El Cacique GARABITO

El Cacique Garabito. Escultura del Sr. Oscar Bákit Padilla. (Fuente: Wikipedia).

El Cacique Garabito. Escultura del Sr. Oscar Bákit Padilla. (Fuente: Wikipedia).

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¿GARABITO o COYOCHE? Compartimos con Ustedes este tema controversial que encontramos en la red. Aunque ya habíamos presentado un artículo sobre el Cacique COYOCHE, donde -de acuerdo con las las investigaciones de don Óscar Bákit- tales nombres representarían a dos personajes totalmente distintos.

De ese artículo citamos: “Coyoche fue un rey indígena de Costa Rica en el decenio de 1560, al que a veces se confunde con el rey Garabito, a pesar de que se trata de dos personajes muy diferentes y de que sus respectivos pueblos pertenecían a dos grupos culturales distintos: el de Coyoche al área cultural de Mesoamérica y el de Garabito a la llamada Área intermedia”. (*)

No obstante lo anterior, la siguiente información resulta interesante…

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Por: Miguel Salguero (*)

Cuando los españoles llegaron a Costa Rica nuestro país estaba regido por el sistema de cacicazgos; es decir, un cacique gobernando a un grupo de indios; estos constituían una tribu. Lo primero que intentaron hacer los españoles conquistadores fue conseguir el sometimiento de los caciques, cosa que lograron en muchos casos. Sin embargo, un cacique muy poderoso por la extensión de sus dominios dentro y fuera del Valle Central, se reveló contra los españoles y a lo largo de muchos años se constituyo en el principal obstáculo para la conquista definitiva de Costa Rica.

Este poderoso cacique, jefe de los huetares (también puede escribirse “güetares”) pasó a la historia con el nombre de Garabito -algunos lo escriben “Garavito”-. Dentro de sus dominios, estaba San Mateo, llamado en tiempo de la Conquista Valle del Coyoche (del tarahúmar coyochi, lugar de coyotes) por lo que se menciona en ocasiones a Garabito como ”Rey del Coyoche”. Pero los dominios de Garabito iban desde las tierras del actual San José hasta la costa del Pacífico y se extendían quizás a la vertiente del Atlántico, donde gobernaban una zona los indios Botos, enemigos del Rey Huetar.

Dentro de los dominios de Garabito estaban las tribus de los Tices y los Catapas, cuyo territorio se extendía por los lugares conocidos hoy como Grecia y Alajuela. Otros pueblos sometidos a Garabito eran los de Abacara, Chucasque, Cobobici, Cobux, Yurustí (nombre de un cacique), Barva, y otros. Como se ve, Garabito era un gran jefe, por lo cual no parece correcto a algunos historiadores la versión de que su nombre fuera tomado del Capitán español; porque no es verosímil que un jefe poderoso y rebelde adoptarse el nombre del enemigo. Lo más probable, señala don Carlos Gagini, es que Garabito sea del tarahúmar garabee o garabi, superlativo de gara, bueno tal vez el mejor. En efecto, Garabito fue el mejor.

El lugar exacto donde residía Garabito a la llegada de los españoles no se ha determinado; podría ser el actual San Ramón, porque un documento antiguo cita que “el río Grande viene de Garabito”; o que en la amplitud y libertad de sus dominios, se ubicara en diferentes sitios. Como Garabito le hacía la guerra a los Botos del Atlántico (región de San Carlos), lo probable es que viviera cerca de esta región. La esposa de Garabito, Biriteca, era muy amada por su señor; dicen las crónicas que esta india fue mujer muy bella; los españoles recurrieron en cierta ocasión a su captura, para someter al Rey Huetar, sin embargo, antes de esto ocurriendo muchos hechos violentos.

En lo que llamaban los españoles “La Provincia de Garabito” se llevaron a cabo numerosos encuentros entre los conquistadores y los hombres del Cacique Garabito. En el año 1560 fue nombrado Juan de Caballón, joven abogado español, residente en Guatemala, para llevar a cabo la conquista de Costa Rica. Se asoció con el padre Juan de Estrada Rávago; y en 1561, con 90 soldados y muchos caballos, vacas, cerdos, cabras y bastimento, llegó hasta las cercanías del actual río Ciruelas, en donde pobló la ciudad de Garcimuñoz, en los llanos de Turrúcares, y luego fundó la Villa de los Reyes, en Santo Domingo (Orotina actual) y el puerto de Landecho, en Tivives.

Juan de Cavallón trató de someter al Cacique Garabito y lo consiguió mediante el uso de la fuerza; el Rey Huetar fue hecho prisionero, pero logró escapar con astucia ya que fingió estar sometido al dominio del español y este le quitó la vigilancia. Entre, tanto, la campaña para conquistar Costa Rica en forma definitiva siguió adelante, y fue así como Garabito, ya de nuevo al frente de una tropa de indios de más de 2000, se entero que llegaban refuerzos para los españoles y atacó por sorpresa, con lo cual logró derrotar a un contingente que venía desde Nicaragua. Enterado de este descalabro español, Juan de Cavallón ordenó a su capitán Ignacio Cota marchar con gente armada al Valle del Coyoche con el fin de someter a Garabito.

Garabito había abandonado Coyoche y emprendió la marcha hacia el Landecho, el puerto por donde suponía que llegarían refuerzos para los españoles, Ignacio Cota interrogó a las mujeres únicas, personas que encontró en el pueblo de Garabito, y por la fuerza interrogó entre otras a Biriteca, la esposa de Garabito, y así pudo seguirle las huellas al cacique y su gente. Después de varios días, los españoles dieron alcance a Garabito y se entablo un combate, el cual, por contar con mejores armas ganaron los españoles pues los indios luchaban con arcos y flechas. Garabito se retiró de nuevo a las montañas.

En vista del fracaso de su misión, el capitán Cota le propuso a su jefe Juan de Cavallón el ardid de capturar a Biriteca la esposa de Garabito, con el fin de que este se rindiera ya que era de esperar tal acción pues el cacique amaba a su mujer, para tal fin encomendaron al Capitán Antonio Pereyra, un hombre alto, nervudo, que marchara al lugar donde Cota había interrogado a Biriteca. Logró consumar sus designios al capitán Pereyra, pues sorprendió en una cacería a Biriteca y la trajo a Garcimuñoz. Sin embargo, como pasaba el tiempo y el poderoso Rey Huetar no se presentaba a negociar por su esposa, Cavallón envió una expedición a buscarlo. Hubo un encuentro entre indios y españoles y estos lograron capturar un jefe que les dijo era Garabito, jubilosos lo trajeron a Garcimuñoz, pero resulto ser un subalterno del cacique que se prestó al ardid.

En Garcimuñoz los españoles mantuvieron prisionera a Biriteca, lo que no produjo ningún tipo de encuentro entre el Rey Huetar y los españoles. Sin embargo, enterado el indígena de otra expedición ordenada por el jefe español en su contra, decidió atacar la propia Garcimuñoz. Garabito era un jefe no solamente poderoso por el gran territorio y los muchos indios que dominaba, sino por su astucia y valentía. Cuando atacó Garcimuñoz, los españoles se sorprendieron y el Jefe Cavallón solamente logro ubicar sus tropas para repeler el ataque desde mejores posiciones, lo que permitió a Garabito liberar a su amada Biriteca. Después de este episodio, Juan de Cavallón no salió en persecución del caudillo indio pues preparaba viaje a Guatemala, a informar a la Audiencia del resultado de su empresa de conquista.

De nuevo en sus dominios, Garabito logró la captura de un soldado español, el cual, luego de someterlo a interrogatorios y de amenazarlo con ajusticiarlo, o sea la misma suerte que corrió ante Cavallón el indio impostor, le dijo al Cacique que el capitán preparaba viaje a Guatemala. Garabito decidió atacar a Cavallón durante su travesía por el territorio que dominaba el cacique, así lo hizo, ya que mediante una emboscada atacó a los españoles con la fiereza que le era característica. Sin embargo, los soldados españoles se defendieron con valentía, inclusive algunos aseguran que Cavallón y Garabito pelearon cuerpo a cuerpo; sin embargo, los españoles lograron salir del trance y marcharon a Guatemala. Hubo algunas bajas de los dos bandos: Garabito de nuevo se refugió en sus montañas.

Un nuevo capitán español, don Juan Vázquez de Coronado, Alcalde Mayor de Nicaragua, recibió la misión de continuar con la conquista de Costa Rica. Vino acompañado de 80 hombres, y se encontró con una sublevación general de los indios sometidos por Cavallón. Pero Vázquez, hombre de buen corazón, logró dominar a la mayor parte de los caciques levantiscos, solamente el Rey Huetar Garabito no hizo las pases con los españoles. Por este motivo el conquistador dio la orden de guerra sin tregua contra Garabito, el cual estaba en sus escondites, probablemente por la zona norte, el San Ramón actual, donde en la época moderna se han descubierto tumbas con numerosas evidencias de la cultura Huetar en la región.

Don Juan Vázquez de Coronado, a pesar de sus esfuerzos y de una conducta poco severa -si la relacionamos con la de otros conquistadores- hacia los indios, decidió terminar con la rebeldía de la provincia de Garabito, la más numerosa del territorio de Costa Rica. Para poder capturar al Rey Huetar, los españoles instruyeron un proceso, en el cual el jefe indio rebelde fue condenado a muerte. Garabito fue condenado en ausencia y sin defensa, hechos que le dieron al proceso las características de una total injusticia. Sin embargo, el Alcalde Mayor dio por buena la causa y envío a dos subalternos suyos, el capitán Francisco de Marmolejo y el maestro de Campo Juan del Valle, quienes con una tropa bien armada, salieron a perseguir al rey indómito Garabito.

Muchos años de lucha y sacrificio, además del peso propio de la edad, cargaba sobre sus espaldas el rey Garabito. No obstante logro mantenerse a distancia de los españoles del Valle y Marmolejo; y no solo esto, sino que cuando el hábil estratega indígena lo creyó conveniente, ataco a sus perseguidores y les propino una nueva derrota, ya que cayeron en el combate varios españoles; los jefes, instruidos al respecto por Vázquez de Coronado para no perder muchos soldados, optaron por escapar hacia Garcimuñoz. Mientras tanto, el Alcalde Mayor, quien fue nombrado por el Rey años después, adelantando a Costa Rica, estaba muy interesado en continuar su conquista y entonces decidió hacer su expedición a las tierras de los Quepos y los Coutos; dejó al mando en Garcimuñoz al Capitán Antonio Pereyra.

En el año 1563 una tropa al mando del capitán Antonio Pereyra marchó nuevamente hacia los dominios del Rey Huetar, a fin de aprehenderle de ser posible. Garabito se dio cuenta, y como ya estaba viejo y no quería más encuentros, uso la táctica que en ocasión anterior había utilizado con el propio Vásquez de Coronado: un sustituto. En efecto, otro indio se ofreció a suplantarle, y se puso el penacho del jefe. Los españoles no conocían a Garabito, razón por la cual cayeron en el ardid. Pero la Cacica de los Botos -entre los indios también había mujeres jefes- se prestó para identificar a Garabito, con lo cual se descubrió la mentira. El capitán Pereyra se disgusto muchísimo y ordenó nuevos intentos para capturar al viejo cacique, pero no lo consiguió.

Los años pasaron, la conquista de Costa Rica siguió adelante y Garabito, viejo y cansado, continuó rebelde, pero ya sin voluntad ni hombres suficientes para causarle molestias a los españoles. Con los años y durante la gobernación de Alonso Anguciana, Garabito se instaló, calladamente en el valle del Coyoche, también llamado Valle de La Cruz por los españoles. Sin embargo, alguien se dio cuenta y corrió a contárselo al Gobernador, quien de inmediato ordeno que le llevarán al viejo e indómito cacique ante su presencia. Garabito no opuso resistencia, llegó y se sometió a los españoles, incluso fue bautizado. Luego se regreso a Coyoche, en donde vivió hasta su muerte. En este lugar hubo una población numerosa, pero al paso de los años, y por ser un lugar insano según las crónicas prácticamente desapareció el pueblo. Sin embargo, aún perdura el nombre del Rey Huetar, en el mismo sitio, que los españoles llamaron Santa Catalina de Garabito, y la leyenda ronda la muerte de los vecinos quienes señalan “el lugar donde vivió Garabito”. Así termino su vida el más indómito cacique de nuestras tierras, el Cacique Garabito.

(*) NOTA de la publicación del Blog “Cuasran”: Documento escrito por Miguel Salguero Zúñiga, basado en informaciones de “Los Aborígenes de Costa Rica” de Carlos Gagini, “Historia de Costa Rica” de Carlos Alfaro, “Garabito, el Rey indómito” de Juan Ramón Gutiérrez, “Cartilla Histórica de Costa Rica” de Ricardo Fernández Guardia: y en la tradición oral.

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(*) FUENTE del ARTÍCULO

Blog “Cuasran”, a cuyos Gestores agradecemos tan interesante y valiosa publicación,  realizada el 08 de Marzo de 2008.

ENLACE:  http://cuasran.blogspot.com/2008/04/cacique-garabito.html

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(*) Le invitamos a leer un artículo relacionado:

“El Cacique COYOCHE”

en el siguiente ENLACE

https://marcosoto34.wordpress.com/2011/09/25/el-cacique-coyoche

GARABITO o COYOCHE: El Cacique Indómito

CACIQUE COYOCHE, obra del escultor Fabio Brenes Morales, que se encuentra ubicada en el Parque de Orotina.

