Urgencia de un cambio de paradigma en el abordaje historiográfico

Por: Dr. Fernando A. Villalobos Chacón (*)

¿Para qué y por qué se requiere un cambio de conciencia histórica desde la educación?

Existen muchas disciplinas que, desde la perspectiva clásica y reduccionista, han tenido entre sus “objetivos” (de)formar al ser humano. La historia es indudablemente, una de ellas. Es concebida como una disciplina para unos y una ciencia para otros. Se piensa que la historia tiene mucha importancia en la formación de las personas, pues se aduce que permite conocer e interpretar la realidad actual, a partir del conocimiento del pasado, y evitar repetir los errores cometidos, en el futuro. Se le atribuye que sirve para comprender el mundo en que se vive y cómo ha llegado a ser lo que es.

La historia concierne a todas las sociedades. Entre todos se construye, pero no entre todos se interpreta, se redacta ni se oficializa. El estudio de ella ayuda a tener una idea de ese legado –sea bueno o sea malo– heredado de los antepasados. 

En consecuencia, el abordaje de una historia científica no debería tomar partido respecto al pasado, no lo debería aplaudir ni condenar; simplemente lo debe colocar dentro de su contexto, como una manera de proporcionar información para buscar enriquecer aún más su comprensión. Debe convertirse en un proceso vivo, dinámico, robusto, sistémico, constante y esencialmente humano. 

En esas condiciones, se debe preguntar: ¿es la historia oficial un reflejo auténtico de la sociedad? ¿Cumple algunas de las características deseables enumeradas en el párrafo anterior? Si el pasado proporciona las bases del presente, ¿interpretando el pasado hemos aprendido sus lecciones para el futuro? ¿Dónde está el papel de las minorías y las grandes las colectividades en la historia? ¿Por qué y por quiénes han sido excluidos estos grupos etéreos del abordaje historiográfico oficialista? ¿Qué intereses han estado detrás de esta marginación de la historiografía oficialista? Sin duda hay más preguntas que respuestas, y quedarán muchas más sin responder. 

Por múltiples razones, sobre todo de orden político, económico, religioso e ideológico, el pensamiento ha estado fragmentado. En consecuencia, la historiografía oficial ha estado inserta y ha sido construida desde ese viejo paradigma parcelario, reflejando usualmente posiciones colonizadoras e ideologizantes. Estas posiciones han permeado en prácticas áulicas frecuentemente alejadas del ejercicio sano de la crítica y de la duda, la comprensión integral del mundo y la sociedad. 

Con mucha frecuencia la historia ha sido deshumanizadora, descarnada, omisa. Toda vez que ha olvidado el papel fundamental desarrollado por las grandes mayorías –y las grandes minorías también. En vez de ello, en sus relatos oficiales ha ensayado teorías donde se dota de poderes omnímodos a unos pocos reyes, papas y gobernantes, llevándolos a un papel casi de seres humanos con características mitológicas. 

En virtud de lo anterior, este sesgo ha permitido que múltiples eventos históricos hayan sido contados a medias, con criterios egocéntricos, con enormes vacíos etnográficos y, en el caso latinoamericano, con una visión absolutamente eurocentrista de la realidad, una colonización no solo territorial y sociocultural, sino también ideológica e histórica. Esto ha redundado en la proliferación de falacias históricas y visiones reduccionistas, que han ido transformando algunos hechos acontecidos cambiándolos por completo, tanto en su origen como en sus efectos.

A manera de ejemplo, se pueden citar algunos de estos hechos representativos de cómo la historia ha sesgado relatos y culturas:

La industria mediática del cine ha iconizado a la cultura de los vikingos con unos cascos de los que sobresalen dos cuernos. Es casi impensable actualmente no relacionar a un vikingo con un personaje de aspecto áspero dotado de ese “casco con cachos”. Los hechos afirman que sus cabezas jamás estuvieron adornadas con cornamenta alguna. El equívoco pudo haber tenido su origen a partir de 1870, a raíz de la ópera de Richard Wagner ‘La Valquiria’, en la que su protagonista femenina aparece en escena luciendo un casco con cuernos. Ese episodio originó una estructura mental difícil de modificar. Posteriormente los medios de comunicación se han encargado de reproducir este modelo histórico y cultural equivocado.

Popular también es el relato que culpó a Nerón del incendio que el 19 de julio del año 64 (siglo I) arrasó la ciudad de Roma, mientras tocaba su lira. En el momento en el que comenzó el devastador incendio, el emperador se encontraba en la Villa de Anzio, a una cincuentena de kilómetros del lugar y no se enteró de lo sucedido hasta varias horas después de que comenzase a arder la capital del imperio. La acusación que provocó el siniestro es infundada. Tampoco era piromaníaco. Es más: ni siquiera hay indicios de que supiera tocar la lira.

Documentos primarios más bien sugieren que Nerón ordenó una campaña de salvamento y auxilio, desplazando rápidamente hasta el lugar tropas, además de instalar hospitales de campaña para socorrer a los heridos y afectados.

Otro ejemplo podría ser el ocurrido con el ataque a la estación bajo control estadounidense de Pearl Harbor, y la versión oficial del “traicionero” ataque japonés, en las postrimerías de la mal llamada Segunda Guerra Mundial (fue una guerra europea). Existen fuertes indicios de que el presidente Roosevelt de USA permitió el bombardeo nipón a pesar de que la inteligencia militar de su país ya lo sabía, para poder contar con una justificación de entrar en el conflicto armado. Permitir el ataque era influenciar al pueblo estadounidense para que aceptara entrar en una guerra que el ciudadano estadounidense común no deseaba. Tal episodio los hizo cambiar de parecer y la guerra tomó otro rumbo. La historia ha sido omisa en explicar adecuadamente este hecho, por connotaciones evidentemente imperialistas que controlan los medios masivos de comunicación.

Luis XVI no entendió a la sociedad francesa del siglo XVIII; ni su esposa María Antonieta que ya el pueblo con hambre no tenía más que dar; esa ceguera les costó morir en la guillotina a ambos. El pueblo estalló. Por primera vez la visión absolutista europea medieval era cuestionada y derrotada. Esta revolución gestada desde el pueblo cambió al mundo para siempre. Ninguna transformación o revolución se ha dado desde afuera de la sociedad; todos se han dado dentro del amplio tejido social de la colectividad.

Las pirámides de Egipto no las construyeron los faraones, como dice la historia, las construyeron los esclavos hebreos, quienes dominaban la técnica del ladrillo. Igual muchos relatos que exaltan a reyes y emperadores y olvidan al gran anónimo de la historia: el colectivo, el pueblo.

Sobre estas vacilaciones de la historia, el poeta alemán Bertolt Brecht (en el exilio, por cierto, en Dinamarca) en 1935 escribe el poema “Preguntas de un obrero que lee”, escrito que sigue vigente ocho décadas después:

¿Quién construyó Tebas,
la de las siete puertas?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Eran los reyes quienes arrastraron
los bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir siempre?

¿En qué casas de la dorada Lima
vivían los constructores?

¿A dónde fueron los albañiles
la noche en que dejaron
terminada la Muralla China?

La Gran Roma está llena
de arcos del triunfo.
¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares?

¿Es que Bizancio la tan elogiada
sólo tenía palacios para sus habitantes?

