El susto de un virtual ‘Medallista Olímpico’ (Relato de Terror)

Imagen utilizada con fines ilustrativos. fuente:  Película “Adiós a las Armas”, de Frank Borzage (1932) (http://catalogo.artium.org/)

Imagen utilizada con fines ilustrativos. fuente: Película “Adiós a las Armas”, de Frank Borzage (1932) (http://catalogo.artium.org/)

“La madrugada que Costa Rica hubiese llegado a tener un Atleta, Medallista Olímpico de Oro…”

Por: Edgardo José Rojas Ramírez (*)

Corría el año 1991. Era una fría y lluviosa noche de viernes, típica del mes de octubre, cuando son frecuentes las lluvias pertinaces, llamadas  “temporales”. Era un carajillo de 16 años, me encontraba en el último año del colegio, y en el segundo de mi ‘etapa etílica’ de la vida.

Eran las vísperas de la celebración del, entonces, llamado “Día de la Raza”. Como casi todos los segundos viernes de cada mes, el gobierno estudiantil del Liceo Nocturno de Esparza (LNE) realizaba un baile amenizado con una discomóvil en el Salón “Palenque Nacaome”. Esa noche era también el punto de partida de una excursión a Cahuita, en la vertiente del Caribe de nuestro país, organizada por los compañeros de la Sección 5 C–2, encabezados por mi amigo Guillermo Martínez, alias “Tapa Culo” o “Jeta’e Bagre”, como ‘cariñosamente’ le llamábamos los clientes y empleados del Tramo de Ismael Gutiérrez a mi estimado Memo.

Quizás el ambiente “atemporalado” con el que había transcurrido el día, realizó su efecto por la noche, pues no recuerdo otro baile, organizado por el LNE, tan escaso de público. Bueno, eso no era problema para los que buscábamos, de igual forma, graduarnos en el “mundo de las copas”.

Las cervezas empezaron a correr de la barra a la mesa en donde los ‘habituales’ siempre estábamos: Eduardo Martínez, Eugenio Alvarado, Jolberth Salamanca, Abraham Moreira, Rafael Ángel Porras, Guillermo Martínez y el profesor de Español Pablo Zúñiga Vega (de grata memoria).

Tan poca gente había en la pista de baile, que empezamos a desgranarnos, unos para la casa y otros a alternar, trasladándonos cada hora, entre el Palenque Nacaome y la barra del Restaurante “La Noche en la China”, hasta darnos cuenta de que la lluviosa noche no había calentado, como sí teníamos caliente el cuerpo –entre pecho y espalda– por tanto licor ingerido.

Al ser las once de la noche, los excursionistas iniciaron su travesía hasta Cahuita, dejando “pelado” el Nacaome. Me habían invitado, de forma honorífica y de último momento, a que les acompañara en dicho viaje, pero ya no había tiempo para ir a preparar y traer el equipaje y, por otra parte, no creía contar con el respectivo permiso de mi madre. Por tal razón, desistí y agradecí la invitación.

Era, entonces, el momento preciso para “izar velas” en definitiva y “anclar” en “La Noche en la China”, por aquella época, administrada por “Chequelo” Sánchez. Cabe decir que la lluvia no dejaba a las cervezas adquirir ese sabor sabroso, por lo que al ser la hora en la que el calendario cambia de día, pedimos el tradicional “zarpe” y la cuenta. Ya no había nada qué hacer, y seguir tomando se habría convertido en majadería… Por otro lado, el cantinero merecía ir a descansar y no seguir esperando el consumo de dos o tres necios borrachos.

Para llegar a mi casa, tenía dos opciones de ruta:

Una, tomar la “Calle Real” e ir ‘directito’ a mi casa. Sólo que había un problema… En esa época, esa calle aún no estaba pavimentada y no contaba con alumbrado público. Era correr un riesgo innecesario, embarrialar o maltratar las “tenis de marca”, por ahorrar algunos minutos y… Probablemente, también el miedo a ser recibir un susto por esa vereda tan sola, era otra razón para descartarla.

