Urgencia de un cambio de paradigma en el abordaje historiográfico

Por: Dr. Fernando A. Villalobos Chacón (*)

¿Para qué y por qué se requiere un cambio de conciencia histórica desde la educación?

Existen muchas disciplinas que, desde la perspectiva clásica y reduccionista, han tenido entre sus “objetivos” (de)formar al ser humano. La historia es indudablemente, una de ellas. Es concebida como una disciplina para unos y una ciencia para otros. Se piensa que la historia tiene mucha importancia en la formación de las personas, pues se aduce que permite conocer e interpretar la realidad actual, a partir del conocimiento del pasado, y evitar repetir los errores cometidos, en el futuro. Se le atribuye que sirve para comprender el mundo en que se vive y cómo ha llegado a ser lo que es.

La historia concierne a todas las sociedades. Entre todos se construye, pero no entre todos se interpreta, se redacta ni se oficializa. El estudio de ella ayuda a tener una idea de ese legado –sea bueno o sea malo– heredado de los antepasados. 

En consecuencia, el abordaje de una historia científica no debería tomar partido respecto al pasado, no lo debería aplaudir ni condenar; simplemente lo debe colocar dentro de su contexto, como una manera de proporcionar información para buscar enriquecer aún más su comprensión. Debe convertirse en un proceso vivo, dinámico, robusto, sistémico, constante y esencialmente humano. 

En esas condiciones, se debe preguntar: ¿es la historia oficial un reflejo auténtico de la sociedad? ¿Cumple algunas de las características deseables enumeradas en el párrafo anterior? Si el pasado proporciona las bases del presente, ¿interpretando el pasado hemos aprendido sus lecciones para el futuro? ¿Dónde está el papel de las minorías y las grandes las colectividades en la historia? ¿Por qué y por quiénes han sido excluidos estos grupos etéreos del abordaje historiográfico oficialista? ¿Qué intereses han estado detrás de esta marginación de la historiografía oficialista? Sin duda hay más preguntas que respuestas, y quedarán muchas más sin responder. 

Por múltiples razones, sobre todo de orden político, económico, religioso e ideológico, el pensamiento ha estado fragmentado. En consecuencia, la historiografía oficial ha estado inserta y ha sido construida desde ese viejo paradigma parcelario, reflejando usualmente posiciones colonizadoras e ideologizantes. Estas posiciones han permeado en prácticas áulicas frecuentemente alejadas del ejercicio sano de la crítica y de la duda, la comprensión integral del mundo y la sociedad. 

Con mucha frecuencia la historia ha sido deshumanizadora, descarnada, omisa. Toda vez que ha olvidado el papel fundamental desarrollado por las grandes mayorías –y las grandes minorías también. En vez de ello, en sus relatos oficiales ha ensayado teorías donde se dota de poderes omnímodos a unos pocos reyes, papas y gobernantes, llevándolos a un papel casi de seres humanos con características mitológicas. 

En virtud de lo anterior, este sesgo ha permitido que múltiples eventos históricos hayan sido contados a medias, con criterios egocéntricos, con enormes vacíos etnográficos y, en el caso latinoamericano, con una visión absolutamente eurocentrista de la realidad, una colonización no solo territorial y sociocultural, sino también ideológica e histórica. Esto ha redundado en la proliferación de falacias históricas y visiones reduccionistas, que han ido transformando algunos hechos acontecidos cambiándolos por completo, tanto en su origen como en sus efectos.

A manera de ejemplo, se pueden citar algunos de estos hechos representativos de cómo la historia ha sesgado relatos y culturas:

La industria mediática del cine ha iconizado a la cultura de los vikingos con unos cascos de los que sobresalen dos cuernos. Es casi impensable actualmente no relacionar a un vikingo con un personaje de aspecto áspero dotado de ese “casco con cachos”. Los hechos afirman que sus cabezas jamás estuvieron adornadas con cornamenta alguna. El equívoco pudo haber tenido su origen a partir de 1870, a raíz de la ópera de Richard Wagner ‘La Valquiria’, en la que su protagonista femenina aparece en escena luciendo un casco con cuernos. Ese episodio originó una estructura mental difícil de modificar. Posteriormente los medios de comunicación se han encargado de reproducir este modelo histórico y cultural equivocado.

Popular también es el relato que culpó a Nerón del incendio que el 19 de julio del año 64 (siglo I) arrasó la ciudad de Roma, mientras tocaba su lira. En el momento en el que comenzó el devastador incendio, el emperador se encontraba en la Villa de Anzio, a una cincuentena de kilómetros del lugar y no se enteró de lo sucedido hasta varias horas después de que comenzase a arder la capital del imperio. La acusación que provocó el siniestro es infundada. Tampoco era piromaníaco. Es más: ni siquiera hay indicios de que supiera tocar la lira.

Documentos primarios más bien sugieren que Nerón ordenó una campaña de salvamento y auxilio, desplazando rápidamente hasta el lugar tropas, además de instalar hospitales de campaña para socorrer a los heridos y afectados.

Otro ejemplo podría ser el ocurrido con el ataque a la estación bajo control estadounidense de Pearl Harbor, y la versión oficial del “traicionero” ataque japonés, en las postrimerías de la mal llamada Segunda Guerra Mundial (fue una guerra europea). Existen fuertes indicios de que el presidente Roosevelt de USA permitió el bombardeo nipón a pesar de que la inteligencia militar de su país ya lo sabía, para poder contar con una justificación de entrar en el conflicto armado. Permitir el ataque era influenciar al pueblo estadounidense para que aceptara entrar en una guerra que el ciudadano estadounidense común no deseaba. Tal episodio los hizo cambiar de parecer y la guerra tomó otro rumbo. La historia ha sido omisa en explicar adecuadamente este hecho, por connotaciones evidentemente imperialistas que controlan los medios masivos de comunicación.

Luis XVI no entendió a la sociedad francesa del siglo XVIII; ni su esposa María Antonieta que ya el pueblo con hambre no tenía más que dar; esa ceguera les costó morir en la guillotina a ambos. El pueblo estalló. Por primera vez la visión absolutista europea medieval era cuestionada y derrotada. Esta revolución gestada desde el pueblo cambió al mundo para siempre. Ninguna transformación o revolución se ha dado desde afuera de la sociedad; todos se han dado dentro del amplio tejido social de la colectividad.

Las pirámides de Egipto no las construyeron los faraones, como dice la historia, las construyeron los esclavos hebreos, quienes dominaban la técnica del ladrillo. Igual muchos relatos que exaltan a reyes y emperadores y olvidan al gran anónimo de la historia: el colectivo, el pueblo.

Sobre estas vacilaciones de la historia, el poeta alemán Bertolt Brecht (en el exilio, por cierto, en Dinamarca) en 1935 escribe el poema “Preguntas de un obrero que lee”, escrito que sigue vigente ocho décadas después:

¿Quién construyó Tebas,
la de las siete puertas?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Eran los reyes quienes arrastraron
los bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir siempre?

¿En qué casas de la dorada Lima
vivían los constructores?

¿A dónde fueron los albañiles
la noche en que dejaron
terminada la Muralla China?

La Gran Roma está llena
de arcos del triunfo.
¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares?

¿Es que Bizancio la tan elogiada
sólo tenía palacios para sus habitantes?

Hasta en la legendaria Atlántida,
la noche en que fue devorada
por el mar,
los que se ahogaban clamaban
llamando a sus esclavos.

El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él sólo?
César venció a los galos;
¿no lo acompañaba siquiera un cocinero?

Felipe de España lloró
cuando se hundió su flota,
¿nadie más lloraría?

Federico Segundo venció
en la Guerra de Siete Años,
¿quién más venció?
Cada página una victoria.

¿Quién guisó el banquete del triunfo?
Cada década un gran personaje.
¿Quién pagaba los gastos?
A tantas historias, tantas preguntas.
(Brecht, 1935).

La historia es una noble disciplina que requiere ese cambio. No se debe ser pesimista de su futuro. Se requiere ampliar las miradas y los abordajes desde enfoques más humanos e integrados. El cambio, como toda revolución, debe ser fuerte y debe darse desde principios educacionales transformadores y liberadores. El género histórico necesita una metamorfosis profunda que le permita replantear muchas cosas que se han interpretado de una manera sesgada, y se deben reexaminar y resignificar. También debe en estos nuevos horizontes históricos entenderse el amplio tejido social; el papel de las minorías, las mujeres, los esclavos, el pueblo llano, los inmigrantes, los no católicos, grupos generalmente excluidos.

La invención de héroes, con características casi sobrehumanas, es muy frecuente, y Costa Rica no escapa de eso con la mitificación de Juan Santamaría, por la que es casi un sacrilegio nacional cuestionar algunas partes del relato popular, dictado por el discurso oficial instaurado. Más recientemente estamos en proceso de vivir un proceso similar con Juan Rafael Mora Porras, declarado héroe hace apenas cinco años; ya se puede decir que inició un proceso de mitificación peligroso de este otro personaje de la Campaña Nacional ocurrida a mediados del siglo XIX (1856-1857) en Costa Rica. El peligro es que pase del olvido oficial intencionado a una especie de mesianismo, tan peligroso como la omisión. Las dicotomías historiográficas son frecuentes en Latinoamérica, donde pasar de un extremo a otro no es tan difícil.

Existen grupos enteros que se han obviado en la historiografía oficial. Muchos en forma absolutamente deliberada y grosera. La invisibilización de actores claves ha sido uno de los principales errores en materia disciplinar.

Retomando el tema de la Campaña Nacional, se ha soslayado por completo el aporte de la mujer en esta guerra crucial para Costa Rica. Hasta ahora ha existido poco o ningún interés en analizar el papel vital de las mujeres y los niños en tal conflicto. ¿Cómo, mientras sus maridos, hermanos y padres iban a la guerra, la economía siguió adelante? Ellas junto con sus hijos no dejaron de exportar café a Estados Unidos, ni a Chile ni a Europa por medio del puerto de Puntarenas. Una travesía difícil y peligrosa, en carreta, que implicaba varios días por un camino pedregoso e inclinado y cruzando varios ríos. Tremenda deuda de género hay en la historiografía costarricense en torno a este conflicto.

Doña Francisca “Pancha” Carrasco, Benemérita de la Patria.

La mujer ha sido una de las tradicionales ausentes de la historia. Ha sido frecuente que cuando se cita es para asociarla a roles peyorativos y degradantes a su condición. En la citada Campaña Nacional de Costa Rica hay un personaje que fue declarado heroína costarricense. Se trata de Francisca “Pancha” Carrasco. Francisca era cocinera y enfermera, junto con al menos una docena de mujeres más; su esposo andaba como soldado en la guerra. Fue condecorada como heroína por haber salvado la vida del propio presidente Mora, en un ataque a la casa donde se hospedaban; sin embargo, esta anécdota es prácticamente desconocida. Igual suerte han corrido otras mujeres destacadas en la historia, como Juana de Arco.

Algunas inexactitudes u omisiones parciales o completas se originan en el hecho de que la historia oficial es, por lo general, narrada desde la perspectiva de los vencedores, casi siempre hombres, blancos y ricos; quienes ostentan el poder y los medios de producción. Los procesos económicos y políticos de colonización también se extendieron, cual tentáculos de un pulpo, hacia ámbitos culturales, científicos e ideológicos del quehacer humano.

Ha sido mediante procesos sutiles y sistemáticos de enajenación, donde los que ostentan los medios de producción controlan todo el aparato ideológico de comunicación. De esta manera el sistema educativo de una nación está a su servicio; igual hacen concurrir a los científicos y profesionales que, obligados o no, les ayudan a forjar un proyecto en torno a sus espurios intereses. Valga aclarar que este comportamiento institucional de manipulación de la historia no ha sido exclusivo del sistema capitalista. Es un simple instrumento de control que ha sido aprovechado casi por cualquier fórmula de poder existente desde antaño, y en distintos estadios de la historia humana. Sin embargo, el modelo capitalista lo ha aprovechado casi como ningún otro, lo ha perfeccionado. Es que cuenta con un recurso que ningún otro sistema jamás había podido contar: la mundialización de los medios de información colectiva.

