrabales de Cartago y regresado a la Sala Capitular del Cabildo, como se hizo durante varios días de celebración de la Jura.

Otras formas de dicha celebración, fueron el encierro y corridas de toros y estafermo (1), en las tardes, escaramuza (2), tal como se celebró en los Valles de Barva, Heredia. Los desfiles se desarrollaban, especialmente en la Plaza del Cabildo, cuadrillas de montados a caballo, disfrazados de negros y de negras y de indios e indias, formando una escaramuza larga. También hubo participación de los mulatos pardos, quienes hacían sus desfiles con cañas y escaramuzas en cuatro cuadrillas de 10 montados a caballo, representando moros y españoles.

(1) Estafermo (del it. sta fermo ‘estate firme, tente tieso’). 1. masc. En juegos y ejercicios de destreza caballerescos, figura giratoria de un hombre armado con un escudo en una mano y una correa con bolas o saquillos de arena en la otra, al que golpeaban con una lanza los participantes, que debían evitar que, al girar, les devolviese el golpe. (Real Academia Española).

(2) Escaramuza. (del it. scaramuccia ‘combate breve y no decisivo’). 1. fem. Riña, disputa o contienda de poca importancia. 2. fem. Género de pelea entre los jinetes o soldados de a caballo, que van picando de rodeo, acometiendo a veces y a veces huyendo con gran ligereza. (Real Academia Española).

Se unieron a las actividades los pueblos de Aserrí, Pacaca, Curridabat, Laboríos, Cot, Quircot, Tobosi y Cartago, celebrando cada pueblo de indios con su propia creatividad y haciendo uso de sus medios y recursos materiales.

Queda demostrado que el origen de las ‘fiestas cívicas’ en la entonces Provincia de Costa Rica era una forma de festejar la asunción al trono de un nuevo Rey, por muerte o renuncia de un antecesor.

CONSTRUCCIÓN DE LA PALESTRA Y OTROS DETALLES

La mano de obra para el acarreo del material y la construcción de la palestra o corral era ejecutada por los indios, mulatos y esclavos de cada pueblo o ciudad. El redondel era construido con madera redonda, acarreada de los ejidos de la ciudad y se amarraban con bejucos silvestres. En el centro de la plaza se ubicaba un ‘bramadero’ –tronco de árbol en forma de horqueta para amarrar los toros, en ausencia del ‘toril’, que aún no se había implementado. Estos mismos personajes eran los encargados de reventar la pólvora. Todo era de gratis.

Los miembros de la milicia eran los que suministraban la música y la pólvora. La Iglesia Católica era la encargada de avisar a través de los redobles o repiques de campanas para comunicar la celebración de un determinado acontecimiento en la Plaza del Cabildo. Y, en el tema que nos ocupa, promocionaban en sus sermones las corridas de toros y la razón por la cual se celebraban dichos festejos.

LOS MONTADORES

Es obvio, que, desde el siglo XVI, la figura de la Hacienda Ganadera ya se había consolidado en el territorio de la Provincia de Costa Rica. Existía suficiente cantidad de ganado vacuno para dotar de novillos y toros a las celebraciones de las corridas de toros. Surge la ‘monta’ y los jinetes para la lidia del ganado criollo. Los principales montadores eran esclavos, mulatos y, en muy poca cantidad, el elemento indígena, que tenía una desventaja con respecto a las otras etnias: su pequeña contextura física, su cortedad de piernas y su poca resistencia muscular.

No obstante estas ‘aparentes’ desventajas, los indígenas poseían soluciones mágicas –‘mañas’– para poder dar la talla en las montas de toros. Por esas creencias supersticiosas, a muchos de ellos les fueron abiertos autos de procesamiento por ‘hechicería’ por parte de la Real Justicia de la Provincia de Costa Rica y/o el Tribunal de la Santa inquisición.

En ese sentido, uno de nuestros aborígenes, fue procesado precisamente por este tipo de delitos penales que durante la época de la Colonia recibían el nombre de ‘crímenes’. Sin embargo, el nativo –muy astutamente- se defendió aduciendo que el uso de cierta cantidad de hojas prensadas con ambas rodillas contra el cuerpo del toro no era una brujería sino una manera de estar seguro de que estaba ejerciendo la presión adecuada sobre los costados del animal, en procura de no caer al suelo. En otras palabras, la caída de las hojas, sostenidas por sus rodillas, tenían como consecuencia lógica e inmediata la estrepitosa caída del montador. Debido a dicho procesamiento, el encartado manifestó no usar más esa ‘costumbre’ y, en su defecto, usaría una herramienta que permitía sujetarse desde su talón al toro -lo que hoy se conoce como ‘espuela rústica’-, construidas por herreros, y que no eran muy efectivas por cuanto eran usadas amarradas a flor de piel, en ausencia de calzado.

