HISTORIA de ESPARZA, Ciudad Colonial… (Programa “Conociéndonos”, Canal 15-UCR)

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Documental producido por Canal 15 y la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica
sobre el cantón de Esparza, Puntarenas, Costa Rica, América Central.

Entrevista a la recordada MSc. Claudia Quirós Vargas, connotada Historiadora Costarricense de renombre internacional, oriunda de Esparza, Premio Nacional de Historia “Aquileo J. Echeverría” 1990.

Escuela de Historia, UCR – Encargado de Extensión Docente CIHAC: Juan José Marín.

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Documentos de la Historia Religiosa de Esparza

Vitral de la Parroquia de Esparza, Puntarenas, Costa Rica

Vitral de la Parroquia de Esparza

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Por: Sonia Garro Rojas ( * )

De la Historia Religiosa

Año 1974. Fundada ya Esparza, los padres franciscanos españoles construyeron el convento de San Francisco de Asís y una pequeña iglesia donde se levanta el actual templo parroquial. El convento daba a la calle de ‘Rabo de Mono’.

Para subvenir a los gastos, los habitantes tenían que pagar el diezmo, con respecto al cual, en los Archivos Nacionales se conserva un documento de 1590 que dice lo siguiente:

“Licencia para el sustento religioso. En la ciudad de Esparza, provincia de Costa Rica, 14 de enero de 1590, ante el capitán Juan de Ceñaranda (sic), Teniente General de esa Provincia le presentaron los contenidos. Nosotros el regimiento de Garabito (Nota del Blog: NO se refiere al Cacique), decimos que de la Milpa de la comunidad no se cogió maíz ninguno y que atentos de que el padre que nos administra doctrina, no tiene qué comer ni nosotros tenemos dónde dárselo, así pedimos que el dinero de la comunidad se saque para que se compre y se le dé al sacerdote maíz como otras cosas.

“Así lo haremos por el bien con justicia, fecha 16 de enero de lo cual firmaremos de nuestros nombres. Sebastián, Diego y Francisco, regidores del Pueblo de Garabito. Por el teniente general, visto lo pedido por el regimiento de Garabito, dio licencia para que de la casa de la comunidad se saque lo que lícitamente fuere necesario para el sustento y alimento del sacerdote que les administra los sacramentos, por cuanto le consta lo pedido por ellos. Y así lo proveyó, lo firma de su nombre ente mí. Juan de Ceñaranda. Pedro Avilés, Escribano”.

(Archivos Nacionales. Serie Cartago. Clave Colonial. Fecha 1590. Número del documento 1590. Transcripción: Claudia Quirós Vargas)

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Vista parcial de un documento español de 1762. (Imagen únicamente con fines ilustrativos. Fuente: Blog "Diversidad Diacrítica")

Vista parcial de un documento español de 1762. (Imagen únicamente con fines ilustrativos. Fuente: Blog “Diversidad Diacrítica”)

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Felipe II envió a Esparza una imagen de la Virgen de la Candelaria. En la Iglesia existió un sagrario, cuya puerta de plata estaba bellamente cincelada, según el arte español de la época. Ante el temor de que con las incursiones de los piratas se perdiera tan valiosa joya, fue sustituida por otra de madera y ocultada la original; no obstante lo cual fue robada. Aún existe en la iglesia de Esparza un incensario de plata del tiempo de la Colonia y una custodia labrada de la misma época.

La iglesia tenía que pagar los servicios del sacristán. En los Archivos Nacionales existe un documento por el que los oficiales reales de León ordenan pagar al sacristán de Esparza la suma de 30.000 maravedíes por el sueldo del año 1630.

He aquí otra orden de pago:

Recibo. “Libranza de Joseph de Acuña, sacristán de Esparza, de 110 pesos. 1630. En la ciudad de Cartago 14 de enero de 1639, ante mí el Escribano Público y de Gobernación y testigo, apareció el licenciado Álvaro de Acuña, cura benemérito en la ciudad de Esparza, que recibió del capitán Bartolomé de Enciso Hita, teniente de contador, y Tesorero Juez Oficial Real en esta Provincia, 110 pesos y un real que se monta el salario de un año que ha servido en ese oficio contento y entregado a la de su voluntad por recibir de mí, porque otorga carta de pago en forma y lo firma de su nombre, el cual doy fe de que conozco, siendo testigos el Alférez Tomás calvo y el Sargento Alonso de Osejo. Álvaro de Acuña pagó ante mí Manuel de Flores, Escribano Público y de Gobernación. Derecho 5 reales”.

(Archivos Nacionales. Serie Cartago. Clave Colonial. Fecha 1639. Número del documento 023).

Los diezmos que los pobladores tenían que pagar a la iglesia se adjudicaban mediante el remate, según se desprende del siguiente documento:

“Para que se pregonen los diezmos de la ciudad de Esparza. En la ciudad de Cartago 4 de diciembre de 1637, el capitán Bartolomé de Enciso Hita, Teniente de Contador y Tesorero, Juez Oficial Real en esta provincia de Costa Rica, dijo que por cuanto los diezmos de esta ciudad y los de Esparza se han de vender y rematar en público al mayor ponedor, y con los del año que viene de 1638, y es costumbre de traerlos por término de 30 días en pregones y al fin de ellos se rematan.

“Por lo cual mando que a los diezmos se den 30 pregones y se admitan las personas que a ellos quisieren, con calidad que la persona o personas en quien se remataren, a dejar fianza legal y abonar dentro del tercer día en que pagará los diezmos y vales de ellos. La mitad de los que montaren para el día de San Juan de Junio, y la otra mitad para el día de pascua de navidad del año 1638.Si pasado este término no los han dado se venderán a la almoneda y se rematarán a quien más dé por ellos. Y si hiciesen alguna quiebra a la caja, se cobrarán de su persona y bienes.

“Firmó ante mí, Bartolomé de Enciso Hita, Manuel de Flores, Escribano público de la Gobernación. En la ciudad de Cartago 5 de diciembre de 1637, en la plaza pública de esta  ciudad, por bando de pregonero se dio el primer pregón”.

(Archivos Nacionales. Serie Cartago. Clave Colonial. Fecha 4.12.1637. Número del documento 607).

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FUENTE: Garro Rojas, Sonia. Folleto “ESPARZA (COSTA RICA)”. Temas de Cultura Popular. NAVARRA Nº246. Editado por la Diputación Foral de Navarra. Dirección de Turismo, Bibliotecas y Cultura Popular. Pamplona, España. 1974.

( * ) Sonia Garro Rojas, nació en San Isidro, Montes de Oro, Puntarenas (Costa Rica), en julio de 1957. Cursó sus estudios de Ciencias Económicas. Por su trabajo ganó el Premio “Concurso de Investigación histórica sobre la Ciudad de Esparza”.

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FOTOGRAFÍAS:

1) Vitral de la Parroquia de Esparza, Puntarenas, Costa Rica. Tomado de imágenes de Facebook.

2) Vista parcial de un documento español de 1762. (Imagen únicamente con fines ilustrativos. Fuente: Blog “Diversidad Diacrítica”)

Link: http://diversidaddiacritica.blogspot.com/2010/04/un-pajaro-de-248-anos.html

En 1974: Los 400 Años de la Ciudad del Espíritu Santo de Esparza

Templo Parroquial de Esparza

Templo Parroquial de Esparza


Por: Francisco María Núñez (*)

23 de Octubre De 1972. (En) el año 1974 se deberá conmemorar el cuarto centenario de la fundación de la Ciudad del Espíritu Santo (1574). “Ciudad” denominaban los españoles a las primeras rancherías que debían instalar en un sitio estratégico que pudiera servirles de base para sus nuevas incursiones tierra adentro.

En 1859 se le agregó DE ESPARZA y tras varios cambios de sitio, obligados por las calenturas y las incursiones de los piratas, se sustituyó el Esparza por ESPARTA, con que actualmente se conoce.

La oportunidad se presta para volver al antiguo ESPARTA o el colonial Espíritu Santo de ESPARZA.

Para los que caminamos por los campos de la Historia, el próximo CUARTO CENTENARIO reviste una trascendencia extraordinaria. Tiene más importancia que el Cuarto Centenario de la Ciudad de Cartago.

La explicación es simple. LA CIUDAD DE ESPÍRITU SANTO fue el punto básico para posesionarse de las tierras de la que más tarde fuera provincia de Costa Rica. Nunca estuvo la población sobre la costa, pero si no fue puerto, sí fue la puerta por la cual se adentró la civilización europea hacia el altiplano central.

Territorialmente, también tuvo gran importancia ESPARZA, ya que sus dominios se extendían hasta lo que es hoy el cantón de Cañas, es decir, que limitaba con Bagaces. Toda esa extensión formaba parte de la provincia de Alajuela.

Distintas etapas de importancia

Esparta ha tenido muy diferentes etapas en su desarrollo económico y social. Primero fue, como queda dicho, punto de paso hacia el interior, de las expediciones que se organizaban en Nicoya o en Nicaragua. Debió ganar cierto desarrollo, cuando los Piratas llegaban a asolar sus dominios, en busca de oro, de víveres y hasta de elementos humanos. Fue la tragedia de aquel momento histórico, tanto en las costas del Pacífico como en las del Atlántico.

Más tarde, Esparta cobró vida, cuando se construyó la primera sección de vía férrea, que la unió con el Puerto de Puntarenas. Era lugar de recreo de los puntarenenses y hasta su cementerio era preferido por las gentes pudientes, para enterrar allí a sus deudos, ya que en el de Chacarita se metían las aguas del Estero, y seguramente también las del mar, en ciertas épocas. Luego se inició la explotación de las salinas.

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Trabajadores de las Salinas de Esparza, Puntarenas (Imagen cortesía del Sr. Félix Jiménez Zumbado, Estudio Fotográfico Esparza)

Trabajadores de las Salinas de Esparza, Puntarenas (Imagen cortesía del Sr. Félix Jiménez Zumbado, Estudio Fotográfico Esparza)

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Las Salinas de Esparza, Puntarenas (Imagen cortesía del Sr. Félix Jiménez Zumbado, Estudio Fotográfico Esparza)

Las Salinas de Esparza, Puntarenas (Imagen cortesía del Sr. Félix Jiménez Zumbado, Estudio Fotográfico Esparza)

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A poco, fue el movimiento de carreteros que movilizaban carga  y pasaje, del interior al Puerto o viceversa. Fueron los días de don Julio Sánchez Lépiz, que levantó una fortuna encabezando la caravana de carretas y nombre por su gran honradez, que le permitió devolver una valija al dueño, que la daba por perdida. (Nota del Blog: don Julio Sánchez, abuelo materno de los Arias Sánchez). Esparta era punto de sesteo, de fiestas nocturnas, porque los paseantes solían llevar sus guitarras para entretenerse durante las horas de descanso.

El Ferrocarril

Cuando se inició la construcción del Ferrocarril al Pacífico, acercando la vía hasta Santo Domingo de San Mateo –hoy la próspera ciudad de Orotina-, los viajeros debían completar el viaje a caballo, siguiendo el trazo de la antigua carretera nacional San Mateo-Esparta-Puntarenas. Fue lugar de descanso. Se produjo el apogeo de fondas y los comercios menores. Se establecieron familias extranjeras.

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La Locomotora MARÍA CECILIA, actualmente en los jardines de la Estación del Pacífico, del Instituto Costarricense de Ferrocarriles -INCOFER-, San José, prestó servicio durante muchos años en el Ramal Esparta-Puntarenas. (Foto: Página de "Costa Rica y su Historia", Facebook)

La Locomotora MARÍA CECILIA, actualmente en los jardines de la Estación del Pacífico, del Instituto Costarricense de Ferrocarriles -INCOFER-, San José, prestó servicio durante muchos años en el Ramal Esparta-Puntarenas. (Foto: Página de “Costa Rica y su Historia”, Facebook)

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Más tarde fue el mercado de ganado más fuerte del país. Allí llegaban las partidas de reses arreadas desde el Guanacaste y también desde Nicaragua. Allí, se daban cita los expendedores y los destazadores que iban a proveerse de ganado. El sobrante se arreaba hacia las plazas de Alajuela, Heredia, San José o Cartago. Cada una tenía su día especial.

Pero lo fundamental es que la Ciudad del Espíritu Santo de Esparta fue la puerta de entrada de la civilización europea. Por sus trillos pasaron los Conquistadores y sus gentes; también los ganados importados, para crear riqueza pública.

Quedan huellas de un pasado histórico muy apreciable. Si el aprovechamiento de la Bahía de Caldera y la acogida que tuvo la ruta hacia el Altiplano tuvieron su importancia en aquellos días, no queda duda de que hubo visión, pues fue más fácil la conquista: lo mismo del altiplano (meseta) central que de la costa del Pacífico.

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Vestigios del antiguo Bañadero Antiparasitario para ganado, terrenos del Liceo de Esparza, donde otrora se ubicaba la Estación del Ferrocarril. Tomada por Marco Fco.·. Soto Ramírez, Gestor del Blog "ESPARZA MÍA..." en 1980.