La otra ruta –y la preferida–, desde del sector noreste de Esparza, era el camino largo: caminando por la calle principal del pueblo hasta la esquina noreste de la Plaza de Fútbol; luego, recorriendo cien metros al oeste, hasta la Vidriera, seguidos de cien metros hacia el sur hasta llegar al Kínder (Jardín de Niños) y, de ahí, enrumbando por el antiguo Barrio “El Apagón” hasta el –no menos viejo– Barrio “Los Mangos”, de forma directa.

Entre 1990 y 1991, realicé este último recorrido en infinidad de ocasiones. De memoria lo podía hacer y siempre en estado etílico. Sin embargo, esa rara noche lluviosa de octubre, ocurrieron más ‘cosas extrañas’…

Fenómeno paranormal denominado "POLTERGEIST". Imagen utilizada con fines ilustrativos. FUENTE: Blog “En la Oscuridad las sombras bailan”. (http://ghost.webpin.com/)

Fenómeno paranormal denominado “POLTERGEIST”. Imagen utilizada con fines ilustrativos. FUENTE: Blog “En la Oscuridad las sombras bailan”. (http://ghost.webpin.com/)

Al llegar a la esquina sureste de la Plaza de Fútbol, para tomar rumbo hacia el Barrio “Los Mangos” –¡Oh suerte la mía!!!–, desde el Kínder, que se ubicaba en diagonal, empezó a escucharse un ruido estridente producido por los aparentes arrastre y caída de cientos de pupitres, acompañado de horrorizados gritos infantiles… ¡Por supuesto, que allí no sucedía ningún evento físico! Aquello era un hecho eminentemente paranormal que aún me eriza la piel al recordarlo, y al momento de escribir estas líneas… (**)

Son esos instantes de angustia y espanto, con la adrenalina al tope, y que no dan cabida a nada más que decir: “Paticas para que las quiero…” Fue así como en una milésima de segundo inicié el recorrido de los trescientos metros que me restaban de camino en carrera abierta y limpia… Estimo que si hubiese habido un juez cronometrando el tiempo, habría dado fe de mi desempeño batiendo todo registro histórico de marcas de atletismo, en aquel momento… ¡¡¡No creo haber tardado más de quince segundos en realizar ese trayecto de 300 metros!!! ¡¡¡Hijuep…!!!

Al llegar intempestivamente a mi casa, hallé a mis hermanas aún despiertas, quienes se asustaron de la apariencia que presentaba: pálido como un papel, en un puritico temblor y sin casi poder esbozar palabra alguna… En esa ocasión, pude comprobar en carne propia la veracidad del mito popular, aquel que dice: “El miedo hace desaparecer cualquier borrachera…”

¡¡¡Por Dios Santísimo, me habían asustado!!! ¿Cuántas historias había escuchado que en el Kínder asustaban y no había dado ningún crédito a ello, demeritando y hasta burlándome de quienes las contaban?

Veintidós años después de dicho suceso, hoy convertido en anécdota, a veces lo pienso dos veces para pasar de noche por las inmediaciones del Kínder. Si ya no me queda otra opción, pues… cierro los ojos o miro hacia abajo o hacia otro lado, me pongo a cantar o ‘caracoleo’ en busca de otra ruta… Aún “¡¡¡me da cosa!!!” –como diría el Doctor Chapatín.

Rememorando los hechos de esa madrugada… Si la calle desde el Kínder hasta el cruce del Colegio y el Barrio “Los Mangos” hubiese sido la pista atlética de alguna Olimpiada Mundial, de seguro hubiese vencido fácilmente a Carl Lewis, Ben Johnson y hasta al mismo Nery Brenes juntos, llegando a ostentar con gran orgullo: ¡¡¡Una Medalla de Oro para Tiquicia!!!!