Hasta en la legendaria Atlántida,
la noche en que fue devorada
por el mar,
los que se ahogaban clamaban
llamando a sus esclavos.

El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él sólo?
César venció a los galos;
¿no lo acompañaba siquiera un cocinero?

Felipe de España lloró
cuando se hundió su flota,
¿nadie más lloraría?

Federico Segundo venció
en la Guerra de Siete Años,
¿quién más venció?
Cada página una victoria.

¿Quién guisó el banquete del triunfo?
Cada década un gran personaje.
¿Quién pagaba los gastos?
A tantas historias, tantas preguntas.
(Brecht, 1935).

La historia es una noble disciplina que requiere ese cambio. No se debe ser pesimista de su futuro. Se requiere ampliar las miradas y los abordajes desde enfoques más humanos e integrados. El cambio, como toda revolución, debe ser fuerte y debe darse desde principios educacionales transformadores y liberadores. El género histórico necesita una metamorfosis profunda que le permita replantear muchas cosas que se han interpretado de una manera sesgada, y se deben reexaminar y resignificar. También debe en estos nuevos horizontes históricos entenderse el amplio tejido social; el papel de las minorías, las mujeres, los esclavos, el pueblo llano, los inmigrantes, los no católicos, grupos generalmente excluidos.

La invención de héroes, con características casi sobrehumanas, es muy frecuente, y Costa Rica no escapa de eso con la mitificación de Juan Santamaría, por la que es casi un sacrilegio nacional cuestionar algunas partes del relato popular, dictado por el discurso oficial instaurado. Más recientemente estamos en proceso de vivir un proceso similar con Juan Rafael Mora Porras, declarado héroe hace apenas cinco años; ya se puede decir que inició un proceso de mitificación peligroso de este otro personaje de la Campaña Nacional ocurrida a mediados del siglo XIX (1856-1857) en Costa Rica. El peligro es que pase del olvido oficial intencionado a una especie de mesianismo, tan peligroso como la omisión. Las dicotomías historiográficas son frecuentes en Latinoamérica, donde pasar de un extremo a otro no es tan difícil.

Existen grupos enteros que se han obviado en la historiografía oficial. Muchos en forma absolutamente deliberada y grosera. La invisibilización de actores claves ha sido uno de los principales errores en materia disciplinar.

Retomando el tema de la Campaña Nacional, se ha soslayado por completo el aporte de la mujer en esta guerra crucial para Costa Rica. Hasta ahora ha existido poco o ningún interés en analizar el papel vital de las mujeres y los niños en tal conflicto. ¿Cómo, mientras sus maridos, hermanos y padres iban a la guerra, la economía siguió adelante? Ellas junto con sus hijos no dejaron de exportar café a Estados Unidos, ni a Chile ni a Europa por medio del puerto de Puntarenas. Una travesía difícil y peligrosa, en carreta, que implicaba varios días por un camino pedregoso e inclinado y cruzando varios ríos. Tremenda deuda de género hay en la historiografía costarricense en torno a este conflicto.

Doña Francisca “Pancha” Carrasco, Benemérita de la Patria.

La mujer ha sido una de las tradicionales ausentes de la historia. Ha sido frecuente que cuando se cita es para asociarla a roles peyorativos y degradantes a su condición. En la citada Campaña Nacional de Costa Rica hay un personaje que fue declarado heroína costarricense. Se trata de Francisca “Pancha” Carrasco. Francisca era cocinera y enfermera, junto con al menos una docena de mujeres más; su esposo andaba como soldado en la guerra. Fue condecorada como heroína por haber salvado la vida del propio presidente Mora, en un ataque a la casa donde se hospedaban; sin embargo, esta anécdota es prácticamente desconocida. Igual suerte han corrido otras mujeres destacadas en la historia, como Juana de Arco.

Algunas inexactitudes u omisiones parciales o completas se originan en el hecho de que la historia oficial es, por lo general, narrada desde la perspectiva de los vencedores, casi siempre hombres, blancos y ricos; quienes ostentan el poder y los medios de producción. Los procesos económicos y políticos de colonización también se extendieron, cual tentáculos de un pulpo, hacia ámbitos culturales, científicos e ideológicos del quehacer humano.

Ha sido mediante procesos sutiles y sistemáticos de enajenación, donde los que ostentan los medios de producción controlan todo el aparato ideológico de comunicación. De esta manera el sistema educativo de una nación está a su servicio; igual hacen concurrir a los científicos y profesionales que, obligados o no, les ayudan a forjar un proyecto en torno a sus espurios intereses. Valga aclarar que este comportamiento institucional de manipulación de la historia no ha sido exclusivo del sistema capitalista. Es un simple instrumento de control que ha sido aprovechado casi por cualquier fórmula de poder existente desde antaño, y en distintos estadios de la historia humana. Sin embargo, el modelo capitalista lo ha aprovechado casi como ningún otro, lo ha perfeccionado. Es que cuenta con un recurso que ningún otro sistema jamás había podido contar: la mundialización de los medios de información colectiva.

En congruencia con lo anterior, el control de los medios de información masivos ha sido la forma ideal para reproducir la historia y hacerla oficial. Una vez oficializada, se convierte en el material perfecto para generar posiciones, esquemas de valores incuestionables, y estilos de vida propios de una sociedad producida en masa, robotizada, y con una visión limitada del mundo y de la sociedad en que le correspondió vivir. Paso seguido se plasma en los planes de estudios oficiales de un país, y los educadores se convierten en el instrumento idóneo para inculcar su memorización y repetición en el estudiantado. Luego de varias décadas y algunas generaciones la mentira se convierte en una verdad incuestionable. El adoctrinamiento ha llegado a tales niveles que los mismos educadores creen estar haciendo lo correcto, y se castiga la duda y la autocrítica en el estudiante.

¿Cuántos pecados de este tipo habré cometido en las aulas luego de dos décadas? Esto me chifla fuertemente en mi conciencia, al mismo tiempo que escribo esta preocupación vital.

La religión ha sido también un elemento muy importante en la interpretación histórica torcida de muchos procesos sociales. El aporte de la religión ha caído en tierra feraz en la construcción de imaginarios colectivos históricos, dogmatizantes y colonizantes. La religión, normalmente al servicio de los grupos poderosos, ha sido una brida de legitimación y enajenación robusta del sistema político vigente. Es así como política y religión han formado una dualidad en muchas etapas de la historia inseparable y a veces hasta indisoluble. A veces costaría identificar cuál ha servido a cuál. Sin embargo, en este documento no me ocuparé del tema de la religión como un actor clave en el proceso de colonización ideológica de la sociedad, porque esto implicaría otra chifladura.

Huelga afirmar que el pensamiento fragmentado privilegió e inhibió realizar un análisis complejo e integral de la sociedad, en muchos hechos históricos como los ya reseñados a modo de ejemplo. Esta atomización de saberes facilitó el tránsito hacia un control perverso de la ciencia, entre ellos la historiografía.

No obstante, los cambios en la forma de pensar de las generaciones actuales, difundidas, entre otros, por medio de las redes sociales y la tecnología de acceso a las masas, ha permitido generar una sociedad cada más incrédula de algunos relatos oficiales. Esto es fabuloso, es una bocanada de aire fresco. Por fin la humanidad ha empezado a cuestionar y destruir mitos. Los cimientos de la historiografía clásica están temblando.