Vestigios del antiguo Bañadero Antiparasitario para ganado, terrenos del Liceo de Esparza, donde otrora se ubicaba la Estación del Ferrocarril. Tomada por Marco Fco.·. Soto Ramírez, Gestor del Blog “ESPARZA MÍA…” en 1980.

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Portal de ingreso

En Cariari, se posaron los ojos del Almirante (Colón); allí hubo trueque de gargantillas de cuentas de colorines por bellos objetos de oro, pero no puede decirse, con razón, que por allí hizo entrada el progreso europeo al interior del país. Hubo de pasar mucho tiempo, hasta que la visión del Presidente don Tomás Guardia comenzara a ensayar la unión ferrocarrilera entre la bahía de Limón y San José, entre Limón y Reventazón, en 1879; el trayecto Reventazón-Río Sucio, que se proyectó completar con la Carretera Carrillo, de la margen derecha del río Macho hasta la margen izquierda del río Sucio, contratada por Mr. Keith y la firma Fernández Tristán (1881).

Fue una gran aventura la de guardia iniciar tres tramos de ferrocarril al tiempo: la División Central, la División del Atlántico y la División del Pacífico, lo que significaba un desembolso, en el presupuesto nacional, de más de ocho mil pesos mensuales, solamente en (salarios del) personal.

Queda demostrada la importancia de Esparta y justificado cualquier desembolso del Estado, para conmemorar dignamente su cuarto centenario de existencia.

Tomar tal disposición es reconocer que por el Pacífico hizo su primera entrada la civilización europea al interior de Costa Rica.

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(*) Francisco María Núñez, Diario de Costa Rica. Artículo escrito el 23 de octubre de 1972 y publicado en La República.Suplemento “Cuatricentenario de Esparta”. 27 de abril de 1974.

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Don Francisco María 'Paco' Núñez recibe una condecoración como Presidente de la Asociación de Periodistas de Costa Rica.

Don Francisco María ‘Paco’ Núñez recibe una condecoración como Presidente de la Asociación de Periodistas de Costa Rica.

Francisco María Núñez, Periodista, Historiador, nacido en 1892, escribió varios libros sobre historia, y en cada uno de ellos fulge siempre su preocupación por divulgar esas particularidades de la infra-historia que de ordinario no suelen considerarse en las formulaciones generales; y no obstante tales acontecimientos, quizá no muy notorios, constituyen a menudo el cañamazo de la gran decisión o provocan el suceso definitorio. En ese sentido, el trabajo laborioso y constante de don Francisco María “Paco” Núñez ha iluminado varios rincones de nuestra historia. Pero su vocación esencial ha sido la de periodista, y de eso hace ya remotos años. Además fue Decano de la Prensa Nacional. (Detalles de una reseña de la Editorial Costa Rica).

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FOTOGRAFÍAS:

1) Templo Parroquial de Esparza. Representación artística de imagen tomada del Folleto “ESPARZA (COSTA RICA)”. Temas de Cultura Popular. NAVARRA Nº246. Editado por la Diputación Foral de Navarra. Dirección de Turismo, Bibliotecas y Cultura Popular. Pamplona, España. 1974.

2) y 3) Salinas de Esparza. Cortesía del Sr. Félix Jiménez Zumbado (Estudio Fotográfico Esparza).

4) La Locomotora MARÍA CECILIA. Imagen tomada de Página de “Costa Rica y su Historia“, Facebook.

5) Vestigios del antiguo Bañadero Antiparasitario para ganado.Imagen tomada por Marco Fco.·. Soto Ramírez, Gestor del Blog “ESPARZA MÍA…” en 1980.

6) Condecoración de don Francisco María Núñez. Tomado del Diario “Primera Plana” (Versión Digital). LINK: http://www.primeraplana.or.cr

Encuentro entre la Geología y la Historia Colonial

Como parte de las celebraciones del MES DE LA ESPARZANEIDAD, publicamos este interesante artículo escrito por la recordada Historiadora Costarricense MSc. CLAUDIA QUIROS VARGAS, artífice de esta efeméride ‘garrobera’, como un homenaje a su grata memoria.

Por: Claudia Quirós Vargas (*)

MSc. Claudia Quirós Vargas (1931-2006), Historiadora Esparzana

Desde finales del siglo pasado ha venido desarrollándose el interés por la historia de la sismicidad, particularmente en aquellos sitios de nuestro planeta, que además de caracterizarse por una intensa, antigua y frecuente sismicidad, cuentan con evidencias históricas acerca de la ocurrencia de estos fenómenos naturales. Lo anterior ha permitido, en el caso de Europa, la elaboración de Catálogos Sismológicos, con el registro de eventos sísmicos que se remontan a épocas antiguas.

Más recientemente, en los países europeos que se caracterizan por una constante ocurrencia sísmica, como España, Portugal e Italia, se han realizado esfuerzos orientados a la construcción de una metodología para abordar con mayor propiedad investigaciones sobre historia de la sismicidad.

También los países de nuestro continente, expuestos desde la antigüedad al fenómeno sísmico, se involucraron en este tipo de preocupaciones. En México, Chile, Perú, se han realizado importantes trabajos en el campo de la historia de la sismicidad; igualmente en América Central, particularmente en Costa Rica, donde la Escuela de Historia de la Universidad Nacional viene realizando trabajos sobre la historia sísmica de nuestro país.

Por otro lado, la Escuela Centroamericana de Geología de la Universidad de Costa Rica, desde hace cuatro años, se ha involucrado en proyectos de investigación de este tipo, abarcando el área centroamericana comprendida entre Chiapas y el Darién.

Obviamente, el objetivo de estas investigaciones es el de obtener interpretaciones confiables y renovadas, que permitan establecer conclusiones sobre la recurrencia, origen y los procesos generadores de aquellos eventos sísmicos de mayor impacto en la región, a efecto de señalar el riesgo de los elementos vulnerables y tomar medidas orientadas a la Mitigación y Prevención en la formulación de programas sobre Amenaza Sísmica. Con estos objetivos se ha elaborado un Catálogo Sísmico de Centro América; posteriormente el máster Walter Montero, director de la Escuela Centroamericana de Geología, concluyó un Catálogo Sísmico de Costa Rica, que abarca el periodo comprendido entre los años 1608 y 1910.

Sin duda este trabajo significa un avance importante de la ciencia geológica en Costa Rica, en el sentido de que geólogos nacionales se acercaron a la Historia Patria, y con gran responsabilidad abordaron el estudio de los fondos documentales depositados en los Archivos Nacionales y en la Curia Metropolitana. Fruto culminante de este notable esfuerzo es el libro, en prensa, sobre sismicidad colonial de Costa Rica, preparado por el máster Montero con la colaboración del geólogo Geovanni Peraldo.

En el marco, tanto de la coyuntura social, que con carácter de catástrofe origina la ocurrencia de terremotos, como el de la consecuente búsqueda de soluciones a dichos problemas sociales, se produjo un necesario encuentro entre la Historia y la Geología. La Historia y los historiadores aportaron los instrumentos necesarios para un enfoque retrospectivo, no tradicional, de la sismología, abriéndose una importante brecha y una gama de posibilidades a los científicos interesados por el estudio de los terremotos y los problemas sociales que éstos originan. Este novedoso enfoque de la sismología, dependiendo del área y del período que se investigan, implica la utilización de evidencias no tradicionales para la Geología, como son: fondos documentales, códices, pergaminos, gacetas, periódicos, crónicas, testimonios orales, etc.

De este modo surgió la Sismicidad Histórica, como nueva alternativa metodológica de investigación y con el objetivo final de contribuir a mitigar y/o prevenir el impacto social de los eventos sísmicos. No obstante, hay que destacar que además de este objetivo pragmático, la Sismicidad Histórica como disciplina, es el resultado de un encuentro entre geólogos e historiadores, mostrándonos que es posible trascender la interdisciplinariedad sólo entre ciencias afines, para avanzar hacia la reciprocidad y el beneficio académico mutuo entre las Ciencias Sociales y las Ciencias Naturales, en provecho de una útil, actual y renovadora metodología.

Desde este punto de vista, conviene destacar que esta comunidad de intereses académicos no es exclusiva entre geólogos e historiadores, dado que en investigaciones sobre Sismicidad Histórica, deben intervenir además geógrafos, antropólogos, sociólogos, trabajadores sociales, etc. Este trabajo interdisciplinario y colectivo, cuyo aspecto fundamental, además del enriquecimiento de las expectativas de cada profesional participante, es la convergencia de intereses y objetivos, es importantísimo respecto a nuestro compromiso con la sociedad.

Esta flexibilidad, junto con las posibilidades que sugiere la Sismicidad Histórica como actividad académica, ha determinado su trascendencia. A partir de este renovado enfoque, los geólogos y sismólogos no se limitan a registrar fríamente cada evento sísmico, su origen, área epicentral, intensidad, etc., como si se tratara de un fenómeno aislado de la sociedad; precisamente aquí radica la importancia que tiene la Sismicidad Histórica para el científico social, al insertar a la sociedad como protagonista del drama que genera cada terremoto o cada evento sísmico.

Concretando, puede afirmarse que de este encuentro entre Historia y Técnica (Ciencias Sociales y Ciencias Naturales), resulta una revisión más amplia y más aproximada a los hechos; así la información contenida en una fuente original, desde el punto de vista de la historia sísmica, puede alterar significativamente lo que era una verdad indiscutible, o aportar datos sobre eventos sísmicos desconocidos. De este modo, la Historia deviene en una ciencia fundamental, en el contexto de los estudios interdisciplinarios, porque introduce el componente “pasado” en una época que privilegia el presente y el futuro.

Dado nuestro interés, tanto en el campo de la docencia sobre cursos de Neografía, Paleografía e Historia Colonial de Centro América, como en proyectos de investigación sobre ternas coloniales, La Escuela Centroamericana de Geología de la Universidad de Costa Rica nos tornó en cuenta para participar en un proyecto sobre Sismicidad Histórica Colonial de Centro América.

Precisamente en enero del año en curso, por gestiones de dicha Escuela ante el Instituto Panamericano de Geografía e Historia, junto con el geólogo Geovanni Peraldo, se nos concedió una beca para que durante dos meses realizáramos una investigación en el Archivo General de Indias (Sevilla, España), sobre sismicidad colonial de Centro América. En el curso de esta excelente experiencia constatamos que el historiador investigador de la época colonial, integrado a proyectos sobre Sismicidad

Histórica, es el especialista indicado para localizar, leer, transcribir e interpretar el discurso del documento indiano. De este modo, discursos históricos alusivos a terremotos y escritos en 1516, cobraron vigencia en 1992, como es el caso del primer terremoto ocurrido en Centroamérica colonial, específicamente en la Península de Azuero, Panamá, y reportado en el informe de la expedición de Gaspar de Espinoza a Castilla de Oro (A.9.1, Sección Patronato, Nº26, R.7).

En mi calidad de Historiadora, el aspecto fundamental de esta experiencia fue la posibilidad de evocar por medio del discurso histórico escrito, a algunos sectores de la sociedad colonial, que en diferentes periodos, protagonizaron la coyuntura social que se genera con la ocurrencia de catástrofes naturales; los cuales nos informan acerca de la pérdida de vidas humanas, eclosión de volcanes, avalanchas, nubes de ceniza, deterioro económico y social, desaparición o traslado de pueblos y ciudades.

Por ejemplo, la explosión del Volcán de Agua, que en 1541 arrasó la primera ciudad de Guatemala, fundada en el valle de Almolonga; la extinción del pueblo indígena de Mombacho en 1570, el traslado de las ciudades de León y la Antigua Guatemala, etc. Lo más relevante en este sentido es que algunos elementos de dicho discurso histórico, se han empleado en beneficio de las sociedades contemporáneas de la región centroamericana, en programas sobre Amenaza Sísmica, como objetivo fundamental de la Sismicidad Histórica.

Para finalizar estos comentarios, consideramos pertinente señalar la conveniencia de aunar esfuerzos nacionales y regionales, a efecto de:

1) Incrementar los proyectos sobre Sismicidad Histórica, que involucren a profesionales de cada país, de diferentes especialidades: geólogos, sismólogos, historiadores, antropólogos, sociólogos, geógrafos, etc.

2) Crear las condiciones necesarias para establecer un núcleo de documentación e información histórica, sobre sismicidad de Centro América, el cual debe estar a disposición de la comunidad científica nacional, regional e internacional.

3) Disponibilidad de fondos para la ágil difusión de los resultados obtenidos en cada proyecto, y para financiar talleres, seminarios, congresos, etc., sobre Sismicidad Histórica de Centro América.

La realización de estas propuestas coadyuvará a superar la falta de comunicación e intercambio entre los profesionales de la región. Esta convergencia de esfuerzos e intereses será más efectiva para la búsqueda de soluciones a un problema que es común y cotidiano en Centro América, la ocurrencia sísmica.