Espíritu Santo de Esparza, 18 de Octubre de 2013.

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(*) Edgardo José Rojas Ramírez, nativo de Esparza. Administrador de Empresas con énfasis en Gestión Organizacional. Socio y Administrador de la Empresa “Efianse”: Mueblería para el Hogar y la Oficina.

E-mail: edgardojrr@ice.co.cr 

FUENTE de las IMÁGENES

1. Blog “En la Oscuridad las sombras bailan”. (http://ghost.webpin.com/)

2. Escena de la película “Adiós a las armas”, de Frank Borzage (1932) (http://catalogo.artium.org/)

(**) Acá les dejamos un ENLACE con información acerca de los fenómenos paranormales denominados “POLTERGEIST”: http://es.wikipedia.org/wiki/Poltergeist

De veras, a mí me salió “El Cadejos”…

CADEJOS_Marco Fco Soto Ramirez

“De espantos y otras aventuras de la vida…”

Por: Edgardo José Rojas Ramírez (*)

Hace unos días, rememoraba con mi familia, en casa de mi madre, anécdotas o situaciones vividas años atrás.

Tocó el turno de los temas de “espantos” y “aparecidos”. Recuerdo que en mis casi 38 años, en cuatro ocasiones escuché o vi algo. La experiencia que me marcó fue la aparición de “El Cadejos”, que viví en carne propia.

A partir de los 15 y hasta los 22 años, descubrí y me desenvolví en el mundo fascinante del alcohol –por lo menos, así lo creía en aquella época de primera juventud-, y esperaba con ansias la llegada de los viernes y sábados para entregarme al éxtasis que provocaba en mí el licor. No importaba la “goma” que –durmiendo en el sofá tapizado de vinil de la casa de mi madre– sudaba medio día, para estar, más tarde, disponible para una nueva fiesta. Fiestas que, disfrutadas con la “barra” de amigos eran sabrosas, pero que también en la soledad, con sólo la botella en mano, me resultaban suficientes para alegrarme.

Durante las muchas farras, nunca fui amigo de esperar a ver la salida del sol; solamente en dos oportunidades pude ver el nacimiento del día con una cerveza en la mano. Aunque fuera a la 1, 2 ó 3 de la madrugada, acostumbraba llegar y amanecer en casa, bajo el pretexto –que sólo yo me creía– de “evitarle preocupaciones a Mamá”, y para que ella creyera que había llegado temprano. Y, por supuesto, llegaba temprano… ¡¡¡Pero del día siguiente!!!

La anécdota que deseo compartir con ustedes, sucedió cierta noche, cuando tenía, a lo sumo 20 ó 21 años. Esa noche, no recuerdo si proveniente del Bar “Katsy” o del Bar “La Choza de mi Tata”, en las primeras horas del sábado, me dispuse a pedir el zarpe, pagar la cuenta, y salir “arreando chanchos” hacia mi casa, ubicada en el Barrio de Los Mangos.

Me sentía “bien pegado”, pero no estaba consciente del desmedido zig-zag en mi andar. En esos tiempos, a mediados de la década de los años 1990, Esparza aún era un pueblo tranquilo, se podía transitar sin peligro de maleantes que le asaltaran.

Recorrí los primeros 200 metros de mi destino. Al llegar a la esquina sureste de la plaza, donde se hallaba la famosa “Tagada” –asiento semicircular de concreto, que semejaba la forma del juego mecánico con ese nombre–…

¡¡¡ AYYYY, MAMÁ !!!! Vi, saliendo detrás de la estructura, a un perro de grandes proporciones, que yo creía –más bien– era como una oveja, de pelaje bien negro y enredado…

El “tilín–tilín” de sus cadenas, sus intensos gruñidos, salidos de un babeante hocico que mostraba su dentadura, y aquella penetrante mirada de ojos rojos intensos, provocaron que –de un sólo “guamazo”– se me bajara la mitad del guaro que llevaba puesto y, sin duda alguna… ¡¡¡Me revelaron la identidad de dicha aparición!!!!