CACIQUE COYOCHE, obra del escultor Fabio Brenes Morales, que se encuentra ubicada en el Parque de Orotina.

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¿GARABITO o COYOCHE? Compartimos con Ustedes este tema controversial que encontramos en la red. Aunque ya habíamos presentado un artículo sobre el Cacique COYOCHE, donde -de acuerdo con las las investigaciones de don Óscar Bákit- tales nombres representarían a dos personajes totalmente distintos.

De ese artículo citamos: “Coyoche fue un rey indígena de Costa Rica en el decenio de 1560, al que a veces se confunde con el rey Garabito, a pesar de que se trata de dos personajes muy diferentes y de que sus respectivos pueblos pertenecían a dos grupos culturales distintos: el de Coyoche al área cultural de Mesoamérica y el de Garabito a la llamada Área intermedia”. (*)

No obstante lo anterior, la siguiente información resulta interesante, aunque en la misma se entremezclen datos de ambos personajes como si fuesen uno solo…

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Por: “CUASRAN” (*)

Sociedades Cacicales

No se sabe con seguridad cuantos indígenas habían en Costa Rica en la época del descubrimiento, pero los especialistas calculan que pudieron ser unos cuatrocientos mil habitantes. Sin embargo, esta cantidad de población bajó mucho en los años siguientes a la llegada de los españoles, pues los indios no tenían defensas contra las enfermedades que traían los conquistadores. En el Pacifico Norte vivían los chorotegas y los nahuas. Los demás pueblos de nuestro país son de origen chibcha.

Las tribus que vivían en el Pacifico Norte, tenía una plaza central y alrededor algunas casas. Cada una tenía un uso especial, por ejemplo, los “palacios” donde vivía el cacique y los principales. Otra casa para las mujeres del cacique, otra para los guerreros, etc. El lugar que habitaban los chorotegas y el nicarao (tribus nahuas) se conoce con el nombre de la Gran Nicoya. Las casas de las tribus de origen chibcha eran de forma circular y cónica.

Cuando llegaron los españoles, los habitantes de Costa Rica se encontraban organizados en cacicazgos, es decir tenían un jefe o cacique.

El cacicazgo más importante del Pacifico Norte era el de Nicoya. En el valle central se encontraban los cacicazgos de Garabito, Pacaca, Aserrí, Curridabat y Guarco. Además, en esta región existían señoríos, que eran federaciones de aldeas gobernadas por los caciques mayores o señoríos. Se encontraban los señoríos de Garabito y Guaraco.

Al norte, estaba el cacicazgo de los votos y cerca de la costa Atlántica estaban los de Suerre, Pococí, Tariaca y Talamanca.

En el Pacífico Sur existían varios cacicazgos entre los que sobresale el de Quepos, el de Coto y el de Boruca. Estos pueblos opusieron mucha resistencia a la conquista española y los borucas actuales todavía mantienen algunas costumbres de sus antepasados.

Algunas notas curiosas que han acontecido en Atenas: El primer conquistador que recorrió el territorio de Atenas fue Antonio Álvarez Pereira, quien estaba bajo las órdenes de Juan de Cavallón.

Corría el año 1561, y aparte de descubrir territorios aún desconocidos para los españoles, este capitán también llevaba por encargo combatir y apresar al cacique Garabito, indígena que podía llevarlo a las fuentes de oro que Cavallón tanto anhelaba localizar.

El territorio que en la actualidad le corresponde al Cantón de Montes de Oca, estuvo habitado por indígenas del llamado Reino Huetar de Occidente, que según se sabe, fueron dominios del Cacique Garabito.

En los años de la conquista y colonia, estos terrenos fueron propiedad de los indios de Aserrí, que allí cuidaban ganado. Este era un derecho de los indígenas del país, a quienes se les permitía poseer una legua cuadrada de terreno, según una Ordenanza de 1675. Alrededor de estos espacios, ellos solían afincarse y vivir.

En la época precolombina, Desamparados, también estuvo habitado por indígenas del Reino Huetar de Occidente, dominios del Cacique Garabito. Los indios que habitaron Desamparados, fueron los mismos que habitaron Aserrí, sobresaliendo el Cacique Acserri, originario de los indios Quepo, contando la leyenda que estas tribus, tenían las indias más lindas de la región, causando gran asombro entre los conquistadores españoles. En Desamparados, especialmente en lo que hoy es la Villa Olímpica, se han encontrado restos de poblaciones indígenas, lo que demuestra que hubo una población, no muy numerosa, pero población al fin.

El actual territorio del cantón de Esparza fue una zona habitada por indígenas de las culturas Chorotega y Huetar. Los primeros correspondían a la provincia de Orotina, gobernada por el cacique Gurutiña, una de las cinco en que se dividieron los chorotegas. El otro grupo pertenecía al Reino Huetar de Occidente, dominado a inicios de la conquista por el cacique Garabito, cuyo nombre real era Coyoche, uno de los baluartes de la Resistencia indígena costarricense.

Don Gil González Dávila, descubrió la región en el año de 1522, cuando realizó el primer recorrido por nuestro territorio nacional, desde punta Burica hasta el poblado indígena de Avancarí (hoy Abangaritos, cantón de Puntarenas).

Don Alonso Anguciana de Gamboa, gobernador interino, trasladó la población de Aranjuez y fundó en 1574 el primer asiento de la ciudad del Espíritu Santo, en el antiguo valle de Coyoche, entre los ríos Barranca y Jesús María, cerca del actual poblado de Artieda. En 1577 el gobernador don Diego de Artieda y Chirino habilitó el puerto de La Caldera, en sustitución de Landecho.

El Cacique Garabito

El cacique Garabito fue un caudillo indígena costarricense durante el siglo XVI, Cacique Mayor de los huetares de Occidente. En la época de la expedición del Alcalde Mayor de Nuevo Cartago y Costa Rica Juan de Cavallón y Arboleda (1561-1562), sus dominios estaban ubicados en la región occidental del valle central de Costa Rica, extendiéndose hacia el Pacífico en la cuenca de los ríos Jesús María y Gamalotal. Fue el más importante caudillo de la resistencia indígena frente a Cavallón y Arboleda, y tampoco quiso someterse a la autoridad del Alcalde Mayor Juan Vázquez de Coronado (1562-1565), sucesor de aquél. Algunos historiadores suponen que años más tarde aceptó la autoridad española, pero de ello no hay testimonios documentales claros. Se ignoran la fecha y las circunstancias de su muerte.

En el año 1524, el capitán español Francisco Fernández de Córdoba fundó Villa Bruselas, y la situó entre los ríos Aranjuez y Guacimal. En los documentos de la época sobre Bruselas, tenemos la primera mención del Capitán Andrés Garabito, porque éste español quedó por un tiempo al mando de dicha población, que fue despoblada poco tiempo después, por orden del propio Fernández de Córdoba, quien se rebeló contra su jefe Pedrarías Dávila (Pedro Arias Dávila); este, sin embargo ordenó repoblarla en el año 1526, pero luego el Capitán Diego López de Salcedo ordenó destruirla, orden que llevo a cabo Andrés Garabito.

Cuando los españoles llegaron a Costa Rica nuestro país estaba regido por el sistema de cacicazgos; es decir, un cacique gobernando a un grupo de indios; estos constituían una tribu. Lo primero que intentaron hacer los españoles conquistadores fue conseguir el sometimiento de los caciques, cosa que lograron en muchos casos. Sin embargo, un cacique muy poderoso por la extensión de sus dominios dentro y fuera del Valle Central, se reveló contra los españoles y a lo largo de muchos años se constituyo en el principal obstáculo para la conquista definitiva de Costa Rica.

Este poderoso cacique, jefe de los huetares (también puede escribirse “güetares”) pasó a la historia con el nombre de Garabito -algunos lo escriben “Garavito”-, nombre, precisamente, del capitán antes mencionado, quien se entrevisto con el jefe indio en un lugar cerca del actual San Mateo, llamado en tiempo de la Conquista Valle del Coyoche (del tarahúmar coyochi, lugar de coyotes) por lo que se menciona en ocasiones a Garabito como ”Rey del Coyoche”. Pero los dominios de Garabito iban desde las tierras del actual San José hasta la costa del Pacífico y se extendían quizás a la vertiente del Atlántico, donde gobernaban una zona los indios Botos, enemigos del Rey Huetar.

Dentro de los dominios de Garabito estaban las tribus de los Tices y los Catapas, cuyo territorio se extendía por los lugares conocidos hoy como Grecia y Alajuela. Otros pueblos sometidos a Garabito eran los de Abacara, Chucasque, Cobobici, Cobux, Yurustí (nombre de un cacique), Barva, y otros. Como se ve, Garabito era un gran jefe, por lo cual no parece correcta a algunos historiadores la versión de que su nombre fuera tomado del Capitán español; porque no es verosímil que un jefe poderoso y rebelde adoptarse el nombre del enemigo. Lo más probable, señala don Carlos Gagini, es que Garabito sea del tarahúmar garabee o garabi, superlativo de gara, bueno tal vez el mejor. En efecto, Garabito fue el mejor.

El lugar exacto donde residía Garabito a la llegada de los españoles no se ha determinado; podría ser el actual San Ramón, porque un documento antiguo cita que “el río Grande viene de Garabito”; o que en la amplitud y libertad de sus dominios, se ubicara en diferentes sitios. Como Garabito le hacía la guerra a los Botos del Atlántico (región de San Carlos), lo probable es que viviera cerca de esta región. La esposa de Garabito, Biriteca, era muy amada por su señor; dicen las crónicas que esta india fue mujer muy bella; los españoles recurrieron en cierta ocasión a su captura, para someter al Rey Huetar, sin embargo, antes de esto ocurriendo muchos hechos violentos.

En lo que llamaban los españoles “La Provincia de Garabito” se llevaron a cabo numerosos encuentros entre los conquistadores y los hombres del Cacique Garabito. En el año 1560 fue nombrado Juan de Cavallón, joven abogado español, residente en Guatemala, para llevar a cabo la conquista de Costa Rica. Se asoció con el padre Juan de Estrada Rávago; y en 1561, con 90 soldados y muchos caballos, vacas, cerdos, cabras y bastimento, llegó hasta las cercanías del actual río Ciruelas, en donde pobló la ciudad de Garcimuñoz, en los llanos de Turrúcares, y luego fundó la Villa de los Reyes, en Santo Domingo (Orotina actual) y el puerto de Landecho, en Tivives.

Juan de Cavallón trató de someter al Cacique Garabito y lo consiguió mediante el uso de la fuerza; el Rey Huetar fue hecho prisionero, pero logró escapar con astucia ya que fingió estar sometido al dominio del español y este le quitó la vigilancia. Entre, tanto, la campaña para conquistar Costa Rica en forma definitiva siguió adelante, y fue así como Garabito, ya de nuevo al frente de una tropa de indios de más de 2000, se entero que llegaban refuerzos para los españoles y atacó por sorpresa, con lo cual logró derrotar a un contingente que venía desde Nicaragua. Enterado de este descalabro español, Juan de Cavallón ordenó a su capitán Ignacio Cota marchar con gente armada al Valle del Coyoche con el fin de someter a Garabito.

Garabito había abandonado Coyoche y emprendió la marcha hacia el Landecho, el puerto por donde suponía que llegarían refuerzos para los españoles, Ignacio Cota interrogó a las mujeres únicas, personas que encontró en el pueblo de Garabito, y por la fuerza interrogó entre otras a Biriteca, la esposa de Garabito, y así pudo seguirle las huellas al cacique y su gente. Después de varios días, los españoles dieron alcance a Garabito y se entablo un combate, el cual, por contar con mejores armas ganaron los españoles pues los indios luchaban con arcos y flechas. Garabito se retiró de nuevo a las montañas.

En vista del fracaso de su misión, el capitán Cota le propuso a su jefe Juan de Cavallón el ardid de capturar a Biriteca la esposa de Garabito, con el fin de que este se rindiera ya que era de esperar tal acción pues el cacique amaba a su mujer, para tal fin encomendaron al Capitán Antonio Pereyra, un hombre alto, nervudo, que marchara al lugar donde Cota había interrogado a Biriteca. Logró consumar sus designios al capitán Pereyra, pues sorprendió en una cacería a Biriteca y la trajo a Garcimuñoz. Sin embargo, como pasaba el tiempo y el poderoso Rey Huetár no se presentaba a negociar por su esposa, Cavallón envió una expedición a buscarlo. Hubo un encuentro entre indios y españoles y estos lograron capturar un jefe que les dijo era Garabito, jubilosos lo trajeron a Garcimuñoz, pero resulto ser un subalterno del cacique que se prestó al ardid.

En Garcimuñoz los españoles mantuvieron prisionera a Biriteca, lo que no produjo ningún tipo de encuentro entre el Rey Huetar y los españoles. Sin embargo, enterado el indígena de otra expedición ordenada por el jefe español en su contra, decidió atacar la propia Garcimuñoz. Garabito era un jefe no solamente poderoso por el gran territorio y los muchos indios que dominaba, sino por su astucia y valentía. Cuando atacó Garcimuñoz, los españoles se sorprendieron y el Jefe Cavallón solamente logro ubicar sus tropas para repeler el ataque desde mejores posiciones, lo que permitió a Garabito liberar a su amada Biriteca. Después de este episodio, Juan de Cavallón no salió en persecución del caudillo indio pues preparaba viaje a Guatemala, a informar a la Audiencia del resultado de su empresa de conquista.