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(*) MSc. CLAUDIA QUIRÓS VARGAS (1931-2006)

  • Investigadora, Docente, Catedrática de la Escuela de Historia Y Geografía de la Universidad de Costa Rica
  • Premio Nacional de Historia “Aquileo J. Echeverría” 1990
  • Hija Predilecta del Cantón de Esparza (2000)
  • Presidente de la Asociación para el Rescate y Desarrollo del Cantón de Esparza.

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FUENTE:

http://www.reflexiones.fcs.ucr.ac.cr/documentos/1/encuentro_entre.pdf

CLAUDIA QUIRÓS VARGAS, su aporte a la Historia Colonial de Costa Rica y Centroamérica

MSc. CLAUDIA QUIRÓS VARGAS, Historiadora Esparzana de renombre Internacional.

Por: Elizet Payne Iglesias (*)

Revista Historia, ISSN: 1012-9790,  No. 57-58, enero-diciembre 2008. / pp. 9-20

Con una personalidad tenaz y constante, Claudia Quirós Vargas tuvo una larga trayectoria en la vida educativa de este país; tanto a nivel de primaria como de la educación superior, aunque sus aportes en la educación en general no deben desestimarse, en particular en las regiones de su interés investigativo, como lo fueron el Pacífico Central y Norte de Costa Rica.

Nacida en Heredia, pero orgullosa esparzana, desde joven, Claudia Quirós Vargas dio signos de su interés por el conocimiento y la comprensión de la historia y la sociedad. Recorrió tempranamente las viejas poblaciones y puertos coloniales, sus haciendas, ríos y caminos; conoció a su gente con quienes se identificó y llegó a formar parte de ellos. Su precoz compromiso social la llevó a formarse como maestra de educación primaria, en la región de Esparza y Puntarenas. Se graduó en 1960 como maestra, puesto en el que se desempeñó, hasta que fue nombrada directora de una escuela en Chacarita de Puntarenas. Estaba frente a esta responsabilidad cuando decidió entrar a la Universidad de Costa Rica en el Centro Regional de Occidente en San Ramón de Alajuela, ingresando al profesorado en Estudios Sociales y graduándose de Bachiller en Historia y Geografía en 1972.

Su entrada a la disciplina de la Historia se efectuó en un momento clave en la vida académica del país y de la Universidad de Costa Rica en particular, ya que se perfilaban cambios notables en los estudios históricos, gracias al aporte de destacados académicos nacionales y extranjeros recién llegados al país; entre ellos, los más reconocidos fueron Ciro Cardoso y Héctor Pérez Brignoli. De sus maestros surge su particular adhesión a la investigación económica y social −muy fuerte en sus primeros años− bajo la influencia de la Escuela de los Anales y del Materialismo Histórico.

En la Universidad de Costa Rica, obtuvo la Licenciatura en Historia en 1976 y la Maestría en Historia en 1987. Se egresó del doctorado en Historia en el año 2000 en la misma universidad y en el año 2001 realizó su pasantía doctoral en el Archivo General de Indias en Sevilla, España. Realizó investigaciones documentales en el Archivo Nacional de Costa Rica, Archivo de la Curia Metropolitana de San José, el Archivo General de Centroamérica, Archivo Diocesano de León, Archivo General de Indias y en un sinnúmero de bibliotecas nacionales y extranjeras. A partir de 1985 formó parte del Equipo de Historia Antigua y Colonial del Centro de Investigaciones Históricas de América Central (CIHAC) y fue miembro hasta su muerte en el 2006, del Consejo Científico de dicho Centro.

Sirvió como docente por muchos años de los cursos de Historia de la Cultura, Historia de las Instituciones de Costa Rica, Historia Colonial de Centroamérica con énfasis en Costa Rica, Historia Contemporánea de América Latina, Etnohistoria de los pueblos de indios de Costa Rica, Paleografía y Neografía latinoamericanas, Seminario de Realidad Nacional, Seminario de Temas Contemporáneos, Seminario de Centroamérica, Seminario de Graduación y Seminario de Cultura Popular.

En la Escuela de Historia y sobre todo en el Equipo de Etnohistoria y Colonialismo del Centro de Investigaciones Históricas de América Central, aún no hemos superado su ausencia. Todavía solemos acudir a su memoria, a sus documentos y a sus textos, para argumentar o documentar, algunas de nuestras preocupaciones y disquisiciones sobre la historia del país. También lo hacemos recurrentemente en nuestras clases de Historia Colonial de Centroamérica y Costa Rica, y Neografía Hispanoamericana con el fin de exponerles a los estudiantes los debates, investigaciones y problemas que presenta esta especialidad. Su cubículo, número 602, aún nos recuerda las prolongadas conversaciones que mantenían los estudiantes y los colegas con doña Claudia.

La maestra, investigadora y activista

En su labor como docente, investigadora y activista, Claudia Quirós Vargas pudo dilucidar la importancia de conocer el pasado para interpretar el presente o, al contrario, encontró que la comprensión del presente podía favorecer el conocimiento del pasado. Uno de los ejemplos más recientes ha sido su participación como activista en movimientos ecológicos y sociales, en los que dio su aporte desde el punto de vista documental e his­tórico-crítico. Sus trabajos más recientes revelan que la problemática ambiental era parte de su agenda investigativa.

Otro asunto notable en su discurrir histórico es que en cada uno de sus libros, artículos y ponencias, Claudia Quirós Vargas persistió en evidenciar la injusticia social que afectaba a los sectores menos favorecidos. De manera que para ella, era igualmente válido denunciar esta situación, ya sea en el siglo XVI, XVII o en el presente. Si se estudian sus escritos, estos comentarios aparecían en la introducción o bien en la conclusión de sus trabajos. Al respecto, resulta memorable la dedicatoria que hizo de su libro La era de la encomienda, en el que destacaba: “A los indígenas costarricenses, protagonistas fundamentales de nuestra historia colectiva”. (1) Un libro que a su vez entregó al “pueblo costarricense”. Precisamente, en 1990, con este libro, obtuvo el Premio Nacional de Historia “Aquileo J. Echeverría”, el cual fue producto de su tesis de Maestría, La encomienda en Costa Rica y su papel en la estructura socioeconómica colonial, 1569-1699. (2)

También incursionó y participó activamente en los debates sobre los orígenes de la identidad nacional, la que, según ella, fue el resultado de los diversos grupos étnicos, pero fue ante todo fiel defensora de las raíces indígenas como constructoras de la sociedad costarricense. Su búsqueda constante la llevó a aplicar la interdisciplinaridad. Prueba de ello fue su aproximación a la geología, la arqueología y la antropología. En el caso de la geología, sus investigaciones con el geólogo Geovanny Peraldo y sus trabajos con las antropólogas María Eugenia Bozzoli y Margarita Bolaños. Así lo afirmaba cuando escribió que:

[…] la interdisciplinariedad me ha proveído de novedosas propuestas y estrategias de investigación para arribar a una nueva forma de entender la Historia y el mundo. En primer término se destaca la posibilidad de utilizar además de las fuentes documentales, los trabajos sobre arqueología, la historia oral y el trabajo de campo”. (3)

Por lo tanto, no cabe duda que fue esta experiencia interdisciplinaria la que la acercó al trabajo de campo y a la historia oral. Fue doña Claudia una persona inquieta que, no conforme con la mera erudición, procuró la búsqueda constante de nuevas alternativas de investigación y de participación, como ella misma lo señaló. A pesar de estar aferrada al documento en sus primeros años, su época de madurez nos presenta a una Claudia Quirós Vargas un tanto alejada de la vida académica y más preocupada por la historia de las comu­nidades, caminos, puertos; pero detrás de ellos lo que buscaba era la historia de la gente.

Su aporte desde lo empírico y documental

Su primer acercamiento a la investigación histórica la lleva al Archivo Nacional de Costa Rica en 1974, año en que inicia su tesis de Licenciatura en Historia con un tema que conmemoraba los 400 años de la fundación de la ciudad de Espíritu Santo de Esparza. A partir de allí, su relación con el documento será fundamental e inseparable, por lo que inicia con rigor metodológico su acercamiento “técnico y crítico al documento” con el uso de la Paleografía y la Neografía hispanoamericanas.

En sus cursos de Paleografía y Neografía latinoamericanas, los estudiantes entraban en relación con sus primeras lecturas documentales, como las cartas de Juan Vázquez de Coronado, los padrones de pueblos de indios, los testamentos de la elite de Cartago, y hasta descripciones de enfermedades y de partos. La enseñanza no sólo estuvo en la lectura y transcripción adecuada de los documentos, sino en la exigencia y rigurosidad de conocer y elaborar una lectura crítica de la fuente; a lo que se suma su constante insistencia en el cuidado y respeto por los documentos. Pocos años más tarde, en 1996, ella reconocía la importancia de dicha documentación al asegurar que: el “documento indiano” es la base para ahondar en el conocimiento de la Época Colonial. (4) Por lo que se deduce que para ella el documento solo tiene sentido y cobra vida cuando se lee, se transcribe y se interpreta en su contexto.

Prueba de su dominio del acerbo documental fueron sus tesis de licenciatura y maestría, así como un buen número de artículos. Su habilidad como paleógrafa no ha sido superada; durante muchos años se dedicó a transcribir el primer tomo de los Protocolos Coloniales de Cartago, que datan de 1607. Aunque el documento se transcribió en su totalidad, solo han sido publicados algunos fragmentos de esta fuente tan importante.

Su legado desde la investigación

Como investigadora, sus primeros pasos inician con una crítica a la historiografía colonial tradicional, centrada hasta ese momento en biografías del grupo dominante, instituciones o aspectos jurídico-políticos, como gobernaciones, cabildos, pobladores y jurisdicciones territoriales. De manera que dio un giro notable al estudio de la historia económica y social regional de la Época Colonial, al profundizar en los orígenes de la ganadería en el Pacífico Central del país. Después de superados estos temas incursionó en el análisis de la encomienda como institución económico-social, poniendo especial énfasis en los principales sujetos involucrados: indígenas, encomenderos, comerciantes y ganaderos, criollos y españoles. Por lo tanto, con los aportes ofrecidos en los mencionados cam­pos, Claudia Quirós Vargas decide ahondar en la historia económica y social de la época colonial, durante los siglos XVI y XVII: “…sin renunciar a la perspectiva global”. (6)

Como se ha anotado, su punto de partida fue la tesis de Licenciatura en Historia, Aspectos socioeconómicos de la ciudad del Espíritu Santo de Esparza y su jurisdicción (1574-1848), (7) población a la que llamó con orgullo, “Ciudad Primada de Espíritu Santo de Esparza”. Puede afirmarse que este estudio es el que marca el camino de sus futuras investigaciones sobre la historia económica colonial, más específicamente, la historia regional y la historia de la hacienda ganadera. Otra directriz que marca su interés es que debido a la celebración ya mencionada “…como esparzana tiene la obligación de indagar en la historia de su ciudad y de restaurar el nombre de la ciudad”. (8)

Este texto constituye sin duda el primer trabajo serio sobre la historia económica y social de la región de Esparza, lo que marca un punto de partida poco explotado para el resto del país. Por diversas razones este trabajo no pudo ser publicado en su totalidad; pero muchas de las hipótesis ahí expuestas aparecen en futuros artículos, sobrepasando el ámbito regional.

Entre los años 1974-1976 Claudia Quirós Vargas llegó a convencerse de la importancia de estudiar la Época Colonial la que, señala, es la menos investigada de la historia de Costa Rica, particularmente el siglo XVII, que constituye el periodo menos conocido debido a la limitación de las fuentes y sobre todo a la dificultad de su lectura. Encontró que, en el siglo XVI, Esparza debió su fundación a sus condiciones regionales, y en particular a su ubicación en el Pacífico Central: “No hay duda que este nuevo asentamiento se hizo en función del puerto de La Caldera, porque la nueva ciudad fue la sede de funcionarios y autoridades encargadas de controlar la actividad portuaria, en cuanto a ‘registro’ y ‘despacho’ de naves, cálculo y cobro de impuestos”. (9)

Otro aspecto relevante fue el estudio de los “títulos de propiedad”, los que, en el caso de Esparza, señaló que el 97% de todas las tierras con título se destinaron a las actividades ganaderas, por lo cual surgió la economía ganadera en la región: “De manera que este apogeo de la ganadería, convirtió a nuestra región en la proveedora de carne, queso, cueros, etc. de toda la provincia y algunas poblaciones de Nicaragua como Rivas, León y Granada”. (10)

Una línea de investigación encontrada en esta tesis de licenciatura fue la conexión del valle de Bagaces y Esparza, con propietarios y ganaderos de la Villa de Nicaragua —Rivas—. Posteriormente, estas ideas las expuso en su artículo “La sociedad dominante y la economía cacaotera de Rivas, factores determinantes para el surgimiento de la ‘hacienda de campo’ en el Pacífico norte de Costa Rica: primera mitad del siglo XVIII”, publicada en Estudios Sociales Centroamericanos, en 1999. (11)

Superado el trabajo regional sobre Esparza y su jurisdicción, su labor se dirigió a mejorar los ya mencionados obstáculos que constituía el siglo XVII para la correcta comprensión de la economía y la sociedad colonial. Momento en el que plantea su tesis de maestría en Historia La encomienda en Costa Rica y su papel dentro de la estructura socioeconómica colonial: 1569-1699, que más adelante se publicó como libro: La era de la encomienda.