La monta rústica en Costa Rica tiene su origen en la Hacienda Ganadera, donde el esclavo, los mestizos, mulatos e indios, solían montar caballos, burros y mulas para amansarlos y poder utilizarlos en labores agropecuarias, y, luego, montaban los novillos y toros por diversión y competencia grupal.

Eran estas Haciendas Ganaderas la que aportaban los elementos principales para realizar las corridas: los toros, los caballos, los jinetes lazadores con sus sogas, el torero. Por otra parte, debemos decir que cada montador llevaba sus propios implementos (mecates, albardas, espuelas, etc.). Sin estos incipientes pioneros del campesinado criollo, no hubiesen surgido las montas, los jinetes, caballistas, y toreros.

Cabe citar que las sogas, durante este período, eran confeccionadas con crin de caballo y es, a partir de la primera mitad del siglo XVIII, cuando comienza a sustituirse la crin por mecates elaborados de fibra de cabuya. En primera mitad del siglo XX, hizo su aparición

Ya, desde los inicios de las montas de toros en la época colonial, se utilizaba el ‘pretal’, soga que rodea la parte anterior del toro y que pasa por sus costillas e ijares y que llega detrás de la giba o joroba del toro, donde suele sostenerse con sus manos el montador, a la hora de ejecutar sus hazañas. Es menester citar que en esa época no se utilizaba la ‘verijera’, que se coloca actualmente en la parte trasera del abdomen del toro.

El montador tenía por costumbre utilizar una soga de crin de caballo amarrada alrededor de su pantalón, para asegurar dicha prenda, a la hora de efectuar su espectáculo.

FORMAS DE ‘MONTA’

Existieron diferentes tipos o estilos de monta, ideadas especialmente por nuestros antecesores precolombinos, como una forma de soslayar algunos inconvenientes físicos, relacionados a la estatura, contextura física, desarrollo muscular, y otros, en comparación con el esclavo de origen africano. En síntesis, estamos ante la presencia de la audacia del indígena versus ventajas físicas de los esclavos, mestizos y mulatos. Lo que el indígena no podía realizar con fuerza, lo solventaba con intrepidez, valentía y decisión, a costa de sus conocimientos mágicos provenientes de la sabiduría ancestral.

Los aborígenes llegaron a utilizar cuatro formas en la monta de toros:

  1. ‘Guapeado’ (doble). Este estilo era utilizado cuando el toro era muy grande y fuerte, donde se utiliza otro montador que se ubicaba en el cuello del animal y de frente al montador principal, ambos se afirmaban en el mismo pretal para sujetarse.

  2. ‘Cara p’atrás’. Ésta era una variante del estilo anterior, cuando el toro era relativamente liviano. No obstante, el montador debía contar con la colaboración de un buen lazador para poder desocupar el animal.

  3. ‘Con albarda de cuero crudo’ para lograr mayor estabilidad y seguridad de movimientos.

  4. ‘Monta con pretal y espuela rústica’, para establecer una mayor sujeción en los pies y no caer fácilmente al suelo.

No está de más decir que la clase más desposeída social y económicamente era la que mayor jolgorio, emoción y valentía prestaba a las corridas de toros, y eran quienes en realidad hacían la fiesta taurina.

LOS TOREROS

El torero era el elemento principal que resguardaba la vida del montador. Era su amigo. Se utilizaban para ‘torear’ piezas de ‘ayate’ (tela hecha con fibra de cabuya).

Era muy usual en las corridas que se sortearan algunos toros, con “lances de primor”. Resulta importante aclarar que los espacios utilizados para desarrollar dichas festividades taurinas, fueron evolucionando a partir de los ‘corrales’, pasando por los ‘encierros’ y derivando en lo hoy conocemos como ‘redondel’.

Grupo de Esparzanos sentados en la "barrera" de la Plaza de Toros de Esparza, entre ellos, observamos a las jóvenes de esa época: Sara María Vargas Benavides y su prima Marita Benavides Bastos. Imagen realizada, a principios de la década de los años 1970, por el Sr. Lucas Madrigal Conejo. Colección del Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural "ESPARZA MIA..."