–¡¡¡ EL CADEJOS !!! –Dije para mis adentros– ¡¡¡ JUEPUTA… SÍ EXISTE !!! –murmuré, con la adrenalina al tope…

Dentro del enredo mental del momento, en un estado alterado de consciencia provocado por la rara simbiosis de borrachera y pánico, recordé que mi Tata me contaba que “El Cadejos” no hacía daño, que era un acompañante fiel del trasnochador. Así, que me armé de valor y –casi entre lágrimas y tartamudeo provocados por el terror desmedido– le dije:

–“Mi hermanito, jejeje, mucho gusto… Y ¿diay? Aquí voy hasta el rabo… Pero, ya voy hacia mi casita… Tranquilo… Es aquí, cerquita… Lo más a 400 metros… No te preocupés por mí… Descansá, quédate ahí, tranquilo…” –Ése fue mi pretendido diálogo de pánico con aquel terrible espanto.

Reinicié la marcha y la piel se me ponía de gallina al escuchar a mis espaldas el “tilín–tilín” de las arrastradas cadenas… Sin embargo, volteé para verlo y comprobé su serenidad y su caminar a mi derecha, donde siempre se mantuvo, mientras se dignó acompañarme…

Para meterle conversa al bicho, y medio envalentonarme, le iba diciendo a cada rato:

–“Ya casi llegamos… Ya casi llegamos”.

Así, recorrí la cuadra de la Plaza de Fútbol, la del Kinder, la del Barrio “El Caimito”, la del Barrio “El Apagón”, la del Colegio… Hasta que llegué al portón de mi casa, en el Barrio “Los Mangos”. Giré y le dije:

–“Amigo, aquí me quedo, gracias por acompañarme y protegerme…”

Subí las gradas de mi casa y –como nunca– recuerdo que esa vez no me costó abrir el portón y puerta principal de la casa, pues muy claramente podía distinguir las llaves y las cerraduras, en medio de la penumbra.

Tembloroso y a oscuras, me dirigí a mi habitación, me quité los “caites” y al proceder a correr las cortinas de la ventana para dormir, solamente vi dos luceros de un rojo intenso, que me miraban fijamente desde la oscuridad del otro lado de la ventana… “El Cadejos” aún velaba para que no fuera a “paquetearlo” con no dormirme o que fuese a salir nuevamente de casa… Eso me imagino…

En la poquitilla dosis de valentía que me quedaba, atiné a decir:

“–Mi hermanito, ya podés estar tranquilo… ¡¡¡ Voy a dormir !!!!”

Ya, acostado, mientras me cobijaba, escuché el “tilín–tilín”, que me continuaba erizando la piel… Pero, sabía que, ahora sí, “El Cadejos” iba de retirada, dando la vuelta por la acera de mi casa, buscando la salida.

Con la aparición del citado “espanto”, “Gavetazo” –propietario de “La Choza de mi Tata” – y los Córdoba –del “Katsy”– salieron perdiendo, porque para evitarme la pasada de la “La Tagada”, empecé a refugiarme donde el “Chino Teo”, en el Restaurante “El Oasis”, a la vuelta de casa… Mucho más cerca aún si, de regreso, cortaba camino por el desaparecido Depósito de Materiales de “Manito”, en cuyo fondo me brincaba la tapia del cementerio, cruzaba un trecho del mismo, para caer al “Barrio Escondido” y, de ahí, salir al puro frente de mi casa.

Donde el chino Teo, aprendí a tomar huevos de tortuga de jardín (antes que un huevo de tortuga marina). Gané la confianza de Teo, hasta el punto de que me metía a la cocina, a prepararme mis propias “bocas”, principalmente la de camarón al ajillo; y, lo más tarde, al ser las 11 de la noche, “jalaba pa’ la choza”… Siempre “arriando chanchos”, porque compensaba las horas menos, con una dosis mayor de velocidad de “tragado”, ganándome –entre mis amigos de bohemia– la mala fama de ser como un “secante” para el licor.