Este trabajo constituye el estudio más completo de la época de la encomienda a nivel de la historiografía centroamericana. Es un análisis con perspectiva global de la primera configuración colonial de Costa Rica, surgida en el contexto de la crisis de la población indígena y el consecuente deterioro de la encomienda en Centroamérica. El año 1569 marca el inicio de la institución de la encomienda en la provincia de Costa Rica y finaliza en 1695, momento en que se cita por última vez a un encomendero.

El texto tiene un invaluable aporte desde los puntos de vista económico y social, mencionaremos los más importantes. En primer lugar, la interpretación de la conquista de Costa Rica como un proceso regional centroamericano, distinguiendo entre la penetración hispana en Nicoya en la década de 1520, y la que se presentó 40 años después con la incursión de los conquistadores al Valle Central. Este proceso, lo denominó “la invención de Costa Rica y Nicoya”. De ahí que propuso la necesidad de ahondar en los estudios regionales de Centroamérica con el fin de que: “… trascienda los estrechos límites políticos contemporáneos, para emplear la perspectiva regional que adquiera mayor sentido histórico”. (12)

En segundo lugar, la autora muestra que el motor que propició la conquista del Valle Central de Costa Rica y su jurisdicción, fue la búsqueda de mano de obra indígena y cuyo resultado más importante fue la encomienda en sus dos variantes: la encomienda de servicio personal y la encomienda de tributo en especie.

En tercer lugar, en La era de la encomienda, argumenta que, al contrario de lo que se ha sostenido, el mestizaje no fue un fenómeno tan temprano en la Costa Rica colonial, sino más bien tardío, del siglo XVII. (13)

El trabajo está realizado desde la perspectiva de la historia total, ya que la autora ofrece mayor atención a la encomienda desde el punto de vista de la explotación indígena, en particular, la sometida al sistema tributario. Aunque también toma en cuenta otras formas de explotación de la mano de obra como fueron los indios alquilones, los naboríos o laboríos y los negros esclavos; tal y como lo señala seguidamente: “El indio como tributario, estuvo sometido a una diversidad de relaciones de explotación, que en lo fundamental iban orientadas a extraer productos autóctonos o a apropiarse de la mano de obra directa”. (14)

La encomienda en Costa Rica fue una institución efectiva y exitosa pero debe comprenderse en su momento y en su espacio. Esta se circunscribe en el contexto de la dramática disminución de la población tributaria y la desintegración de las comunidades, tanto en el resto del Reino de Guatemala, como en la propia Costa Rica, y en la provincia de Costa Rica perduró hasta finales del siglo XVII. A la crisis demográfica que marca el inicio de la encomienda, se suma el colapso comercial del siglo XVII en las colonias españolas, aspecto escasamente tratado en este trabajo. Las dos situaciones mencionadas fueron los principales factores que desencadenaron los conflictos entre la Corona, la Iglesia, los encomenderos y colonos, debido al reparto de la población sobreviviente, que dio pie a su vez, a la penetración de las autoridades y grupos principales en las zonas de refugio indígenas como Talamanca y las llanuras del norte.

Al mismo tiempo, Claudia Quirós Vargas pretendió elaborar una cronología del sis­tema tributario impuesto en Costa Rica; fuese este en especie, en trabajo personal o bien en dinero. Esta cronología se constituye en un punto polémico porque supone que, en la segunda mitad del siglo XVII, predominaba el tributo en servicio personal. En cambio, otros autores argumentan a favor del tributo en especie a lo largo de todo el siglo XVII. (15) En los dos casos es importante sostener que ambas formas de encomienda coexistieron en el siglo en cuestión, a pesar de que en otros ámbitos coloniales esta institución ya había desaparecido desde el siglo XVI.

En los últimos capítulos de La era de la encomienda, Claudia Quirós Vargas se dedica a mostrar la existencia de contradicciones internas entre la elite provincial, en vista del dominio sobre ciertos productos, precios y mercados. En relación con la ganadería y las propiedades del Pacífico Central y Norte de Costa Rica, hizo algunas propuestas acerca de la relación entre la elite colonial con el resto de los grupos sociales. Como ejemplo de ello, sugiere que los orígenes del campesino del Valle Central, se dieron en los primeros años del siglo XVII,(16) como resultado de la colonización agrícola en el Valle Central occidental, en medio de un proceso de diferenciación existente en el interior de los grupos. Este ha sido un aspecto sumamente importante para comprender la configuración de la sociedad colonial y la génesis de un campesinado mestizo, surgido en una sociedad desigual, pero libre.

Un buen extracto de sus principales ideas lo encontramos en un artículo publicado, en colaboración con Elizabeth Fonseca, denominado “Economía colonial y formación de las estructuras agrarias”,(17) en el que las investigadoras analizan las instituciones económicas y políticas de origen colonial y su relación con los grupos sociales y étnicos surgidos en la época.

Su artículo “Las actividades económicas de la provincia de Costa Rica, 1569-1610”,(18) constituye una de las primeras incursiones al estudio del capital que dio origen a las actividades económicas de la elite de Cartago. Por lo que concluye que este capital se consolidó sobre la base del tributo en especie y su consecuente comercialización en manos de unos pocos encomenderos. De ahí que afirma: “El tributo en especie y su comercialización constituyen la fuerza motriz de la economía colonial”.(19) Desde esta perspectiva es evidente que, tanto la comercialización del tributo en especie, como la exportación de mulas hacia Panamá, constituyeron la base material para el ascenso de un sector social dominante constituido por un círculo reducido de familias “encomenderas”. Así mismo, encuentra que fue el Valle Central de Costa Rica el primer polo dinámico de la economía provincial.(20)

Esta autora procuró también el diálogo interdisciplinario que gestó con otras áreas de la docencia y la investigación, lo que derivó en aportes significativos. Entre ellos, su estudio sobre la sismicidad histórica en Centroamérica, proyecto realizado por la Escue­la Centroamericana de Geología y el Instituto Panamericano de Geografía e Historia, producto del cual publicó un artículo en la revista Reflexiones: “Un encuentro entre la geología y la historia colonial”.(21) Entre sus objetivos estaba buscar la recurrencia, origen y procesos generadores de los eventos sísmicos de mayor impacto en la región, tomar medidas preventivas, así como elaborar un Catálogo Sísmico de Centroamérica y un Catálogo Sísmico de Costa Rica (1608-1910).

Este proyecto, según sus propias palabras, representa un acercamiento de los historiadores con los geólogos: “La Historia y los historiadores aportaron los instrumentos necesarios para un enfoque retrospectivo, no tradicional, de la sismología, abriéndose una importante brecha y una gama de posibilidades a los científicos interesados por el estudio de los terremotos y los problemas sociales que estos originan”.(22) La geología usa las evidencias no tradicionales, en este caso, los fondos documentales, códices, pergaminos, gacetas, periódicos, crónicas, testimonios orales, etc. Con la sismicidad histórica surgió una nueva alternativa de investigación que vinculaba la investigación con el compromiso social, porque aseguraba que era la sociedad la “…protagonista del drama que genera cada terremoto o cada evento sísmico”.(23)

La interpretación de una historiadora que ha llegado a su madurez académica, es notable en sus artículos de finales de los años 1990 y principios del siglo XXI. Entre ellos, el significativo análisis de “Las cofradías indígenas en Nicoya”,24 en el que destaca la importancia de las cofradías desde el punto de vista económico y religioso. En este artículo devela su preocupación por investigar la ganadería en la Época Colonial, problemática que ya había elaborado en 1976. La ganadería en las cofradías indígenas de Nicoya:

 […] tuvo éxito a pesar de la matanza indiscriminada de vacas y terneros para obtener sebo. Contradictoriamente, las cofradías indígenas, por medio de arrendamientos a parti­culares de ganado mixto de las propias cofradías, contribuyeron al desarrollo de la ganadería, elemento fundamental en la contribución de la guanacastequidad que ha persistido hasta el presente”.(25)

Otros temas estudiados por ella y enmarcados dentro del sistema de explotación de la encomienda, fueron los que se refieren a la violencia comunal. En su artículo “La violencia comunal en el pueblo indígena San Juan Evangelista de Tobosi: juicio criminal por ‘filicidio’ contra Catalina Pérez 1781”,(26) denuncia las injusticias cometidas en contra de las comunidades indígenas por parte de las autoridades españolas. También la situación refleja el deterioro de las comunidades y la desintegración familiar, siempre dentro del contexto de la sobreexplotación de la mano de obra por parte de los encomenderos, comerciantes, ganaderos y propietarios. Para analizar dicho suceso recurre a la psicología social y al término “violencia estructural”. Llama la atención de que, hace una relación entre la violencia que vive la Costa Rica actual con la del pasado. En ambas no había más que grupos excluidos, sometidos a la violencia “estructural”.

Desde la Historia Regional, Claudia Quirós Vargas llevó a cabo las primeras publicaciones sobre la relación entre la economía ganadera de Nicaragua y de Nicoya. En especial su trabajo “La sociedad dominante y la economía cacaotera de Rivas, factores determinantes para el surgimiento de la ‘hacienda de campo’ en el Pacífico Norte costarricense: primera mitad del siglo XVIII”, publicado en 1999.(27) En este sentido la autora se sale de lo estrictamente local y regional para buscar explicaciones fuera de lo que hoy son los límites convencionales y políticos entre ambos países.

Superando el ámbito colonial, pero demostrando su preocupación por construir una historia comprometida con el país y con sectores populares, publicó el libro Los Tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas –de junio 1948 a noviembre de 1949–,(28) en el que manifiesta su obra social: “En mi opinión, ser historiadora implica para mí un compromiso con la sociedad y sus problemas, ya que, además de reconstruir el pasado para comprender el presente, mi mayor responsabilidad es contribuir al establecimiento de una sociedad más justa”.(29) El libro es una denuncia a la corrupción que se presentó internamente en los propios Tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas, después de la Guerra Civil de 1948.

Uno de sus últimos trabajos lo realizó junto con Carmela Velásquez y la autora de esta reseña, sobre las redes familiares vascas en Costa Rica.(30) En este trabajo su papel fue analizar la función del capital vasco en la constitución de las principales haciendas del Pacífico de Costa Rica como Miravalles, Tenorio, Paso Hondo, Las Cañas, Maderos Negros, San Francisco Higuerón y Chome, entre otras. El trabajo fue realizado con el Dr. Jean Phillipe Priotti y se presentó en el Première Reencontré avec le Mexique Histoire, Littérature et Cultura, Boulogne-sur-mer, Francia.(31)

Con su proyecto de tesis doctoral Los procesos de formación social y de identidad regional en el Pacífico Norte, orígenes y desarrollo de la sociedad guanacasteca: 1554-1848, Claudia Quirós Vargas asumió nuevamente el reto de continuar investigando acerca de la hacienda ganadera, concentrándose esta vez en la provincia de Guanacaste. En la propuesta señala la importancia que las elites de Granada y Rivas tuvieron en la consolidación de la ganadería y la sociedad guanacasteca. Procura darle coherencia al surgimiento de la hacienda ganadera, con base en la influencia nicaragüense, razón por la cual en Guanacaste la hacienda tuvo un origen más tardío si se compara con la del país vecino. Se pregunta ¿Por qué surgió tardíamente?, ¿Cómo se dio el proceso de apropiación de tierras?, ¿Cuál fue el papel de la elite rivense en el acaparamiento de tierras en el Pacífico Norte de Costa Rica y Nicoya?

Con su particular empeño dejó escritos los cinco capítulos de su tesis doctoral y varios trabajos de investigación. Entre los más interesantes están los que llevó a cabo con el Dr. Víctor Hugo Acuña en sus seminarios doctorales: “Braulio Carrillo: entre la conformación del Estado costarricense y el protonacionalismo gubernamental: 1835-1842” y “La lógica de la anexión del partido de Nicoya al Estado costarricense”. Sus interesantes preguntas y problemas investigativos los mostró también en el seminario del Dr. Carlos Granados Chaverri en los que realizó: “La configuración territorial de la provincia de Guanacaste: 1524-1840” y “El puerto de Puntarenas: ¿Un islote de arenas en 1840?

En suma, doña Claudia ha logrado desentrañar el papel de las redes sociales en Costa Rica colonial y su relación con otras elites centroamericanas, especialmente las que procedían de Nicaragua. Estas redes regionales fueron las que trasladaron a este territorio la tradición arquitectónica de la “hacienda de campo”, tan frecuente en Nicaragua.