La sociedad contemporánea está empeñada en debatir y oponerse a esas supuestas “verdades” que se les han repetido desde la niñez, cuenta con mayores argumentos para construir nuevas perspectivas, desde la reflexión y la autotransformación, donde resulta válido diferir, pensar, criticar y esgrimir respuestas divergentes. Esta es una oportunidad maravillosa, inédita en la historia de la humanidad, oxígeno fresco, una egregia primavera de pensamiento que no debe desaprovechar. Se le debe dar cabida en las aulas, en las plazas, en los pretiles universitarios, en las redes, en los cafés, en todo lugar donde sea posible.

Ha existido un refrán popular entre algunos traductores y hermeneutas que dice: “un texto, sin su contexto, es un pretexto”. Sin duda, esta frase exige narrar los hechos históricos a partir de las vivencias de todos los grupos sociales, políticos, religiosos, científicos, involucrados; analizados en un contexto amplio, inclusivo y veraz. La narración de un evento que contemple únicamente fechas, datos y personajes destacados del mismo evidencia una crisis de percepción y un pésimo abordaje de la disciplina.

Un acontecimiento no constituye en sí mismo el escenario total; al frente y detrás de él existe y se genera una onda expansiva que requiere el abordaje integral del mismo evento, desde muchas ópticas, actores, enfoques e ideologías. No obstante, el abordaje clásico de la historia no ha concebido la documentación de los eventos experimentados por la humanidad como un conjunto de procesos sistémicos y, consecuentemente dinámicos, entrelazados e interrelacionados. La linealidad del tiempo y los personajes históricos poderosos e influyentes han sido los elementos rectores de los registros históricos, que no contemplan las interrelaciones, interconexiones o entrelazamientos entre ellos y, por tanto, no encuentran asidero alguno en las teorías emergentes, ya que cada acontecimiento se aborda en forma aislada, desencadenado, sin contemplar su relación con procesos anteriores, y a su vez como generador de otros en el futuro. La tendencia a dicotomizar todo también ha sido clave en los entornos tradicionales. O se es bueno o malo, negro o blanco, pobre o rico; los grises han estado ausentes del análisis en la mayoría de los contextos.

La complejidad podría apoyar fuertemente estos nuevos enfoques de la colectividad y su interpretación. La epistemología de la complejidad se fundamenta, entre otras teorías, en el nuevo paradigma científico; de ahí que promueve un cambio de abordajes en el estudio y análisis de la sociedad. Desde el pensamiento complejo, entonces, podríamos afirmar que el hecho histórico representa una parte viva de toda la humanidad, por cuanto emerge de la cotidianidad e integra la totalidad del contexto.

A partir de la complejidad, es posible vincular y contextualizar lo aparentemente singular dado que involucra un giro en el modo de concebir el mundo, la historia y la ciencia misma (Wolfram, 2002). Es posible que por medio de las teorizaciones sobre el pensamiento complejo se faciliten nuevas consideraciones para registrar, interpretar, relatar y aprender la historia. El desafío mayor del pensamiento moderno, según Morin, es pensar la complejidad. Sin embargo, no se debe confundir complejidad con complicación.

Se considera que en el proceso de resignificación de la historia como ciencia o como disciplina, es preciso transformar las metodologías tradicionales de análisis y recopilación de datos, de manera que quienes elaboren y posteriormente, quienes se nutran con los textos históricos, cuenten con elementos e información construida de modo sistémico.

La sociedad, al igual que el cosmos, no es un agregado de componentes sino una totalidad organizada. Los elementos que componen el universo obedecen a su capacidad intrínseca, las partes ocupan un lugar relacional dentro del todo. Las partes de un todo actúan en función de sus relaciones organizacionales y, a partir de ellas, se dan los fenómenos particulares. Igual sucede con la historia. Estos nuevos enfoques contravienen al pensamiento fragmentado y dualista tradicional, desde el que ha emanado la historia tradicional.

Seguir haciendo las cosas igual sería augurarles a las futuras generaciones un panorama poco halagador y hasta apocalíptico. La humanidad requiere una transformación completa, una metamorfosis hacia nuevas miradas, hacia nuevos paradigmas, nuevas formas de percibir la vida, la naturaleza, el ser humano, la sociedad, la Tierra y el cosmos. Atisbar una metamorfosis de la conciencia histórica es un reto colosal, y debe ser abordado desde la biopedagogía.

Es urgente un cambio hacia nuevos enfoques, que impulsen o den lugar a una toma de conciencia global del ser humano, que entienda que forma parte de un organismo vivo, mutante, totalmente entramado, integrado, capaz de intervenir sobre su propio destino. Por tanto, la historia humana merece ser narrada desde nuevas perspectivas totalizadoras, considerando las múltiples percepciones, sincronicidades e interconexiones, es decir la relacionalidad, a partir de un hecho.

Ha sido frecuente desde los inicios de la humanidad que la historia ha estado marcada por relatos vacíos de conquistas, guerras, confrontaciones, masacres, exterminaciones, genocidios, horrores, imperios, fanatismos, despotismos. En palabras de Edgar Morin: “la muerte es la gran triunfadora de la historia” (Morin, 2001:230). La historia tradicional ha narrado “lo malo y lo feo” de la humanidad. La historia clásica privilegió el determinismo y la continuidad. Hoy se requiere resignificarla y orientarla hacia enfoques de una sociedad planetaria, integrada, solidaria, humanizada. Es apremiante el despertar de una consciencia de comunidad planetaria, capaz de convertirse en nuestra “Patria-Tierra”.

A pesar de los esfuerzos y los cambios generados por la humanidad, las grandes transformaciones políticas, sociales, económicas, el avance de la ciencia y la tecnología en las últimas décadas, el futuro de todas las especies que habitan el planeta sigue siendo incierto. El porvenir parece ser indescifrable, si no hay un cambio.

No obstante el optimismo y el anhelo por ese cambio o metamorfosis, la humanidad sigue experimentando en muchos casos un pensamiento parcelario, fragmentario, descontextualizado, desglobalizado, colonizado y descomplejizado. Las cualidades de inteligencia y consciencia que guarda la mente humana colectiva no parecen despertar. Por lo menos lo suficiente.

Sin embargo, existe una esperanza: surge una nueva dimensión y concepción de la realidad, que puede ayudar a lograr ese despertar de la conciencia humana. Se trata del fenómeno que el psicólogo Carlos Jung y el físico Wolfgang Pauli llaman la “sincronicidad” (Peat, 2003:14), capaz de superar las defensas intelectuales, y romper la fe en el carácter perceptible de las esferas y las leyes lineales del tiempo y la naturaleza.

David Peat (Sincronicidad, 2003) es del criterio de que esta fuente creadora está presente en todos los individuos y se manifiesta, no sólo en la consciencia y el cuerpo físico, sino en toda la cultura, la sociedad y el universo. La nueva historia debe proveerse de ella.

La humanidad no ha logrado ver ni entender plenamente el fenómeno de la sincronicidad, porque está influenciada por prejuicios, fanatismos, tribulaciones, materialismo y consumismo. La humanidad sigue envuelta en guerras, represiones, simplicidades y conformismo, y experimenta una sensación de fragmentación y separación entre el cuerpo y la mente, insensibles del medio ambiente y la consciencia colectiva creadora.