En congruencia con lo anterior, el control de los medios de información masivos ha sido la forma ideal para reproducir la historia y hacerla oficial. Una vez oficializada, se convierte en el material perfecto para generar posiciones, esquemas de valores incuestionables, y estilos de vida propios de una sociedad producida en masa, robotizada, y con una visión limitada del mundo y de la sociedad en que le correspondió vivir. Paso seguido se plasma en los planes de estudios oficiales de un país, y los educadores se convierten en el instrumento idóneo para inculcar su memorización y repetición en el estudiantado. Luego de varias décadas y algunas generaciones la mentira se convierte en una verdad incuestionable. El adoctrinamiento ha llegado a tales niveles que los mismos educadores creen estar haciendo lo correcto, y se castiga la duda y la autocrítica en el estudiante.

¿Cuántos pecados de este tipo habré cometido en las aulas luego de dos décadas? Esto me chifla fuertemente en mi conciencia, al mismo tiempo que escribo esta preocupación vital.

La religión ha sido también un elemento muy importante en la interpretación histórica torcida de muchos procesos sociales. El aporte de la religión ha caído en tierra feraz en la construcción de imaginarios colectivos históricos, dogmatizantes y colonizantes. La religión, normalmente al servicio de los grupos poderosos, ha sido una brida de legitimación y enajenación robusta del sistema político vigente. Es así como política y religión han formado una dualidad en muchas etapas de la historia inseparable y a veces hasta indisoluble. A veces costaría identificar cuál ha servido a cuál. Sin embargo, en este documento no me ocuparé del tema de la religión como un actor clave en el proceso de colonización ideológica de la sociedad, porque esto implicaría otra chifladura.

Huelga afirmar que el pensamiento fragmentado privilegió e inhibió realizar un análisis complejo e integral de la sociedad, en muchos hechos históricos como los ya reseñados a modo de ejemplo. Esta atomización de saberes facilitó el tránsito hacia un control perverso de la ciencia, entre ellos la historiografía.

No obstante, los cambios en la forma de pensar de las generaciones actuales, difundidas, entre otros, por medio de las redes sociales y la tecnología de acceso a las masas, ha permitido generar una sociedad cada más incrédula de algunos relatos oficiales. Esto es fabuloso, es una bocanada de aire fresco. Por fin la humanidad ha empezado a cuestionar y destruir mitos. Los cimientos de la historiografía clásica están temblando.

La sociedad contemporánea está empeñada en debatir y oponerse a esas supuestas “verdades” que se les han repetido desde la niñez, cuenta con mayores argumentos para construir nuevas perspectivas, desde la reflexión y la autotransformación, donde resulta válido diferir, pensar, criticar y esgrimir respuestas divergentes. Esta es una oportunidad maravillosa, inédita en la historia de la humanidad, oxígeno fresco, una egregia primavera de pensamiento que no debe desaprovechar. Se le debe dar cabida en las aulas, en las plazas, en los pretiles universitarios, en las redes, en los cafés, en todo lugar donde sea posible.

Ha existido un refrán popular entre algunos traductores y hermeneutas que dice: “un texto, sin su contexto, es un pretexto”. Sin duda, esta frase exige narrar los hechos históricos a partir de las vivencias de todos los grupos sociales, políticos, religiosos, científicos, involucrados; analizados en un contexto amplio, inclusivo y veraz. La narración de un evento que contemple únicamente fechas, datos y personajes destacados del mismo evidencia una crisis de percepción y un pésimo abordaje de la disciplina.

Un acontecimiento no constituye en sí mismo el escenario total; al frente y detrás de él existe y se genera una onda expansiva que requiere el abordaje integral del mismo evento, desde muchas ópticas, actores, enfoques e ideologías. No obstante, el abordaje clásico de la historia no ha concebido la documentación de los eventos experimentados por la humanidad como un conjunto de procesos sistémicos y, consecuentemente dinámicos, entrelazados e interrelacionados. La linealidad del tiempo y los personajes históricos poderosos e influyentes han sido los elementos rectores de los registros históricos, que no contemplan las interrelaciones, interconexiones o entrelazamientos entre ellos y, por tanto, no encuentran asidero alguno en las teorías emergentes, ya que cada acontecimiento se aborda en forma aislada, desencadenado, sin contemplar su relación con procesos anteriores, y a su vez como generador de otros en el futuro. La tendencia a dicotomizar todo también ha sido clave en los entornos tradicionales. O se es bueno o malo, negro o blanco, pobre o rico; los grises han estado ausentes del análisis en la mayoría de los contextos.

La complejidad podría apoyar fuertemente estos nuevos enfoques de la colectividad y su interpretación. La epistemología de la complejidad se fundamenta, entre otras teorías, en el nuevo paradigma científico; de ahí que promueve un cambio de abordajes en el estudio y análisis de la sociedad. Desde el pensamiento complejo, entonces, podríamos afirmar que el hecho histórico representa una parte viva de toda la humanidad, por cuanto emerge de la cotidianidad e integra la totalidad del contexto.

A partir de la complejidad, es posible vincular y contextualizar lo aparentemente singular dado que involucra un giro en el modo de concebir el mundo, la historia y la ciencia misma (Wolfram, 2002). Es posible que por medio de las teorizaciones sobre el pensamiento complejo se faciliten nuevas consideraciones para registrar, interpretar, relatar y aprender la historia. El desafío mayor del pensamiento moderno, según Morin, es pensar la complejidad. Sin embargo, no se debe confundir complejidad con complicación.

Se considera que en el proceso de resignificación de la historia como ciencia o como disciplina, es preciso transformar las metodologías tradicionales de análisis y recopilación de datos, de manera que quienes elaboren y posteriormente, quienes se nutran con los textos históricos, cuenten con elementos e información construida de modo sistémico.

La sociedad, al igual que el cosmos, no es un agregado de componentes sino una totalidad organizada. Los elementos que componen el universo obedecen a su capacidad intrínseca, las partes ocupan un lugar relacional dentro del todo. Las partes de un todo actúan en función de sus relaciones organizacionales y, a partir de ellas, se dan los fenómenos particulares. Igual sucede con la historia. Estos nuevos enfoques contravienen al pensamiento fragmentado y dualista tradicional, desde el que ha emanado la historia tradicional.

Seguir haciendo las cosas igual sería augurarles a las futuras generaciones un panorama poco halagador y hasta apocalíptico. La humanidad requiere una transformación completa, una metamorfosis hacia nuevas miradas, hacia nuevos paradigmas, nuevas formas de percibir la vida, la naturaleza, el ser humano, la sociedad, la Tierra y el cosmos. Atisbar una metamorfosis de la conciencia histórica es un reto colosal, y debe ser abordado desde la biopedagogía.

Es urgente un cambio hacia nuevos enfoques, que impulsen o den lugar a una toma de conciencia global del ser humano, que entienda que forma parte de un organismo vivo, mutante, totalmente entramado, integrado, capaz de intervenir sobre su propio destino. Por tanto, la historia humana merece ser narrada desde nuevas perspectivas totalizadoras, considerando las múltiples percepciones, sincronicidades e interconexiones, es decir la relacionalidad, a partir de un hecho.

Ha sido frecuente desde los inicios de la humanidad que la historia ha estado marcada por relatos vacíos de conquistas, guerras, confrontaciones, masacres, exterminaciones, genocidios, horrores, imperios, fanatismos, despotismos. En palabras de Edgar Morin: “la muerte es la gran triunfadora de la historia” (Morin, 2001:230). La historia tradicional ha narrado “lo malo y lo feo” de la humanidad. La historia clásica privilegió el determinismo y la continuidad. Hoy se requiere resignificarla y orientarla hacia enfoques de una sociedad planetaria, integrada, solidaria, humanizada. Es apremiante el despertar de una consciencia de comunidad planetaria, capaz de convertirse en nuestra “Patria-Tierra”.

A pesar de los esfuerzos y los cambios generados por la humanidad, las grandes transformaciones políticas, sociales, económicas, el avance de la ciencia y la tecnología en las últimas décadas, el futuro de todas las especies que habitan el planeta sigue siendo incierto. El porvenir parece ser indescifrable, si no hay un cambio.

No obstante el optimismo y el anhelo por ese cambio o metamorfosis, la humanidad sigue experimentando en muchos casos un pensamiento parcelario, fragmentario, descontextualizado, desglobalizado, colonizado y descomplejizado. Las cualidades de inteligencia y consciencia que guarda la mente humana colectiva no parecen despertar. Por lo menos lo suficiente.

Sin embargo, existe una esperanza: surge una nueva dimensión y concepción de la realidad, que puede ayudar a lograr ese despertar de la conciencia humana. Se trata del fenómeno que el psicólogo Carlos Jung y el físico Wolfgang Pauli llaman la “sincronicidad” (Peat, 2003:14), capaz de superar las defensas intelectuales, y romper la fe en el carácter perceptible de las esferas y las leyes lineales del tiempo y la naturaleza.

David Peat (Sincronicidad, 2003) es del criterio de que esta fuente creadora está presente en todos los individuos y se manifiesta, no sólo en la consciencia y el cuerpo físico, sino en toda la cultura, la sociedad y el universo. La nueva historia debe proveerse de ella.

La humanidad no ha logrado ver ni entender plenamente el fenómeno de la sincronicidad, porque está influenciada por prejuicios, fanatismos, tribulaciones, materialismo y consumismo. La humanidad sigue envuelta en guerras, represiones, simplicidades y conformismo, y experimenta una sensación de fragmentación y separación entre el cuerpo y la mente, insensibles del medio ambiente y la consciencia colectiva creadora.

Hay que pensar más con el corazón, afirma el maestro ecuatoriano Patricio Guerrero: “lo que deberíamos seriamente es desde el corazón pensar, es decir corazonar; qué mundo, qué horizonte de existencia le vamos a dejar a las niñas y niños que aún no nacen, a las hijas e hijos que aún no empiezan a transitar por los caminos del mundo y de la vida” (Conferencia Magistral, Congreso Iberoamericano de Pedagogía, UNA, Costa Rica, 25 de agosto 2015). En muchos espacios educativos formales discutirían lo siguiente, pero muchos de los problemas del mundo se solucionan con la mayor fuerza que tiene el ser humano a su alcance: el amor. Cuando se educa con amor, el horizonte cambia tanto para el aprendiente como para el acompañante. 

Los nuevos abordajes históricos que se impulsan deben gestar la descolonización del pensamiento. Eso significa resignificarla, reinterpretarla y reescribirla.

Carlos Maldonado afirma que: “vivimos una crisis civilizatoria; nuevas formas de pensamiento están emergiendo” (Congreso Iberoamericano de Pedagogía, UNA, Costa Rica, 27 de agosto 2015).

Todo este devenir incentiva y emociona con la posibilidad de gestar una nueva historia, fundamentada en muchos enfoques; abiertos, libres e integrados.

Descolonizando el pensamiento histórico

“Los países más avanzados (en tecnología) están conduciendo al mundo al desastre, mientras que los pueblos considerados hasta ahora primitivos están tratando de salvar al planeta entero. Y a menos que los países ricos aprendan de los indígenas, estaremos condenados todos a la destrucción”. -Noam Chomsky.

Es necesario desarraigar viejos estereotipos y prejuicios etnográficos que han limitado durante siglos la historiografía. El sesgo que produce el eurocentrismo ha desarrollado raíces profundas de colonización mental que no ha sido fácil romper. Se deben hacer esfuerzos para que emerja la: “posibilidad de una reforma cultural profunda en nuestra sociedad”, lo cual “depende de la descolonización de nuestros gestos, de nuestros actos y de la lengua con que nombramos al mundo” (Rivera, 1993).

Aníbal Quijano define la colonialidad como: “uno de los elementos constitutivos y específicos del patrón mundial de poder capitalista. Se funda en la imposición de una clasificación racial/étnica de la población del mundo como piedra angular de dicho patrón de poder y opera en cada uno de los planos, ámbitos y dimensiones, materiales y subjetivas, de la existencia social cotidiana y a escala societal. Se origina y mundializa a partir de América” (Quijano, 2000:217).