De nuevo en sus dominios, Garabito logró la captura de un soldado español, el cual, luego de someterlo a interrogatorios y de amenazarlo con ajusticiarlo, o sea la misma suerte que corrió ante Cavallón el indio impostor, le dijo al Cacique que el capitán preparaba viaje a Guatemala. Garabito decidió atacar a Cavallón durante su travesía por el territorio que dominaba el cacique, así lo hizo, ya que mediante una emboscada atacó a los españoles con la fiereza que le era característica. Sin embargo, los soldados españoles se defendieron con valentía, inclusive algunos aseguran que Cavallón y Garabito pelearon cuerpo a cuerpo; sin embargo, los españoles lograron salir del trance y marcharon a Guatemala. Hubo algunas bajas de los dos bandos: Garabito de nuevo se refugió en sus montañas.

Un nuevo capitán español, don Juan Vázquez de Coronado, Alcalde Mayor de Nicaragua, recibió la misión de continuar con la conquista de Costa Rica. Vino acompañado de 80 hombres, y se encontró con una sublevación general de los indios sometidos por Cavallón. Pero Vázquez, hombre de buen corazón, logró dominar a la mayor parte de los caciques levantiscos, solamente el Rey Huetar Garabito no hizo las paces con los españoles. Por este motivo el conquistador dio la orden de guerra sin tregua contra Garabito, el cual estaba en sus escondites, probablemente por la zona norte, el San Ramón actual, donde en la época moderna se han descubierto tumbas con numerosas evidencias de la cultura Huetar en la región.

Don Juan Vázquez de Coronado, a pesar de sus esfuerzos y de una conducta poco severa -si la relacionamos con la de otros conquistadores- hacia los indios, decidió terminar con la rebeldía de la provincia de Garabito, la más numerosa del territorio de Costa Rica. Para poder capturar al Rey Huetar, los españoles instruyeron un proceso, en el cual el jefe indio rebelde fue condenado a muerte. Garabito fue condenado en ausencia y sin defensa, hechos que le dieron al proceso las características de una total injusticia. Sin embargo, el Alcalde Mayor dio por buena la causa y envío a dos subalternos suyos, el capitán Francisco de Marmolejo y el maestro de Campo Juan del Valle, quienes con una tropa bien armada, salieron a perseguir al rey indómito Garabito.

Muchos años de lucha y sacrificio, además del peso propio de la edad, cargaba sobre sus espaldas el rey Garabito. No obstante logro mantenerse a distancia de los españoles del Valle y Marmolejo; y no solo esto, sino que cuando el hábil estratega indígena lo creyó conveniente, ataco a sus perseguidores y les propino una nueva derrota, ya que cayeron en el combate varios españoles; los jefes, instruidos al respecto por Vázquez de Coronado para no perder muchos soldados, optaron por escapar hacia Garcimuñoz. Mientras tanto, el Alcalde Mayor, quien fue nombrado por el Rey años después, adelantando a Costa Rica, estaba muy interesado en continuar su conquista y entonces decidió hacer su expedición a las tierras de los Quepos y los Coutos; dejó al mando en Garcimuñoz al Capitán Antonio (Álvarez) Pereyra.

En el año 1563 una tropa al mando del capitán Antonio Pereyra marchó nuevamente hacia los dominios del Rey Huetar, a fin de aprehenderle de ser posible. Garabito se dio cuenta, y como ya estaba viejo y no quería más encuentros, uso la táctica que en ocasión anterior había utilizado con el propio Vásquez de Coronado: un sustituto. En efecto, otro indio se ofreció a suplantarle, y se puso el penacho del jefe. Los españoles no conocían a Garabito, razón por la cual cayeron en el ardid. Pero la Cacica de los Botos -entre los indios también había mujeres jefes- se prestó para identificar a Garabito, con lo cual se descubrió la mentira. El capitán Pereyra se disgusto muchísimo y ordenó nuevos intentos para capturar al viejo cacique, pero no lo consiguió.

Los años pasaron, la conquista de Costa Rica siguió adelante y Garabito, viejo y cansado, continuó rebelde, pero ya sin voluntad ni hombres suficientes para causarle molestias a los españoles. Con los años y durante la gobernación de Alonso Anguciana, Garabito se instaló, calladamente en el Valle del Coyoche, también llamado Valle de La Cruz por los españoles. Sin embargo, alguien se dio cuenta y corrió a contárselo al Gobernador, quien de inmediato ordeno que le llevaran al viejo e indómito cacique ante su presencia. Garabito no opuso resistencia, llegó y se sometió a los españoles, incluso fue bautizado.

Luego se regresó a Coyoche, en donde vivió hasta su muerte. En este lugar hubo una población numerosa, pero al paso de los años, y por ser un lugar insano según las crónicas prácticamente desapareció el pueblo. Sin embargo, aún perdura el nombre del Rey Huetar, en el mismo sitio, que los españoles llamaron Santa Catalina de Garabito, y la leyenda ronda la muerte de los vecinos quienes señalan “el lugar donde vivió Garabito”. Así termino su vida el más indómito cacique de nuestras tierras, el Cacique Garabito.

Leyendas con respecto al indómito y noble cacique “Coyoche”

Cuenta la tradición que Garabito (Coyoche), el último cacique de los huetares, logra burlar en esa zona a los conquistadores españoles, aunque su mujer, Biriteca, es secuestrada y sus pueblos casi desaparecen.

“Se dice que por esta región vivían los indígenas huetares, cuyo valiente cacique Garabito tenía su palenque en las laderas de las estribaciones de los Montes Aguacates y que sobrevivía de la caza y pesca realizada por entre los frondosos bosques cuajados de exuberante vegetación y animales salvajes”.

El cacique de los huetares trata de proteger a su pueblo y lucha por la sobrevivencia. Escondido entre los bosques, en cuevas misteriosas, escuchando el canto de los pájaros y el fluir de los ríos, Garabito sufre su desesperanza.

“En tiempos del sucesor, Juan Vázquez de Coronado, Garabito no volvió a aparecer por las tierras centrales en forma hostil; y se dice que ubicó su palenque en la alturas del Volcán Poás o Volcán de los Botos, para confundirse con los roncos sonidos del coloso entre las nieblas de su cima. Algunos indios del Valle del Sarapiquí afirmaban que de vez en cuando se oían los gritos del cacique Garbito – gritos de desesperanza al contemplar las ubérrimas tierras ya perdidas para siempre – que se extendían retumbantes por las nubes oscuras y grisáceas de la cordillera. Pero… ¿Qué se hizo? ¿A dónde fue…? Solo se dice que al invencible cacique de Costa Rica, vencido ahora por los años y la tristeza, se lo tragó la selva de las faldas del volcán envuelto en un nimbo de leyenda.”

Dicen los campesinos que algunas veces el murmullo del viento y el susurro de las aguas imitan la queja triste del cacique y que la tierra profunda guarda, celosa, sus tesoros milenarios.

El más extenso y documentado estudio sobre Garabito es la obra de Oscar Bákit (titulada) “Garavito”, nuestra raíz perdida (1981), en la que se plantea la hipótesis de que la voz Garavito o Garabito no era el nombre personal del caudillo indígena, sino su título, y que posiblemente su forma correcta era el Guaravito, el centinela de Avito, del mismo modo que el cacique mayor de los huetares de Oriente a la llegada de los españoles recibía la denominación de El Guarco.

Fuentes de información

  • Gagini, Carlos. “Los Aborígenes de Costa Rica”.
  • Alfaro, Carlos. “Historia de Costa Rica”.
  • Gutiérrez, Juan Ramón. “Garabito, el Rey indómito”.
  • Fernández Guardia, Ricardo. “Cartilla Histórica de Costa Rica”.

Otros Caciques Indígenas

Camaquiri fue un cacique indígena de Costa Rica, posiblemente de extracción huetar, que habitaba en 1544 en la cuenca del río Suerre, hoy Reventazón, en la vertiente caribeña. Junto con otro cacique de la región, llamado Cocorí, se reunió con Diego Gutiérrez y Toledo, Gobernador de Nuevo Cartago y Costa Rica, quien los recibió amablemente. Sin embargo, el codicioso Gobernador, posiblemente inspirado en el precedente de Atahualpa y Francisco Pizarro, apresó a ambos y para devolver su libertad a Camaquiri le exigió que sus súbditos llenasen de oro un cesto de voluminosas proporciones. Sin embargo, a los pocos días, el cacique logró escapar de la cautividad, aprovechando un descuido de quienes debían custodiarlo.

El Guarco fue cacique mayor de los Huetares de Oriente. Es posible que El Guarco no fuese un nombre personal, sino la denominación de su cargo, y que significase “El Centinela de Co”. A la llegada de los españoles al valle que hoy lleva su nombre, en 1563, se estaban realizando sus funerales. Le sucedió en el cacicazgo su hijo Correque, que se bautizó con el nombre de Fernando Correque.

Fernando Correque fue cacique mayor de los Huetares de Oriente. Su nombre original era Correque. Era hijo o pariente cercano de El Guarco, al que sucedió en el cacizcago mayor. Encabezó varios movimientos contra los españoles, pero después abandonó las vecindades de Cartago para establecer su corte en Tucurrique, con muchos otros señores e hijos de señores. Posteriormente dio obediencia a la Corona y se bautizó con el nombre de Fernando Correque. El Gobernador Diego de Artieda Chirino y Uclés le otorgó la encomienda de Tucurrique.

Alonso Correque fue cacique mayor de los Huetares de Occidente a finales del siglo XVI. Era hijo o pariente cercano del cacique mayor de los Huetares de Oriente Fernando Correque, hijo a su vez del cacique mayor El Guarco.

Posiblemente con el propósito de asegurar su fidelidad a la Corona y la sumisión de sus vasallos, el Gobernador Diego de Artieda Chirino y Uclés le adjudicó la importante encomienda de Tucurrique, pueblo donde se habían asentado los principales caudillos y señores de los huetares de oriente. Esta encomienda había sido adjudicada a Pedro de Ribero por el Gobernador interino Alonso Anguiciana de Gamboa, quien carecía de facultades para tal otorgamiento. Sin embargo, en 1590, al resolver sobre una demanda judicial formulada por Ribero, el Gobernador interino y juez de comisión Juan Velásquez Ramiro de Logrosán dispuso despojar de la encomienda a Alonso Correque, sobre la base de que un cristiano nuevo no podía ser encomendero, y la devolvió al accionante. No se tienen noticias de la vida posterior de Alonso Correque.

Antonio Carebe fue un cacique del pueblo indígena de Tariaca, en la región llamada Tierra Adentro, Costa Rica, a principios del siglo XVII. Se sublevó contra la autoridad española en 1615, durante la gobernación de Juan de Mendoza y Medrano. Una fuerza encabezada por el capitán Juan de los Alas marchó a reprimir la insurrección, venció a los indígenas y apresó a Antonio Carebe. Varios indígenas fueron condenados a muerte y otros castigados severamente.

Siglo XVI

Caciques y reyes indígenas de Costa Rica mencionados en el recuento del recorrido del capitán Gil González Dávila por la vertiente del Pacífico (1522):

• Burica
• Osa
• Boto
• Coto
• Guaycará
• Alorique
• Carobareque
• Arocora
• Zaque
• Cochira
• Cob • Huétara
• Chorotega
• Gurutina
• Chomi (Chomes)
• Pocosi, Paro
• Canjén
• Nicoya
• Sapandi (Zapandí)
• Corevisí (Corobicí)
• Diriá
• Namiapí
• Orosí y
• Papagayo.

Otros Caciques

• Nambí, cacique mayor de Nicoya, bautizado como Don Alonso.
• Coaza, cacique en la cuenca del Sixaola.
• Camaquiri, cacique en Suerre.
• Cocorí, cacique en Suerre.
• Garabito, cacique mayor de los Huétares de Occidente.
• Coyoche, cacique
• Corrohore, cacique de Quepo.
• El Guarco, cacique mayor de los Huétares de Oriente.
• Correque, cacique mayor de los Huétares de Oriente, bautizado como «don Fernando Correque, señor y encomendero de Tucurrique».
• Don Alonso Correque, señor y encomendero de Tucurrique.

Caciques mencionados en el otorgamiento de encomiendas hecho en 1569 por el gobernador Pero Afán de Ribera y Gómez:

• Cacique Garabito
• Taboba, cacique de Puririce.
• Yabécar, cacique de Uxú.
• Xarcopa, cacique de Orosi.
• Boquinete y Narigueta, caciques de Aoyaque.
• Xalpas, cacique de Bexu.
• Toraba, cacique de Uru y Turriu.

Siglo XVII

• Darfima, señor de Usabarú
• Don Diego Garabito, cacique de los huétares, alcalde de Turrialba.
• Don Juan Quetapa, cacique de Parragua.
• Don Antonio Carebe, cacique de Tariaca.
• Coreneo, cacique de Tierra Adentro.

Siglo XVIII

• Pablo Presbere, cacique de Suinse.

Siglo XIX

• Chirimo, rey de Talamanca.
• Santiago Mayas, rey de Talamanca.
• Birche, rey de Talamanca.
• William Forbes, rey de Talamanca.
• Antonio Saldaña, rey de Talamanca.

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(*) FUENTE del ARTÍCULO

Blog “Cuasran”, a cuyos Gestores agradecemos tan interesante y valiosa publicación,  realizada el 27 de Julio de 2007.