Desde aquella madrugada del sábado –a Dios gracias– no volví a saber del acompañante de los que andamos en malos pasos…

Para culminar mi relato, diré que, si no fue un invento de mi consciencia sucumbida ante tantas réplicas de 4,7 grados de alcohol de la Pilsen, puedo asegurar que, en realidad, ¡¡¡ A MÍ ME SALIÓ “EL CADEJOS” !!!

Espíritu Santo de Esparza, 26 de Julio de 2013.

 

GLOSARIO

Arrear chanchos: Caminar borracho.

Caites: Zapatos.

Choza: Casa de habitación.

El Cadejos: (Buscar la definición de Wikipedia. Valorar si transcribir un fragmento o toda la definición).

Estar “bien pegado”: Muy borracho.

Goma: resaca.

Guamazo: Golpe fuerte.

Jalar: Irse.

Paquetear: Engañar.

Secante: Absorbente.

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(*) Edgardo José Rojas Ramírez, nativo de Esparza. Administrador de Empresas con énfasis en Gestión Organizacional. Socio y Administrador de la Empresa “Efianse”, de ventas de Mueblería para Hogar y Oficina.

(**) Aquí les dejo el ENLACE de la leyenda del “EL CADEJOS”, vigente en nuestros pueblos centroamericanos: http://es.wikipedia.org/wiki/Cadejo

La Dama de la Medianoche (Relato de Terror)

Dama de la Medianoche. (Imagen utilizada con fines ilustrativos. Fuente: © Página de Siente América).

Dama de la Medianoche. (Imagen utilizada con fines ilustrativos. Fuente: © Página de Siente América).

Por: Marielena González Rojas y Marco Fco.·. Soto (*)

La noche llegó como siempre, sembrando la paz en el Hogar de Ancianos de aquel pueblo.

Los internos, luego de la cena, fueron conducidos a sus habitaciones a descansar, con la esperanza de estrenar otro amanecer.

Esa noche, extrañamente fría y llena de una espesa bruma, a Milagros -en su calidad de “Cuidadora” y Miscelánea-, y a Francisco (“Chico”), como Guarda, les tocaba laborar en el turno de 10 p.m. a 6 a.m., como muchas veces lo habían hecho.

Es menester decir que en dicho Asilo, existe un extenso salón que comienza desde el jardín frontal y se extiende hasta el fondo del edificio, con pasadizos y pabellones de dormitorios a ambos lados. En dicho salón, hay unas sillas mecedoras, de las llamadas popularmente “poltronas”, fabricadas con madera torneada de forma sencilla y bandas anchas de cuero.

A eso de la medianoche, “Chico” fue a hacer el acostumbrado recorrido general de esa hora por el edificio y alrededores.

Al llegar a la parte externa del citado salón, encontró a una mujer desconocida, sentada en una de las “mecedoras”… Llevaba por vestido una especie de hábito de color negro, muy parecido al utilizado por los monjes, con mangas largas, anchas, y con una capucha que no permitía ver las facciones de su rostro.

Al verla, el guarda no sintió miedo, pero sí le intrigó la presencia de esa extraña dama, allí dentro, en aquella incómoda penumbra, cuando los portones de la edificación estaban herméticamente cerrados al paso de cualquiera que quisiese ingresar, y, sobre todo, a tan altas horas de la noche…

Se acercó y le preguntó a la mujer en qué le podía servir. La mujer no pronunció palabra alguna, pero con la gesticulación de sus manos en la oscura abertura de su capucha, le indicó que quería beber agua…

Inmediatamente, “Chico” fue a la cocina del Hogar y le trajo un vaso de agua. Cuando ella tomó el recipiente, “Chico” pudo ver sus manos… Eran huesudas, arrugadas y con uñas muy largas y puntiagudas…

Observó cómo la mujer inclinó el vaso dentro de la sombra de la capucha de su traje, y bebió la totalidad del líquido.