Grupo de Esparzanos sentados en la “barrera” de la Plaza de Toros de Esparza, entre ellos, observamos a las jóvenes de esa época: Sara María Vargas Benavides y su prima y cuñada Marita Benavides Bastos. Imagen realizada, a principios de la década de los años 1970, por el Sr. Lucas Madrigal Conejo. Colección del Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MIA…”

CONCLUSIONES

Las Corridas de Toros nacen en Costa Rica, como un acto para festejar la Jura y Aclamación en la asunción al trono de un nuevo Rey de la Corona Española. Eran desarrolladas en la Plaza Principal –lo que hoy en día es el Parque-. En la época republicana las corridas de toros surgen como una actividad más de una festividad patronal religiosa.

En el caso de Esparza, con la celebración de la Virgen de la Candelaria, la Patrona del cantón esparzano, cuya celebración es el 02 de febrero. A partir de la segunda mitad del siglo XX, las corridas de toros las hacen las municipalidades locales para la recaudación de ingresos y diversión del pueblo.

Durante todo el Período Colonial en Costa Rica, únicamente se utilizó el ganado criollo para la monta. En la Época Republicana, es a partir de las últimas décadas del siglo XX que se utilizan los denominados ‘toros de lidia’, provenientes del encaste llamado ‘Miura’, por su disposición bravía. Es durante la Época Republicana que comenzaron a utilizarse las plazas de deportes, así como propiedades privadas para llevar a cabo este tipo de festejos populares.

Las corridas de toros tenían ausencia de tablados. Pero, los mejores lugares y más seguros en los encierros, corrales o redondeles, los utilizaban el Gobernador Colonial, el Sargento Mayor, los Tenientes de Oficiales Reales y de Retaguardia y el Escuadrón de Infanterías. Algunas de las esposas de los miembros de la milicia, utilizaban el campanario de las Iglesias.

BIBLIOGRAFÍA

– Archivo Nacional de Costa Rica (ANCR). Sección Histórica. Series “Cartago” y “Guatemala Colonial”. Asunto: Relación de las fiestas celebradas en Cartago con motivo al advenimiento del rey Luis I. Bando del Gobernador don Tomás de Acosta sobre la Jura del Rey Fernando VII. Años 1724 a 1821.

– Diccionario en línea de la Real Academia Española. Edición del Tricentenario.

– Gardela, Marco Tulio. Diccionario de Guanacastequismos. ICER, San José, 2001.

______________________

AUTORES

(*) Lic. Arturo Ugalde García, nativo de Esparza, Puntarenas; Educador, Historiador Académico Graduado de la Universidad de Costa Rica (UCR), Abogado y Notario Público.

(**) Marco Fco.·. Soto Ramírez, nativo de Esparza, Puntarenas; Folclorista-Cultor Popular, Fundador y Administrador del Blog “ESPARZA MÍA…” y de otras iniciativas en Internet, correspondientes al Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MÍA…”; Terapeuta Holístico y Maestro de REIKI; Narrador Oral; Cantante y Compositor Musical; Co-creador de nuestro Símbolos Cantonales Esparzanos: la Bandera y el Escudo; Co-creador de nuestro Símbolo Provincial: la Bandera de la Provincia de Puntarenas; Creador e intérprete de Ñor Antenor, “Personaje Típico Cultural del Cantón de Esparza” desde 1989; ‘Promotor de Paz’ por Costa Rica en el Proyecto ‘Puente a la Paz’ (Bridge to Peace Project); Investigador del Proyecto “Personajes del Cantón de Esparza”, financiado por el Fondo de Becas Taller 2016-2017 de la Dirección de Cultura del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ).

IMÁGENES

  • “El Chirriche”, pintura al óleo de la Sra. Elena Ramírez Vargas. Fotografía del folclorista Marco Fco.’. Soto Ramírez, Director del Blog.

  • Grupo de Esparzanos sentados en la “barrera” de la Plaza de Toros de Esparza. Imagen realizada, a principios de la década de los años 1970, por el Sr. Lucas Madrigal Conejo “El Fotógrafo del Pueblo Esparzano”. Colección del Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MÍA…”

 

 

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2 pensamientos en “Historia de las Corridas de Toros en Costa Rica

  1. hola es para solicitarles su ayuda estoy realizando un proyecto de cívica y el tema es corrida de toros y monta en costa rica la información que pusieron me sirve mucho pero si tienen algo mas con lo que me puedan ayudar se lo agrade seria

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