ENLACE:  http://cuasran.blogspot.com/2007/07/Garabito.html

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(*) Le invitamos a leer un artículo relacionado:

“El Cacique COYOCHE”

en el siguiente ENLACE

https://marcosoto34.wordpress.com/2011/09/25/el-cacique-coyoche

CLAUDIA QUIRÓS VARGAS, su aporte a la Historia Colonial de Costa Rica y Centroamérica

MSc. CLAUDIA QUIRÓS VARGAS, Historiadora Esparzana de renombre Internacional.

Por: Elizet Payne Iglesias (*)

Revista Historia, ISSN: 1012-9790,  No. 57-58, enero-diciembre 2008. / pp. 9-20

Con una personalidad tenaz y constante, Claudia Quirós Vargas tuvo una larga trayectoria en la vida educativa de este país; tanto a nivel de primaria como de la educación superior, aunque sus aportes en la educación en general no deben desestimarse, en particular en las regiones de su interés investigativo, como lo fueron el Pacífico Central y Norte de Costa Rica.

Nacida en Heredia, pero orgullosa esparzana, desde joven, Claudia Quirós Vargas dio signos de su interés por el conocimiento y la comprensión de la historia y la sociedad. Recorrió tempranamente las viejas poblaciones y puertos coloniales, sus haciendas, ríos y caminos; conoció a su gente con quienes se identificó y llegó a formar parte de ellos. Su precoz compromiso social la llevó a formarse como maestra de educación primaria, en la región de Esparza y Puntarenas. Se graduó en 1960 como maestra, puesto en el que se desempeñó, hasta que fue nombrada directora de una escuela en Chacarita de Puntarenas. Estaba frente a esta responsabilidad cuando decidió entrar a la Universidad de Costa Rica en el Centro Regional de Occidente en San Ramón de Alajuela, ingresando al profesorado en Estudios Sociales y graduándose de Bachiller en Historia y Geografía en 1972.

Su entrada a la disciplina de la Historia se efectuó en un momento clave en la vida académica del país y de la Universidad de Costa Rica en particular, ya que se perfilaban cambios notables en los estudios históricos, gracias al aporte de destacados académicos nacionales y extranjeros recién llegados al país; entre ellos, los más reconocidos fueron Ciro Cardoso y Héctor Pérez Brignoli. De sus maestros surge su particular adhesión a la investigación económica y social −muy fuerte en sus primeros años− bajo la influencia de la Escuela de los Anales y del Materialismo Histórico.

En la Universidad de Costa Rica, obtuvo la Licenciatura en Historia en 1976 y la Maestría en Historia en 1987. Se egresó del doctorado en Historia en el año 2000 en la misma universidad y en el año 2001 realizó su pasantía doctoral en el Archivo General de Indias en Sevilla, España. Realizó investigaciones documentales en el Archivo Nacional de Costa Rica, Archivo de la Curia Metropolitana de San José, el Archivo General de Centroamérica, Archivo Diocesano de León, Archivo General de Indias y en un sinnúmero de bibliotecas nacionales y extranjeras. A partir de 1985 formó parte del Equipo de Historia Antigua y Colonial del Centro de Investigaciones Históricas de América Central (CIHAC) y fue miembro hasta su muerte en el 2006, del Consejo Científico de dicho Centro.

Sirvió como docente por muchos años de los cursos de Historia de la Cultura, Historia de las Instituciones de Costa Rica, Historia Colonial de Centroamérica con énfasis en Costa Rica, Historia Contemporánea de América Latina, Etnohistoria de los pueblos de indios de Costa Rica, Paleografía y Neografía latinoamericanas, Seminario de Realidad Nacional, Seminario de Temas Contemporáneos, Seminario de Centroamérica, Seminario de Graduación y Seminario de Cultura Popular.

En la Escuela de Historia y sobre todo en el Equipo de Etnohistoria y Colonialismo del Centro de Investigaciones Históricas de América Central, aún no hemos superado su ausencia. Todavía solemos acudir a su memoria, a sus documentos y a sus textos, para argumentar o documentar, algunas de nuestras preocupaciones y disquisiciones sobre la historia del país. También lo hacemos recurrentemente en nuestras clases de Historia Colonial de Centroamérica y Costa Rica, y Neografía Hispanoamericana con el fin de exponerles a los estudiantes los debates, investigaciones y problemas que presenta esta especialidad. Su cubículo, número 602, aún nos recuerda las prolongadas conversaciones que mantenían los estudiantes y los colegas con doña Claudia.

La maestra, investigadora y activista

En su labor como docente, investigadora y activista, Claudia Quirós Vargas pudo dilucidar la importancia de conocer el pasado para interpretar el presente o, al contrario, encontró que la comprensión del presente podía favorecer el conocimiento del pasado. Uno de los ejemplos más recientes ha sido su participación como activista en movimientos ecológicos y sociales, en los que dio su aporte desde el punto de vista documental e his­tórico-crítico. Sus trabajos más recientes revelan que la problemática ambiental era parte de su agenda investigativa.

Otro asunto notable en su discurrir histórico es que en cada uno de sus libros, artículos y ponencias, Claudia Quirós Vargas persistió en evidenciar la injusticia social que afectaba a los sectores menos favorecidos. De manera que para ella, era igualmente válido denunciar esta situación, ya sea en el siglo XVI, XVII o en el presente. Si se estudian sus escritos, estos comentarios aparecían en la introducción o bien en la conclusión de sus trabajos. Al respecto, resulta memorable la dedicatoria que hizo de su libro La era de la encomienda, en el que destacaba: “A los indígenas costarricenses, protagonistas fundamentales de nuestra historia colectiva”. (1) Un libro que a su vez entregó al “pueblo costarricense”. Precisamente, en 1990, con este libro, obtuvo el Premio Nacional de Historia “Aquileo J. Echeverría”, el cual fue producto de su tesis de Maestría, La encomienda en Costa Rica y su papel en la estructura socioeconómica colonial, 1569-1699. (2)

También incursionó y participó activamente en los debates sobre los orígenes de la identidad nacional, la que, según ella, fue el resultado de los diversos grupos étnicos, pero fue ante todo fiel defensora de las raíces indígenas como constructoras de la sociedad costarricense. Su búsqueda constante la llevó a aplicar la interdisciplinaridad. Prueba de ello fue su aproximación a la geología, la arqueología y la antropología. En el caso de la geología, sus investigaciones con el geólogo Geovanny Peraldo y sus trabajos con las antropólogas María Eugenia Bozzoli y Margarita Bolaños. Así lo afirmaba cuando escribió que:

[…] la interdisciplinariedad me ha proveído de novedosas propuestas y estrategias de investigación para arribar a una nueva forma de entender la Historia y el mundo. En primer término se destaca la posibilidad de utilizar además de las fuentes documentales, los trabajos sobre arqueología, la historia oral y el trabajo de campo”. (3)

Por lo tanto, no cabe duda que fue esta experiencia interdisciplinaria la que la acercó al trabajo de campo y a la historia oral. Fue doña Claudia una persona inquieta que, no conforme con la mera erudición, procuró la búsqueda constante de nuevas alternativas de investigación y de participación, como ella misma lo señaló. A pesar de estar aferrada al documento en sus primeros años, su época de madurez nos presenta a una Claudia Quirós Vargas un tanto alejada de la vida académica y más preocupada por la historia de las comu­nidades, caminos, puertos; pero detrás de ellos lo que buscaba era la historia de la gente.

Su aporte desde lo empírico y documental

Su primer acercamiento a la investigación histórica la lleva al Archivo Nacional de Costa Rica en 1974, año en que inicia su tesis de Licenciatura en Historia con un tema que conmemoraba los 400 años de la fundación de la ciudad de Espíritu Santo de Esparza. A partir de allí, su relación con el documento será fundamental e inseparable, por lo que inicia con rigor metodológico su acercamiento “técnico y crítico al documento” con el uso de la Paleografía y la Neografía hispanoamericanas.

En sus cursos de Paleografía y Neografía latinoamericanas, los estudiantes entraban en relación con sus primeras lecturas documentales, como las cartas de Juan Vázquez de Coronado, los padrones de pueblos de indios, los testamentos de la elite de Cartago, y hasta descripciones de enfermedades y de partos. La enseñanza no sólo estuvo en la lectura y transcripción adecuada de los documentos, sino en la exigencia y rigurosidad de conocer y elaborar una lectura crítica de la fuente; a lo que se suma su constante insistencia en el cuidado y respeto por los documentos. Pocos años más tarde, en 1996, ella reconocía la importancia de dicha documentación al asegurar que: el “documento indiano” es la base para ahondar en el conocimiento de la Época Colonial. (4) Por lo que se deduce que para ella el documento solo tiene sentido y cobra vida cuando se lee, se transcribe y se interpreta en su contexto.

Prueba de su dominio del acerbo documental fueron sus tesis de licenciatura y maestría, así como un buen número de artículos. Su habilidad como paleógrafa no ha sido superada; durante muchos años se dedicó a transcribir el primer tomo de los Protocolos Coloniales de Cartago, que datan de 1607. Aunque el documento se transcribió en su totalidad, solo han sido publicados algunos fragmentos de esta fuente tan importante.

Su legado desde la investigación

Como investigadora, sus primeros pasos inician con una crítica a la historiografía colonial tradicional, centrada hasta ese momento en biografías del grupo dominante, instituciones o aspectos jurídico-políticos, como gobernaciones, cabildos, pobladores y jurisdicciones territoriales. De manera que dio un giro notable al estudio de la historia económica y social regional de la Época Colonial, al profundizar en los orígenes de la ganadería en el Pacífico Central del país. Después de superados estos temas incursionó en el análisis de la encomienda como institución económico-social, poniendo especial énfasis en los principales sujetos involucrados: indígenas, encomenderos, comerciantes y ganaderos, criollos y españoles. Por lo tanto, con los aportes ofrecidos en los mencionados cam­pos, Claudia Quirós Vargas decide ahondar en la historia económica y social de la época colonial, durante los siglos XVI y XVII: “…sin renunciar a la perspectiva global”. (6)

Como se ha anotado, su punto de partida fue la tesis de Licenciatura en Historia, Aspectos socioeconómicos de la ciudad del Espíritu Santo de Esparza y su jurisdicción (1574-1848), (7) población a la que llamó con orgullo, “Ciudad Primada de Espíritu Santo de Esparza”. Puede afirmarse que este estudio es el que marca el camino de sus futuras investigaciones sobre la historia económica colonial, más específicamente, la historia regional y la historia de la hacienda ganadera. Otra directriz que marca su interés es que debido a la celebración ya mencionada “…como esparzana tiene la obligación de indagar en la historia de su ciudad y de restaurar el nombre de la ciudad”. (8)

Este texto constituye sin duda el primer trabajo serio sobre la historia económica y social de la región de Esparza, lo que marca un punto de partida poco explotado para el resto del país. Por diversas razones este trabajo no pudo ser publicado en su totalidad; pero muchas de las hipótesis ahí expuestas aparecen en futuros artículos, sobrepasando el ámbito regional.

Entre los años 1974-1976 Claudia Quirós Vargas llegó a convencerse de la importancia de estudiar la Época Colonial la que, señala, es la menos investigada de la historia de Costa Rica, particularmente el siglo XVII, que constituye el periodo menos conocido debido a la limitación de las fuentes y sobre todo a la dificultad de su lectura. Encontró que, en el siglo XVI, Esparza debió su fundación a sus condiciones regionales, y en particular a su ubicación en el Pacífico Central: “No hay duda que este nuevo asentamiento se hizo en función del puerto de La Caldera, porque la nueva ciudad fue la sede de funcionarios y autoridades encargadas de controlar la actividad portuaria, en cuanto a ‘registro’ y ‘despacho’ de naves, cálculo y cobro de impuestos”. (9)

Otro aspecto relevante fue el estudio de los “títulos de propiedad”, los que, en el caso de Esparza, señaló que el 97% de todas las tierras con título se destinaron a las actividades ganaderas, por lo cual surgió la economía ganadera en la región: “De manera que este apogeo de la ganadería, convirtió a nuestra región en la proveedora de carne, queso, cueros, etc. de toda la provincia y algunas poblaciones de Nicaragua como Rivas, León y Granada”. (10)

Una línea de investigación encontrada en esta tesis de licenciatura fue la conexión del valle de Bagaces y Esparza, con propietarios y ganaderos de la Villa de Nicaragua —Rivas—. Posteriormente, estas ideas las expuso en su artículo “La sociedad dominante y la economía cacaotera de Rivas, factores determinantes para el surgimiento de la ‘hacienda de campo’ en el Pacífico norte de Costa Rica: primera mitad del siglo XVIII”, publicada en Estudios Sociales Centroamericanos, en 1999. (11)

Superado el trabajo regional sobre Esparza y su jurisdicción, su labor se dirigió a mejorar los ya mencionados obstáculos que constituía el siglo XVII para la correcta comprensión de la economía y la sociedad colonial. Momento en el que plantea su tesis de maestría en Historia La encomienda en Costa Rica y su papel dentro de la estructura socioeconómica colonial: 1569-1699, que más adelante se publicó como libro: La era de la encomienda.

Este trabajo constituye el estudio más completo de la época de la encomienda a nivel de la historiografía centroamericana. Es un análisis con perspectiva global de la primera configuración colonial de Costa Rica, surgida en el contexto de la crisis de la población indígena y el consecuente deterioro de la encomienda en Centroamérica. El año 1569 marca el inicio de la institución de la encomienda en la provincia de Costa Rica y finaliza en 1695, momento en que se cita por última vez a un encomendero.