Un rescate sincero de las culturas autóctonas, valorar su aporte, sus prácticas, sus saberes, su lenguaje, su ciencia, su legado… es un buen indicio de que las cosas han empezado a cambiar, que el viejo paradigma historiográfico está siendo sacudido fuertemente desde sus cimientos.

Regiones tradicionalmente excluidas y deslegitimadas como Latinoamérica, África, Asia, Medio Oriente u Oceanía, están urgidas de esta reivindicación histórica cultural. Tienen mucho que decir, que aportar a esta deconstrucción del nuevo mundo que se debe avizorar. Aprender a reconocer y rescatar el valor que han tenido los grupos aborígenes en el proceso de construcción de la sociedad es un ejercicio de absoluta justicia y sabiduría. Este proceso paulatino y sostenido debe conducir a una descolonización profunda de la historia. Lamentablemente no se puede soslayar que “en todas las sociedades donde la colonización implicó la destrucción de la estructura societal, la población colonizada fue despojada de sus saberes intelectuales y de sus medios de expresión exteriorizantes u objetivantes. Fueron reducidos a la condición de gentes rurales e iletradas” (Quijano, 2000:374-378).

Por su parte, Ramón Grosfoguel sostiene que “la descolonización epistémica, al mismo tiempo que abre el horizonte al reconocimiento de experiencias ignoradas e invisibilizadas por las ciencias sociales occidentalizadas, no descarta aprender de las contribuciones de la teoría crítica producida desde la zona del ser. Lo que se propone, en cambio, es transcender sus límites y cegueras por medio de subsumir las contribuciones críticas que vienen desde la zona del ser dentro de las múltiples epistemologías críticas descoloniales producidas desde la zona del no-ser” (Grosfoguel, 2011).

Sobre el particular, Boaventura De Sousa Santos, uno de los autores que más ha investigado sobre este necesario proceso de descolonización del pensamiento histórico en las sociedades más afectadas por el “occidentalismo”, afirma que es necesario: “enfrentar las cinco monoculturas con cinco ecologías que permitan invertir la situación de invisibilidad y crear la posibilidad de transformar lo que es producido como ausente para hacerlo presente”. Las siguientes son las cinco ecologías:

1. Ecología de saberes: “la posibilidad de que la ciencia no entre como monocultura sino como parte de una ecología más amplia de saberes, donde el saber científico pueda dialogar con el saber laico, con el saber popular, con el saber de los indígenas, con el saber de las poblaciones urbanas marginales, con el saber campesino”.

2. Ecología de las temporalidades: “saber que aunque el tiempo lineal es uno, también existen otros tiempos”.

3. Ecología del reconocimiento: “descolonizar nuestras mentes para poder producir algo que distinga, en una diferencia, lo que es producto de la jerarquía y lo que no lo es. Solamente debemos aceptar las diferencias que queden después de que las jerarquías sean desechadas”.

4. Ecología de la trans-escala: “la posibilidad de articular en nuestros proyectos las escalas locales, nacionales y globales”.

5. Ecología de las productividades: “consiste en la recuperación y valorización de los sistemas alternativos de producción, de las organizaciones económicas populares, de las cooperativas obreras, de las empresas autogestionadas, de la economía solidaria, etc., que la ortodoxia productivista capitalista ocultó o desacreditó” (De Sousa, 2006).

Los nuevos enfoques deben germinar desde las aulas, desde los hogares, desde cualquier espacio humano que sea capaz de gestar y permitir aprendizajes espontáneos y duraderos. Esta revolución educativa no se resuelve con libros ni títulos; tampoco con cañones ni cohetes. Se gana con el corazón henchido de la mayor fuerza de todas las que la humanidad haya jamás conocido: el amor. Este cambio de paradigmas debe nacer desde el corazón mismo. Corazonar este cambio llevará a la humanidad a alcanzar nuevos estadios, quizás nunca antes alcanzados.

En las aulas los educadores hemos dejado de escuchar a los niños, a los jóvenes. Debemos no solo mirarlos con otros ojos sino escuchar lo que tienen que decir. Ellos tienen mucho que decir, tienen mucho que enseñarnos.

Debemos abrir los oídos físicos; sin embargo, los del alma y el corazón son los más necesarios. Los grupos marginados o relegados, como las mujeres, niños, negros, indígenas, discapacitados, pobres, migrantes, ancianos, son capaces de contribuir de manera decidida a resignificar la historia, a salir del anonimato en que han sido enclaustrados y aportar quizás lo que a la humanidad le esté faltando y la tenga al borde de su autoextinción. Impulsar este proceso de escucha y amor es vital y quizás es el centro de esta chifladura. Aprender con amor. Estos grupos tienen mucho que decir. Hay que escuchar más. Hablar menos. Hacer más, pero en comunidad, en redes, en sincronía. Esta es una aventura pedagógica como ninguna otra.

La escuela, en el sentido más amplio, debe ser abierta, libre, sin fronteras de ningún tipo. Deben ser espacios formales o no formales lúdicos, donde aprender sea un gozo. La escuela no puede estar de espaldas a la comunidad. Debe ser cónsona con el variado tejido social a su alrededor. Debe nutrirse de ella. El centro de discusión y de dialogidad de la comunidad no debe ser el parque, menos la iglesia; debe ser la escuela. Ahí deben incubarse los cambios que la sociedad requiere. La popuesta es de una escuela abierta, inclusiva, sin discriminación, sin líneas fronterizas que colonizan ideológicamente a los pueblos. Hay que promover los multílogos, más allá de los tradicionales diálogos.

Mientras tanto, el mundo se desangra. Se debe dar un urgente golpe de timón, debe ser radical. La visión capitalista de mercado está profundizando como nunca antes la desigualdad entre las personas. La humanidad está inmersa en un desafío colosal. No sabemos si acabaremos primero con el planeta o cuando éste desaparezca por nuestras malas acciones ya no haya humanos.

En este momento millones de seres humanos, de personas con una historia propia que contar, con sueños, con esperanzas están desplazándose de unos continentes a otros por guerras y conflictos étnicos y religiosos. La sed de dinero, el fanatismo y el egoísmo están marcando muchas vidas. La globalización del capitalismo salvaje no es más que la continuación de un proceso arraigado desde muy antaño.

Aníbal Quijano opina que: “la globalización en curso es, en primer término, la culminación de un proceso que comenzó con la constitución de América y la del capitalismo colonial/moderno y eurocentrado como un nuevo patrón de poder mundial. Uno de los ejes fundamentales de ese patrón de poder es la clasificación social de la población mundial sobre la idea de raza, una construcción mental que expresa la experiencia básica de la dominación colonial y que desde entonces permea las dimensiones más importantes del poder mundial, incluyendo su racionalidad específica: el eurocentrismo” (Quijano, 1997:12).

Añade el mismo autor que: “la idea de raza, en su sentido moderno, no tiene historia conocida antes de América. Quizás se originó como referencia a las diferencias fenotípicas entre conquistadores y conquistados, pero lo que importa es que muy pronto fue construida como referencia a supuestas estructuras biológicas diferenciales entre esos grupos” (Quijano, 1997:15).

Hay que descolonizar nuestras aulas, nuestros libros, nuestra historia; hay que incitar con especial denuedo procesos de cambio profundo. Estamos en marcha.

“Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”.

(Proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad de La Paz, 16 de julio de 1809).

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Referencias Bibliográficas

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-Boff, Leonardo (2003). “Ethos mundial”. Rio de Janeiro: Sextante.

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-Grosfoguel, Ramón (2011). “Decolonizing Post-Colonial Studies and Paradigms of Political-Economy: Transmodernity, Decolonial Thinking and Global Coloniality”. Transmodernity. University of California.

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-Marchena, Julián (1941). “Vuelo supremo”. En: Alas en fuga. San José: Editorial Lehmann.

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-Quijano, Aníbal (1997). “Colonialidad del poder, cultura y conocimiento en América Latina”. Anuario Mariateguiano, vol. IX, no.9, Lima.

-Quijano, Aníbal (2000). “Modernidad y democracia: intereses y conflictos”. Anuario Mariateguiano, vol. XII, no. 12, Lima.

-Quijano, Aníbal (2000). “El fantasma del desarrollo en América Latina”. Revista venezolana de economía y ciencias sociales, no. 2, Caracas.

-Rivera Cusicanqui, Silvia (1993). “Mestizaje colonial andino: Una hipótesis de trabajo”. En: Violencias encubiertas en Bolivia. Vol. 1: Cultura y política. La Paz: HISBOL-Aruwiyiri.

-Rivera Cusicanqui, Silvia (2010). “Ch’ixinakax utxiwa: Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores”. Buenos Aires: Tinta Limón Ediciones.

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(*) Fernando A. Villalobos Chacón, costarricense, residente en Esparza, Puntarenas. Es doctor en Mediación Pedagógica y posee además un Ph.D. en Administración Pública. Es Magíster en Docencia Universitaria, Psicopedagogía y en Administración Educativa. Además es Licenciado en Docencia, Historia y Administración Pública. Es Académico de la Universidad Técnica Nacional de Costa Rica (UTN), donde es profesor y Decano de la Sede del Pacífico. En la última década ocupó la plaza de Director de Docencia de la UTN. Fue profesor de secundaria en sus primeros años profesionistas, donde luego ascendió a Director de Colegio, desde donde le correspondió fundar dos instituciones de secundaria en la Dirección Regional de Enseñanza de su natal Puntarenas.

Fundó la Cátedra de Estudios Juan Rafael Mora Porras de la UTN en el año 2010 y la dirigió hasta el año 2015. Es investigador en el tema “morista” (Juan Rafael Mora Porras).

Entre sus publicaciones está el libro: Un héroe del siglo XIX en el siglo XXI: Juan Rafael Mora Porras, el hombre. EUTN, Costa Rica. Pp. 184. 2015. ISBN 978-9968-629-12.

Publicaciones en revistas indexadas:

Artículo: “Pertinencia de las giras didácticas en Educación Superior”.  En Revista Espiga Científica, Universidad del Sinú, Cartagena, Colombia. Volumen 12, 2015, ISSN 1794-3183. pp. 23-30.

Artículo: “Las giras didácticas o visitas de campo: una práctica de bioalfabetización válida en educación superior”. En Revista Umbral. Costa Rica. Volumen XXXVIII, I-2016, ISSN 1409-1534. pp. 2-9.

Artículo: “Urgencia de un cambio de paradigma en el abordaje historiográfico”. En Revista Umbral. Costa Rica. Volumen XXXIX, II-2016, ISSN 1409-1534. pp. 11-21.

Está en proceso la publicación un segundo libro de su autoría en el segundo semestre del año 2017 (en proceso imprenta) y la publicación de dos artículos científicos en revistas académicas de universidades suramericanas.

También es columnista de varios periódicos regionales desde su consolidada columna: El Ágora.

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Dirección Electrónica: ferchov75@gmail.com

Artículo publicado en la Revista UMBRAL –Volumen Nº XXXIX, II Semestre, 2016. Colegio de Licenciados y Profesores en Letras, Filosofía, Ciencias y Artes de Costa Rica (Colypro).

Enlace: http://colypro.com/revista/articulo/urgencia-de-un-cambio-de-paradigma-en-el-abordaje-historiografico

Enlace para bajar la Revista UMBRAL N° 39:

http://colypro.com/ee_uploads/revista/Revista_Umbral_No._39_con_inserto_LL_Baja_(1).pdf

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VISITA a la CATARATA del ENCANTO

La Catarata del Encanto, en el río Paires que divide los distritos de San Juan Grande y San Rafael de Esparza. Fotografía por cortesía del joven Joey Cordero Morales , vecino del lugar.

La Catarata del Encanto, en el río Paires que divide los distritos de San Juan Grande y San Rafael de Esparza. Fotografía por cortesía del joven Joey Cordero Morales , vecino del lugar.