Hay que pensar más con el corazón, afirma el maestro ecuatoriano Patricio Guerrero: “lo que deberíamos seriamente es desde el corazón pensar, es decir corazonar; qué mundo, qué horizonte de existencia le vamos a dejar a las niñas y niños que aún no nacen, a las hijas e hijos que aún no empiezan a transitar por los caminos del mundo y de la vida” (Conferencia Magistral, Congreso Iberoamericano de Pedagogía, UNA, Costa Rica, 25 de agosto 2015). En muchos espacios educativos formales discutirían lo siguiente, pero muchos de los problemas del mundo se solucionan con la mayor fuerza que tiene el ser humano a su alcance: el amor. Cuando se educa con amor, el horizonte cambia tanto para el aprendiente como para el acompañante. 

Los nuevos abordajes históricos que se impulsan deben gestar la descolonización del pensamiento. Eso significa resignificarla, reinterpretarla y reescribirla.

Carlos Maldonado afirma que: “vivimos una crisis civilizatoria; nuevas formas de pensamiento están emergiendo” (Congreso Iberoamericano de Pedagogía, UNA, Costa Rica, 27 de agosto 2015).

Todo este devenir incentiva y emociona con la posibilidad de gestar una nueva historia, fundamentada en muchos enfoques; abiertos, libres e integrados.

Descolonizando el pensamiento histórico

“Los países más avanzados (en tecnología) están conduciendo al mundo al desastre, mientras que los pueblos considerados hasta ahora primitivos están tratando de salvar al planeta entero. Y a menos que los países ricos aprendan de los indígenas, estaremos condenados todos a la destrucción”. -Noam Chomsky.

Es necesario desarraigar viejos estereotipos y prejuicios etnográficos que han limitado durante siglos la historiografía. El sesgo que produce el eurocentrismo ha desarrollado raíces profundas de colonización mental que no ha sido fácil romper. Se deben hacer esfuerzos para que emerja la: “posibilidad de una reforma cultural profunda en nuestra sociedad”, lo cual “depende de la descolonización de nuestros gestos, de nuestros actos y de la lengua con que nombramos al mundo” (Rivera, 1993).

Aníbal Quijano define la colonialidad como: “uno de los elementos constitutivos y específicos del patrón mundial de poder capitalista. Se funda en la imposición de una clasificación racial/étnica de la población del mundo como piedra angular de dicho patrón de poder y opera en cada uno de los planos, ámbitos y dimensiones, materiales y subjetivas, de la existencia social cotidiana y a escala societal. Se origina y mundializa a partir de América” (Quijano, 2000:217).

Un rescate sincero de las culturas autóctonas, valorar su aporte, sus prácticas, sus saberes, su lenguaje, su ciencia, su legado… es un buen indicio de que las cosas han empezado a cambiar, que el viejo paradigma historiográfico está siendo sacudido fuertemente desde sus cimientos.

Regiones tradicionalmente excluidas y deslegitimadas como Latinoamérica, África, Asia, Medio Oriente u Oceanía, están urgidas de esta reivindicación histórica cultural. Tienen mucho que decir, que aportar a esta deconstrucción del nuevo mundo que se debe avizorar. Aprender a reconocer y rescatar el valor que han tenido los grupos aborígenes en el proceso de construcción de la sociedad es un ejercicio de absoluta justicia y sabiduría. Este proceso paulatino y sostenido debe conducir a una descolonización profunda de la historia. Lamentablemente no se puede soslayar que “en todas las sociedades donde la colonización implicó la destrucción de la estructura societal, la población colonizada fue despojada de sus saberes intelectuales y de sus medios de expresión exteriorizantes u objetivantes. Fueron reducidos a la condición de gentes rurales e iletradas” (Quijano, 2000:374-378).

Por su parte, Ramón Grosfoguel sostiene que “la descolonización epistémica, al mismo tiempo que abre el horizonte al reconocimiento de experiencias ignoradas e invisibilizadas por las ciencias sociales occidentalizadas, no descarta aprender de las contribuciones de la teoría crítica producida desde la zona del ser. Lo que se propone, en cambio, es transcender sus límites y cegueras por medio de subsumir las contribuciones críticas que vienen desde la zona del ser dentro de las múltiples epistemologías críticas descoloniales producidas desde la zona del no-ser” (Grosfoguel, 2011).

Sobre el particular, Boaventura De Sousa Santos, uno de los autores que más ha investigado sobre este necesario proceso de descolonización del pensamiento histórico en las sociedades más afectadas por el “occidentalismo”, afirma que es necesario: “enfrentar las cinco monoculturas con cinco ecologías que permitan invertir la situación de invisibilidad y crear la posibilidad de transformar lo que es producido como ausente para hacerlo presente”. Las siguientes son las cinco ecologías:

1. Ecología de saberes: “la posibilidad de que la ciencia no entre como monocultura sino como parte de una ecología más amplia de saberes, donde el saber científico pueda dialogar con el saber laico, con el saber popular, con el saber de los indígenas, con el saber de las poblaciones urbanas marginales, con el saber campesino”.

2. Ecología de las temporalidades: “saber que aunque el tiempo lineal es uno, también existen otros tiempos”.

3. Ecología del reconocimiento: “descolonizar nuestras mentes para poder producir algo que distinga, en una diferencia, lo que es producto de la jerarquía y lo que no lo es. Solamente debemos aceptar las diferencias que queden después de que las jerarquías sean desechadas”.

4. Ecología de la trans-escala: “la posibilidad de articular en nuestros proyectos las escalas locales, nacionales y globales”.

5. Ecología de las productividades: “consiste en la recuperación y valorización de los sistemas alternativos de producción, de las organizaciones económicas populares, de las cooperativas obreras, de las empresas autogestionadas, de la economía solidaria, etc., que la ortodoxia productivista capitalista ocultó o desacreditó” (De Sousa, 2006).

Los nuevos enfoques deben germinar desde las aulas, desde los hogares, desde cualquier espacio humano que sea capaz de gestar y permitir aprendizajes espontáneos y duraderos. Esta revolución educativa no se resuelve con libros ni títulos; tampoco con cañones ni cohetes. Se gana con el corazón henchido de la mayor fuerza de todas las que la humanidad haya jamás conocido: el amor. Este cambio de paradigmas debe nacer desde el corazón mismo. Corazonar este cambio llevará a la humanidad a alcanzar nuevos estadios, quizás nunca antes alcanzados.

En las aulas los educadores hemos dejado de escuchar a los niños, a los jóvenes. Debemos no solo mirarlos con otros ojos sino escuchar lo que tienen que decir. Ellos tienen mucho que decir, tienen mucho que enseñarnos.

Debemos abrir los oídos físicos; sin embargo, los del alma y el corazón son los más necesarios. Los grupos marginados o relegados, como las mujeres, niños, negros, indígenas, discapacitados, pobres, migrantes, ancianos, son capaces de contribuir de manera decidida a resignificar la historia, a salir del anonimato en que han sido enclaustrados y aportar quizás lo que a la humanidad le esté faltando y la tenga al borde de su autoextinción. Impulsar este proceso de escucha y amor es vital y quizás es el centro de esta chifladura. Aprender con amor. Estos grupos tienen mucho que decir. Hay que escuchar más. Hablar menos. Hacer más, pero en comunidad, en redes, en sincronía. Esta es una aventura pedagógica como ninguna otra.