El texto tiene un invaluable aporte desde los puntos de vista económico y social, mencionaremos los más importantes. En primer lugar, la interpretación de la conquista de Costa Rica como un proceso regional centroamericano, distinguiendo entre la penetración hispana en Nicoya en la década de 1520, y la que se presentó 40 años después con la incursión de los conquistadores al Valle Central. Este proceso, lo denominó “la invención de Costa Rica y Nicoya”. De ahí que propuso la necesidad de ahondar en los estudios regionales de Centroamérica con el fin de que: “… trascienda los estrechos límites políticos contemporáneos, para emplear la perspectiva regional que adquiera mayor sentido histórico”. (12)

En segundo lugar, la autora muestra que el motor que propició la conquista del Valle Central de Costa Rica y su jurisdicción, fue la búsqueda de mano de obra indígena y cuyo resultado más importante fue la encomienda en sus dos variantes: la encomienda de servicio personal y la encomienda de tributo en especie.

En tercer lugar, en La era de la encomienda, argumenta que, al contrario de lo que se ha sostenido, el mestizaje no fue un fenómeno tan temprano en la Costa Rica colonial, sino más bien tardío, del siglo XVII. (13)

El trabajo está realizado desde la perspectiva de la historia total, ya que la autora ofrece mayor atención a la encomienda desde el punto de vista de la explotación indígena, en particular, la sometida al sistema tributario. Aunque también toma en cuenta otras formas de explotación de la mano de obra como fueron los indios alquilones, los naboríos o laboríos y los negros esclavos; tal y como lo señala seguidamente: “El indio como tributario, estuvo sometido a una diversidad de relaciones de explotación, que en lo fundamental iban orientadas a extraer productos autóctonos o a apropiarse de la mano de obra directa”. (14)

La encomienda en Costa Rica fue una institución efectiva y exitosa pero debe comprenderse en su momento y en su espacio. Esta se circunscribe en el contexto de la dramática disminución de la población tributaria y la desintegración de las comunidades, tanto en el resto del Reino de Guatemala, como en la propia Costa Rica, y en la provincia de Costa Rica perduró hasta finales del siglo XVII. A la crisis demográfica que marca el inicio de la encomienda, se suma el colapso comercial del siglo XVII en las colonias españolas, aspecto escasamente tratado en este trabajo. Las dos situaciones mencionadas fueron los principales factores que desencadenaron los conflictos entre la Corona, la Iglesia, los encomenderos y colonos, debido al reparto de la población sobreviviente, que dio pie a su vez, a la penetración de las autoridades y grupos principales en las zonas de refugio indígenas como Talamanca y las llanuras del norte.

Al mismo tiempo, Claudia Quirós Vargas pretendió elaborar una cronología del sis­tema tributario impuesto en Costa Rica; fuese este en especie, en trabajo personal o bien en dinero. Esta cronología se constituye en un punto polémico porque supone que, en la segunda mitad del siglo XVII, predominaba el tributo en servicio personal. En cambio, otros autores argumentan a favor del tributo en especie a lo largo de todo el siglo XVII. (15) En los dos casos es importante sostener que ambas formas de encomienda coexistieron en el siglo en cuestión, a pesar de que en otros ámbitos coloniales esta institución ya había desaparecido desde el siglo XVI.

En los últimos capítulos de La era de la encomienda, Claudia Quirós Vargas se dedica a mostrar la existencia de contradicciones internas entre la elite provincial, en vista del dominio sobre ciertos productos, precios y mercados. En relación con la ganadería y las propiedades del Pacífico Central y Norte de Costa Rica, hizo algunas propuestas acerca de la relación entre la elite colonial con el resto de los grupos sociales. Como ejemplo de ello, sugiere que los orígenes del campesino del Valle Central, se dieron en los primeros años del siglo XVII,(16) como resultado de la colonización agrícola en el Valle Central occidental, en medio de un proceso de diferenciación existente en el interior de los grupos. Este ha sido un aspecto sumamente importante para comprender la configuración de la sociedad colonial y la génesis de un campesinado mestizo, surgido en una sociedad desigual, pero libre.

Un buen extracto de sus principales ideas lo encontramos en un artículo publicado, en colaboración con Elizabeth Fonseca, denominado “Economía colonial y formación de las estructuras agrarias”,(17) en el que las investigadoras analizan las instituciones económicas y políticas de origen colonial y su relación con los grupos sociales y étnicos surgidos en la época.

Su artículo “Las actividades económicas de la provincia de Costa Rica, 1569-1610”,(18) constituye una de las primeras incursiones al estudio del capital que dio origen a las actividades económicas de la elite de Cartago. Por lo que concluye que este capital se consolidó sobre la base del tributo en especie y su consecuente comercialización en manos de unos pocos encomenderos. De ahí que afirma: “El tributo en especie y su comercialización constituyen la fuerza motriz de la economía colonial”.(19) Desde esta perspectiva es evidente que, tanto la comercialización del tributo en especie, como la exportación de mulas hacia Panamá, constituyeron la base material para el ascenso de un sector social dominante constituido por un círculo reducido de familias “encomenderas”. Así mismo, encuentra que fue el Valle Central de Costa Rica el primer polo dinámico de la economía provincial.(20)

Esta autora procuró también el diálogo interdisciplinario que gestó con otras áreas de la docencia y la investigación, lo que derivó en aportes significativos. Entre ellos, su estudio sobre la sismicidad histórica en Centroamérica, proyecto realizado por la Escue­la Centroamericana de Geología y el Instituto Panamericano de Geografía e Historia, producto del cual publicó un artículo en la revista Reflexiones: “Un encuentro entre la geología y la historia colonial”.(21) Entre sus objetivos estaba buscar la recurrencia, origen y procesos generadores de los eventos sísmicos de mayor impacto en la región, tomar medidas preventivas, así como elaborar un Catálogo Sísmico de Centroamérica y un Catálogo Sísmico de Costa Rica (1608-1910).

Este proyecto, según sus propias palabras, representa un acercamiento de los historiadores con los geólogos: “La Historia y los historiadores aportaron los instrumentos necesarios para un enfoque retrospectivo, no tradicional, de la sismología, abriéndose una importante brecha y una gama de posibilidades a los científicos interesados por el estudio de los terremotos y los problemas sociales que estos originan”.(22) La geología usa las evidencias no tradicionales, en este caso, los fondos documentales, códices, pergaminos, gacetas, periódicos, crónicas, testimonios orales, etc. Con la sismicidad histórica surgió una nueva alternativa de investigación que vinculaba la investigación con el compromiso social, porque aseguraba que era la sociedad la “…protagonista del drama que genera cada terremoto o cada evento sísmico”.(23)

La interpretación de una historiadora que ha llegado a su madurez académica, es notable en sus artículos de finales de los años 1990 y principios del siglo XXI. Entre ellos, el significativo análisis de “Las cofradías indígenas en Nicoya”,24 en el que destaca la importancia de las cofradías desde el punto de vista económico y religioso. En este artículo devela su preocupación por investigar la ganadería en la Época Colonial, problemática que ya había elaborado en 1976. La ganadería en las cofradías indígenas de Nicoya:

 […] tuvo éxito a pesar de la matanza indiscriminada de vacas y terneros para obtener sebo. Contradictoriamente, las cofradías indígenas, por medio de arrendamientos a parti­culares de ganado mixto de las propias cofradías, contribuyeron al desarrollo de la ganadería, elemento fundamental en la contribución de la guanacastequidad que ha persistido hasta el presente”.(25)

Otros temas estudiados por ella y enmarcados dentro del sistema de explotación de la encomienda, fueron los que se refieren a la violencia comunal. En su artículo “La violencia comunal en el pueblo indígena San Juan Evangelista de Tobosi: juicio criminal por ‘filicidio’ contra Catalina Pérez 1781”,(26) denuncia las injusticias cometidas en contra de las comunidades indígenas por parte de las autoridades españolas. También la situación refleja el deterioro de las comunidades y la desintegración familiar, siempre dentro del contexto de la sobreexplotación de la mano de obra por parte de los encomenderos, comerciantes, ganaderos y propietarios. Para analizar dicho suceso recurre a la psicología social y al término “violencia estructural”. Llama la atención de que, hace una relación entre la violencia que vive la Costa Rica actual con la del pasado. En ambas no había más que grupos excluidos, sometidos a la violencia “estructural”.

Desde la Historia Regional, Claudia Quirós Vargas llevó a cabo las primeras publicaciones sobre la relación entre la economía ganadera de Nicaragua y de Nicoya. En especial su trabajo “La sociedad dominante y la economía cacaotera de Rivas, factores determinantes para el surgimiento de la ‘hacienda de campo’ en el Pacífico Norte costarricense: primera mitad del siglo XVIII”, publicado en 1999.(27) En este sentido la autora se sale de lo estrictamente local y regional para buscar explicaciones fuera de lo que hoy son los límites convencionales y políticos entre ambos países.

Superando el ámbito colonial, pero demostrando su preocupación por construir una historia comprometida con el país y con sectores populares, publicó el libro Los Tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas –de junio 1948 a noviembre de 1949–,(28) en el que manifiesta su obra social: “En mi opinión, ser historiadora implica para mí un compromiso con la sociedad y sus problemas, ya que, además de reconstruir el pasado para comprender el presente, mi mayor responsabilidad es contribuir al establecimiento de una sociedad más justa”.(29) El libro es una denuncia a la corrupción que se presentó internamente en los propios Tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas, después de la Guerra Civil de 1948.

Uno de sus últimos trabajos lo realizó junto con Carmela Velásquez y la autora de esta reseña, sobre las redes familiares vascas en Costa Rica.(30) En este trabajo su papel fue analizar la función del capital vasco en la constitución de las principales haciendas del Pacífico de Costa Rica como Miravalles, Tenorio, Paso Hondo, Las Cañas, Maderos Negros, San Francisco Higuerón y Chome, entre otras. El trabajo fue realizado con el Dr. Jean Phillipe Priotti y se presentó en el Première Reencontré avec le Mexique Histoire, Littérature et Cultura, Boulogne-sur-mer, Francia.(31)

Con su proyecto de tesis doctoral Los procesos de formación social y de identidad regional en el Pacífico Norte, orígenes y desarrollo de la sociedad guanacasteca: 1554-1848, Claudia Quirós Vargas asumió nuevamente el reto de continuar investigando acerca de la hacienda ganadera, concentrándose esta vez en la provincia de Guanacaste. En la propuesta señala la importancia que las elites de Granada y Rivas tuvieron en la consolidación de la ganadería y la sociedad guanacasteca. Procura darle coherencia al surgimiento de la hacienda ganadera, con base en la influencia nicaragüense, razón por la cual en Guanacaste la hacienda tuvo un origen más tardío si se compara con la del país vecino. Se pregunta ¿Por qué surgió tardíamente?, ¿Cómo se dio el proceso de apropiación de tierras?, ¿Cuál fue el papel de la elite rivense en el acaparamiento de tierras en el Pacífico Norte de Costa Rica y Nicoya?

Con su particular empeño dejó escritos los cinco capítulos de su tesis doctoral y varios trabajos de investigación. Entre los más interesantes están los que llevó a cabo con el Dr. Víctor Hugo Acuña en sus seminarios doctorales: “Braulio Carrillo: entre la conformación del Estado costarricense y el protonacionalismo gubernamental: 1835-1842” y “La lógica de la anexión del partido de Nicoya al Estado costarricense”. Sus interesantes preguntas y problemas investigativos los mostró también en el seminario del Dr. Carlos Granados Chaverri en los que realizó: “La configuración territorial de la provincia de Guanacaste: 1524-1840” y “El puerto de Puntarenas: ¿Un islote de arenas en 1840?

En suma, doña Claudia ha logrado desentrañar el papel de las redes sociales en Costa Rica colonial y su relación con otras elites centroamericanas, especialmente las que procedían de Nicaragua. Estas redes regionales fueron las que trasladaron a este territorio la tradición arquitectónica de la “hacienda de campo”, tan frecuente en Nicaragua.

Su obra póstuma salió en colaboración con el colega Juan Carlos Solórzano, Costa Rica en el siglo XVI. Descubrimiento, exploración y conquista,(32) en donde su participación consistió en el análisis de la conquista, la invención de Nicoya y su papel en la dominación del Valle Central de Costa Rica. Esta obra es la culminación del trabajo que por muchos años ambos autores habían realizado. El libro venía siendo preparado por los autores desde hace muchos años, pero tenía una “especie de destino extraño”: es presentado como un obituario en homenaje a doña Claudia que fue escrito por el director de la Escuela de Historia, Francisco Enríquez Solano, sin embargo, en nuestra opinión debería contener dos obituarios: el que merece nuestro querido y recordado colega Paulino González Villalobos, fallecido hace muchos años y a quien iría dedicado este libro, ya que en el equipo nos referíamos a este texto como “el libro de Paulino”, si no se nos hubiera presentado la lamentable y repentina pérdida de doña Claudia.

Finalmente, el gran complemento de su trabajo empírico fue su labor de campo; buscando caminos, ciudades y puertos. También rescatando el papel de la gente y de las comunidades en la creación y en la recuperación de su propia historia. Las mejores pruebas de su contribución a la historia de las comunidades fueron la tradición de la cabalgata de Cañas, los homenajes que año tras año se llevan a cabo en memoria del líder campesino Gil Tablada y la recuperación material e inmaterial del Camino del Arreo.