 

Por:  Sensei Marco Fco.·. Soto Ramírez (*)

Espíritu Santo de Esparza, 09 de Febrero de 2014. Llegó el día por tanto tiempo anhelado. En el Parque ‘Ignacio Pérez Zamora’, en Esparza centro, se dieron cita 45 personas de distintas edades, oscilantes entre los 12 y los 65 años. El grupo estaba conformado por estudiantes, amas de casa, peones agrícolas, educadores, abogados, trabajadores operativos, administrativos, todos alegres, joviales y, sobre todo, solidarios, plenos de amistad y familiaridad.

Era la segunda convocatoria que atendían, como una ocasión de proseguir conociendo bellos parajes cantonales de los cuales se habla en las casas, esquinas, lugares de trabajo, casi como si de fantasías se tratase, pues de ellos se hace referencia, pero casi nunca se tiene la oportunidad de comprobar vivencialmente la belleza, los detalles históricos, geológicos, geográficos, biológicos, así como los aspectos simbólicos y anecdóticos que la tradición popular, con el discurrir del tiempo, se ha encargado de endosarles.

Es así como la DIFUSORA CULTURAL “ESPARZA MÍA”, en su nueva etapa de consolidación, y paralelamente a la fundación de nuestra emisora “ESPARZA MÍA Online Radio”, dio inicio y está incentivando la realización de caminatas recreativas que no solamente nos permitan visitar lugares emblemáticos, sino también conocer aquellos que, debido su difícil acceso, casi entran en la clasificación de ‘legendarios’.

Utilizando elementos del método de investigación científica, así como de gestión cultural y turística, hemos compartido con nuestros(as) Seguidores(as) el fruto de nuestro cotidiano quehacer, traducido en esta serie de experiencias de sano esparcimiento, como la CAMINATA A LAS CATARATAS DE CHUMICAL (las cuales bautizamos –en general- con el nombre de “CATARATAS ESPARZA MIA” –como hito fundamental de nuestra nueva etapa- y que engloban tres cascadas del río Esparza (La Pelton y los saltos segundo y tercero, así llamados popularmente), y otras tres cascadas en su tributaria Quebrada Honda, en cuyo punto medio se encuentran los llamados ‘lavaderos de oro’, vestigios de la actividad minera de los aborígenes huetares de la región.

Como lo hemos mencionado, en cada una de nuestras actividades seguimos un patrón –diseñado de antemano– como lo son las investigaciones en la historia formal y tradicional, lo cual implica inspecciones de campo, el diseño de la mejor y más accesible ruta de movilización, la preparación de la información resultante de tales labores de equipo para ser compartida antes, durante los eventos (charla ‘in situ’) y, posteriormente, la elaboración y publicación de una crónica breve y/o un artículo con información especializada al respecto; idénticamente, la publicación y amplia difusión de fotografías y vídeos de la experiencia en nuestras Páginas, Blogs, y Canales de vídeo y audio.

Y la experiencia más reciente no ha escapado a nuestro estilo de labores: LA VISITA A LA CATARATA DEL ENCANTO.

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EXCURSIONISTAS de La Catarata del Encanto. Domingo 09 de Febrero de 2014. IMAGEN: Sra. Flor Ureña.

EXCURSIONISTAS de La Catarata del Encanto. Domingo 09 de Febrero de 2014. IMAGEN: Sra. Flor Ureña.

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EL VIAJE

La algarabía y una cierta dosis de ansiedad expectante quemaban nuestras venas, ante el deseo de encaminarnos y llegar pronto al lugar escogido. Eran las 8:15 a.m., cuando partimos en tres busetas, con rumbo al Asentamiento Agropecuario de El Barón, ubicado en el distrito 4º (San Rafael) de Esparza.

Al llegar al lugar de ingreso, giramos las instrucciones pertinentes, de previo al descenso por los 500 metros de sendero y empinada gradería en proceso de paulatina reconstrucción. Prestos a brindarnos su ayuda en todo momento, estaban nuestros “Baquianos de Planta”, señores Aramis Jiménez y Leonardo Vega, a modos de ‘Ángeles Guardianes’.

El grupo de excursionistas, como si de un único organismo viviente se tratara, se movilizó en perfecto orden, sincronía y disciplina, manifestando la más depurada y empática solidaridad expresada.

Al llegar al cauce del río Paires, tributario del río Jesús María, y subir unos 50 metros, la sorpresa de todos fue general al contemplar una de las joyas ecológicas más bellas de nuestro cantón, consistente en una cascada de 30 metros de caída, con un ancho de 60 metros, aproximadamente. En esta época de verano, la cascada mantiene dos ‘chorros’ principales en su centro, y uno terciario hacia la derecha, que tienen como destino final una refrescante poza de 6 metros de profundidad aproximada.

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El Lic. Francisco Arturo Ugalde García, Historiador, brinda a los excursionistas una charla en la Catarata del Encanto, Esparza. IMAGEN: Sra. Marielena González Rojas.

El Lic. Francisco Arturo Ugalde García, Historiador, brinda a los excursionistas una charla en la Catarata del Encanto, Esparza. IMAGEN: Sra. Marielena González Rojas.

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LA CHARLA

Una muy interesante charla fue desarrollada por nuestro muy apreciado colaborador, Lic. Francisco Arturo Ugalde García, Educador, Historiador Académico Graduado de la Universidad de Costa Rica (UCR), Abogado y Notario Público, quien, con conocimiento de causa, compartiera con la concurrencia aspectos de orden geográfico, geológico, biológico, histórico y anecdótico. Los presentes tuvieron la oportunidad de formular sus inquietudes, consultas y externar sus opiniones al respecto.

En lo geográfico, el Lic. Ugalde García, refirió la ubicación del río Paires como agente delimitador natural de San Juan Grande (Distrito 2°) y San Rafael (Distrito 4°) de Esparza. Resaltó, asimismo, el hecho de que este cauce es tributario del río Jesús María que, a su vez, sirve de límite natural cantonal y provincial, a saber: San Mateo (4° cantón de la provincia de Alajuela) y Esparza (2° cantón de la provincia de Puntarenas).

LOS INDIOS DE GARABITO Y EL VALLE DEL COYOCHE

En lo concerniente a la importancia del lugar como sitio histórico, se refirió a la cercanía con el sitio donde se desarrollara el poblado indígena de Santa Catalina de Garabito, que llegó a tener suma importancia en la región del Pacífico Central, bajo el liderazgo de don Diego de Coyocçara (se pronuncia Coyocsara), Cacique Huetar, Gobernador de la denominada provincia de Garabito, ubicada en el Valle del Coyoche.

Para dejar más claro este punto, cabe mencionar que “Coyoche” era el nombre autóctono de los indígenas que luego integraron la provincia de Garabito y, consecuentemente, a la encomienda repartida a Andrés de Garabito. La jurisdicción del valle del Coyoche estaba delimitada por el río Barranca y el río Jesús María, e iniciaba desde su nacimiento hasta la confluencia de ambos ríos con el océano Pacífico. En síntesis, hablar de los indios “Coyoches”, es hablar de los indios de Garabito.

LOS PIRATAS INGLESES

De igual manera, comentó el caso de las consecutivas invasiones de los piratas ingleses, bajo el mando del capitán Henry Morgan, en 1685, 1686 y 1687.

“Estos corsarios no solamente incendiaron la Iglesia Parroquial del Espíritu Santo, el Convento de los Frailes Franciscanos, el Cabildo y la Caja Real o Caja del Real Haber (…), sino que en la última incursión incendiaron las instalaciones del Puerto de La Caldera. Estas instituciones ardieron con mucha facilidad, debido a que todas se encontraban construidas de paja en sus paredes y palma real en sus techos.

“Una vez incendiado el cabildo, por parte de los piratas, toda la documentación existente también fue devorada por las llamas. Situación por la cual existe un gran vacío sobre la Historia de Esparza, especialmente del siglo XVII. Estas circunstancias conlleva a una ausencia de fuentes documentales de la Ciudad de Esparza durante el siglo XVII.

“Entre los documentos devorados por las llamas podemos mencionar: los Libros de Actas del Cabildo, Justicia y Regimiento, los cuales eran suscritos por el Teniente de Gobernador, así como los Protocolos Coloniales, donde se asentaban los esclavos, las cartas de libertad, compra venta de esclavos, la compra y venta de bienes muebles e inmuebles, los testamentos y las cartas dote, entre otras. Esto queda reforzado con la poca existencia de documentos y expedientes en el Archivo Nacional sobre la Ciudad de Esparza, durante el siglo XVII.

“Además, esta situación trajo un retroceso religioso espiritual, debido a que los pitaras se robaron las campanas de oro y no había con qué realizar los repiques y los dobles. Nadie, después de estos saqueos tenía candelabros, ni candelas. La situación entró en crisis mayor cuando los pocos habitantes de la Ciudad de Esparza, por temor a una nueva invasión, se trasladaron a los valles circunvecinos: Bagaces, Coyoche, Landecho, Abangares, Tempisque, Chomes, Aranjuez y Las Cañas”.

FUENTE: Artículo “Honras Fúnebres en la Costa Rica Colonial”, escrito por el Lic. Francisco Arturo Ugalde García y el Sensei Marco Fco.’. Soto Ramírez. Publicado en el Blog “ESPARZA MÍA…” (10 marzo 2013).

VER ENLACE: https://marcosoto34.wordpress.com/2013/03/10/honras-funebres-en-la-costa-rica-colonial/

En una próxima entrega estaremos brindándoles un artículo con información sobre este tema, preparada exclusivamente por el Lic. Francisco Arturo Ugalde García.

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Sir Henry Morgan, sanguinario pirata y hábil político.

Sir Henry Morgan, sanguinario pirata y hábil político.

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EL GRUPO ECOLOGISTA

Especial mención hacemos del GRUPO DE CAMINATAS RECREATIVAS Y PROTECCIÓN ECOLÓGICA “ESPARZA MÍA”, nacido al alero de nuestra Difusora Cultural, por iniciativa del Lic. Paul Montero Matamoros y apoyado, de forma unánime por la concurrencia.

El grupo puede localizarse en Facebook, en la siguiente dirección https://www.facebook.com/groups/143633415822968/

ÁLBUM FOTOGRÁFICO

Acá, les dejamos el enlace del Álbum Fotográfico de la EXCURSIÓN a la CATARATA del ENCANTO, en el río Paires, Asentamiento El Barón de Esparza

ENLACE: https://www.facebook.com/media/set/?set=a.653279794720128.1073741855.245725025475609&type=1

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VÍDEO DE LA VISITA A LA CATARATA DEL ENCANTO, ESPARZA

Amigas y Amigos: Muchas gracias por creer en y apoyar nuestra visión cultural y las actividades que hemos venido desarrollando desde 1977 y que, hoy por hoy, se consolidan en la DIFUSORA CULTURAL ESPARZA MÍA, y la fundación de nuestra emisora “ESPARZA MÍA Online Radio”, en www.esparzamia.org, y otros proyectos que están cobrando realidad, bajo la égida visionaria de sus directores: El Sensei Marco Fco.’. Soto Ramírez, Cultor Popular Costarricense, y el Prof. Daniel Vega Jiménez.

“Sigamos sembrando sueños…” (Daniel Vega)

“…y sigamos cosechando realidades” (Marco Fco.’. Soto)

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Sensei Marco Fco.·. Soto Ramírez, Cultor Popular Esparzano.

Sensei Marco Fco.·. Soto Ramírez, Cultor Popular Esparzano.

(*) Sensei Marco Fco.·. Soto Ramírez, Cultor Popular Esparzano, Fundador y Administrador del Blog “ESPARZA MÍA…” y de otras iniciativas en la Red, correspondientes a la Difusora Cultural “ESPARZA MÍA…”; Terapeuta Holístico y REIKI Sensei (Maestro); Narrador Oral; Cantante y Compositor Musical; Co-creador de nuestro Símbolos Cantonales Esparzanos: la Bandera y el Escudo; Co-creador de nuestro Símbolo Provincial: la Bandera de la Provincia de Puntarenas; Creador e intérprete de Ñor Antenor, Personaje Típico Cultural del Cantón de Esparza; ‘Promotor de Paz’ por Costa Rica en el Proyecto ‘Puente a la Paz’ (Bridge to Peace Project).