La escuela, en el sentido más amplio, debe ser abierta, libre, sin fronteras de ningún tipo. Deben ser espacios formales o no formales lúdicos, donde aprender sea un gozo. La escuela no puede estar de espaldas a la comunidad. Debe ser cónsona con el variado tejido social a su alrededor. Debe nutrirse de ella. El centro de discusión y de dialogidad de la comunidad no debe ser el parque, menos la iglesia; debe ser la escuela. Ahí deben incubarse los cambios que la sociedad requiere. La popuesta es de una escuela abierta, inclusiva, sin discriminación, sin líneas fronterizas que colonizan ideológicamente a los pueblos. Hay que promover los multílogos, más allá de los tradicionales diálogos.

Mientras tanto, el mundo se desangra. Se debe dar un urgente golpe de timón, debe ser radical. La visión capitalista de mercado está profundizando como nunca antes la desigualdad entre las personas. La humanidad está inmersa en un desafío colosal. No sabemos si acabaremos primero con el planeta o cuando éste desaparezca por nuestras malas acciones ya no haya humanos.

En este momento millones de seres humanos, de personas con una historia propia que contar, con sueños, con esperanzas están desplazándose de unos continentes a otros por guerras y conflictos étnicos y religiosos. La sed de dinero, el fanatismo y el egoísmo están marcando muchas vidas. La globalización del capitalismo salvaje no es más que la continuación de un proceso arraigado desde muy antaño.

Aníbal Quijano opina que: “la globalización en curso es, en primer término, la culminación de un proceso que comenzó con la constitución de América y la del capitalismo colonial/moderno y eurocentrado como un nuevo patrón de poder mundial. Uno de los ejes fundamentales de ese patrón de poder es la clasificación social de la población mundial sobre la idea de raza, una construcción mental que expresa la experiencia básica de la dominación colonial y que desde entonces permea las dimensiones más importantes del poder mundial, incluyendo su racionalidad específica: el eurocentrismo” (Quijano, 1997:12).

Añade el mismo autor que: “la idea de raza, en su sentido moderno, no tiene historia conocida antes de América. Quizás se originó como referencia a las diferencias fenotípicas entre conquistadores y conquistados, pero lo que importa es que muy pronto fue construida como referencia a supuestas estructuras biológicas diferenciales entre esos grupos” (Quijano, 1997:15).

Hay que descolonizar nuestras aulas, nuestros libros, nuestra historia; hay que incitar con especial denuedo procesos de cambio profundo. Estamos en marcha.

“Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”.

(Proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad de La Paz, 16 de julio de 1809).

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Referencias Bibliográficas

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-Boff, Leonardo (2003). “Ethos mundial”. Rio de Janeiro: Sextante.

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-Grosfoguel, Ramón (2011). “Decolonizing Post-Colonial Studies and Paradigms of Political-Economy: Transmodernity, Decolonial Thinking and Global Coloniality”. Transmodernity. University of California.

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-Marchena, Julián (1941). “Vuelo supremo”. En: Alas en fuga. San José: Editorial Lehmann.

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-Quijano, Aníbal (1997). “Colonialidad del poder, cultura y conocimiento en América Latina”. Anuario Mariateguiano, vol. IX, no.9, Lima.

-Quijano, Aníbal (2000). “Modernidad y democracia: intereses y conflictos”. Anuario Mariateguiano, vol. XII, no. 12, Lima.

-Quijano, Aníbal (2000). “El fantasma del desarrollo en América Latina”. Revista venezolana de economía y ciencias sociales, no. 2, Caracas.

-Rivera Cusicanqui, Silvia (1993). “Mestizaje colonial andino: Una hipótesis de trabajo”. En: Violencias encubiertas en Bolivia. Vol. 1: Cultura y política. La Paz: HISBOL-Aruwiyiri.

-Rivera Cusicanqui, Silvia (2010). “Ch’ixinakax utxiwa: Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores”. Buenos Aires: Tinta Limón Ediciones.

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(*) Fernando A. Villalobos Chacón, costarricense, residente en Esparza, Puntarenas. Es doctor en Mediación Pedagógica y posee además un Ph.D. en Administración Pública. Es Magíster en Docencia Universitaria, Psicopedagogía y en Administración Educativa. Además es Licenciado en Docencia, Historia y Administración Pública. Es Académico de la Universidad Técnica Nacional de Costa Rica (UTN), donde es profesor y Decano de la Sede del Pacífico. En la última década ocupó la plaza de Director de Docencia de la UTN. Fue profesor de secundaria en sus primeros años profesionistas, donde luego ascendió a Director de Colegio, desde donde le correspondió fundar dos instituciones de secundaria en la Dirección Regional de Enseñanza de su natal Puntarenas.

Fundó la Cátedra de Estudios Juan Rafael Mora Porras de la UTN en el año 2010 y la dirigió hasta el año 2015. Es investigador en el tema “morista” (Juan Rafael Mora Porras).

Entre sus publicaciones está el libro: Un héroe del siglo XIX en el siglo XXI: Juan Rafael Mora Porras, el hombre. EUTN, Costa Rica. Pp. 184. 2015. ISBN 978-9968-629-12.

Publicaciones en revistas indexadas:

Artículo: “Pertinencia de las giras didácticas en Educación Superior”.  En Revista Espiga Científica, Universidad del Sinú, Cartagena, Colombia. Volumen 12, 2015, ISSN 1794-3183. pp. 23-30.

Artículo: “Las giras didácticas o visitas de campo: una práctica de bioalfabetización válida en educación superior”. En Revista Umbral. Costa Rica. Volumen XXXVIII, I-2016, ISSN 1409-1534. pp. 2-9.

Artículo: “Urgencia de un cambio de paradigma en el abordaje historiográfico”. En Revista Umbral. Costa Rica. Volumen XXXIX, II-2016, ISSN 1409-1534. pp. 11-21.

Está en proceso la publicación un segundo libro de su autoría en el segundo semestre del año 2017 (en proceso imprenta) y la publicación de dos artículos científicos en revistas académicas de universidades suramericanas.

También es columnista de varios periódicos regionales desde su consolidada columna: El Ágora.

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Dirección Electrónica: ferchov75@gmail.com

Artículo publicado en la Revista UMBRAL –Volumen Nº XXXIX, II Semestre, 2016. Colegio de Licenciados y Profesores en Letras, Filosofía, Ciencias y Artes de Costa Rica (Colypro).

Enlace: http://colypro.com/revista/articulo/urgencia-de-un-cambio-de-paradigma-en-el-abordaje-historiografico

Enlace para bajar la Revista UMBRAL N° 39:

http://colypro.com/ee_uploads/revista/Revista_Umbral_No._39_con_inserto_LL_Baja_(1).pdf

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Taller de HISTORIA LOCAL en ESPARZA (UCR – Cursos Libres)

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Plan de Cursos Libres de la Universidad de Costa Rica (UCR). 

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Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MÍA…”

En 1935 y 1975, Madre e Hija participaron en Procesiones de Semana Santa

Serie “Personajes del Terruño Esparzano”

A la izquierda de esta composición fotográfica, observamos a doña Sarita Arguedas Moraga cuando participó en las procesiones de Semana Santa, en Esparta, en el año 1935. Igualmente, en la Semana Santa de 1975, su hija Ana Sancho Arguedas, realizaba una similar actuación en Heredia. Una bonita tradición familiar que se ha repetido con varias de sus hijas y nietas.