Con este último se ha ido construyendo una importante memoria local y regional, digna de pervivir y de llevar su nombre en homenaje. Para ella, dicho camino es “…uno de los elementos culturales que en mayor grado ha contribuido a forjar la identidad guanacasteca”,(33) argumento con el cual propuso un proyecto de investigación para declararlo patrimonio histórico-cultural de los costarricenses. A raíz de esta propuesta se realizó la Primera Cabalgata de la guanacastequidad, el domingo 11 de mayo de 1997,34 actividad que se ha convertido en una tradición importante en la ciudad de Cañas y de las haciendas localizadas en las cercanías, en el año 2007 se celebraron los 10 años.

Ella fue Claudia Quirós Vargas, maestra, historiadora, activista y amiga. Con su ejemplo nos enseñó cómo traspasar veredas y barreras, caminos de polvo y lodo, calores agobiantes, vados peligrosos; pero a su vez, nos enseñó a sonreír ante el vuelo de una mariposa, el olor de una flor silvestre en el Camino del Arreo o una mula reposando al mediodía bajo un árbol de Guanacaste. Así lo señaló años atrás:

De esta forma he logrado vivir y disfrutar la Historia, en la medida que esta nueva estrategia [se refiere al trabajo de campo], implicó compartir la fatigosa pero necesaria labor en archivo u oficina, con el trabajo de campo, tanto para las entrevistas como para el reconocimiento de sitios y lugares”.(35)

Con todo lo indicado anteriormente, Claudia Quirós Vargas es la personificación de la universitaria por excelencia. En su prolífico quehacer a lo largo de sus años en la Universidad de Costa Rica, confluyen los máximos principios de esta institución; la docencia, la investigación y la acción social. A estos hacíamos referencia una mañana de abril de 2007, con un grupo de historiadores, cuando la colega Mariana Campos nos recordaba que tales propósitos universitarios los cumplió a cabalidad Claudia Quirós Vargas. Como docente formó varias generaciones de estudiantes entre los que impregnó su amplio sentido crítico a favor de las causas sociales y ecológicas, por lo que explotó el campo de la acción social. También como docente e investigadora supo ganarse un sitio como autoridad en los diversos campos del quehacer académico y social.

De manera que, no podemos reducir a doña Claudia a ser catalogada como una mera especialista en la Historia Colonial de Costa Rica. Es más que eso, ella representó mucho más de lo que aquí hemos intentado esbozar, por lo que si hemos hecho omisión de algún aspecto de su recorrido personal y académico, sea esto comprensible.

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Bibliografía

Fonseca, Elizabeth y Quirós Claudia, Economía colonial y formación de las estructuras agrarias (San José, Costa Rica: Cátedra de Historia de las Instituciones de Costa Rica, Universidad de Costa Rica, 1993).

Quirós Vargas, Claudia, Aspectos socioeconómicos de la ciudad de Espíritu Santo de Esparza y su jurisdicción (1574-1848) (Tesis de licenciatura en Historia, Universidad de Costa Rica, 1976).

Quirós Vargas, Claudia, “Consecuencias socioeconómicas de las Reformas Borbónicas en un pueblo de indios: el caso de Cot”, Vínculos (Costa Rica) 7, n. 7 (1981).

Quirós Vargas, Claudia, “Dialéctica entre ciudad-conquistador durante el siglo XVI en Costa Rica”, Avances de investigación, No. 34, (Centro de Investigaciones Históricas, UCR, 1987).

Quirós Vargas, Claudia, El diezmo en la Diócesis de Nicaragua y Costa Rica. Sus posibilidades como fuente histórica, (sin publicar) (s.f.).

Quirós Vargas, Claudia, “El mestizaje durante el siglo XVIII: Consideraciones para comprender la génesis del campesinado del Valle Central”, en: Costa Rica colonial (San José, Costa Rica: Editorial Guayacán, 1986): 61-78.

Quirós Vargas, Claudia, “El protocolo del escribano público y de gobernación, Manuel de Flores y Juárez (1629-1630), Revista del Archivo Nacional (Costa Rica) 1-12 (1992).

Quirós Vargas, Claudia, “El tributo encomendado de los indígenas del Valle Central: fuente fun­damental de explotación colonial. Siglos XVI y XVII”, Revista de Ciencias Sociales, Edición Especial (Costa Rica) 2 (1985).

Quirós Vargas, Claudia, La encomienda en Costa Rica y su papel dentro de la estructura socioeconómica colonial: 1569-1699 (Tesis de posgrado en Historia, Universidad de Costa Rica, 1987).

Quirós Vargas, Claudia, La era de la encomienda (San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1990).

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Quirós Vargas, Claudia, “La sociedad dominante y la economía cacaotera de Rivas, factores determinantes para el surgimiento de la ‘hacienda de campo’ en el Pacífico norte costarricense: primera mitad del siglo XVIII”, Estudios Sociales Centroamericanos, 25, n. 2 (1999): 49-71.

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Quirós Vargas, Claudia y Bolaños Margarita, “Las tierras comunales indígenas y la política liberal agraria. El caso de Cot: 1812-1890”, Revista de Ciencias Sociales (Costa Rica), Edición Especial, 1 (1984).

Quirós Vargas, Claudia, Los Tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas: de junio de 1948 a noviembre de 1949 (San José, Costa Rica: Editorial Costa Rica, 1989).

Quirós Vargas, Claudia, Padrón de diezmos, Serie Bibliografía y documentación (CIHAC, Universidad de Costa Rica, 1995).

Quirós Vargas, Claudia, “Primera cabalgata de la guanacastequidad pro reivindicación del Camino del Arreo”, Actualidades del CIHAC (Costa Rica), año 3, n.8 (1997): 4.

Quirós Vargas, Claudia, “Un encuentro entre la Geología y la Historia colonial”, Reflexiones (Costa Rica) 1 (agosto, 1992): 23-26.

Quirós Vargas, Claudia y Bolaños Margarita, “Una reinterpretación del origen de la dominación colonial española en Costa Rica: 1510-1569”, Anuario de Estudios Sociales Centroamericanos (Costa Rica) 15, Fascículo1 (1989): 29-47.

Quirós Vargas, Claudia, “Violencia comunal en el pueblo indígena San Juan Evangelista de Tobosi: juicio criminal por filicidio contra Catalina Pérez, 1781”, Reflexiones (Costa Rica) 57 (1997): 13-24.

Quirós Vargas, Claudia, Velásquez Carmela y Payne Elizet, “Los vascos en la provincia de Costa Rica. Análisis de su posición social, económica y mentalidad colectiva. Siglos XVII y XVIII”, Revista del Archivo Nacional (Costa Rica) 1-2 (enero-diciembre 2004): 117-139.

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Notas:

1. Claudia Quirós Vargas, La era de la encomienda (San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1990).

2. Claudia Quirós Vargas, La encomienda en Costa Rica y su papel en la estructura socioeconómica colonial, 1569-1699 (Tesis de Maestría en Historia, Universidad de Costa Rica, 1987).

3. Claudia Quirós Vargas, La era de la encomienda

4. Claudia Quirós Vargas, “La historiografía costarricense durante los siglos XVI y XVII”, Revista de Historia (Costa Rica) Número Especial (1996): 27.

5. Archivo Nacional de Costa Rica, Protocolo de Cartago, N. 803 y Revista del Archivo Nacional (Costa Rica) (enero-diciembre, 1992): 67-132.

6. Claudia Quirós Vargas, La era de la encomienda

7. Claudia Quirós Vargas, Aspectos socioeconómicos de la ciudad de Espíritu Santo de Esparza y su jurisdicción (1576-1848) (Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad de Costa Rica 1976).

8. Ibid.

9. Ibid., 345.

10. Ibid.20 Revista Historia, ISSN: 1012-9790, No. 57-58, enero-diciembre 2008. / pp. 9-20

11. Claudia Quirós Vargas, “La sociedad dominante y la economía cacaotera de Rivas, factores determinantes para el surgimiento de la ‘hacienda de campo’ en el Pacífico norte costarricense: primera mitad del siglo XVIII”, Estudios Sociales Centroamericanos, 25, 2 (1999): 49-71.

12. Ibid., 249.

13. Ibid., 249-252.

14. Ibid., 131.

15. Cf. Luis Fernando Sibaja, “La encomienda de tributo en el Valle Central de Costa Rica (1569-1683)” en: Costa Rica colonial: tres ensayos (Costa Rica: Programa Centroamericano de Ciencias Sociales del CSUCA, 1984).

16. Quirós Vargas, La era de la encomienda…, 274.

17. Elizabeth Fonseca y Claudia Quirós, “Economía colonial y formación de las estructuras agrarias”, Cátedra de Historia de las Instituciones de Costa Rica (San José Costa Rica, Universidad de Costa Rica, 1994).

18. Claudia Quirós Vargas, “Las actividades económicas de la provincia de Costa Rica. 1569-1610”, Revista de Historia (Costa Rica) 15 (enero-junio, 1987): 45.

19. Ibid., 47.

20. Ibid.

21. Claudia Quirós Vargas, “Un encuentro entre la geología y la historia colonial”, Reflexiones (Costa Rica) 1 (agosto, 1992): 23-26.

22. Ibid., 25.

23. Ibid.

24. Claudia Quirós Vargas, “Las cofradías indígenas en Nicoya”, Revista de Historia (Costa Rica) 36 (julio-diciembre, 1997): 37-77.

25. Ibid.

26. Quirós Vargas, “La violencia comunal en el pueblo indígena San Juan Evangelista de Tobosi: juicio criminal por ‘fili­cidio’ contra Catalina Pérez, 1781”, Reflexiones (Costa Rica) 57 (abril, 1997): 13-24.

27. Claudia Quirós Vargas, La sociedad dominante, 49-71.

28. Claudia Quirós Vargas, Los Tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas (de junio de 1948 a noviembre de 1949) (San José, Costa Rica: Editorial Costa Rica, 1989).

29. Ibid., 14.

30. Claudia Quirós Vargas, Carmela Velásquez y Elizet Payne, “Los vascos en la provincia de Costa Rica. Análisis de su posición social, económica y mentalidad colectiva. Siglos XVII y XVIII”, Revista del Archivo Nacional (Costa Rica) 1-2 (enero-diciembre, 2004): 11-139.

31. Première Reencontré avec le Mexique Histoire, Littérature et Cultura, Boulogne-sur-mer, Francia, (noviembre, 2000).

32. Juan Carlos Solórzano Fonseca y Claudia Quirós, Costa Rica en el siglo XVI. Descubrimiento, exploración y conquista (San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2006).

33. Claudia Quirós Vargas, “Primera cabalgata de la guanacastequidad, pro reivindicación del Camino del Arreo”, Actualidades del CIHAC, Universidad de Costa Rica, año 3, n. 8 (1997):1-2.

34. Ibid., 3.

35. Quirós Vargas, La historiografía…

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(*) Elizet Payne Iglesias. Doctora en Historia por la Universidad de Costa Rica, profesora de la Escuela de Historia e investigadora del Centro de Investigaciones Históricas de América Central, de la Universidad de Costa Rica (CIHAC). Correo electrónico: epaynei@yahoo.com.mx

FUENTE: Revista Historia, ISSN: 1012-9790, No. 57-58, enero-diciembre 2008. / pp. 9-20

http://www.latindex.ucr.ac.cr/hst003/hst003-01.pdf

Fotografía: Cortesía de la Folclorista Prof. Sonia Ligia Quirós Vargas. Restauración: Marco Fco.·. Soto Ramírez, Cultor Popular Tradicional, Gestor del Blog “ESPARZA MÍA…”

El Cacique COYOCHE

Cacique Garabito del Escultor Gibran Jalil Tabash González (Pérez Zeledón)

Cacique Garabito del Escultor Gibran Jalil Tabash González (Pérez Zeledón)

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Coyoche fue un rey indígena de Costa Rica en el decenio de 1560, al que a veces se confunde con el rey Garabito, a pesar de que se trata de dos personajes muy diferentes y de que sus respectivos pueblos pertenecían a dos grupos culturales distintos: el de Coyoche al área cultural de Mesoamérica y el de Garabito a la llamada Área intermedia.

Aunque no se tiene conocimiento del significado original en chorotega del nombre de Coyoche, es posible que guardara alguna correspondencia con el término náhuatl coyuchi o coyoíchcatl, “del color del coyote”, que también identifica a un tipo de algodón de color castaño. Dado que en la lengua chorotega no existían las vocales e y o, es posible que el nombre del rey fuese Cuyuchi y que la forma Coyoche fuera una españolización.

En el decenio de 1560 el rey Coyoche fue uno de los monarcas indígenas que ofrecieron resistencia a los españoles, posiblemente porque fue uno de los primeros en enfrentarse con sus agresiones. A principios de 1561, cuando llegó a Costa Rica el conquistador Juan de Cavallón y Arboleda, su lugarteniente Antonio Álvarez Pereyra hizo una incursión a los dominios de Coyoche, capturó a éste y lo llevó prisionero al campamento español, a donde tuvieron que llegar sus súbditos a prestar servicios a los conquistadores. Posteriormente logró recuperar la libertad y enfrentarse con los españoles. En un documento de 1563 se dice que el Alcalde Mayor Juan Vázquez de Coronado “… despachó sus caudillos y capitanes para los caciques Garavito y Coyoche… por se haber alzado y rebelado y ser cosa importantísima que los dichos caciques estuviesen de paz, para la quietud y sosiego de la tierra”.