Su obra póstuma salió en colaboración con el colega Juan Carlos Solórzano, Costa Rica en el siglo XVI. Descubrimiento, exploración y conquista,(32) en donde su participación consistió en el análisis de la conquista, la invención de Nicoya y su papel en la dominación del Valle Central de Costa Rica. Esta obra es la culminación del trabajo que por muchos años ambos autores habían realizado. El libro venía siendo preparado por los autores desde hace muchos años, pero tenía una “especie de destino extraño”: es presentado como un obituario en homenaje a doña Claudia que fue escrito por el director de la Escuela de Historia, Francisco Enríquez Solano, sin embargo, en nuestra opinión debería contener dos obituarios: el que merece nuestro querido y recordado colega Paulino González Villalobos, fallecido hace muchos años y a quien iría dedicado este libro, ya que en el equipo nos referíamos a este texto como “el libro de Paulino”, si no se nos hubiera presentado la lamentable y repentina pérdida de doña Claudia.

Finalmente, el gran complemento de su trabajo empírico fue su labor de campo; buscando caminos, ciudades y puertos. También rescatando el papel de la gente y de las comunidades en la creación y en la recuperación de su propia historia. Las mejores pruebas de su contribución a la historia de las comunidades fueron la tradición de la cabalgata de Cañas, los homenajes que año tras año se llevan a cabo en memoria del líder campesino Gil Tablada y la recuperación material e inmaterial del Camino del Arreo.

Con este último se ha ido construyendo una importante memoria local y regional, digna de pervivir y de llevar su nombre en homenaje. Para ella, dicho camino es “…uno de los elementos culturales que en mayor grado ha contribuido a forjar la identidad guanacasteca”,(33) argumento con el cual propuso un proyecto de investigación para declararlo patrimonio histórico-cultural de los costarricenses. A raíz de esta propuesta se realizó la Primera Cabalgata de la guanacastequidad, el domingo 11 de mayo de 1997,34 actividad que se ha convertido en una tradición importante en la ciudad de Cañas y de las haciendas localizadas en las cercanías, en el año 2007 se celebraron los 10 años.

Ella fue Claudia Quirós Vargas, maestra, historiadora, activista y amiga. Con su ejemplo nos enseñó cómo traspasar veredas y barreras, caminos de polvo y lodo, calores agobiantes, vados peligrosos; pero a su vez, nos enseñó a sonreír ante el vuelo de una mariposa, el olor de una flor silvestre en el Camino del Arreo o una mula reposando al mediodía bajo un árbol de Guanacaste. Así lo señaló años atrás:

De esta forma he logrado vivir y disfrutar la Historia, en la medida que esta nueva estrategia [se refiere al trabajo de campo], implicó compartir la fatigosa pero necesaria labor en archivo u oficina, con el trabajo de campo, tanto para las entrevistas como para el reconocimiento de sitios y lugares”.(35)

Con todo lo indicado anteriormente, Claudia Quirós Vargas es la personificación de la universitaria por excelencia. En su prolífico quehacer a lo largo de sus años en la Universidad de Costa Rica, confluyen los máximos principios de esta institución; la docencia, la investigación y la acción social. A estos hacíamos referencia una mañana de abril de 2007, con un grupo de historiadores, cuando la colega Mariana Campos nos recordaba que tales propósitos universitarios los cumplió a cabalidad Claudia Quirós Vargas. Como docente formó varias generaciones de estudiantes entre los que impregnó su amplio sentido crítico a favor de las causas sociales y ecológicas, por lo que explotó el campo de la acción social. También como docente e investigadora supo ganarse un sitio como autoridad en los diversos campos del quehacer académico y social.

De manera que, no podemos reducir a doña Claudia a ser catalogada como una mera especialista en la Historia Colonial de Costa Rica. Es más que eso, ella representó mucho más de lo que aquí hemos intentado esbozar, por lo que si hemos hecho omisión de algún aspecto de su recorrido personal y académico, sea esto comprensible.

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Bibliografía

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Notas:

1. Claudia Quirós Vargas, La era de la encomienda (San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1990).

2. Claudia Quirós Vargas, La encomienda en Costa Rica y su papel en la estructura socioeconómica colonial, 1569-1699 (Tesis de Maestría en Historia, Universidad de Costa Rica, 1987).

3. Claudia Quirós Vargas, La era de la encomienda

4. Claudia Quirós Vargas, “La historiografía costarricense durante los siglos XVI y XVII”, Revista de Historia (Costa Rica) Número Especial (1996): 27.

5. Archivo Nacional de Costa Rica, Protocolo de Cartago, N. 803 y Revista del Archivo Nacional (Costa Rica) (enero-diciembre, 1992): 67-132.

6. Claudia Quirós Vargas, La era de la encomienda

7. Claudia Quirós Vargas, Aspectos socioeconómicos de la ciudad de Espíritu Santo de Esparza y su jurisdicción (1576-1848) (Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad de Costa Rica 1976).

8. Ibid.

9. Ibid., 345.

10. Ibid.20 Revista Historia, ISSN: 1012-9790, No. 57-58, enero-diciembre 2008. / pp. 9-20

11. Claudia Quirós Vargas, “La sociedad dominante y la economía cacaotera de Rivas, factores determinantes para el surgimiento de la ‘hacienda de campo’ en el Pacífico norte costarricense: primera mitad del siglo XVIII”, Estudios Sociales Centroamericanos, 25, 2 (1999): 49-71.

12. Ibid., 249.

13. Ibid., 249-252.

14. Ibid., 131.

15. Cf. Luis Fernando Sibaja, “La encomienda de tributo en el Valle Central de Costa Rica (1569-1683)” en: Costa Rica colonial: tres ensayos (Costa Rica: Programa Centroamericano de Ciencias Sociales del CSUCA, 1984).

16. Quirós Vargas, La era de la encomienda…, 274.

17. Elizabeth Fonseca y Claudia Quirós, “Economía colonial y formación de las estructuras agrarias”, Cátedra de Historia de las Instituciones de Costa Rica (San José Costa Rica, Universidad de Costa Rica, 1994).

18. Claudia Quirós Vargas, “Las actividades económicas de la provincia de Costa Rica. 1569-1610”, Revista de Historia (Costa Rica) 15 (enero-junio, 1987): 45.

19. Ibid., 47.

20. Ibid.

21. Claudia Quirós Vargas, “Un encuentro entre la geología y la historia colonial”, Reflexiones (Costa Rica) 1 (agosto, 1992): 23-26.

22. Ibid., 25.

23. Ibid.

24. Claudia Quirós Vargas, “Las cofradías indígenas en Nicoya”, Revista de Historia (Costa Rica) 36 (julio-diciembre, 1997): 37-77.

25. Ibid.

26. Quirós Vargas, “La violencia comunal en el pueblo indígena San Juan Evangelista de Tobosi: juicio criminal por ‘fili­cidio’ contra Catalina Pérez, 1781”, Reflexiones (Costa Rica) 57 (abril, 1997): 13-24.

27. Claudia Quirós Vargas, La sociedad dominante, 49-71.

28. Claudia Quirós Vargas, Los Tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas (de junio de 1948 a noviembre de 1949) (San José, Costa Rica: Editorial Costa Rica, 1989).

29. Ibid., 14.

30. Claudia Quirós Vargas, Carmela Velásquez y Elizet Payne, “Los vascos en la provincia de Costa Rica. Análisis de su posición social, económica y mentalidad colectiva. Siglos XVII y XVIII”, Revista del Archivo Nacional (Costa Rica) 1-2 (enero-diciembre, 2004): 11-139.

31. Première Reencontré avec le Mexique Histoire, Littérature et Cultura, Boulogne-sur-mer, Francia, (noviembre, 2000).

32. Juan Carlos Solórzano Fonseca y Claudia Quirós, Costa Rica en el siglo XVI. Descubrimiento, exploración y conquista (San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2006).

33. Claudia Quirós Vargas, “Primera cabalgata de la guanacastequidad, pro reivindicación del Camino del Arreo”, Actualidades del CIHAC, Universidad de Costa Rica, año 3, n. 8 (1997):1-2.

34. Ibid., 3.

35. Quirós Vargas, La historiografía…

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(*) Elizet Payne Iglesias. Doctora en Historia por la Universidad de Costa Rica, profesora de la Escuela de Historia e investigadora del Centro de Investigaciones Históricas de América Central, de la Universidad de Costa Rica (CIHAC). Correo electrónico: epaynei@yahoo.com.mx

FUENTE: Revista Historia, ISSN: 1012-9790, No. 57-58, enero-diciembre 2008. / pp. 9-20

http://www.latindex.ucr.ac.cr/hst003/hst003-01.pdf

Fotografía: Cortesía de la Folclorista Prof. Sonia Ligia Quirós Vargas. Restauración: Marco Fco.·. Soto Ramírez, Cultor Popular Tradicional, Gestor del Blog “ESPARZA MÍA…”

GÉNESIS y DESARROLLO de la CIUDAD del ESPÍRITU SANTO de ESPARZA

Kiosco del Parque ‘Ignacio Pérez’, Esparza, Puntarenas, Costa Rica. (Foto: Marco Fco.·. Soto Ramírez)

Compilación: Marco Fco.·. Soto Ramírez (Ñor Antenor), Folclorista Esparzano.

El 14 de febrero de 1982, un grupo numeroso de parroquianos, nos dimos cita en la Escuela ‘Arturo Torres Martínez‘, ubicada en la Ciudad Primada del Espíritu Santo de Esparza, con el propósito de escuchar una charla impartida por la señora Claudia Quirós Vargas, en aquel entonces Licenciada en Historia, quien años después, con su Maestría en Historia -siendo Investigadora y Catedrática de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica- publicara su libro ‘La Era de la Encomienda‘ (Editorial UCR), lo que hizo méritos para ser acreedora al Premio de Historia ‘Aquileo J. Echeverría’ 1990.

En esa ocasión, en medio de una verdadera fiesta cívico-artístico-cultural, se aprovechó para efectuar la grabación del Programa ‘Voces de la Tierra‘ (Radio Nacional), conducido por el joven Alfonso Gätgens Agüero, quien años después se convirtiera en distinguido periodista, quien realizara la introducción de tan interesante charla. En algún momento del evento hizo su intervención el joven Carlos Borge Carvajal, en ese entonces estudiante de Antropología, la cual quedó plasmada en esta transcripción.

Introducción

La Ciudad del Espíritu Santo de Esparza fue fundada en el Valle de Coyoche, en el año 1574.

En el año 1676, tenía población de 100 habitantes, según documentos de la época.

En 1686, los piratas ingleses, al mando de Cook saquearon la ciudad, obligando a sus habitantes a retirarse hacia el interior del país.  Años más tarde, fue nuevamente saqueada por el pirata Morgan y sus bucaneros.

En 1693, el entonces gobernador, don Manuel Bustamante y Rivero, reunió a los habitantes del Valle que se encontraban dispersos y les obligó a construir casas y formar una ciudad en el sitio que hoy ocupa Esparza.

En 1718, don Diego deLa Haya Fernández, Gobernador de nuestro país, en documento para la historia, describió a la ciudad en los siguientes términos:

“Se compone de una iglesia de horcones, paredes de barro, cubierta con teja. Un Convento de San Francisco hecho del mismo material. Catorce casas de familias españolas y algunas gentes sencillas y pobres”.

La jurisdicción de Esparza alcanzaba hasta el territorio que hoy corresponde al cantón de Bagaces (Guanacaste).

En 1789, bajo la Administración de don Tomás Guardia Gutiérrez, se construyó el tramo ferroviario entre Esparza y Puntarenas, lo que indiscutiblemente le daría mucho auge, debido a que los carreteros que antiguamente tenían que llegar hasta Puntarenas, comenzaron a cargar el café en la Estación de Esparza y a recoger la mercadería que iba a San José en el mismo punto.

Fue en la última década de ese siglo que el nombre de Esparza fue cambiado por el de Esparta, con el que se conoció hasta 1974, cuando la Comisión de Nomenclatura de nuestro país creyó oportuno tomar los nombres ancestrales. Influyó en el cambio de nombre de finales del siglo XIX –según se dice- el padre del entonces Presidente de Nicaragua, don Adolfo Díaz, quien nació, precisamente, en Esparza.

La Historia y la leyenda se confunden en Esparza, uno de los pueblos de mayor edad en nuestro país. Es así como han ido surgiendo algunas leyendas como la de “La Campana de Oro”, que hace referencia a una campana robada por el pirata Morgan, o la leyenda de “La Quebrada del Cura”.

 Transcripción del relato de la MSc. Claudia Quirós Vargas (*)

MSc. Claudia Quirós Vargas (1931-2006): Apasionada por la Historia y la Cultura Popular.

El cantón de Esparza es el segundo en importancia, en cuanto al desarrollo histórico de Costa Rica.

Período Precolombino 

A través de la etnohistoria o la arqueología se pueden obtener importantes datos para poder establecer una aproximación referente a la época precolombina. Realmente, en ese sentido es muy poco lo que se ha hecho a nivel general, en Costa Rica y particularmente, en la jurisdicción del cantón de Esparza.