Doña Sarita Arguedas, viuda de don Benedicto Sancho Vindas, nació en Esparta, en Enero de 1917. Recientemente, su familia le celebró sus 100 años con una fiesta muy amena, donde familiares y amigos le brindaron sus muestras de aprecio, admiración y respeto.

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Sra. Ana Sancho ArguedasIMAGEN: Cortesía de la Sra. Ana Sancho Arguedas, Corresponsal e Investigadora del Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MÍA…”

NOTICIAS de ESPARTA (Año 1897)

Correo de ESPARTA Diario de CR 15 Ag 1897 (Ana Sancho)_LOGO

  Serie “Noticias de Antaño”

“Diario de Costa Rica” – 15  de Agosto de 1897

CORREO DE ESPARTA

-Ayer 14 del corriente falleció á (sic) la temprana edad de 15 años, la jovencita Teresa, hija de don Francisco Zúñiga a quien acompañamos en su justo pesar.

-Hemos visto en el taller mecánico de ésta (sic) ciudad, hacer al joven don Francisco Guido en las máquinas descompuestas del Ferrocarril, trabajos que nos han dejado admirados, máxime cuando sabemos que dicho joven ha alcanzado esos conocimientos, debido á su propia aplicación.

-El Jefe Político, señor don Gerardo Pérez, continúa cumpliendo extrictamente (sic) con su deber, y particularmente persiguiendo con empeño la embriaguez. Bien por don Gerardo.

-Alegre paso doble ha compuesto el inteligente músico don Ariosto Peñalva, Director de esta Filarmonía, titulado “Infanteros milicianos” y dedicado á (sic) los jóvenes josefinos que componen el cuerpo de ese nombre. Felicitámosle por tan feliz composición.

-En esta población aumenta cada día más el entusiasmo por la reelección; los domingos principalmente, el local ocupa el “Club Espartano” se ve lleno de ciudadanos que portan el botón rojo.

Por ahora no hay más.

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Sra. Ana Sancho ArguedasIMAGEN de la NOTICIA: Sra. Ana Sancho Arguedas, Corresponsal e Investigadora del Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MÍA…”

FUENTE: “Diario de Costa Rica”, 15 de Agosto de 1897. Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI), Costa Rica.

RESTAURACIÓN FOTOGRÁFICA y TRANSCRIPCIÓN DEL TEXTO: Marco Fco.’. Soto Ramírez, Director del Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MÍA…”

JUANILAMA de ESPARTA (Año 1937): Polémica solicitud para cambiar nombre

  Serie “Noticias de Antaño”

Periódico “La Tribuna” – Agosto de 1937

En estos días hubo un movimiento por parte de unos cuantos vecinos del distrito (sic) de Juanilama del cantón de Esparta para cambiar el nombre de esa población por el de Los Ángeles, en obsequio a María, madre de Dios, que bajo la advocación de Virgen de Los Angeles, es la patrona del esa población. Esta aspiración del grupo de vecinos dichos fue expuesta al señor gobernador de la provincia puntarenense recientemente, Don Abelardo Lobo, Gobernador de Puntarenas desde el principio de esta administración, parece que les dijo a los vecinos que tal les propusieron que volvieran a pensar el asunto pues les iba a hacer unas cuantas reflexiones acerca de su propósito.

Entre otras cosas les dijo que ya había en la república más de cuatro lugares que se llamaban Los Ángeles, lo que se prestaría a confusiones, que ya el lugar había sido denominado desde hace bastantes años, desde su fundación, con el nombre de Juanilama, (¿)qué razón especial había para cambiarlo? Creía que ninguna.

Pensaba además el gobernador de Puntarenas que era preferible conservar los nombres tradicionales, históricos, que decían de toda la vida pretérita del lugar y no ponerle uno nuevo, sobre todo cuando este nuevo nombre no era ni siquiera singular y podría prestarse a equivocaciones que era mejor evitar. De este asunto nos hemos enterado en estos días y es nuestro propósito comentarlo un poco.

Realmente, en estos últimos años nos ha dado la ventolera por cambiar los nombres primitivos por otros que dicen bien poco; sin razones incontestables a veces por simples caprichos de una o dos personas, cambiamos el nombre a veces centenario de un lugar, de un rancherío, de una montaña, de una sierra o de un río, por un nueve nuevo, inexpresivo o que, como en el caso de un nombre común, usado en diferentes lugares, y que puede traer confusiones, a menudo inconvenientes y a veces peligrosas.

En Puntarenas pareciera haber cierto afán por cambiar nombres y los habitantes de la provincia son los que más bellos nombres tienen. En general pocos quedan en la república entera que recuerden la época indígena, la época pre-colonial y (palabra ilegible) y nuestro deber sería conservar los pocos que existen. Que se conserven todos esos nombres: Paires, Macacona, Tivives, Chomes, Juan de León, indígenas u (o)tros de nuestra lengua, pero ya tradicionales: entre estos, Juanilama, nombre bonito, sonoro, grato, que quede allí, que no se cambie. Estamos de acuerdo en esto con el señor gobernador de Puntarenas, don Abelardo Lobo, que en este asunto como en los demás de su provincia, ha sabido acertar y dar un buen consejo, que le aplaudimos, desde estas columnas.

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Sra. Ana Sancho ArguedasIMAGEN de la NOTICIA: Sra. Ana Sancho Arguedas, Corresponsal e Investigadora del Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MÍA…”

FUENTE: Periódico “La Tribuna”, Agosto de 1937. Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI), Costa Rica.

RESTAURACIÓN FOTOGRÁFICA y TRANSCRIPCIÓN DEL TEXTO: Marco Fco.’. Soto Ramírez, Director del Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MÍA…”

ESPARTA: Noticias de 1913

Serie “Noticias de Antaño”

Periódico “EL NOTICIERO”. Año 1913.

Municipalidad
Aquí como en todas partes, parece que la actual emergencia política influye para que estas corporaciones no trabajen con el ardor que debieran; la de este cantón ha dejado de reunirse en los días señalados apesar (sic) de que tienen importantes asuntos iniciados para el progreso local, que (no) debieran demorarse. (¡)Más actividad señores munícipes!

Junta de Caridad
Se reunirá en estos días según se rumora para tratar del principio de las reformas del hospital que tanto urgen, y para lo cual cuenta la Junta con ₡3.000 que por acuerdo reciente de la Cámara se ponen a su disposición en forma de auxilio. Las reformas en cuestión harán del Hospital de Esparta un magnífico establecimiento de socorro, cuya utilidad es incalculable para este cantón.

Junta edificadora

Las entradas deben ser considerables ya. No hay datos para el público contribuyente, y solamente en el último turno verificado el domingo, 20 de julio (1913) se supo más o menos algo sobre su rendimiento por una circunstancia, que por cierto no ha dejado muy conforme a cierto grupo político militante.

Desde enero a julio se han verificado unos veinte y pico de turnos, pero el último, al que me refiero, ha sido el primero, que por disposición del señor Cura, se le ha dado color político con el fin de estimular a los vecinos a esta corporación piadosa.

Se colocaron al efecto, para donativos, tres mesas en el mercado, con carpeta (mantel) roja una, verde la otra y azul la tercera.