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Los Asentamientos de la Ciudad de Esparza: Orígenes y consolidación

Jardines Parroquiales de Esparza, Puntarenas, Costa Rica. (Imagen: Sensei Marco Fco.·. Soto Ramírez).

Jardines Parroquiales de Esparza, Puntarenas, Costa Rica. (Imagen: Sensei Marco Fco.·. Soto Ramírez).

Por:      Lic. Arturo Ugalde García (*)

   Marco Fco.·. Soto Ramírez (**)

Primera Parte: La Ciudad del Espíritu Santo

En torno al origen y asentamiento, específicamente de la Ciudad del Espíritu Santo, se han tejido varias versiones; algunas de ellas en forma errónea y otras interpretadas de manera muy sui géneris. Como historiadores y coterráneos, no podemos permitir que dichos errores prevalezcan, en virtud de la rigurosidad y seriedad que conlleva un hecho histórico tan trascendental como es la fundación de nuestra ciudad.

De todos es muy bien conocido que la ciudad de Esparza tuvo únicamente dos asentamientos; mientras otros coterráneos afirman que tuvo tres asentamientos. De este presunto tercer asentamiento, no existe mención alguna en el Archivo Nacional de Costa Rica, ni en el Archivo Arquidiocesano de la Curia Metropolitana [1], ni en el Archivo de la Catedral de León, mucho menos, en el Archivo General de la Nación de México [2].

Para la ubicación y demás detalles sobre el asentamiento de la ciudad del Espíritu Santo, fue de primordial importancia el proceso criminal iniciado, el 17 de diciembre de 1574, por el Gobernador y Capitán General de Su Majestad Alonso Anguciana de Gamboa contra los vecinos del sitio de Aranjuez, por los delitos de desobediencia a la máxima autoridad colonial, complicidad y traición a la Corona Española. [3].

Con respecto al traslado y fundación de la ciudad del Espíritu Santo, expresó el enjuiciado Francisco de Fonseca:

“La cibdad de Aranjuez se había de mudar de este asiento a otra parte, que fuese en el Valle del Coyoche, donde al presente está la cibdad del Espíritu Santo… e quedaron de pasarse a él, el verano que viniese” (Ibíd Pág. 43)

El párrafo anterior es elocuente para demostrar que la ciudad del Espíritu Santo, para diciembre de 1574, ya estaba fundada. Por nuestra parte, consideramos que la ciudad del Espíritu Santo había sido fundada en el invierno de 1574, específicamente, en la parte baja de la provincia de Garabito, donde se encontraba el asiento de San Jusepe…

“…donde está agora un hato del dicho señor gobernador (Alonso Anguciana de Gamboa), para que se pasasen allí, por estar más cerca de los dichos indios de Garabito que los habían de servir y apartados de los indios chomes”. [4].

De la cita textual anterior, podemos deducir que:

  • La ciudad del Espíritu Santo había sido fundada en la estación lluviosa de 1574; aproximadamente en el mes de setiembre.
  • Es evidente el interés inmediato del gobernador Alonso Anguciana en trasladar la ciudad de Aranjuez al asiento San Jusepe, donde tenía su ganado vacuno, caballar y mular.
  • Es importante diferenciar los términos “sitio” y “asiento”. El “sitio” conlleva ausencia de la presencia humana, y el “asiento” o “asentamiento” es todo lo contrario.
  • Entonces, consideramos muy importante dejar en claro algo que, prácticamente, ningún investigador histórico o empírico ha mencionado: El primer nombre que recibiera el lugar donde se fundó la ciudad del Espíritu Santo ya era conocido como “San Jusepe”.
  • Para mayor orientación, señalaremos que el asiento de San Jusepe estaba ubicado en la región en donde actualmente se encuentra la Hacienda Cabezas, El Mojón, Mojoncito, Pan de Azúcar y El Tejar.
  • La cercanía de los indios de Garabito se constituía en mano de obra accesible para el cuido, vigilancia y mantenimiento del ganado del gobernador, en otras palabras, eran los sabaneros, los productores de queso y los encargados de la salud animal, así como el “amansar” bueyes, y ganado caballar y mular.

Cabe indicar que el hecho de que el gobernador Alonso Anguciana de Gamboa tuviera un hato de ganado, no quiere decir que era titular de determinada cantidad de tierra, pues en su calidad de funcionario asalariado al servicio de la Corona, le estaba vedado tener propiedades inscritas a su nombre.

Retomando el tema de la sumaria mencionada, también declaró Esteban de Mena, Alcalde de la Santa Hermandad de la ciudad de Aranjuez (rango que retuvo al trasladarse al asentamiento de la ciudad del Espíritu Santo). Éste expresa:

“…ques verdad que el señor gobernador los quiso sacar de aquí (Aranjuez), y los mandó que poblasen en el rio de La Barranca, donde el señor gobernador tiene asentado al presente un hato… ques verdad que recibieron los solares (y el trazado del cuadrante de la ciudad) y cargos susodichos (cargos del cabildo), e han usado dellos e han quedado de que, en siendo verano, se acaban de pasar”.

Queda demostrado a través del párrafo anterior:

  • El empeño e irrespeto del gobernador de sacar a los vecinos del sitio de Aranjuez (ya había perdido su rango hegemónico) y trasladar a los restantes pobladores a un nuevo asentamiento, utilizando el puerto fluvial de La Barranca como punto de entrada y salida al comercio interior de la provincia de Costa Rica.
  • Que los cargos concejiles ya se habían designado por el gobernador Alonso Anguciana de Gamboa, no fueron hechos por elección popular ni por compra de dicho oficio a perpetuidad:

♣ Juan Barboza, Alcalde Ordinario.

♣ Diego de Trigueros, Alguacil Mayor.

♣ Francisco Magariño, Regidor de la ciudad del Espíritu Santo y Escribano de Cabildo.

♣ Peroalonso de las Alas, Capitán de Milicias.

♣ Esteban de Mena, Alcalde de la Santa Hermandad.

♣ Pedro de Balmaceda, Regidor y Escribano de Gobernación.

♣ El padre Fray Juan de Medina, Sacerdote. Éste último era el encargado del convento de los frailes franciscanos [5] y sacerdote, a la vez, cargo que no desempeñó por haber fallecido, de previo al traslado hacia la ciudad del Espíritu Santo; era el habitante de mayor edad, y su cargo fue ocupado por Fray Diego de Guillén, su sucesor.

  • Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la totalidad de los moradores de la ciudad del Espíritu Santo era gente joven, en plena edad laboralmente productiva, siendo el menor Diego de Fonseca con 22 años, y el de mayor edad Diego Polo con 40 años.
  • Existió comunicación directa entre el puerto La Ribera, habilitado por el gobernador Perafán de Ribera, y el puerto La Barranca. Esto queda demostrado con la existencia del asiento San Jusepe y la referencia al hato de ganado del gobernador Anguciana. Es válido indicar que el puerto La Ribera se mantuvo en funcionamiento desde 1568 hasta 1574, cuando se trasladó a la población restante del sitio Aranjuez hacia la ciudad del Espíritu Santo.
  • En la estación lluviosa de 1574, ya se habían distribuido los solares, el trazado de la ciudad (plano o trazado vial), sus calles principales, el convento de los frailes franciscanos, la iglesia católica con su plaza mayor (un cuadrante total), el “edificio” del Cabildo y la Tesorería Real. Los habitantes de Aranjuez, casi en su totalidad, se habían trasladado al nuevo asentamiento, excepto los miembros concejiles y unas pocas autoridades de gobiernos.
  • La ciudad estaba constituida por ranchos y bodegas pajizas, construidas de madera redonda y pisos encascotados de piedra y abarcaba la siguiente delimitación:

♣  Al Oeste: La ribera oriental del río La Barranca.

♣  Al Sur: El río Esparta y su confluencia con el río La Barranca.

♣  Al Este y Norte: El río La Barranca y, en parte, lo que hoy día se conoce como Hacienda Pan de Azúcar.

  • La jurisdicción territorial de la ciudad del Espíritu Santo estaba constituida por una legua, a la circunferencia. Las montañas comunales aledañas para conseguir bejuco que servía en la fabricación de canastos, leña para cocinar, recolección de frutas, caza de animales, recolección de miel silvestre, etc. Y éstas estaban dentro de la legua que integraba esa jurisdicción.

Desde 1559, era obligación y costumbre entre los conquistadores realizar el trazado de la ciudad. Esta práctica inició con las Capitulaciones que hizo el rey Felipe II con el Lic. Alonso Ortíz de Elgueta. En sus instrucciones le recomienda que:

“…una vez que hubiese llegado con su gente y religiosos, debería elegir los sitios en donde iban a instalarse las poblaciones; convendría que la tierra fuese sana, fértil, abundante en agua, leña y buenos pastos para el ganado. Tendrían también cuidado de repartirlas entre los pobladores sin quitarles a los indios las suyas. El Rey insiste, en sus instrucciones, en la necesidad de mantener buenas relaciones con ellos a base de paz y amistad”. [6]

Realizado el trazado de la población, el gobernador en el desempeño de sus funciones ordenaba se construyesen las casas y “edificios” necesarios para la defensa de la ciudad y se cultivase la tierra de los indios que trajesen consigo y de los españoles. (Loc. cit.)

  • Efectivamente, el asentamiento de la ciudad del Espíritu Santo estuvo ubicado en la margen derecha del río La Barranca.
  • La ciudad del Espíritu Santo fue diseñada, pero su traslado y asentamiento se hizo meses después (un trienio), y en forma forzada, porque los habitantes de la ciudad de Aranjuez, no querían perder sus casas, parte del ganado al momento de su traslado y hacienda (recursos económicos).

Es obvio, que el proceso de asentamiento de la ciudad del Espíritu Santo se dio en dos etapas:

1) El traslado parcial e inicial de los habitantes del sitio de Aranjuez, dado en la estación lluviosa de 1574.

2) Y el poblamiento que nuevamente hizo el gobernador “el lunes siguiente tercero día de pascua”, o sea, en la tercera semana del mes de diciembre de 1574; día lunes 17 del mes y año mencionado. Lo anterior, nos evidencia una forma muy particular, de los habitantes de la provincia de Costa Rica en el siglo XVI, para ubicarse en el tiempo. Queda claro que en la Navidad de 1574 se dieron las Pascuas de Nacimiento más hostiles e inolvidables que pudieron haber tenido los pobladores de la ciudad del Espíritu Santo.

De todo lo anterior, colegimos y puntualizamos como la fecha de fundación de la ciudad del Espíritu Santo la estación lluviosa de 1574 (setiembre), no habiendo podido determinar aún el día exacto.

Es importante mencionar las razones que justificaban los habitantes del sitio de Aranjuez para la oposición al traslado hacia la ciudad del Espíritu Santo:

  • Los gastos económicos en el traslado del ganado, de un sitio al otro, y los gastos en la construcción de casas.
  • La oposición de los vecinos caciques de Garabito para no entregar sus tierras a los habitantes de la ciudad del Espíritu Santo.
  • Y tener muchos puertos de navegación a la mar del Sur, a una legua y a dos de distancia, y embarcar mulas y caballos para el Real Haber de Su Majestad y, de igual forma, por tener una tierra fértil para la labranza, crianza y producción de muchas cosas frutales y pesquerías.
  • Y por haber más cosas para sustentar la vida humana”, que no las había en la ciudad del Espíritu Santo.

El gobernador Alonso Anguciana de Gamboa amenazaba a los restantes pobladores del sitio de Aranjuez faltantes del traslado hacia el asiento de la ciudad del Espíritu Santo con los siguientes agravantes:

1) Tener el nuevo asentamiento por cárcel, sin derecho a salir de él, bajo la pena de suspensión del servicio recibido de los indios y una multa de 50 pesos.

2) Ordenar a los naturales de las encomiendas otorgadas a los enjuiciados, que no acudieran con el pago del tributo del maíz y otras cosas que están contempladas en sus tasaciones, ni siembra de milpas para los encomenderos.