Según indica Oscar Bákit en su obra Garavito, nuestra raíz perdida (1981), los dominios de Coyoche se ubicaban en la costa del Pacífico, entre los ríos Jesús María y Grande de Tárcoles, al sudeste del reino de Gurutina. Este autor identifica a Coyoche con el rey mencionado en el itinerario de la expedición de Gil González Dávila (1522) con el nombre de Chorotega, que dio a los españoles oro por la importante suma de 4708 pesos y 4 tomines y en cuyos dominios se bautizaronk477 personas. Sin embargo, por los cuarenta años transcurridos entre la expedición de González Dávila y la de Cavallón es más posible que el rey Chorotega fuese un monarca anterior a Coyoche. Carlos Molina Montes de Oca, en Garcimuñoz, la ciudad que nunca murió (1993), indica la posible identidad entre Coyoche y el rey de lengua mangue que en 1563 se encontraba cautivo de los reyes huetares de Pacaca junto con sus escasos súbditos sobrevivientes, y a quien el Alcalde Mayor Juan Vázquez de Coronado liberó y devolvió a su antiguo asiento en la región de Chorotega, en la costa del Pacífico.

Bibliografía

  • Bákit, Oscar, Garavito, nuestra raíz perdida (San José, Jiménez & Tanzi, 1a. ed., 1981).
  • Molina Montes de Oca, Carlos, Garcimuñoz, la ciudad que nunca murió, San José, EUNED, 1993.

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FUENTE: Wikipedia, La Enciclopedia Libre:http://es.wikipedia.org/wiki/Coyoche

Fotografía: http://www.perezzeledon.net/

La VIOLENCIA COMUNAL en el PUEBLO INDIGENA de SAN JUAN EVANGELISTA de TOBOSI: Juicio Criminal por “FILICIDIO” contra CATALINA PEREZ, 1781

MSc. CLAUDIA QUIRÓS VARGAS, Historiadora

Por: Claudia Quirós Vargas (*)

(Nota del Blog ESPARZA MIA…: Paulatinamente, iremos rescatando y publicando artículos escritos por nuestra apreciada y recordada Historiadora, relativos, no solamente a nuestro Terruño, sino a América Latina en general).

RESUMEN

Con el presente estudio intentamos evidenciar que durante el siglo XVIII costarricense, y al interno de los pueblos indios, éstos protagonizaron entre otros, un tipo diferente de violencia, obviamente configurada durante dicho siglo por factores internos y externos, la cual hemos conceptualizado como violencia comunal.

De lo anterior deducimos que la violencia no es un problema exclusivo de las sociedades contemporáneas, aunque si es necesario destacar que el estudio de la violencia como problema social contemporáneo, ha sido abordado con gran propiedad por sociólogos y psicólogos, cuyo aporte teórico ha sido fundamental para nuestro trabajo, particularmente el concepto de “violencia estructural“, mismo que no ha permitido analizar la violencia comunal desencadenada en 1781 al interior del pueblo indígena de San Juan Evangelista de Tobosí, contra Catalina Pérez, a quien le siguieron un juicio criminal por filicidio, por haber dado muerte de una paliza a su hijo José Pascual de 12 años.

Aunque en el presente estudio abordamos los fenómenos de violencia comunal, a partir del análisis de caso, estimamos que tanto los procesos reales que causaron el infortunio de nuestra protagonista, como el desarrollo del juicio criminal contra ésta y la sentencia correspondiente, son susceptibles de generalizar entre los demás pueblos indígenas costarricenses asentados en el Valle Central durante el Siglo XVIII, que eventualmente afrontarán una situación, como la que nos ocupará en este trabajo.

Desde esta perspectiva es imprescindible reseñar algunos antecedentes relativos a la segunda configuración colonial de las Indias, destacando que con el ascenso de la dinastía borbónica a la corona española, se abrió una nueva era para las sociedades hispanoamericanas.

Lo anterior se evidencia, con las disposiciones iniciales efectivamente orientadas a retomar las colonial de ultramar a efecto de rentabilizar las economías coloniales, a partir de los abundantes recursos naturales existentes en Indias, que en las circunstancias históricas incluían a la población indígena. En coherencia con estos objetivos fueron suprimidas las encomiendas, lo cual, por un lado contrarrestó, el poder de los encomenderos, y por el otro posibilitó la subordinación directa de los pueblos de indios a la Corona, facilitando el control de sus actividades productivas por medio de un régimen tributario más efectivo. Lo cual es ostensible en la revitalización de las formas comunales y la adaptación de mecanismos de control político-religioso más eficaces: se replanteó la organización del cabildo indígena con mayor número de miembros (alcalde, regidores, mayor y menor, alguacil, escribano y mayordomo de comunidad) (municipal Cot, No.254, 1817: folio 1v) propiciando una estructura jurídica local con mayor capacidad de iniciativa y ejecución inclusive de castigar en la picota a cualquier miembro de la comunidad, abriéndose un peligroso espacio legal a la violencia comunal.

Complementariamente se oficializó la tenencia de las tierras comunales al concederle a cada pueblo su correspondiente Título Real, mismas que serían administradas directamente por cada cabildo (Cartago, No.2512, 1814, folios: 5-9 v.). Estas medidas le imprimieron mayor dinamismo a la comunidad y nuevas posibilidades en las actividades productivas, incrementando las rentas de las Cajas Comunales que aseguraban el pago del tributo a la Corona, la “ración” del fraile doctrinero y los fondos para los gastos comunales. Empero la política fiscal de la Corona, generó importantes modificaciones y contradicciones a la estructura tributaria: en 1739, la Audiencia dispuso que tributario y tributaria eran únicamente los y las que habían contraído matrimonio, los miembros del Cabildo fueron eximido de tributar, se aplicó el tributo mixto (dinero y especie de varios productos, incluyendo aquellos inexistentes en la comunidad) y se instauró un nuevo impuesto para la Armada de Granada (Cartago No. 428, 1740, folios: 1-5v.).

A partir de 1758 se resolvió que sólo a los varones de 18 a 50 años, sin distinción de su estado civil, les corresponderían tributar (Cartago, No.532, 1758, folios: 1.14v.).

A finales del siglo XVIII se evidenció el proceso de transformación protagonizado por las comunidades indígenas, que por lo demás mostraban las contradicciones del reformismo borbónico: en primer lugar las modificaciones del régimen tributario alteraron profundamente la organización productiva, y con ello a la estructura familiar y comunal: liberar del pago de tributo a los integrantes del cabildo, implicó la ruptura del sentido de comunidad; porque se creó un sector privilegiado al interior de cada comunidad, convirtiendo el cabildo indígena en una institución político-represiva local, cuyos integrantes devinieron en una verdadera élite al contar con el apoyo de los frailes doctrineros, quienes intimidados por la expulsión de los jesuitas asumieron una posición de encubrimiento y colaboración con las autoridades civiles.

De otro lado, mediante la acción del gobierno local (indígena) y su pleno control sobre las tierras comunales, se diversificó e incrementó la producción comunal, tanto agrícola como artesanal. Situación que aunada a otros factores contribuyó a fortalecer la identidad comunal y a reafirmar el sentido de pertenencia entre los indígenas de cada pueblo reducido.

Contradictoriamente, la exigencia tributaria en dinero o productos inexistentes en los pueblos, además de diversificar e incrementar la economía indígena, supuso la desviación de la fuerza de trabajo de los varones, en la búsqueda de sal, miel, cera, etc., dando pie a la desintegración familiar. La demanda tributaria de dinero en efectivo, el que obviamente era casi inexistente en las comunidades indígenas, coadyuvó a que el tributario fuera explotado por el sistema del peonaje por deudas, y también contribuyó a la desintegración familiar y comunal.

A pesar de estos vaivenes protagonizados por las sociedades indígenas durante el Siglo XVIII, se percibe un leve aumento poblacional, lamentablemente interrumpido por situaciones coyunturales como epidemias y catástrofes naturales, que irremediablemente causan hambruna entre los sectores empobrecidos de cualquier sociedad. Sin lugar a dudas, y pese al reformismo borbónico, la pobreza y en consecuencia la imposibilidad de satisfacer las necesidades básicas, constituyeron la cotidianidad de muchos pueblos de indios durante el Siglo XVIII. Las circunstancias más tensas de esta cotidianidad, obviamente determinaron la desintegración y el surgimiento de la violencia, tanto familiar como comunal. Esta es la situación existente, en 1781, en San Juan Evangelista de Tobosí, pueblo indígena tributario de la Corona, aledaño a la Ciudad de Cartago.

Esta comunidad concluyó el Siglo XVII con una población de 50 vecinos (22 adultos y 28 menores) que integraban 12 familias (Cartago No.943, 1699: folios 59-62 v.).

En el siglo XVIII se inició en Tobosí con una población de 29 familias (Fernández, 1976:144). En 1747 se comunicó a las autoridades de la Audiencia que había un total de 83 vecinos asentados en los pueblos de Tobosí, Cot y Quircot (Fernández 1907:369). El padrón de Tobosí, correspondiente a 1776 reportó un total de 102 personas (71 adultos y 31 menos) distribuidas en veinte familias (Complementario No.3623, 1776: folios 1-1 v.). En 1771 fue azotado el Valle Central por una plaga de chapulines que arrasó con todos los cultivos (Bolaños y Quirós, 1981:13); y como reseñaremos más adelante, aún 10 años después no se habían recuperado las actividades agrícolas. Unos años antes de la declaratoria independentista, Tobosí contaba con un vecindario de 177 personas (Fernández, 1976:237).

En el marco de estos antecedentes y con base en la información obtenida del juicio criminal contra la indígena Catalina Pérez, natural y vecina del pueblo de Tobosí, por haberle dado muerte a su hijo Joseph Pascual, un niño de 12 años, nos interesa comprobar:

1) Que la violencia social no es un problema que se generó en las sociedades contemporáneas.

2) Que en las comunidades indígenas costarricenses del Siglo XVIII, existió la violencia familiar y comunal, y en su contexto se agredió brutalmente a las mujeres y a los niños.

3) Que en situaciones coyunturales de crisis (catástrofes naturales, epidemias y hambrunas), ayer como hoy, la violencia se desencadena con mayor fuerza y dramatismo entre los sectores sociales marginados y empobrecidos.

El concepto de “violencia estructural“, ha sido fundamental para orientar el análisis de este caso, el cual se define como:

Todas aquellas expresiones de la violencia que tienen su origen en las estructuras económicas, políticas y culturales propias de una sociedad determinada y que suelen caracterizarse porque la violencia ejercida sobre individuos y grupos adopta una cualidad impersonal, ya que es el resultado del funcionamiento de las instituciones que conforman la estructura de esa sociedad” (Solano 1996:35).

Con el propósito de verificar si esta definición de “violencia estructural” puede adaptarse al contexto de un caso de violencia comunal ocurrido hace 215 años en un pueblo indígena costarricense, procederemos a resumir la información del juicio contenido en un expediente de 19 folios, parte del patrimonio documental de los costarricenses que resguarda el Archivo Nacional, clasificado en la Serie Complementario Colonial con el No.6440, correspondiente a 1781. Al final de esta síntesis, destacaremos las manifestaciones, que de acuerdo a la definición de “violencia estructural“, pueden extraerse de este juicio.

En la mañana del 5 de agosto de 1781 fue interrumpida la cotidianidad de la vieja metrópoli cartaginesa con la llegada hasta la Plaza Mayor de una comitiva de indígenas procedentes del pueblo San Juan Evangelista de Tobosí. Dicho cortejo a la cabeza del Alcalde, quien junto con “otros vecinos principales” traían amarrada a la indígena Catalina Pérez, a la vez que portaban el cadáver de su hijo Joseph Pascual, quienes se presentaron ante el Gobernador para denunciar a Catalina del delito de filicidio porque:

…havia dado muerte a su hijo castigandolo colgado de una viga; y que parecía segun havian observado que lo havia quebrado por el espinazo” (Complementario No.6640, 1781: folio 1).

De inmediato se inició el juicio criminal contra Catalina Pérez para lo cual se dispuso, por parte del Gobernador que compareciera don Gregorio García, único profesor de cirugía residente en Cartago, para que “bajo juramento” reconociera el cadáver del niño, y dictaminara la causa de su muerte. Lo cual realizó éste en presencia del Gobernador y el Escribano, manifestando que:

…hallo todo su cuerpo acardenalado y molido a golpes de coyunda o reata torsida. Que el espinazo lo tenía partido por la cintura, que demostrava haverse quebrado por alguna ligadura que se conocia en redondo, y puedo ser de haverlo colgado por alli. Sobre el sentido derecho, como tres dedos detras de la oreja tenia un golpe que abrio llaga, el cual solo sin los antecedentes antes dicho, era suficiente para la muerte que experimentó” (Op. Cit: folios 1-2).

En vista de este dictamen se dispuso asegurar a la acusada en las Reales Cárceles del Cabildo, y que se iniciara la indagación de los testigos; quienes a partir del 6 de agosto comparecieron ante el Gobernador y el Escribano, y “bajo juramento por Dios nuestro Señor y una Santa Cruz según derecho“, declararon 10 indígenas de Tobosí, de los cuales ninguno sabía leer ni firmar.

El primero en declarar fue el Alcalde de 28 años, Miguel Bernardino Medina, detallando que pocos días atrás su suegro había denunciado a Joseph Pascual por haberle “robado” unas cañas.