Entró la competencia

El señor cura ya había anticipado opinión –según dicen- manifestando que determinada mesa daría más producción; sus razones tendría para asegurarlo. La mesa azul produjo ₡89,00 (Ochenta y nueve colones), la roja se aproximó, y la verde produjo ₡39,00 (Treinta y nueve colones); pero ciertas señoras adictas al señor Durán, recojieron (sic) al siguiente día unos reales entre ellas y ofrendaron a la iglesia, pero como producto de la mesa verde; y así fue: el señor Cura en su próxima plática (sermón) declaró que la verde se había llevado la palma, pero el público que estaba enterado, dijo para su capote: “¿conque esas tenemos, señor Cura?”.

Creo que el próximo turno que (d)ebe verificarse dentro de pocos días, la gente de la cucarda (divisa) azul se quedará en sus casillas y no entrarán en competencia política-religiosa.

«Hemos quedado escalonados –dicen los neos- con el sesgo que se le dio al negocio, pues no hubo lealtad».

Bueno sería que la Junta edificadora publicara las sumas que cada uno de los turnos produce, para mayor estímulo y también para satisfacción del vecindario que ansía ver su templo terminado.

CORRESPONSAL.

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FUENTE INFORMATIVA: Periódico “EL NOTICIERO”. Año 1913. Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI), Costa Rica.

IMAGEN: Cortesía del Sr. Gio Castaldini, Investigador y Colaborador del Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MÍA”.

TRANSCRIPCIÓN: Realizada por Marco Fco.’. Soto Ramírez, Director del Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MÍA”.

 

El Terremoto de San Casimiro del 04 de Marzo de 1924

Serie “Noticias de Antaño”

Por: Ana Sancho Arguedas (*)

El Terremoto de Casimiro se produjo el 04 de marzo de 1924, y afectó muchas zonas del país, principalmente Orotina, Esparza, San Ramón, Atenas, etc.

Mi madre y su familia vivían en Esparza, a un costado del Templo Parroquial, donde hoy se encuentra la Escuela. Allí, se encontraban ubicadas  las denominadas “Casitas de la Caridad”, las cuales se las prestaban a gente pobre. Eran todas de viejas maderas, con una sola ventana y puerta en el frente y bastante estrechas.

Mi madre siempre nos contaba que una madrugada les despertó un violento temblor y que no se podían ni sostener en pie. Casi al amanecer, los temblores iban en aumento y su papá, don Manuel Arguedas Arancibia, muy preocupado les dijo que había que desocupar la casa rápidamente. Como no pudo abrir la puerta, porque se trabó, sacó a mi abuelita Angélica por la ventana. No sé cómo hizo, porque dice mi mamá que la ventana era bastante alta y mi abuelita estaba embarazada -de una niña que murió casi al nacer- y le empezó a pasar, uno a uno, a los tres chiquillos, que tenían edades de 10, 7 y 3 años.

Ese día, aparte de los temblores, cayó un fuerte aguacero. Mi mamá recuerda que se encaminaron hacia la Estación del Ferrocarril (hoy, predios del Liceo de Esparza), adonde trabajaba su papá y le pidieron al Administrador, don Arturo Roldán, que les dejara estar en un gran corredor que había en la Estación. Ahí también había varios vecinos.

En el camino, se veía cómo la tierra se abría y cerraba, en grandes zanjas, mientras temblaba. La torre del Templo Parroquial de Esparza, se vino abajo, y muchas casas resultaron dañadas.

En un terreno de don Víctor Calvo Carvajal, para ese entonces, Jefe Político de Esparza, mucha gente del pueblo hizo ranchos o ponían unos horcones y un manteado encima para guarecerse, mientras se componía el asunto de la ‘tembladera’, pero se vieron afectados, al igual que en otros pueblos, por la falta de víveres, alojamiento y ropa.

Toda la zona quedó incomunicada, tanto por los caminos, como por la línea férrea, pues, debido a los derrumbes o a las grandes grietas, ocasionados por el terremoto.

Les comparto una fotografía de la familia de mi mamá, así como otras de los daños ocasionados en varias comunidades, información que encontré en los periódicos y noticias de la época.

NOTA MARGINAL del Director del Blog ESPARZA MÍA: De acuerdo con información proporcionada en un artículo escrito por el Sr. Walter Montero P., en una edición de la Revista Geológica de América Central de 1999, se registró un movimiento sísmico precursor a las 2:06 a.m., verificándose el evento sísmico principal a las 10:07 a.m. (ver referencia bibliográfica al final de este capítulo). En dicho artículo, podemos leer:

“El terremoto de San Casimiro del 4 de marzo de 1924, de las 10 h y 07 min GMT (Ms 7,0), ha sido uno de los terremotos más destructivos ocurridos en Costa Rica a través de su historia, debido a que generó daños de alta intensidad en una gran región que incluyó Orotina, San Mateo, Esparza en la región pacífica central y algunas de las principales ciudades del Valle Central como fueron San Ramón, Atenas, Palmares, Grecia, Alajuela, Heredia y el mismo San José.

 “En la Tribuna del 29 de marzo (página 3) se reporta que las pérdidas que causó este sismo fueron por ¢30 millones de colones. El temblor fue sentido en toda Costa Rica y en gran parte de Nicaragua y Panamá”. (**)

Aportamos al presente artículo de la Sra. Ana Sancho un gráfico con la información de la serie de eventos telúricos -previo y réplicas- asociados al sismo principal, del cual hemos venido comentando. (**)

 

* * * Galería de Imágenes * * *

Estas imágenes son de mis abuelos Manuel Arguedas Arancibia, Angélica Moraga Calvo, (embarazada de una niña que murió al nacer), mi mamá Sara (tenía 7 años) y mi tío Héctor. Faltó en la foto mi tía Aurita, de la que no tenemos imágenes de pequeña (tenía 10 años en 1924). Ellos sobrevivieron al terremoto de San Casimiro -también llamado Terremoto de Orotina- del 04 de marzo de 1924 y cuyas vivencias las hemos conocido a través de las anécdotas contadas por mi mamá. Lamentablemente, nunca tuve la curiosidad de preguntarle a mi papá, Benedicto Sacho Vindas- acerca de esto, pues él vivía, en ese entonces, en Atenas, que también resultó muy afectada por el sismo.

Comentario al margen: En estos días, al leer publicaciones sobre el terremoto, de verdad que se le estruja a uno el corazón con todo lo que sucedió en pueblos y ciudades. Por ejemplo, una familia que iba para el General quedó sepultada cuando se derrumbó un cerro. Estaba conformada por don Juan Jiménez Porras, su esposa, doña Guadalupe Araya y sus cuatro hijos -Emigdio de 23, Guadalupe de 16, Juan de 13 y Casimiro de 11. De ellos, solamente se salvó Emigdio, que regresó, a como pudo, a San José a avisar de la tragedia y para que le ayudaran a localizar los cuerpos de sus familiares.

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Terremoto de San Casimiro. Imagen: Diario El Comercio, marzo  de 1924. Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI).

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Don Víctor Calvo Carvajal era tío abuelo de mi mamá. Tenía un Hotel y Fonda en las inmediaciones de la Estación del Ferrocarril ramal Esparta-Puntarenas, donde llegaban los arrieros. Y, en esa ocasión, prestó un terreno que tenía para la construcción de ranchos, con el propósito de que la gente acampara temporalmente, mientras pasaba la ‘tembladera’.