3) Que no se alquilen dichos indígenas ni que los demandados los puedan alquilar. Eso, en otras palabras, era no poder tener a disposición “indios alquilones”.

4) La ausencia de pastos y abrevaderos para el ganado, para poder multiplicar y sustentar la raza vacuna, y que en el verano no se murieran de hambre. El gran daño y molestia que los naturales de aquella provincia, y las encomiendas de dichos enjuiciados, recibirían con las vacas, puercos y caballos en sus milpas y heredades.

Resulta importante mencionar que la mayoría de los procesados (Francisco Magariño, Francisco de Fonseca y Juan de Barboza), perdieron el juicio, pese a la apelación que interpusieron ante la Real Audiencia de Guatemala, a excepción de Esteban de Mena que fue absuelto y condenado al pago de las costas procesales. Dentro del presente proceso criminal también, el gobernador Alonso Anguciana de Gamboa, dictó una segunda y última sentencia contra Diego de Trigueros, el 27 de enero de 1575, en el referido sitio de Aranjuez:

“Fallo, por la culpa que deste proceso resulta contra el dicho Diego de Trigueros, que le debo de condenar y condeno en un año de destierro preciso destas provincias de Costa-Rica, el cual salga á cumplir cuando mi voluntad fuere, y en tres vacas é una arroba de hierro para prisiones, y la mitad de lo procedido de las vacas para la cámara é fisco de Su Mag., y la otra mitad para gastos de justicia: y esto, aviéndome piadosamente con él habérsele quemado toda su hacienda: y más le condeno en las costas deste proceso, la tasación de las cuales en mí reservo: y juzgando, ansí lo pronuncio, é mando, é firmo de mi nombre—(f.) Alº de Anguciana de Gamboa”.

Es sorprendente anotar cómo el sentenciado había perdido sus haciendas (patrimonio), de igual forma, el tipo de pena impuesta (destierro a otros lugares de la provincia de Costa Rica). A nuestra manera de pensar, el problema estriba en los términos jurídicos: “El que no tiene plazo, nada debe”; tampoco indica el lugar del destierro que, por lo general, debido a la cercanía del lugar de donde se investigaron los hechos, lo procedente era enviar al destierro a los lugares de Bagaces o Nicoya. Es así, como consideramos que tal destierro no se ejecutó, debido a las siguientes consideraciones:

  • La sentencia fue recurrida y enviada en alzada a la Real Audiencia de Guatemala.
  • La sumaria concluye, en primera instancia, en diciembre de 1575, y en 1576, toma posesión de su cargo.
  • Las causas criminales (penales) que un Gobernador iniciaba, casi nunca eran continuadas por el sucesor. [7]

De igual forma, Diego de Trigueros fue condenado al pago de tres vacas, en una proporción del 50% para la cámara y fisco de Su Majestad, y la otra mitad para gastos de justicia, tomando en consideración que todos sus haberes se habían quemado por mano criminal. Ello, en virtud de que era uno de los últimos opositores a trasladarse a la ciudad del Espíritu Santo. Qué difícil era contribuir con 25 libras de hierro para la utilización de la cárcel pública, aún cuando este mineral y artículos de hierro eran poco usuales en las importaciones a la provincia de Costa Rica. Diego de Trigueros había sido condenado en los gastos de justicia, también fue condenado en las costas del proceso. Creemos que sus pocos bienes no alcanzaban para pagar las tasaciones, por ser excesivas y exorbitantes.

El juicio fue enviado en Alzada a la Real Audiencia de Guatemala, situada en la ciudad de Santiago de Los Caballeros, el 12 de diciembre de 1575. [8] A la fecha, ignoramos los detalles de la modificación de la sentencia. No obstante, reconocemos que el Recurso de Apelación interpuesto por los encartados surtió efecto, en lo referente a la cadena perpetua del fallo, emitido por/y recurrido a Alonso Pérez Farfán. Lo anterior, queda demostrado porque en 1590 Francisco de Fonseca es procesado y condenado nuevamente por el hurto de 200 fanegas de maíz que tomó del pueblo indígena de Santa Catalina de Garabito y vendió en subasta en el puerto La Caldera. [9]

Mencionaremos algunos aspectos muy importantes, en relación con los indios encomendados, y al traslado de los imputados a la ciudad del Espíritu Santo; así como algunos detalles sobre la participación de los jueces que dictaron sentencia (fallo) en este proceso criminal:

Muchos de los indígenas de Chomes al servicio de las encomiendas habían huido a las montañas, debido a las vejaciones que cometían los encomenderos de Chomes contra ellos. En torno a este aspecto, es importante resaltar que dichos indios, y otros de distintas lenguas, habían disminuido en términos cuantitativos, a causa de las epidemias ocurridas en 1573…

“…que generalmente hubo en esta provincia (Costa Rica) y en la de Nicaragua y Nicoya, que en veinte días perecieron trescientas ánimas en aquel pueblo solo de Nicoya”.

Por nuestra parte, consideramos que la catástrofe ocurrida en contra de los indígenas de Chomes fue una verdadera pandemia, donde murió en Nicoya un promedio diario de quince aborígenes. Esta situación trajo consigo otras enfermedades derivadas de la causa de muerte y, por ende, “pestilencias”.

En el primer trimestre de 1575, ya todos los habitantes del sitio de Aranjuez habían culminado sus traslados. El gobernador Alonso Anguciana de Gamboa permaneció en la ciudad del Espíritu Santo del 5 al 8 de febrero de ese año, dedicado a la tramitación de la citada sumaria. Lamentablemente, por cuestiones administrativas en la ciudad de Cartago, este gobernador no pudo fallar en la causa contra Francisco Magariño, Francisco de Fonseca y Juan Barboza; para tal efecto, se nombra a un juez poco letrado llamado Alonso Pérez Farfán, quien condenó a prisión perpetua a estos tres miembros concejiles. Veamos parte de dicha sentencia:

“Fallo que debo de condenar y condeno por lo que por este proceso resulta contra ellos (los imputados arriba mencionados) en la prisión por penas y en las costas de este proceso”. [10]

Retomando el tema sobre la ciudad del Espíritu Santo, diremos que fue una ciudad con mucho rango político. Fueron sus autoridades:

  • Peroalonso [11] de las Alas: Alcalde Mayor.
  • Juan Solano: Capitán de Milicias, título comúnmente denominado “Maese de Campo”.
  • Diego López Nieto: Contador o Tesorero de la Caja Real.
  • Bartolomé Dávila: Lugarteniente de Gobernador.
Cepo. (Imagen utilizada con fines ilustrativos. Fuente:  www.rutadelesclavocba.wordpress-com).

Cepo. (Imagen utilizada con fines ilustrativos. Fuente: http://www.rutadelesclavocba.wordpress-com).

Es importante de resaltar que los endilgados, al 17 de febrero de 1575, llevaban 70 días de estar en el cepo. Calculemos cuántos días tendrían de estar en el cepo los encartados al 12 de diciembre del mismo año, en que la Real Audiencia de Guatemala recibiera en apelación el fallo recurrido contra los miembros concejiles de la ciudad del Espíritu Santo, por nuestra parte, hemos hecho la correspondiente adición y nos da un producto de 370 días, tomando el mes de 30 días.

En la provincia de Costa Rica y Alcaldía de Nicoya, se utilizó el cepo como un instrumento para coartar la libertad de tránsito de muchos enjuiciados y condenados. Consistía en un trozo de madera seccionado en forma horizontal, en dos partes iguales, con varios hoyos –por lo general 6 u 8–, donde se sujetaba al prisionero del tobillo o tobillos. En cada extremo, ambas secciones de madera, se aseguraban con un pasador de hierro o madera. Dicho instrumento, permanecía en la casa del gobernador, donde estaba el cabildo y también la insegura cárcel.

El uso y costumbre de nombrar la totalidad de los miembros del Cabildo el día primero de diciembre de cada año fue interrumpida en la ciudad del Espíritu Santo, por cuanto el gobernador sólo se preocupó por la persecución penal y existía inopia en la población para la elección de estos cargos. Los miembros del Cabildo de la ciudad del Espíritu Santo no tuvieron otra tarea que hacer que la propia defensa, y al margen quedaron los intereses del gobierno local. Al no existir gobierno local en funciones, el pueblo estuvo a la deriva durante ese período. La inconformidad de los pobladores de la ciudad del Espíritu Santo fue tan grande que perduró por un trienio. Situación de la cual se aprovechó el sucesor de Anguciana, o sea, el nuevo gobernador Diego de Artieda y Chirino para trasladar la ciudad a un nuevo asiento.

La inconformidad de los enjuiciados también estribó en los actos de corrupción de muchos españoles que vinieron a la empresa conquistadora, pacificadora y colonizadora a realizar actos indebidos, indecorosos y atrevidos. En este proceso criminal, ellos recusaron a los siguientes vecinos de Aranjuez:

  • Teniente Bartolomé Dávila
  • Juan Romo
  • Diego Quintero
  • Peroalonso de las Alas
  • Diego López Nieto
  • Antonio de Castro
  • Luis González de Estrada
  • Francisco de Benavides
  • Cristóval de Alfaro
  • Gómez Xaramillo
  • Juan Azuar de la Guarda
  • Álvaro de Acuña
  • Alonso Ximénez
  • Juan de Quiroga
  • Miguel Gerónimo de Espinoza, Escribano de esta causa.

Pero, el gobernador Alonso Anguciana de Gamboa prestó oídos sordos a dicha recusación, pues su interés no era permitir contradicciones dentro su causa, ni perseguir a sus coterráneos corruptos.

El sitio San Jusepe

Esta región era conocida, transitada y habitada, desde 1572, por los indígenas súbditos del Cacique Mayor Garabito. En dicha zona, se encontraba el sitio San Jusepe, que fue el nombre inicial que tuvo el lugar donde se asentó posteriormente la ciudad del Espíritu Santo y

“…estando allí como está para el dicho efecto un sacerdote y haber dos años y más, que lo piden los naturales, que se juntarían todos en el valle y sitio donde está la dicha ciudad”. [12]

Es obvio, que en el sitio donde se fundó la ciudad del Espíritu Santo, existía antes de 1572 un sacerdote para la catequización y evangelización de los naturales. Y, sin duda alguna, era el lugar más apropiado para la salida a mar abierto (Océano Pacífico), en busca de pescado, de caracoles para extraer la tinta del múrice, chuchecas y otros productos marinos. Queda claro que el lugar donde se asentó la ciudad del Espíritu Santo ya era conocido por los aborígenes y algunos moradores, y no fue un lugar descubierto por Alonso Anguciana de Gamboa.

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Retrato fiel de un Gobernador ambicioso, temible y perverso

Poco o nada se ha querido decir de la persona de Alonso Anguciana de Gamboa y su estilo muy particularmente negativo de gobernar.

Por tal razón, y en honor a la verdad, no nos duelen prendas -siglos después- hacerlo a la luz, con fundamento en los documentos (objetividad) que hemos tenido a la vista para su estudio e interpretación.

Existieron grandes e irreconciliables diferencias entre los moradores de la ciudad de Aranjuez, los naturales (indígenas de Chomes) y el gobernador Alonso Anguciana de Gamboa.

Este último, cuando asumió el cargo de gobernador, era una persona de la tercera edad, de carácter fuerte, autoritario, inquebrantable en sus decisiones, de trato descortés, abusivo con su autoridad, impositivo y de sentimientos despiadados, reconocido avasallador y explotador de los indígenas y esclavos negros a su servicio, de trato arduo, irrespetuoso y agresivo con las mujeres, a pesar de sus 76 años de edad. [13]

Y, al respecto, manifiesta don Carlos Monge Alfaro:

“Creyeron los españoles avecindados en Cartago y Aranjuez que con Alonso Anguciana de Gamboa vendrían mejores días. Sin embargo, fallaron en sus deseos, pues el nuevo gobernador hostilizó a los pobladores de Costa Rica como no lo había hecho antes ningún otro. Ambicioso, rapaz, desconsiderado, persiguió a quienes le criticaban. En su desmedida ambición llegó hasta despoblar Aranjuez y fundar, cerca de unas tierras ricas en oro que poseía, la Villa del Espíritu Santo de Esparza”. [14]

Finalmente, debemos de hacernos las siguientes interrogantes: ¿Cuál era la dieta alimentaria en el segundo tercio del siglo XVI? ¿Quiénes cultivaban y suministraban estos productos y de dónde se obtenían?