Agregó que él habló con la madre del niño para que “lo recombiniera y pagara el daño“, pero éste reincidió y al ponerle nuevas quejas a Catalina, ella se llenó de soberbia. Por la noche de ese mismo día (3 de agosto), como era costumbre, se reunió el cabildo con el resto de la comunidad y el doctrinero, para rezar el rosario; como notaron que no había asistido Catalina con sus hijos, enviaron al Regidor Menor para que averiguara el motivo de dicha ausencia, y “acavara de determinar sobre el robo de caña”.

El Alcalde prosiguió su declaración, explicando que el Regidor volvió con Catalina denunciando que cuando él llegó a la casa de ésta, la encontró castigando a su hijo, el cual había quedado en el suelo casi muerto por la paliza. Al amanecer del día siguiente llegó la acusada hasta el cabildo para comunicar que había fallecido su hijo. En estas circunstancias se trasladó toda la comunidad hasta la casa de Catalina, para revisar el cadáver, reconociendo que el niño había muerto por golpes. Por su parte, el doctrinero comunicó que él no podía enterrar el cuerpo hasta que se le comunicaran los hechos la Gobernador y se estableciera la verdad:

y poderlo hacer con mayor individualidad llevo a presencia de todo el pueblo al Cabildo, puesta como acostumbravan al castigo de la coyunda, dijo y declaro que esa verdad que lo havia muerto vajo del castigo para quitar el perjuicio” (Op. Cit: folio 2v).

Continuó la declaración del Regidor Miguel Joseph Ramírez, de 34 años, agregando que cuando encontró a Catalina castigando a su hijo, notó que ésta tenía un pedazo de coyunda en la mano y que también observó un mecate colgado de una viga.

Los demás testigos declararon casi lo mismo, por lo cual nos limitaremos a mencionar sus nombres, edad y grado de parentesco con la acusada:

Nombre………………..Edad Cargo Parentesco con Catalina

Pedro León Reyes……..35 – Ninguno

Joseph A. Ramírez……..30 – Ninguno

Joseph A. Pérez………….25 – Hermano

Jesús Chacón………….….18 – Cuñado

Miguel Roque………….….42 – Ninguno

Joseph D. Roque…………18 Alguacil Menor Cuñado

Trinidad Ramírez…………50 – Ninguno

Felipe Codero…………..….49 – Ninguno

____________________________________________

(Op.Cit: Fls.2-6v)

Se acordó que el 22 de agosto se le tomaría declaración a Catalina, “…a quien reputandose por menor segun su calidad, y ser necesario por esta razon nombrarle defensor que la defienda y asista a verla jurar” (Op. Cit: folio 62).

De acuerdo con lo anterior, fue designado como defensor de la acusada por parte de la Real Justicia, el Alferez don Antonio de la Fuente, el cual prometió “usar su oficio bien, fiel y legalmente, sin fraude, dolo ni decidia“, se le concedió Poder y facultad para amparar a la acusada valiéndose de las Leyes que favorecen a los indígenas, sin que por su culpa esta quedara indefensa. De inmediato alegó el defensor que Catalina estaba muy enferma; se dispuso que el cirujano García procediera a examinarla, dictaminando que la rea:

…esta gravemente enferma de pujos y evacuación umoral” (Op. Cit: Folio 7v).

Hasta el 29 de agosto pudo declara Catalina, respondiendo a un interrogatorio de 14 preguntas, confesó tener 40 años, ser viuda; y negando que hubiera asesinado a su hijo, aceptó haberlo castigado por las quejas que le expuso el Regidor. Que sin haberlo hecho, lo admitió en el Cabildo y ante la comunidad, por el castigo de azotes que le propinaron. Detalló que guindó al niño de una cadena amarrado por las manos y que en esta posición lo golpeó con una coyunda durante media hora; añadió que luego del castigo, Joseph Pascual salió por sus propios pies hasta el solar, por hallarse con pujo. Que la única persona que presenció estos hechos, fue un hijo menor. Para concluir relató que su hermana Juana se mantuvo toda la noche calentando al niño, y viendo la gravedad de éste, fue donde el doctrinero para que viniera a confesarlo, y después llegó hasta donde el Alcalde a pedirle candelas y un bebedizo de “contrayerva“, pero no consiguió nada, el niño falleció al amanecer en presencia de ella y su hermana (Op. Cit: folios 8-9v).

De acuerdo a la gravedad de esta confesión se nombró a don Joseph Antonio de Oreamuno, como Promotor Fiscal, quien debería proseguir con las diligencias pendientes. Este ordenó la ratificación de los testigos, y particularmente, la declaración de Juana, la cual declaró tener 30 años y admitió ser hermana de Catalina, que ella llegó a media noche a curar al niño, pero que lo encontró muerto y arrimado al calor del fogón, mientras que su madre estaba lavando en el río; también negó las demás afirmaciones hechas por su hermana (Op. Cit: folio 10-10 v).

En esta etapa del juicio, se envió una copia de los autos iniciados, hasta la Audiencia, donde el Fiscal del Crimen ordenó a la Real Sala que el expediente fuera devuelto a Cartago, para que la causa se instruyera en la forma que correspondía a un crimen de esta naturaleza.

Tres meses después se presentaron los argumentos en favor de Catalina por parte de su Defensor, expresando que tanto la acusada como los testigos en su calidad de indígenas eran “menores de edad” y en consecuencia las declaraciones contra “esta infeliz y miserable yndia“, no merecían el crédito requerido para dar por hecho el filicidio que se le atribuía a Catalina:

… pues estando en el suplicio y amarrado llevando azotes… no queda duda que esta infeliz, por liberarse del cruel castigo que aquella Justicia estaba haciendo en ella, y berse libre, se acumulare el delito que no cometio. Aun entre gentes distinguidas y de toda razon, llegando a semejantes lanzes, por no berse en bochornos se echan las culpas que no tienen… No es creíble que una madre por tan leve delito como es el robo de unas cañas dulzes, en tiempo de la necesidad tan grande, que a vuestra señoria le consta, habia de bastimentos en toda esta Provincia, hubiese asesinado a su hijo… Que pecce al leve castigo, hay que recordar que por falta de viveres se hallaba aquel cuerpo debil, metio el accidente general que avia en la ciudad, de pujos de sangre y viruelas, y de ello se origino la muerte… pues de aquella peste murieron en aquel pueblo, en esta capital y en toda la Provincia innumerable almas” (Op. Cit: Folios 13-13 v).

Con base en estos argumentos de la Fuente solicitó la plena libertad de Catalina, lo cual rechazó el Promotor Fiscal; por un lado subrayando la gravedad del delito, y por el otro, argumentando que en juicios como el que se estaba ventilando, los y las indígenas podían ser habilitados jurídicamente como testigos, siempre que tuvieran más de 12 años. Le suplicó al Gobernador que como juez de esta causa, se aplicara el castigo correspondiente para:

… que assi quede satisfecha la Vindicta Publica, le sirva de escarmiento y queden ejemplarizados todos los demas”. (Op. Cit: folio 13 v).

Después de estas alegaciones y peticiones de las partes involucradas, el Gobernador dio por concluidos los “autos criminales“. A partir de este auto con fecha 24 de noviembre, el juicio que se venía instruyendo en los tribunales de Cartago, trascendió los límites jurisdiccionales de nuestra Provincia, para ser sometido a todas las instancias penales de la Audiencia de Guatemala, y donde recibiría la sentencia definitiva.

En Guatemala, 24 de diciembre, el Asesor Letrado determinó que este delito era de aquéllos:

… que habla la Ley 16, título 23 de la Partida 3a y otras de nuestro derecho patrio” (Op. Cit: folio 15).

Por lo cual dictaminó que Catalina debería ser condenada a las costas y a la pena ordinaria que corresponde al delito de “parricidio“. Este dictamen fue conocido, aprobado y publicado en los tribunales de Cartago, el 22 de enero de 1782. El expediente fue otra vez devuelto hasta Guatemala, donde el 6 de mayo de 1782 el Supremo Tribunal condenó a Catalina Pérez:

… En cincuenta azotes que le seran dados en la picota y quatro años de reclusión en la carcel de mujeres” (Op. Cit: folio 16 v).

Aparece en los autos la figura del Procurador y Abogado de los Pobres, quien interpuso recurso de apelación ante el Fiscal del Crimen, quien no estuvo de acuerdo en:

… libertar a esta tirana madre de un severo castigo capaz de contener a aquellos yndios en la barbarie con que acostumbran” (Op. Cit: folio 17v).

Ni en Cartago ni en Guatemala, tuvieron efecto los argumentos del Defensor o del Procurador de Pobres, y el castigo contra Catalina fue ejecutado tal como lo dispuso el Fiscal del Crimen.

Así consta en la parte inferior del margen izquierdo en el último folio del documento que a la letra dice:

Cartago y julio 1 de 1782. En este dia doy fe el haver ejecutado la sentencia anterior en la yndia Catalina Pérez como esta prevenido” (Op. Cit: folio 19).

No nos corresponde analizar los aspectos legales de este juicio (lo cual es campo para los especialistas en Derecho Indiano); en el mismo sentido debemos subrayar que no nos interesa determinar si Catalina Pérez fue culpable o no; lo cierto es que a lo largo del juicio fue ostensible la violencia institucionalizada, en la medida que todo el proceso se desarrolló en el contexto del Derecho Indiano, representado por un aparato político-represivo, e integrado por diversas instancias, pero que en un momento dado manifestaron distintos grados de violencia.

A. DIMENSION POLITICA

1) Contra Catalina

2) En favor de Catalina

AUDIENCIA ¯ DE GUATEMALA = Supremo = Fiscal del = Asesor Abogado Tribunal Crimen Letrado de Pobres¯ El Defensor

CARTAGO = El Gobernador = El Escribano = Carcelero y Verdugo

TOBOSI = El cabildo indígena = La Comunidad = El fraile doctrinero

Nótese que la dimensión política fue extremadamente violenta y diversa, contrastando con la débil y legalista participación del Defensor y del Abogado de Pobres.

B. DIMENSION ECONOMICA Y SOCIAL

Encontramos a una comunidad convulsionada por las hambrunas y la peste de viruela. Y como parte de ésta a Catalina Pérez absolutamente sola, pobre, viuda y enferma, cuyo hijo adolescente se robó unas cañas dulces para saciar el hambre y la sed, provocados por la diarrea.

Tratamos de conocer más a fondo, ¿quién fue en realidad Catalina Pérez? Según la edad que ésta reportó, parece que nació en 1741 y que muy joven casó con el indígena Juan Roque: de acuerdo con el registro de bautizos, procreó seis hijos: Manuel Francisco (1765), Joseph Pascual (1769), Francisco (1770), Pedro Joseph (1773), María Josepha (1776) y Joseph Agustín (agosto de 1979) (Libro I de Bautizos, 1738-1832: folios 1-3v). Tal parece que Joseph Agustín fue un hijo póstumo, porque su padre falleció dos meses antes de su nacimiento (Libro Defunciones de Tobosi, 1738-1852: folio 21v). La hambruna, la viruela y el infortunio, aniquilaron la familia de Catalina, en julio de 1781 murieron sus hijos Pedro y María, en agosto Joseph Pascual, Francisco en 1780 y Manuel Francisco en 1784 (Loc.cit).

Es poco lo que conocemos acerca del final de Catalina Pérez, deducimos que falleció a principios de 1788, según consta en un Padrón de ese año, Joseph Agustín de 8 años y medio es el único sobreviviente de la familia, se registró como huérfano y a cargo de Jesús Medina (Cartago Colonial No.843, 1788: folio 9).

C. DIMENSION CULTURAL

Es notoria la desintegración familiar comunal, al asumir tanto el vecindario como familiares, una actitud hostil contra Catalina. Lo cual evidencia el proceso de aculturación y deculturación que modificaron los valores inherentes a las comunidades indígenas del siglo XVIII.

LITERATURA CITADA

  • ARCHIVO ARQUIDIOSESANO DE COSTA RICA. 1738. 1832. Libros de Bautizos, Matrimonios y Defunciones de Cot, Quircot y Tobosí.
  • ARCHIVO NACIONAL DE COSTA RICA. Serie Cartago. Serie Complementario. Serie Municipal Tobosí.
  • BOLAÑOS, M. y C. QUIROS. 1981. Consecuencias socioeconómicas de las Reformas Borbónicas en un pueblo de indios: el caso de Cot. Vínculos, 7(1,2):9-17.
  • FERNANDEZ, L. 1976. Historia de Costa Rica durante la dominación española: 1502-1821. Biblioteca Patria 7. Editorial Costa Rica, San José.
  • FERNANDEZ, L. 1907. Colección de Documentos para la Historia de Costa Rica. T. IX. Imprenta Viuda de Luis Tasso, Barcelona.
  • SOLANO, M. 1996. Aportaciones de la Sociología Clásica para la Comprensión de la violencia estructural. Revista Reflexiones, 42:35-49. Editorial UCR.

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(*) MSc. CLAUDIA QUIRÓS VARGAS

  • Investigadora, Docente, Catedrática de la Escuela de Historia Y Geografía de la Universidad de Costa Rica
  • Premio Nacional de Historia “Aquileo J. Echeverría” 1991
  • Hija Predilecta del Cantón de Esparza (2000)
  • Presidente de la Asociación para el Rescate y Desarrollo del Cantón de Esparza.

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FUENTE:

http://reflexiones.fcs.ucr.ac.cr/documentos/57/la_violencia.pdf