En un telegrama que mandaron de Esparza a la capital pidiendo ayuda, decía: “Esparta sin luz, las casas están abandonadas por temor de los temblores, por lo que se reforzó el pueblo con más policías para resguardar el orden”. Imagen: Periódico El Comercio, marzo de 1924. SINABI.

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Mi mamá dice que daba tristeza ver a los chiquitos todos mojados pues llovía mucho mientras que la tierra no terminaba de temblar, los ranchos parecían hamacas con cada sacudida y no tenían alimentos y se les metía toda el agua. Imagen: El Comercio, marzo de 1924. SINABI.

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En San Ramón de Alajuela, hubo muchos daños, casas caídas, sin luz y sin agua, la torre del templo Parroquial se separó; se cayeron los capiteles laterales, toda la mampostería se vino abajo, y varias casas se derrumbaron también. Se tomó la decisión de ubicar a los vecinos de los alrededores del templo en otro sector, por temor a que acaeciera un terremoto mayor y que las desgracias fueran más grandes. Imagen: Periódico La Tribuna, marzo de 1924. SINABI.

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En San Ramón de Alajauela, tanto la Escuela Superior de Varones, como la de niñas, se derrumbaron durante el terremoto de San Casimiro del 04 de marzo de 1924. Imagen: Periódico La Tribuna. SINABI.

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El Palacio Municipal de San Ramón, quedó con graves daños, así como el hospital y la cárcel. También sufrieron graves daños las casas construidas de bahareque y calicanto. Imagen: La Tribuna, marzo de 1924. SINABI.

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Se registraron graves daños en el cementerio de San Ramón. Lo mismo sucedió en el de Esparza, Alajuela y otros sectores, por lo que dieron la orden inmediata de recoger los restos de cadáveres esparcidos y enterrarlos lo más rápido posible, para evitar la propagación de alguna enfermedad o peste. En la gráfica, se observa a un policía resguardando de los curiosos al cementerio de San Ramón. Imagen: La Tribuna, marzo de 1924. SINABI.

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Orotina fue la zona donde más daños causó el Terremoto de San Casimiro. Muchos cerros se derrumbaron y aterraron los caminos que llevaban al poblado, desde la zona de Río Grande. Se presentaron grandes derrumbes, especialmente entre Balsa y Escobal, con grietas hasta de dos metros de ancho. Imagen: La Información, marzo de 1924. SINABI.

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El Terremoto de San Casimiro, ocurrido el 04 de marzo de 1924, según lo narrado en los periódicos de la época, ocasionó varios fenómenos, entre ellos, el aumento del caudal en varios ríos y en los pozos que antes del terremoto estaban con poca cantidad de líquido. Una vez pasado el sismo, se llenaron los pozos de brocal y el agua de derramaba de ellos. También se investigó el hecho de que se escuchaban muchos retumbos en un cerro llamado La Bandera. La gente decía que había visto cómo salía humo o gases de la cúspide y pensaban que era un volcán en formación, pero, luego, fue desmentido por los científicos.

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Terremoto San Casimiro, marzo de 1924, foto tomada por Manuel Gómez Miralles en las faldas del cerro de Turrubares. Imagen: La Tribuna, marzo de 1924. SINABI.

Comentario marginal: Esta fotografía fue tomada antes del terremoto. Posiblemente, la utilizaron para ilustrar el comentario, pues la gente asustada decía, luego del terremoto, que se iba a hacer un volcán ahí, porque se escuchaba una especie de retumbos antes de cada temblor y algunos vieron salir humo o gases de la cúspide del cerro.

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Terremoto de San Casimiro. La ciudad de Alajuela también se vio muy afectada. Muchas casas y edificios públicos quedaron en ruinas y muchas personas heridas. Se vieron muy afectadas las zona de Grecia, Atenas y sectores vecinos. Imagen: La Tribuna, marzo de 1924. SINABI.

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Las estructuras de la Casa Cural y del Templo Parroquial de Orotina quedaron gravemente dañadas y muchísimas personas heridas, al caer unos grandes bloques de piedra desde la iglesia. Había muchas personas en sus inmediaciones que habían salido de sus casas, asustadas por el temblor, resultando heridas. El Cura Párroco estaba, en ese momento, acompañado de unos familiares, entre los que se encontraba Anita Caballero, quien quedó prensada por las piernas. Pasaron varios días, hasta que la pudieron trasladar a San José, al hospital, pero la muchacha siempre falleció. Imagen: La Información, marzo de 1924. SINABI.

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Terremoto de San Casimiro, 04 de marzo de 1924. Imagen: La Tribuna, SINABI.

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Foto de Manuel Gómez Miralles, tomada en San José, donde se observan los daños causados en la ciudad capital por el Terremoto de San Casimiro. Se contaron más de 200 casas destruidas. Se cerraron muchos negocios, como la tienda de don Eladio Prado, el Apostolado de la Oración; el Negocio de los Solera, situado en el Paso de la Vaca. El Teatro Nacional también sufrió daños por un pequeño incendio que fue sofocado rápidamente, y la estatua de Calderón de la Barca se partió en dos. Se levantaron ranchos y ‘tembloreras’ –especie de tiendas de campaña-, en varias zonas como Chile de Perro y El Cerrito, en Barrio Luján. Imagen: La Tribuna, SINABI.

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Foto de Manuel Gómez Miralles, que ilustra los daños en la Panadería La Samaritana, en San José, por causa del Terremoto de San Casimiro, del 04 marzo de 1924. Imagen: La Tribuna. SINABI.

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Terremoto de San Casimiro el 4 de marzo de 1924. Como siempre, los más sagaces se aprovechan de la situación en tiempos de emergencia. Según relataban las noticias de la época, en San José fueron construidas muchas casas de madera, luego del terremoto de Cartago (1910). Una gran cantidad de esas viviendas estaban alquiladas, y sus dueños, inescrupulosamente, llegaban y les decían a los inquilinos que les iban a subir el alquiler y que si no podían pagarlo debían abandonarlas de inmediato. Así, instalaban a otra familia y hacían el negocio. ¡Qué injusticia! ¿No cree Usted?

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Sra. Ana Sancho Arguedas(*) La Sra. Ana Sancho Arguedas, Bibliotecóloga, nativa de Esparza y residente en Heredia. Es una Madre de Familia que dedica su tiempo libre a la investigación y recopilación de temas históricos, formales o tradicionales, así como a la recopilación de antiguos documentos y fotografías, las cuales comparte con sus amigos y contactos de redes sociales.

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IMÁGENES: Sra. Ana Sancho Arguedas, Periódicos “La Tribuna”, “La Información” y “El Comercio”. Sistema Nacional de Bibliotecas de Costa Rica (SINABI).

RESTAURACIÓN FOTOGRÁFICA y REDACCIÓN de los COMENTARIOS al PIE de las IMÁGENES: Marco Fco.’. Soto Ramírez, Director del Proyecto de Investigación, Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MÍA…”

 (**) Fuente Consultada:

Montero P., Walter. Artículo “EL TERREMOTO DEL 4 DE MARZO DE 1924 (Ms 7,0): ¿UN GRAN TEMBLOR INTERPLACA RELACIONADO AL LÍMITE INCIPIENTE ENTRE LA PLACA CARIBE Y LA MICROPLACA DE PANAMÁ?” Revista Geológica de América Central. Escuela Centroamericana de Geología, Universidad de Costa Rica. San José, C.R. 1999.