Esta fue una zona de transición entre la cultura mesoamericana y las culturas que vivían en el resto del país, que evidentemente eran de origen sudamericano.  Debe tenerse en cuenta que la jurisdicción de Garabito llegaba hasta esta región.  Por ejemplo, hay algunos restos en la Hacienda Cabezas que son una especie de petroglifos, pero realmente no han sido estudiados.

Continuamente las personas se encuentran muestras de cerámica, pero, en ninguna ocasión, objetos de jade o de oro. No obstante, en la Hacienda Pan de Azúcar se han encontrado algunas piezas de jade y luego, en el propio lugar donde se asentaba la Ciudad de Santa Catalina de Garabito, en Jesús María.

Realmente, no tengo noticias de que se halla hecho alguna investigación, a no ser de lo que se haya encontrado en Barranca o en FERTICA (Fertilizantes de Centroamérica, S. A.), nada más, pero ya trabajos científicos serios, creo que no.

Período Colonial 

Para hablar de Esparza debemos remontarnos al año de 1568. Si bien es cierto, la conquista de Costa Rica se inició 7 años antes, es en 1568 cuando Perafán de Rivera funda el pueblo o la ciudad de Aranjuez, ciudad española, introduce el ganado vacuno. Además, al año siguiente hace los repartimientos de Encomiendas que vienen a consolidar realmente la conquista de Costa Rica y, de hecho, se inicia la etapa Colonial.

En 1574, Alonso Anguciana de Gamboa, Gobernador Interino de la Provincia de Costa Rica, trasladó, mediante un juicio criminal, a los pobladores de la Ciudad de Aranjuez, por cuanto la gente no quería salir de allí. Con tal traslado fundó un nuevo asentamiento que él llamó la Ciudad del Espíritu Santo.

La ubicación de este sitio no se ha podido establecer con certeza, pero, suponemos que fue muy cerca del Puerto de La Caldera; pudiendo ser en el Valle del Coyoche, en lo que hoy es el Valle de Landecho.

En 1577, sucede un hecho importante. A la llegada de don Diego de Artieda y Chirinos, en calidad de Gobernador de la provincia de Costa Rica, lo primero que hace es habilitar, como puerto principal, el Puerto de La Caldera, aprovechando las condiciones naturales que presenta esa Ensenada. Procediendo con el traslado del asentamiento que había fundado Anguciana de Gamboa hasta este sitio, bautizándole con el nombre de Esparza.

Con Artieda y Chirinos se dan los límites de la Provincia de Costa Rica que van a regir durante toda la Colonia , de manera que la jurisdicción de esta provincia van desde los límites del río Tempisque hasta toda la zona de Chiriquí (Panamá), los que rigieron hasta la época Republicana.

En relación con Esparza, se le asignó el siguiente límite: Desde el río Tempisque y el río Salto hasta el río Grande de Tárcoles. Como puede notarse, parte de lo que hoy es la Provincia de Guanacaste y lo que es Puntarenas perteneció o estuvo dentro de la jurisdicción de Esparza.

Por otro lado, complementando el hecho de que esta era una ciudad española, el aspecto económico era fundamental para mantener fijos a los colonos, con el fin de que permanecieran aquí contentos. De ahí fue que se le repartió encomiendas, como una manera de vivir, de acumular un poquito de dinero, pues esa era la ambición de los primeros conquistadores que vinieron a Centroamérica.

Es importante señalar que, en cuanto al pueblo de Esparza,  tenía dentro de su jurisdicción cuatro pueblos indígenas reducidos: el pueblo de Santa Catalina de Garabito y que se ubicaba donde está actualmente Jesús María. El pueblo de Chome, el pueblo de Abangares y el pueblo de Bagaces. Al decir “reducidos” damos a entender que estaban al servicio de la Corona o, si no, al servicio de los encomenderos.

Este es, más o menos, el aspecto político-administrativo de la Ciudad de Esparza. Desde el punto de vista económico se nota que, desde finales del siglo XVI, la principal actividad que se va a dar en toda esta jurisdicción va a ser el desarrollo de la ganadería. En el siglo XVII es el ganado mular. Ustedes saben la importancia que tuvo la cría de mulas durante este siglo. Y después, en el  siglo XVIII, todas las actividades económicas de esta jurisdicción giraron alrededor de la ganadería vacuna, del ganado de carne, donde un importante comercio de ganado en pie y también de ganado ya sacrificado, así como queso y otros subproductos con Nicaragua y con Panamá. Esto fue lo más importante.

Por otro lado, también en cuanto a lo económico, son las condiciones propias del litoral pacífico que tenía y reúne condiciones naturales para la navegación en esa época, pues no había barcos grandes. Cualquier nave podía acercarse a cualquier parte. De manera que toda la costa del Pacífico, toda la jurisdicción de Esparza tenía puertos que servían de embarcadero, por ejemplo, el Puerto del Palmar, el Puerto de Abangares, el Puerto sobre el río Chomes, el puerto sobre el río La Barranca, etc. Y fundamentalmente esa era la actividad económica.

Esparza no tuvo una gran importancia en sí como ciudad, a pesar de que era una ciudad española. La importancia estriba en que se va a ubicar desde una perspectiva estratégica para controlar como una especie de complemento va a tener una función complementaria en relación  con la Ciudad de Cartago, en el sentido de establecer un control de la gente que venía del norte, de Nicaragua, etc., y mantener el predominio de la jurisdicción. Y, por supuesto, uno de los hechos que dieron al traste con lo que pudo haber sido el desarrollo más importante, desde luego, fue el saqueo de los piratas que, en tres años consecutivos, 1685-1686 y 1687, vinieron y arrasaron totalmente la ciudad.

La gente de acá, desde luego, no se trasladó al interior, al Valle Central, sino que se trasladó a otros sitios que reunieran condiciones semejantes, y nada mejor que los valles de Bagaces, Abangares y de Cañas. Y allí es donde empieza con más auge el desarrollo de la ganadería. Y, por otro lado, este hecho va a irle quitando, poco a poco, la importancia a la Ciudad de Esparza; porque el grueso de la población se va a trasladar por ese temor tan grande que le tenía  a los piratas ingleses, a los citados valles guanacastecos. Y las autoridades siempre permanecieron aquí, aunque en ocasiones los obligaban el Gobernador para que no se fueran. Pero, ellos, de toda suerte, en 1787 pidieron que se les segregara la mitad de la jurisdicción. O sea, que de gusto de las autoridades de Esparza nació el hecho de que se les quitara la mitad de la jurisdicción. Y, a partir de ese momento, entonces, empieza una segregación de Esparza desde el río Chomes hasta el río Grande de Tárcoles, eso es lo que prevalece durante toda la Colonia.

Economía durante la Colonia

Podemos resumir diciendo que, fundamentalmente fue la ganadería, comercio por el Puerto de La Caldera y, luego, la extracción del tributo de los pueblos indígenas reducidos que mencioné anteriormente. Pero, por supuesto, como sabemos, uno de los fenómenos que se dio en toda América Hispana fue la catástrofe demográfica indígena que empezaron a diezmarse en una forma increíble desde la llegada de los españoles. De manera que en Costa Rica, al igual que en resto de América, la población indígena disminuyó por las enfermedades por las enfermedades que traían los españoles, para las cuales ellos no tenían ninguna inmunidad, por la explotación y por el maltrato también.

De hecho, en Esparza, como lo mencioné, había en su jurisdicción cuatro pueblos indígenas que no eran únicamente un adorno como pueblo, sino que servían como fuente de mano de obra, fuente de trabajo para  que los españoles los explotaran de diferentes formas, especialmente, a través del tributo y a través de los servicios personales.

MSc. Carlos Borge Carvajal

(Intervención Carlos Borge Carvajal –en ese entonces, estudiante de Antropología: “Hay un asunto interesante y es por lo cual en la caracterización étnica de nuestra región no aparecen indios en este momento. Se debió a todo un proceso de etnonocidio, montado en el caballo de la encomienda.  La encomienda es la forma de explotación económica que acaba con los indios en la región. Las últimas familias que quedaron en Santa Catalina de Garabito fueron trasladadas a finales del siglo XVIII hacia otra región. La encomienda es realmente uno de los grandes pecados de la Colonia que hace que no contemos con esa riqueza cultural que tienen otros pueblos en América, al acabar con los indios en nuestra región”).

Prosigue Claudia Quirós Vargas

También es importante agregar que, como Esparzanos, podemos sentirnos orgullosos por cuanto en nuestra jurisdicción hubo en Santa Catalina de Garabito un líder que para muchos de nosotros tal vez fue desconocido y que fue Garabito. Realmente es doloroso darse cuenta que en Ecuador, donde existe un Parque dedicado a los héroes indígenas de América latina esté la efigie de Garabito y que los Esparzanos casi no sabemos nada de él. Realmente es asombrosa la oposición que Garabito le hizo a la Conquista. Fue el único cacique que no pudieron dominar los españoles. Sin embargo, cuando él murió, sus familiares y todo el grupo que integraba su población bastante numerosa.

Por ejemplo si nosotros vemos los documentos de los repartimientos de Perafán de Rivera encontramos que solamente de la jurisdicción de garabito se repartieron casi 3.000 indios. Y para que ya en 1714 no hubiera nada más que unas 3 familias, esto nos da la idea del genocidio que se dio dentro de las poblaciones indígenas.

Pero, Garabito, se opuso, le hizo guerra a don Juan de Cavallón, a don Juan Vásquez de Coronado. Y es el único cacique de esta zona que logró enfrentarse con éxito –podríamos decir- en la medida en que no  lograron ni siquiera conocerlo. Aparte de él también merece que mencionemos a los indios de Talamanca, a quienes jamás pudieron reducirlos hasta el presente.

Período de Independencia

En la época independiente sigue lo mismo y cuando ya se dio el Ciclo Minero en lo Montes del Aguacate, el Cabildo de Esparza también insistió para que se le quitara un poco de la jurisdicción que tenía por la región de San Mateo, entonces se le quitó todo lo que es San Mateo y quedamos, entonces, entre los límites del río Jesús María y el ríoLa Barranca. Como ustedes pueden ver, fue realmente segregando zonas muy importantes y fue reduciendo su jurisdicción en una forma muy marcada hasta quedar en los límites que tenemos actualmente.

Período Republicano  

Ya en la Época Republicana, a partir de 1852, se fundó el cantón de Esparza y se le segregó todo lo que es la región de Puntarenas, pasando esta a formar un cantón aparte: el cantón central. Puntarenas llegó a constituirse en Provincia a principios del siglo XX y Esparza como cantón dependiendo de Puntarenas con los límites definitivos, que son los que tiene actualmente, entre el río Barranca y el río Jesús María.

También se hizo la división actual de 5 distritos:

  1. Espíritu Santo
  2. San Juan
  3. Macacona
  4.  San Rafael
  5. San Jerónimo

Es importante señalar que, a pesar de la reducción geográfica, Esparza retiene dentro de sus límites 3 climas: el litoral, donde se encuentra el Puerto de La Caldera, luego tenemos la parte donde se asienta la ciudad, que es una región con un clima de meseta donde se cultivan cereales, ganadería, etc.; y más hacia el norte, encontramos el distrito de San Jerónimo, con localidades como Cerrillos y Peñas Blancas, con un clima bastante frescos, donde se cultiva el café.

Le comentaba a algunos de mis alumnos que en Esparza podemos tomar café cultivado en el cantón, comer una tortilla con maíz cultivado aquí mismo, y comernos un pescado, sin salir de nuestra jurisdicción para obtener esos productos.

El problema económico fundamental de Esparza es el hecho de que la ganadería ha desplazado a la agricultura. Paradójicamente, somos un cantón supuestamente dedicado a la agricultura como actividad fundamental. Pero, encontramos que de la tierra disponible para la agricultura hay 12 mil hectáreas dedicadas a la ganadería y únicamente 600 desdichadas a la agricultura. De tal manera, que esto pone en evidencia el problema socioeconómico tan grande que tenemos en ese sentido, agravado con la falta de fuentes de trabajo.

Mientras exista este tipo de estructura económica, considero que el cantón de Esparza va a continuar con sus problemas socioeconómicos. Creo que todos los Esparzanos debemos buscar la manera de solucionar este problema de diversificar la agricultura, de preocuparnos por la agroindustria como una de las expectativas que pueden ayudarnos a resolver el problema socioeconómico que viven todos los cantones de Costa Rica que se encuentran marginados del proceso de desarrollo socioeconómico. (Fin de la transcripción del Programa Radiofónico)

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( * ) MSc. Claudia Quirós Vargas (1931-2006)

  • Investigadora, Docente, Catedrática de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica (UCR)
  • Hija Predilecta del Cantón de Esparza
  • Premio Nacional de Historia “Aquileo J Echeverría”, 1991
  • Presidente Fundadora de la Asociación para el Rescate y Desarrollo de la Cultura del Cantón de Esparza
  • Presidente Fundadora de la Federación Costarricense de organismos de Cultuta Popular Independientes (FECOCUPI)

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FUENTE: Programa “Voces de la Tierra, Radio Nacional de Costa Rica, del Sistema Nacional de Radio y Televisión de Costa Rica (SINART). Edición Nº 42. Esparza, domingo 14 de febrero de 1982.