La dieta gastronómica estaba basada en el consumo del maíz y sus derivados, productos que cultivaban, en el valle del Coyoche [15], los maceguales del Cacique Mayor Garabito “…los dichos indios de Garabito han dado e dan a los que van y vienen de comer e tamemes (mecates) para la carga” [16]. Es lógico suponer que los indios de Garabito superaban a los indios Chomes en términos cuantitativos y, consecuentemente, eran mayores productores de cementeras (milpas), y las casas de los naturales estaban más cerca de la ciudad del Espíritu Santo. Y estos indígenas de Garabito traían, para las casas de los españoles “…el pescado, iguanas e puercos de monte e otras cosas” [17]. Sin duda alguna, el consumo de garrobo era parte de la dieta de los indígenas y, a partir del tercer cuarto de siglo, de la dieta de los españoles. En síntesis, los esparzanos hemos sido muy buenos para comer garrobo (“gallina de palo”), y es una costumbre que deriva desde la época precolombina.

Es importante resaltar que la ciudad del Espíritu Santo fue trasladada en los primeros meses de 1577, al sitio actual con el nombre de Esparza, y por el nuevo gobernador Diego de Artieda y Chirino. Aunque la población es trasladada, su arteria comercial principal –puerto La Barranca– continuó con el servicio de cabotaje para el comercio interno y acopio de productos para exportar en grandes cantidades por el puerto La Caldera. Por nuestra parte, consideramos de suma importancia demostrar fehacientemente lo antes expresado sobre el puerto La Barranca.

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El Puerto de La Barranca

En 1590, las autoridades locales coloniales tomaron declaración al indígena llamado Antón, asistido por Francisco, indio intérprete “de la encomienda que en garavito tiene el gouernador de Artieda, difunto” [18] y en el encabezado de los autos, se expresa:

“En el astillero del rio de la barranca términos de la ciudad de Esparca, en cinco dias del mes de hebrero de mill y quinientos noventa y un años”. [19]

La cita textual es elocuente para demostrar la existencia del puerto La Barranca, aún cuando el sitio había sido despoblado y su población trasladada al sitio que actualmente ocupa el epicentro de la hoy ciudad del Espíritu Santo. El puerto La Barranca subsistió porque fue el más apropiado, dentro de la jurisdicción de Esparza, por su fácil acceso, y al estar ubicado en tierras planas, aproximadamente a una legua de la ciudad de Esparza, la misma distancia que separa la ciudad de Esparza con el puerto la Caldera. No hemos encontrado ningún documento donde el gobernador Artieda y Chirino se haya opuesto a la apertura y continuidad del puerto La Barranca. [20]

En torno a la fecha supracitada, debemos manifestar que, desde 1590, las embarcaciones se fabricaban en la zona y, por ende, la existencia de un astillero en el río de la Barranca, específicamente en la desembocadura de este río con el de Esparza; exactamente donde estuvo el asentamiento de la ciudad del Espíritu Santo. Poblamiento fundado en 1574, por Alonso Anguciana de Gamboa.

En 1759, el señor Pascual Doria, vecino de Panamá, solicita licencia a las autoridades locales para realizar un viaje con su canoa llamada La Virgen de los Dolores y anclada en el puerto de la Barranca hacia el Puerto de Montijo. Éste desea llevar algunos productos de la provincia de Costa Rica, hacia Santiago de Veraguas en la jurisdicción de Panamá. Entre los productos de su carga menciona:

1 Quintal de ajos y cebolla.

1 Quintal de zarza y

19,5 Quintales de tabaco. [21]

En julio de 1761, Jerónimo de las Mercedes y Flores, solicita permiso para exportar al Reino de Tierra Firme, 16 quintales de tabaco en rama, utilizando el Barco Nuestra Señora del Carmen, anclado en el Puerto de La Barranca. La exportación de tabaco por el puerto antes mencionado había llegado a su máximo esplendor; resaltamos que se exportaron en ese año un total de 16 quintales de tabaco, una cantidad bastante considerable. [22]

Un bienio después -en octubre de 1763-, se iniciaron unas investigaciones, a solicitud de don Felipe de Paz Soldán, comerciante y vecino de Panamá, quien demandó a Pedro Joaquín de Montoya para que le pagara una carga –bultos de Tabaco–, que iba a embarcar por el Puerto de La Barranca, y que se perdieron.

En el proceso uno de los testigos manifestó:

“…el furioso temporal del mes de octubre del año pasado, -1762- rompió el rio La Barranca y se unió con el de Esparza, que era donde estaban las galeras, arrasando las bodegas y perdiéndose ahí el tabaco almacenado …todo mundo quería llevar su tabaco, no había lugar y muchos pasajeros”.[23]

El párrafo anterior nos describe la baja depresión, ocurrida en 1762, sus dimensiones, pérdidas, enumera comerciantes y productos a exportar.

Lo anterior, queda demostrado con estas dos fuentes documentales. En síntesis, el comercio y el tránsito de pasajeros por el puerto La Barranca fue utilizado por muchos pobladores de Esparza, y por un período superior a los 162 años. Fue un soporte y un centro de acopio, en cuanto a las exportaciones por el puerto La Caldera. Los productos que llegaban al puerto La Barranca, a través del servicio de cabotaje, se almacenaban en las bodegas pajizas y luego en grandes cantidades, se transportaban hasta el puerto La Caldera. Además, existió un movimiento considerado de pasajeros desde la segunda mitad del siglo XVIII.

Los pobladores del puerto de La Barranca, sin duda alguna, tomaron medidas de precaución en torno a este fenómeno natural y así evitar que se volviera a repetir. Así las cosas, llegamos a comprobar que este puerto fluvial tuvo un reasentamiento portuario, a partir de 1762, precisamente, a unos ochocientos cincuenta metros, aguas arriba de donde estuvo ubicado anteriormente dicho fondeadero. Esta hipótesis la hemos logrado comprobar con varias visitas de campo, en las cuales, hemos podido corroborar:

  • La abundancia de árboles de maderas preciosas utilizados para la fabricación de embarcaciones, tales como:

♣  Cedro amargo,
♣  Pochote,
♣  Roble de Sabana,
♣  Almendro de río, y
♣  Guanacaste, entre otros.

  • En toda la región, logramos encontrar arboledas con ejemplares de gran longevidad, muy visible por la altitud y grosor del tronco y ramificaciones. En el caso de los árboles de guanacaste del lugar, los mismos llegaron al final de su ciclo de vida, presentando perforaciones en el tallo.
  • Descubrimos la existencia de un dique fabricado en cemento, en perfecto estado, lo que nos hace suponer que fue hecho en los años de decadencia portuaria, y utilizado para reparar las embarcaciones cuando se dañaban en las partes que componían sus cascos.
  • De igual manera, hallamos los vestigios de un canal muy visible, ubicado de norte a sur, por donde las embarcaciones ingresaban hasta llegar a dicho dique para ser reparadas.
  • La existencia de dos cepas gigantescas de ‘tuna’ o ‘nopal’ (opuntia ficus-indica), de apariencia muy antigua. Esta planta cactácea se utilizaba para preparar un producto, a partir de su mezcla con cal y otros ingredientes, para pintar las embarcaciones, tanto en la parte interior como exterior, para protegerlas de las inclemencias del tiempo y de otros depredadores.
  • El hallazgo de un ancla, con una longitud de 1,85 metros y un peso exacto de 360 kg., y su respectivo cable de hierro, con una extensión superior a los 70 metros, aproximadamente, que servía de sujeción de la embarcación hacia tierra firme, para evitar el arrastre de la corriente fluvial, en este caso. El cable de hierro estaba compuesto de seis cordones, cada uno de ellos conformado por 19 hilos. Esta ancla, enterrada por el sedimento, fue encontrada por unos vecinos de río Barranca, a unos ochocientos cincuenta metros al norte de la confluencia de los ríos Esparza y La Barranca; precisamente, en el punto donde se trasladaron las obras portuarias de La Barranca, a raíz de las inundaciones mencionadas.
  • En la zona muy cercana a este hallazgo, hemos encontrado muchos metros de montículos construidos de piedra, que reflejan la existencia de construcciones en dirección al hallazgo y también a escasos 30 metros hacia el este, que servían como muralla de contención ante una nueva inundación, y así delimitar la zona portuaria y sus “edificaciones” hechas de paja y techos de palma real, material muy abundante en la zona.

Posterior a la reinstalación del fondeadero, en forma simultánea surgió un retroceso en la economía portuaria. Las pérdidas de las bodegas y sus productos, así como del embarcadero, trajeron un repliegue. Muchos mercaderes no querían exponerse a otras pérdidas. Existía otra alternativa portuaria: La Caldera y, años más tarde, el puerto de Puntarenas. Surge la decadencia portuaria hasta llegar a convertirse en el servicio de una barca para trasladar personas y productos de Esparza a Puntarenas y viceversa.

La existencia del astillero, o sea, el lugar donde se construían embarcaciones, continuó en el mismo lugar, utilizando las mismas técnicas: los rodines de madera redonda y la fuerza animal y humana para trasladar la embarcación hasta el cauce del río La Barranca.

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Confluencia del río Esparza con el río La Barranca. (Imagen: Cortesía del Lic. Arturo Ugalde García).

Confluencia del río Esparza con el río La Barranca. (Imagen: Cortesía del Lic. Arturo Ugalde García).

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Actualmente, el río Esparza desvió su dirección al desembocar en el río La Barranca; y lo más sorprendente es que su caudal, en la estación seca del año 2012, se había reducido en forma alarmante y al mismo tiempo se construyó una región, que hoy está consolidada de piedras. El caudal de este último río también se ha reducido y utiliza la mitad de la cuenca desarrollada en la época de la colonia. De igual forma, es importante resaltar que, en siglos anteriores, sus aguas desembocaban en forma directa, facilitando considerablemente el anclaje de las flotas y pequeñas embarcaciones.

En una observación realizada en la confluencia de los ríos Esparza y La Barranca, pudimos observar que la marea llega hasta la desembocadura del primero.

Por otra parte, y de acuerdo con datos históricos, el desbordamiento del río La Barranca y Esparza, sucedido en 1762, hace pensar que el río La Barranca tenía, en esa época, un caudal de agua superior a 2,50 metros de profundidad. Esto se comprobó, partiendo del nivel de agua del lecho del río La Barranca con el nivel del suelo, en la jurisdicción de la zona de Pan de Azúcar. Así, el asentamiento de la ciudad del Espíritu Santo se ubicó al margen izquierdo –al norte– de la confluencia de ambos ríos, partiendo aguas arriba. En otra gira de campo, pudimos notar los vestigios visibles de un ramal del río Esparza que fue el causante de las inundaciones de la obra portuaria, en octubre de 1762.

En 1883, había desaparecido totalmente el puerto de La Barranca y, en su lugar, sólo existía una barca, precisamente en el mismo lugar, para trasladar pasajeros de Esparza hacia Barranca y Puntarenas y viceversa. Este transporte se rigió por un contrato que otorgó la Secretaría de Fomento. [24]

Varios indígenas de la ciudad del Espíritu Santo continuaron viviendo en esta región, y otros se retiraron del centro de población, como lo demuestra la zona arqueológica ubicada en la región, que hoy día se conoce como Complejo Turístico La Roca. En este lugar, varios trabajadores encontraron grandes cantidades de utensilios de piedra, cerámica y objetos de jade. Hacia el litoral de este sitio, está la Roca Carballo, que ofrece y ofreció a los nativos una excelente vista panorámica a alta mar.