Una vez que le devolvió el vaso, Francisco se dirigió hacia la cocina… A lo sumo, había dado cinco pasos, cuando tuvo la tentación de mirar atrás… Pero… ¡¡¡LA MUJER YA NO ESTABA ALLÍ!!! Se había esfumado en el oscurecido entorno…

En ese momento, “Chico” sintió una intensa oleada de escalofríos que le envolvieron, como queriendo asfixiarlo…

Dos horas después, al no contestar a su llamado, Milagros salió a buscarlo y lo encontró, caído en medio del enorme salón, en estado de ‘shock’, con un vaso en sus manos, y con los ojos desorbitados en su rostro desfigurado por una terrible mueca de terror…

Después de esa experiencia, “Chico” no volvió a ser el mismo de antes, una sombra de profundo abatimiento oscureció su mirada…

Y, esa semana, luego de la visita de “La Dama de la Medianoche”, en aquel Hogar de Ancianos, murieron tres de los residentes de mayor edad…

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Monte de las Ánimas (Imagen utilizada con fines ilustrativos. Fuente: © Blog España Eterna).

Monte de las Ánimas (Imagen utilizada con fines ilustrativos. Fuente: © Blog España Eterna).

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(*) Marielena González Rojas posee un especial don para captar y desarrollar oralmente la narración de relatos de terror. Marco Fco.·. Soto Ramírez, su Esposo, Folclorista y Director del Proyecto de Difusión Cultural “ESPARZA MÍA…”, tiene afición de “escribidor” y de compartir, con quien tenga a bien recibir sus creaciones. Juntos se han dado a la tarea de rescatar y de poner por escrito algunos relatos de las tradiciones mágico-religiosas del Cantón de Esparza. Ésta es una de ellas…

CUENTOS y RELATOS de ESPANTO – Programa VOLANDO LENGUA 30-Oct-2009

MARCO Fco.·. SOTO (Ñor Antenor), folclorista Esparzano, en plena faena radiofónica…

Escuche el AUDIO en ivoox, haciendo click en el SIGUIENTE ENLACE:

Descripción: Esta es una Edición Especial del ‘Día de Brujas‘, correspondiente al viernes 30 de octubre de 2009, orientada a las Tradiciones Orales Costarricenses…

El Programa Radiofónico VOLANDO LENGUA (Periodo Julio 2008 – Febrero 2010), transmitido en Radio Bahía, desde la Ciudad del Espíritu Santo de Esparza (Puntarenas, Costa Rica), con  el Folclorista MARCO Fco.·. SOTO RAMIREZ (Ñor Antenor) en la Producción, Co-Dirección y Conducción del Espacio, dirigido por el Lic. Marvin Cubero Martínez.

Acá, Marco Fco.·. Soto (*), de la mano de su Personaje Humorístico ‘Miguelón Agüero‘, nos transporta a distintos escenarios donde habita el Suspenso y el Terror…

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(*) Marco Fco.·. Soto Ramírez, Fundador y Administrador del Blog “ESPARZA MÍA…” y de otras iniciativas en la Red.

  • Terapeuta Holístico y Maestro de Reiki
  • Cultor Popular Tradicional
  • Narrador Oral
  • Cantante y Compositor Musical
  • Co-creador de nuestros Símbolos Cantonales Esparzanos: la Bandera y el Escudo
  • Co-creador de nuestro Símbolo Provincial: la Bandera de la Provincia de Puntarenas
  • Creador e intérprete de Ñor Antenor, Personaje Típico Cultural del Cantón de Esparza

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 E-mail: culturapopularesparza@gmail.com

.Pagina Web ECHANDO PA’ LANTE CON ÑOR ANTENOR: www.puntarenas.com/antenor