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FOTOGRAFÍAS:

►Kiosco del Parque ‘Ignacio Pérez‘: Marco Fco.·. Soto Ramírez (Folclorista Esparzano)

►MSc. Carlos Borge Carvajal, cortesía suya.

►MSC. Claudia Quirós Vargas, cortesía de  su hermana, la Folclorista Prof. Sonia Ligia Quirós Vargas.   Restauración fotográfica: Marco Fco.·. Soto Ramírez. E-mail: dise.graf GADU@gmail.com)

La VIOLENCIA COMUNAL en el PUEBLO INDIGENA de SAN JUAN EVANGELISTA de TOBOSI: Juicio Criminal por “FILICIDIO” contra CATALINA PEREZ, 1781

MSc. CLAUDIA QUIRÓS VARGAS, Historiadora

Por: Claudia Quirós Vargas (*)

(Nota del Blog ESPARZA MIA…: Paulatinamente, iremos rescatando y publicando artículos escritos por nuestra apreciada y recordada Historiadora, relativos, no solamente a nuestro Terruño, sino a América Latina en general).

RESUMEN

Con el presente estudio intentamos evidenciar que durante el siglo XVIII costarricense, y al interno de los pueblos indios, éstos protagonizaron entre otros, un tipo diferente de violencia, obviamente configurada durante dicho siglo por factores internos y externos, la cual hemos conceptualizado como violencia comunal.

De lo anterior deducimos que la violencia no es un problema exclusivo de las sociedades contemporáneas, aunque si es necesario destacar que el estudio de la violencia como problema social contemporáneo, ha sido abordado con gran propiedad por sociólogos y psicólogos, cuyo aporte teórico ha sido fundamental para nuestro trabajo, particularmente el concepto de “violencia estructural“, mismo que no ha permitido analizar la violencia comunal desencadenada en 1781 al interior del pueblo indígena de San Juan Evangelista de Tobosí, contra Catalina Pérez, a quien le siguieron un juicio criminal por filicidio, por haber dado muerte de una paliza a su hijo José Pascual de 12 años.

Aunque en el presente estudio abordamos los fenómenos de violencia comunal, a partir del análisis de caso, estimamos que tanto los procesos reales que causaron el infortunio de nuestra protagonista, como el desarrollo del juicio criminal contra ésta y la sentencia correspondiente, son susceptibles de generalizar entre los demás pueblos indígenas costarricenses asentados en el Valle Central durante el Siglo XVIII, que eventualmente afrontarán una situación, como la que nos ocupará en este trabajo.

Desde esta perspectiva es imprescindible reseñar algunos antecedentes relativos a la segunda configuración colonial de las Indias, destacando que con el ascenso de la dinastía borbónica a la corona española, se abrió una nueva era para las sociedades hispanoamericanas.

Lo anterior se evidencia, con las disposiciones iniciales efectivamente orientadas a retomar las colonial de ultramar a efecto de rentabilizar las economías coloniales, a partir de los abundantes recursos naturales existentes en Indias, que en las circunstancias históricas incluían a la población indígena. En coherencia con estos objetivos fueron suprimidas las encomiendas, lo cual, por un lado contrarrestó, el poder de los encomenderos, y por el otro posibilitó la subordinación directa de los pueblos de indios a la Corona, facilitando el control de sus actividades productivas por medio de un régimen tributario más efectivo. Lo cual es ostensible en la revitalización de las formas comunales y la adaptación de mecanismos de control político-religioso más eficaces: se replanteó la organización del cabildo indígena con mayor número de miembros (alcalde, regidores, mayor y menor, alguacil, escribano y mayordomo de comunidad) (municipal Cot, No.254, 1817: folio 1v) propiciando una estructura jurídica local con mayor capacidad de iniciativa y ejecución inclusive de castigar en la picota a cualquier miembro de la comunidad, abriéndose un peligroso espacio legal a la violencia comunal.

Complementariamente se oficializó la tenencia de las tierras comunales al concederle a cada pueblo su correspondiente Título Real, mismas que serían administradas directamente por cada cabildo (Cartago, No.2512, 1814, folios: 5-9 v.). Estas medidas le imprimieron mayor dinamismo a la comunidad y nuevas posibilidades en las actividades productivas, incrementando las rentas de las Cajas Comunales que aseguraban el pago del tributo a la Corona, la “ración” del fraile doctrinero y los fondos para los gastos comunales. Empero la política fiscal de la Corona, generó importantes modificaciones y contradicciones a la estructura tributaria: en 1739, la Audiencia dispuso que tributario y tributaria eran únicamente los y las que habían contraído matrimonio, los miembros del Cabildo fueron eximido de tributar, se aplicó el tributo mixto (dinero y especie de varios productos, incluyendo aquellos inexistentes en la comunidad) y se instauró un nuevo impuesto para la Armada de Granada (Cartago No. 428, 1740, folios: 1-5v.).

A partir de 1758 se resolvió que sólo a los varones de 18 a 50 años, sin distinción de su estado civil, les corresponderían tributar (Cartago, No.532, 1758, folios: 1.14v.).

A finales del siglo XVIII se evidenció el proceso de transformación protagonizado por las comunidades indígenas, que por lo demás mostraban las contradicciones del reformismo borbónico: en primer lugar las modificaciones del régimen tributario alteraron profundamente la organización productiva, y con ello a la estructura familiar y comunal: liberar del pago de tributo a los integrantes del cabildo, implicó la ruptura del sentido de comunidad; porque se creó un sector privilegiado al interior de cada comunidad, convirtiendo el cabildo indígena en una institución político-represiva local, cuyos integrantes devinieron en una verdadera élite al contar con el apoyo de los frailes doctrineros, quienes intimidados por la expulsión de los jesuitas asumieron una posición de encubrimiento y colaboración con las autoridades civiles.

De otro lado, mediante la acción del gobierno local (indígena) y su pleno control sobre las tierras comunales, se diversificó e incrementó la producción comunal, tanto agrícola como artesanal. Situación que aunada a otros factores contribuyó a fortalecer la identidad comunal y a reafirmar el sentido de pertenencia entre los indígenas de cada pueblo reducido.

Contradictoriamente, la exigencia tributaria en dinero o productos inexistentes en los pueblos, además de diversificar e incrementar la economía indígena, supuso la desviación de la fuerza de trabajo de los varones, en la búsqueda de sal, miel, cera, etc., dando pie a la desintegración familiar. La demanda tributaria de dinero en efectivo, el que obviamente era casi inexistente en las comunidades indígenas, coadyuvó a que el tributario fuera explotado por el sistema del peonaje por deudas, y también contribuyó a la desintegración familiar y comunal.

A pesar de estos vaivenes protagonizados por las sociedades indígenas durante el Siglo XVIII, se percibe un leve aumento poblacional, lamentablemente interrumpido por situaciones coyunturales como epidemias y catástrofes naturales, que irremediablemente causan hambruna entre los sectores empobrecidos de cualquier sociedad. Sin lugar a dudas, y pese al reformismo borbónico, la pobreza y en consecuencia la imposibilidad de satisfacer las necesidades básicas, constituyeron la cotidianidad de muchos pueblos de indios durante el Siglo XVIII. Las circunstancias más tensas de esta cotidianidad, obviamente determinaron la desintegración y el surgimiento de la violencia, tanto familiar como comunal. Esta es la situación existente, en 1781, en San Juan Evangelista de Tobosí, pueblo indígena tributario de la Corona, aledaño a la Ciudad de Cartago.

Esta comunidad concluyó el Siglo XVII con una población de 50 vecinos (22 adultos y 28 menores) que integraban 12 familias (Cartago No.943, 1699: folios 59-62 v.).

En el siglo XVIII se inició en Tobosí con una población de 29 familias (Fernández, 1976:144). En 1747 se comunicó a las autoridades de la Audiencia que había un total de 83 vecinos asentados en los pueblos de Tobosí, Cot y Quircot (Fernández 1907:369). El padrón de Tobosí, correspondiente a 1776 reportó un total de 102 personas (71 adultos y 31 menos) distribuidas en veinte familias (Complementario No.3623, 1776: folios 1-1 v.). En 1771 fue azotado el Valle Central por una plaga de chapulines que arrasó con todos los cultivos (Bolaños y Quirós, 1981:13); y como reseñaremos más adelante, aún 10 años después no se habían recuperado las actividades agrícolas. Unos años antes de la declaratoria independentista, Tobosí contaba con un vecindario de 177 personas (Fernández, 1976:237).

En el marco de estos antecedentes y con base en la información obtenida del juicio criminal contra la indígena Catalina Pérez, natural y vecina del pueblo de Tobosí, por haberle dado muerte a su hijo Joseph Pascual, un niño de 12 años, nos interesa comprobar:

1) Que la violencia social no es un problema que se generó en las sociedades contemporáneas.

2) Que en las comunidades indígenas costarricenses del Siglo XVIII, existió la violencia familiar y comunal, y en su contexto se agredió brutalmente a las mujeres y a los niños.

3) Que en situaciones coyunturales de crisis (catástrofes naturales, epidemias y hambrunas), ayer como hoy, la violencia se desencadena con mayor fuerza y dramatismo entre los sectores sociales marginados y empobrecidos.

El concepto de “violencia estructural“, ha sido fundamental para orientar el análisis de este caso, el cual se define como:

Todas aquellas expresiones de la violencia que tienen su origen en las estructuras económicas, políticas y culturales propias de una sociedad determinada y que suelen caracterizarse porque la violencia ejercida sobre individuos y grupos adopta una cualidad impersonal, ya que es el resultado del funcionamiento de las instituciones que conforman la estructura de esa sociedad” (Solano 1996:35).

Con el propósito de verificar si esta definición de “violencia estructural” puede adaptarse al contexto de un caso de violencia comunal ocurrido hace 215 años en un pueblo indígena costarricense, procederemos a resumir la información del juicio contenido en un expediente de 19 folios, parte del patrimonio documental de los costarricenses que resguarda el Archivo Nacional, clasificado en la Serie Complementario Colonial con el No.6440, correspondiente a 1781. Al final de esta síntesis, destacaremos las manifestaciones, que de acuerdo a la definición de “violencia estructural“, pueden extraerse de este juicio.

En la mañana del 5 de agosto de 1781 fue interrumpida la cotidianidad de la vieja metrópoli cartaginesa con la llegada hasta la Plaza Mayor de una comitiva de indígenas procedentes del pueblo San Juan Evangelista de Tobosí. Dicho cortejo a la cabeza del Alcalde, quien junto con “otros vecinos principales” traían amarrada a la indígena Catalina Pérez, a la vez que portaban el cadáver de su hijo Joseph Pascual, quienes se presentaron ante el Gobernador para denunciar a Catalina del delito de filicidio porque:

…havia dado muerte a su hijo castigandolo colgado de una viga; y que parecía segun havian observado que lo havia quebrado por el espinazo” (Complementario No.6640, 1781: folio 1).

De inmediato se inició el juicio criminal contra Catalina Pérez para lo cual se dispuso, por parte del Gobernador que compareciera don Gregorio García, único profesor de cirugía residente en Cartago, para que “bajo juramento” reconociera el cadáver del niño, y dictaminara la causa de su muerte. Lo cual realizó éste en presencia del Gobernador y el Escribano, manifestando que:

…hallo todo su cuerpo acardenalado y molido a golpes de coyunda o reata torsida. Que el espinazo lo tenía partido por la cintura, que demostrava haverse quebrado por alguna ligadura que se conocia en redondo, y puedo ser de haverlo colgado por alli. Sobre el sentido derecho, como tres dedos detras de la oreja tenia un golpe que abrio llaga, el cual solo sin los antecedentes antes dicho, era suficiente para la muerte que experimentó” (Op. Cit: folios 1-2).

En vista de este dictamen se dispuso asegurar a la acusada en las Reales Cárceles del Cabildo, y que se iniciara la indagación de los testigos; quienes a partir del 6 de agosto comparecieron ante el Gobernador y el Escribano, y “bajo juramento por Dios nuestro Señor y una Santa Cruz según derecho“, declararon 10 indígenas de Tobosí, de los cuales ninguno sabía leer ni firmar.

El primero en declarar fue el Alcalde de 28 años, Miguel Bernardino Medina, detallando que pocos días atrás su suegro había denunciado a Joseph Pascual por haberle “robado” unas cañas.

Agregó que él habló con la madre del niño para que “lo recombiniera y pagara el daño“, pero éste reincidió y al ponerle nuevas quejas a Catalina, ella se llenó de soberbia. Por la noche de ese mismo día (3 de agosto), como era costumbre, se reunió el cabildo con el resto de la comunidad y el doctrinero, para rezar el rosario; como notaron que no había asistido Catalina con sus hijos, enviaron al Regidor Menor para que averiguara el motivo de dicha ausencia, y “acavara de determinar sobre el robo de caña”.

El Alcalde prosiguió su declaración, explicando que el Regidor volvió con Catalina denunciando que cuando él llegó a la casa de ésta, la encontró castigando a su hijo, el cual había quedado en el suelo casi muerto por la paliza. Al amanecer del día siguiente llegó la acusada hasta el cabildo para comunicar que había fallecido su hijo. En estas circunstancias se trasladó toda la comunidad hasta la casa de Catalina, para revisar el cadáver, reconociendo que el niño había muerto por golpes. Por su parte, el doctrinero comunicó que él no podía enterrar el cuerpo hasta que se le comunicaran los hechos la Gobernador y se estableciera la verdad:

y poderlo hacer con mayor individualidad llevo a presencia de todo el pueblo al Cabildo, puesta como acostumbravan al castigo de la coyunda, dijo y declaro que esa verdad que lo havia muerto vajo del castigo para quitar el perjuicio” (Op. Cit: folio 2v).

Continuó la declaración del Regidor Miguel Joseph Ramírez, de 34 años, agregando que cuando encontró a Catalina castigando a su hijo, notó que ésta tenía un pedazo de coyunda en la mano y que también observó un mecate colgado de una viga.

Los demás testigos declararon casi lo mismo, por lo cual nos limitaremos a mencionar sus nombres, edad y grado de parentesco con la acusada:

Nombre………………..Edad Cargo Parentesco con Catalina

Pedro León Reyes……..35 – Ninguno

Joseph A. Ramírez……..30 – Ninguno

Joseph A. Pérez………….25 – Hermano

Jesús Chacón………….….18 – Cuñado

Miguel Roque………….….42 – Ninguno

Joseph D. Roque…………18 Alguacil Menor Cuñado

Trinidad Ramírez…………50 – Ninguno

Felipe Codero…………..….49 – Ninguno

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(Op.Cit: Fls.2-6v)

Se acordó que el 22 de agosto se le tomaría declaración a Catalina, “…a quien reputandose por menor segun su calidad, y ser necesario por esta razon nombrarle defensor que la defienda y asista a verla jurar” (Op. Cit: folio 62).

De acuerdo con lo anterior, fue designado como defensor de la acusada por parte de la Real Justicia, el Alferez don Antonio de la Fuente, el cual prometió “usar su oficio bien, fiel y legalmente, sin fraude, dolo ni decidia“, se le concedió Poder y facultad para amparar a la acusada valiéndose de las Leyes que favorecen a los indígenas, sin que por su culpa esta quedara indefensa. De inmediato alegó el defensor que Catalina estaba muy enferma; se dispuso que el cirujano García procediera a examinarla, dictaminando que la rea:

…esta gravemente enferma de pujos y evacuación umoral” (Op. Cit: Folio 7v).

Hasta el 29 de agosto pudo declara Catalina, respondiendo a un interrogatorio de 14 preguntas, confesó tener 40 años, ser viuda; y negando que hubiera asesinado a su hijo, aceptó haberlo castigado por las quejas que le expuso el Regidor. Que sin haberlo hecho, lo admitió en el Cabildo y ante la comunidad, por el castigo de azotes que le propinaron. Detalló que guindó al niño de una cadena amarrado por las manos y que en esta posición lo golpeó con una coyunda durante media hora; añadió que luego del castigo, Joseph Pascual salió por sus propios pies hasta el solar, por hallarse con pujo. Que la única persona que presenció estos hechos, fue un hijo menor. Para concluir relató que su hermana Juana se mantuvo toda la noche calentando al niño, y viendo la gravedad de éste, fue donde el doctrinero para que viniera a confesarlo, y después llegó hasta donde el Alcalde a pedirle candelas y un bebedizo de “contrayerva“, pero no consiguió nada, el niño falleció al amanecer en presencia de ella y su hermana (Op. Cit: folios 8-9v).

De acuerdo a la gravedad de esta confesión se nombró a don Joseph Antonio de Oreamuno, como Promotor Fiscal, quien debería proseguir con las diligencias pendientes. Este ordenó la ratificación de los testigos, y particularmente, la declaración de Juana, la cual declaró tener 30 años y admitió ser hermana de Catalina, que ella llegó a media noche a curar al niño, pero que lo encontró muerto y arrimado al calor del fogón, mientras que su madre estaba lavando en el río; también negó las demás afirmaciones hechas por su hermana (Op. Cit: folio 10-10 v).

En esta etapa del juicio, se envió una copia de los autos iniciados, hasta la Audiencia, donde el Fiscal del Crimen ordenó a la Real Sala que el expediente fuera devuelto a Cartago, para que la causa se instruyera en la forma que correspondía a un crimen de esta naturaleza.

Tres meses después se presentaron los argumentos en favor de Catalina por parte de su Defensor, expresando que tanto la acusada como los testigos en su calidad de indígenas eran “menores de edad” y en consecuencia las declaraciones contra “esta infeliz y miserable yndia“, no merecían el crédito requerido para dar por hecho el filicidio que se le atribuía a Catalina:

… pues estando en el suplicio y amarrado llevando azotes… no queda duda que esta infeliz, por liberarse del cruel castigo que aquella Justicia estaba haciendo en ella, y berse libre, se acumulare el delito que no cometio. Aun entre gentes distinguidas y de toda razon, llegando a semejantes lanzes, por no berse en bochornos se echan las culpas que no tienen… No es creíble que una madre por tan leve delito como es el robo de unas cañas dulzes, en tiempo de la necesidad tan grande, que a vuestra señoria le consta, habia de bastimentos en toda esta Provincia, hubiese asesinado a su hijo… Que pecce al leve castigo, hay que recordar que por falta de viveres se hallaba aquel cuerpo debil, metio el accidente general que avia en la ciudad, de pujos de sangre y viruelas, y de ello se origino la muerte… pues de aquella peste murieron en aquel pueblo, en esta capital y en toda la Provincia innumerable almas” (Op. Cit: Folios 13-13 v).

Con base en estos argumentos de la Fuente solicitó la plena libertad de Catalina, lo cual rechazó el Promotor Fiscal; por un lado subrayando la gravedad del delito, y por el otro, argumentando que en juicios como el que se estaba ventilando, los y las indígenas podían ser habilitados jurídicamente como testigos, siempre que tuvieran más de 12 años. Le suplicó al Gobernador que como juez de esta causa, se aplicara el castigo correspondiente para:

… que assi quede satisfecha la Vindicta Publica, le sirva de escarmiento y queden ejemplarizados todos los demas”. (Op. Cit: folio 13 v).

Después de estas alegaciones y peticiones de las partes involucradas, el Gobernador dio por concluidos los “autos criminales“. A partir de este auto con fecha 24 de noviembre, el juicio que se venía instruyendo en los tribunales de Cartago, trascendió los límites jurisdiccionales de nuestra Provincia, para ser sometido a todas las instancias penales de la Audiencia de Guatemala, y donde recibiría la sentencia definitiva.

En Guatemala, 24 de diciembre, el Asesor Letrado determinó que este delito era de aquéllos:

… que habla la Ley 16, título 23 de la Partida 3a y otras de nuestro derecho patrio” (Op. Cit: folio 15).

Por lo cual dictaminó que Catalina debería ser condenada a las costas y a la pena ordinaria que corresponde al delito de “parricidio“. Este dictamen fue conocido, aprobado y publicado en los tribunales de Cartago, el 22 de enero de 1782. El expediente fue otra vez devuelto hasta Guatemala, donde el 6 de mayo de 1782 el Supremo Tribunal condenó a Catalina Pérez:

… En cincuenta azotes que le seran dados en la picota y quatro años de reclusión en la carcel de mujeres” (Op. Cit: folio 16 v).

Aparece en los autos la figura del Procurador y Abogado de los Pobres, quien interpuso recurso de apelación ante el Fiscal del Crimen, quien no estuvo de acuerdo en:

… libertar a esta tirana madre de un severo castigo capaz de contener a aquellos yndios en la barbarie con que acostumbran” (Op. Cit: folio 17v).

Ni en Cartago ni en Guatemala, tuvieron efecto los argumentos del Defensor o del Procurador de Pobres, y el castigo contra Catalina fue ejecutado tal como lo dispuso el Fiscal del Crimen.

Así consta en la parte inferior del margen izquierdo en el último folio del documento que a la letra dice:

Cartago y julio 1 de 1782. En este dia doy fe el haver ejecutado la sentencia anterior en la yndia Catalina Pérez como esta prevenido” (Op. Cit: folio 19).

No nos corresponde analizar los aspectos legales de este juicio (lo cual es campo para los especialistas en Derecho Indiano); en el mismo sentido debemos subrayar que no nos interesa determinar si Catalina Pérez fue culpable o no; lo cierto es que a lo largo del juicio fue ostensible la violencia institucionalizada, en la medida que todo el proceso se desarrolló en el contexto del Derecho Indiano, representado por un aparato político-represivo, e integrado por diversas instancias, pero que en un momento dado manifestaron distintos grados de violencia.

A. DIMENSION POLITICA

1) Contra Catalina

2) En favor de Catalina

AUDIENCIA ¯ DE GUATEMALA = Supremo = Fiscal del = Asesor Abogado Tribunal Crimen Letrado de Pobres¯ El Defensor

CARTAGO = El Gobernador = El Escribano = Carcelero y Verdugo

TOBOSI = El cabildo indígena = La Comunidad = El fraile doctrinero

Nótese que la dimensión política fue extremadamente violenta y diversa, contrastando con la débil y legalista participación del Defensor y del Abogado de Pobres.

B. DIMENSION ECONOMICA Y SOCIAL

Encontramos a una comunidad convulsionada por las hambrunas y la peste de viruela. Y como parte de ésta a Catalina Pérez absolutamente sola, pobre, viuda y enferma, cuyo hijo adolescente se robó unas cañas dulces para saciar el hambre y la sed, provocados por la diarrea.

Tratamos de conocer más a fondo, ¿quién fue en realidad Catalina Pérez? Según la edad que ésta reportó, parece que nació en 1741 y que muy joven casó con el indígena Juan Roque: de acuerdo con el registro de bautizos, procreó seis hijos: Manuel Francisco (1765), Joseph Pascual (1769), Francisco (1770), Pedro Joseph (1773), María Josepha (1776) y Joseph Agustín (agosto de 1979) (Libro I de Bautizos, 1738-1832: folios 1-3v). Tal parece que Joseph Agustín fue un hijo póstumo, porque su padre falleció dos meses antes de su nacimiento (Libro Defunciones de Tobosi, 1738-1852: folio 21v). La hambruna, la viruela y el infortunio, aniquilaron la familia de Catalina, en julio de 1781 murieron sus hijos Pedro y María, en agosto Joseph Pascual, Francisco en 1780 y Manuel Francisco en 1784 (Loc.cit).

Es poco lo que conocemos acerca del final de Catalina Pérez, deducimos que falleció a principios de 1788, según consta en un Padrón de ese año, Joseph Agustín de 8 años y medio es el único sobreviviente de la familia, se registró como huérfano y a cargo de Jesús Medina (Cartago Colonial No.843, 1788: folio 9).

C. DIMENSION CULTURAL

Es notoria la desintegración familiar comunal, al asumir tanto el vecindario como familiares, una actitud hostil contra Catalina. Lo cual evidencia el proceso de aculturación y deculturación que modificaron los valores inherentes a las comunidades indígenas del siglo XVIII.

LITERATURA CITADA

  • ARCHIVO ARQUIDIOSESANO DE COSTA RICA. 1738. 1832. Libros de Bautizos, Matrimonios y Defunciones de Cot, Quircot y Tobosí.
  • ARCHIVO NACIONAL DE COSTA RICA. Serie Cartago. Serie Complementario. Serie Municipal Tobosí.
  • BOLAÑOS, M. y C. QUIROS. 1981. Consecuencias socioeconómicas de las Reformas Borbónicas en un pueblo de indios: el caso de Cot. Vínculos, 7(1,2):9-17.
  • FERNANDEZ, L. 1976. Historia de Costa Rica durante la dominación española: 1502-1821. Biblioteca Patria 7. Editorial Costa Rica, San José.
  • FERNANDEZ, L. 1907. Colección de Documentos para la Historia de Costa Rica. T. IX. Imprenta Viuda de Luis Tasso, Barcelona.
  • SOLANO, M. 1996. Aportaciones de la Sociología Clásica para la Comprensión de la violencia estructural. Revista Reflexiones, 42:35-49. Editorial UCR.

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(*) MSc. CLAUDIA QUIRÓS VARGAS

  • Investigadora, Docente, Catedrática de la Escuela de Historia Y Geografía de la Universidad de Costa Rica
  • Premio Nacional de Historia “Aquileo J. Echeverría” 1991
  • Hija Predilecta del Cantón de Esparza (2000)
  • Presidente de la Asociación para el Rescate y Desarrollo del Cantón de Esparza.

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FUENTE:

http://reflexiones.fcs.ucr.ac.cr/documentos/57/la_violencia.pdf