En cuanto a la actividad comercial en el puerto La Barranca, debemos mencionar que existió un gran flujo, en cuanto al despacho y descarga de muchos productos de la región que procedían, especialmente de los siguientes puertos naturales o embarcaderos:

  • Puerto de Alvarado y Abangares. El primero ubicado en la desembocadura del río Tempisque y el otro ubicado en el río del mismo nombre.
  • Puerto Landecho, desembocadura del río Jesús María o Gamalotal -Estuario de Tivives-.
  • Puerto Humo. Ubicado en la jurisdicción de Nicoya.
  • Puerto San Pedro de El Palmar, ubicado en el estuario del río Tubures o Naranjo. Por este lugar, desde 1579, se exportaban productos hacia Panamá, Acapulco y el Realejo, tales como cacao, tabaco y maíz. Se importaba loza, telas, ropa, medias, pañuelos, hierro, machetes, hachas y licor. [25]

Retomando el tema, esta ruta terrestre en análisis hacia el puerto La Caldera, no pierde total importancia. Si bien es cierto queda como una ruta alterna, a partir del traslado y asentamiento de la ciudad del Espíritu Santo, al sitio actual con el nombre de Esparza; la misma perduró hasta la decadencia del puerto antes mencionado en las dos primeras décadas del siglo XIX.

Este camino supracitado reúne mayores condiciones, en cuanto al transporte y viaje de personas con bueyes, a pie, a caballo o en mulas. Basta tomar en consideración la topografía del terreno, pues la ruta Esparza-Caldera siempre ha mantenido pendientes bien inclinadas, que durante la época lluviosa hacían intransitable el recorrido con bueyes, caballos y mulas; por tal razón, la ruta antes mencionada, se convirtió en un “Camino de Mulas” que salía de La Caldera hacia Quepos, y de aquí hasta Panamá. También existía una ruta que se desviaba hacia Cartago. Sin duda alguna, a partir de este momento, la ruta original, aunque con la misma distancia, recobró suma importancia.

Quizás, lo más importante para comprobar lo afirmado, y demostrar que existió una ruta inicial es: que dicha ruta aparece bien trazada en los planos de fundación y asentamiento de la colonia Artieda de Esparza, fundada a principios del siglo XX; así como también en la hoja cartográfica Barranca. Esta situación también queda comprobada en la entrevista realizada a don Teodoro Mora Mora, vecino de Chumical; quien expresó:

“…tengo más de 95 años. Soy oriundo de Chumical y este camino existe desde la época de mis abuelos. Ellos usaban mucho esta ruta de Salinas hasta el Pochote de Barranca para arriar ganado y luego subastarlo”. [26]

En la actualidad el poblado de “Chumical” tiene cinco vías de acceso:

  • La ruta colonial antes descrita.
  • El Camino que sale de El Mojón, pasa por Humo, Quebrada Honda, hasta llegar al asentamiento.
  • La vereda recién abierta, por Jocote en la jurisdicción de Juanilama.
  • La entrada por el entronque (cerca de Salinas).
  • Y la calle que sale de Caldera, que pasa en parte por la estación La Moncha, cruzando la quebrada Barbudal. Sin temor a equivocarnos, la vía más utilizada por los comerciantes y pobladores que trasladaban sus productos del puerto La Barranca a puerto La Caldera, y viceversa.

En conclusión, suponemos que en época colonial, al igual que en la actualidad, este río se vuelve caudaloso y extenso pocos metros antes de su desembocadura en el río la Barranca. Y es muy posible que, en la estación lluviosa, su caudal impidiera el libre tránsito de esta región hacia La Caldera, por lo que suponemos la existencia de una canoa como medio de transporte fluvial, y así cruzar el río Esparza.

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Croquis elaborado por el Lic. Arturo Ugalde García. Año 2011.

Croquis elaborado por el Lic. Arturo Ugalde García. Año 2011.

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El trabajo de campo ha permitido afirmar que, desde la fundación de la ciudad del Espíritu Santo, existió un camino saliendo a Pan de Azúcar con rumbo hacia el sur pasando por Artieda, siguiendo el camino a Salinas, hasta terminar en el sitio La Caldera. Y otra intersección de este pueblo, pasando por La Moncha hasta llegar a Caldera.

Sobre la región de La Caldera, existe mucha documentación colonial que permite reconstruir su casco urbano y la extensión territorial, que llegaba hasta lo que hoy constituye la roca de Carballo y la del Icaco. Estas rocas eran utilizadas por un cabo y tres soldados, para vigilar las embarcaciones que navegaban en alta mar y también por embarcaciones sospechosas, o extraviadas. La roca Carballo, ubicada dentro el Complejo Turístico La Roca, y la segunda ubicada en el litoral Pacífico entre Tivives y Caldera, específicamente en el extremo Occidental de la planicie Las Mesas. [27]

Finalmente, debemos recordar que La Barranca fue el único puerto habilitado en la ciudad de Esparza y su jurisdicción, que perduró durante toda la Colonia y trascendió a la vida republicana, floreciendo durante el siglo XVI y decayendo con la apertura del puerto de Puntarenas, en 1812.

Esperamos no defraudar al lector con este pequeño intento de reconstruir el origen del primer “asentamiento” de nuestra ciudad, cuyo nombre inicial fue conocido como Espíritu Santo, por iniciativa e intereses propios de su fundador, el gobernador Alonso Anguciana de Gamboa.

En una entrega posterior, desarrollaremos la información pertinente a un nuevo enfoque histórico geográfico sobre la ciudad en su segundo y último asentamiento, bajo el nombre de Esparza, y por el sucesor Diego de Artieda y Chirino.

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NOTAS y REFERENCIAS

[1] Este acervo documental custodia expedientes muy interesantes sobre matrimonios, bautizos, defunciones, cofradías y capellanías de los diferentes pueblos de la colonia de la entonces provincia de Costa Rica. Son fuentes documentales que, entre otros detalles, mencionan la vida religiosa de un pequeño grupo de personas que simultáneamente mantenían el poder político social y económico de un determinado pueblo.

[2] A mediados del mes de noviembre de 2013, el Lic. Arturo Ugalde García viajó al Archivo General de la Nación, en México, y en su búsqueda documental logró comprobar que, efectivamente, no existe nada con respecto al tema de marras.

[3] El primer paso tomado por el gobernador Alonso Anguciana para el poblamiento de la ciudad del Espíritu Santo fue eliminar el rango de ciudad al pueblo de Aranjuez y otorgarle este rango a la ciudad en crecimiento y trasladar el cabildo en forma íntegra a este nuevo asentamiento. La mayoría de los integrantes del cabildo fueron trasladados con grilletes y en calidad de reos a la ciudad del Espíritu Santo, a que se les dio por cárcel, por ausencia de la misma.

[4] Fernández, León. ASENTAMIENTOS, HACIENDA Y GOBIERNO. Nicoya y el Golfo. Cartago y Valle Central. Gobierno y Constitución. Colección de Documentos para la Historia de Costa Rica, Volumen III. Biblioteca Patria. Editorial Costa Rica. San José, Costa Rica, 1976. Pág. 36.

[5] En el proceso criminal de marras, manifiesta el imputado Esteban de Mena: “…queste confesante vido a Domingo Ximenez una vez en el monasterio de San Francisco, é otra vez en la iglesia (de Aranjuez)…”. Diego Polo declaró dentro de la misma sumaria: “…dixo que lo niega, que nunca este confesante lo vido ni habló con él (con Domingo Ximenez), é que oyó decir hoy dicho dia que había andado paseándose por las sabanas é questaba retraido en San Francisco (monasterio), é que no sabe otra cosa” (Ibíd., pág. 30 y 35), Las citas textuales anteriores son elocuentes para demostrar que nunca existió otro convento en la jurisdicción de la ciudad del Espíritu Santo que llevara el nombre de San Lorenzo.

[6] Ibíd. Pág. 101.

[7] Durante la Colonia, existió una divergencia entre lo penal y las causas civiles. Muchas causas penales, hoy día, son delitos en materia civil y de familia. No existía un manual de procedimientos penales, de ahí que las sentencias fueran muy subjetivas y antojadizas.

[8] Los imputados Francisco Magariño, Francisco de Fonseca, Juan de Barboza y Esteban de Mena habían prestado servicios a la Corona desde 1560, quienes vinieron a Costa Rica con la empresa colonizadora de Juan de Cavallón, primer conquistador de Costa Rica; ostentó el título de Alcalde Mayor de Nicaragua y de la provincia de Nuevo Cartago.

[9] En esta causa, las autoridades judiciales nunca determinaron que el encartado, Francisco de Fonseca, tenía juzgamientos y una condenatoria anterior. Es importante resaltar que Diego de Artieda y Chirino, como la máxima autoridad judicial, no pudo llevar a cabo la etapa investigativa, ni intermedia, mucho menos la etapa de pruebas. Este gobernador había fallecido en un naufragio (a inicios de 1590), cuando se dirigía a España.

[10] Ibíd. Págs. 63-68. De los tres enjuiciados, el único que fue trasladado a la ciudad de Cartago, conjuntamente con dicho gobernador, fue Francisco Magariño; y los restantes regidores quedaron presos en la cuidad del Espíritu Santo.

[11] Este nombre, vino a derivar en el apelativo de Pedro.

[12] Ibíd. Pág. 54.

[13] Para más detalles, véase la copia del Juicio de Residencia de Alonso Anguciana de Gamboa que se encuentra en la Sección Colonial del Archivo General de la Nación de México, cuya signatura consta de 590 folios, expediente al cual el coautor de este artículo, historiador Lic. Arturo Ugalde García, ha tenido acceso, para su lectura e interpretación, en noviembre de 2013.

[14] Monge Alfaro, Carlos. Historia de Costa Rica. Editorial Librería Trejos. 17ª Edición. San José, Costa Rica. 1982. Página 120.

[15]Coyoche” era el nombre autóctono de los indígenas que luego integraron la provincia de Garabito y, consecuentemente, a la encomienda repartida a Andrés de Garabito. La jurisdicción del valle del Coyoche estaba delimitada por el río Barranca y el río Jesús María, e iniciaba desde su nacimiento hasta la confluencia de ambos ríos con el océano Pacífico. En síntesis, hablar de los indios “Coyoches”, es hablar de los indios de Garabito.

[16] Ibíd. Pág. 40.

[17] Ibíd. Página 37.

[18] A.N.C.R. (Archivo Nacional de Costa Rica). Serie Guatemala Colonial, Signatura 008, Folios. 25 y 32 V.

[19] A.N.C.R. Sección Histórica, Serie Guatemala Colonial, Signatura 008. F. 28.

[20] El párrafo anterior no quiere decir que el gobernador de Artieda y Chirino no hiciera lo contrario a su antecesor. Durante la primera etapa de la Colonia era muy usual que el sucesor deshiciera algunas obras de su antecesor. Por ejemplo, Diego de Artieda y Chirino deshabilita el puerto de Landecho para dar apertura al puerto La Caldera.

[21] A.N.C.R. Serie Cartago Colonial, Signatura 0538, marzo 28 de 1759, Fls. 3.

[22] A.N.C.R. Serie Cartago Colonial, Signatura 0551, Fls. 1 y 1V. El Puerto La Barranca durante el siglo XVIII desplegó una excelente actividad comercial. En 1763, se construyeron unas galeras para el acopio de tabaco y así realizar con mayor facilidad; la exportación a Panamá.

[23] A.N.C.R. Serie Complementario Colonial, Signatura 4426, F. 4 y 4 V.

[24] A.N.C.R. Sección Secretaria de Fomento, expediente Nº 4574.

[25] A.N.C.R. Sección Histórica. Serie Mortuales Coloniales. Signatura 1301, Folio 2 F, 50, 52, 62.

[26] Entrevista a don Teodoro Mora Mora, en su casa de habitación en Artieda, noviembre de 2011.

[27] A partir de la habilitación del puerto La Caldera, las tierras aledañas tomaron un gran auge en cuanto al denuncio de tierras baldías. Los miembros de la élite colonial de Cartago (españoles), moradora en la ciudad de Esparza, fueron los principales denunciadores, entre ellos el presbítero Salvador de Laya y Bolívar, Francisco de Ocampo y Golfín y otros.

BIBLIOGRAFÍA

Fernández, León. ASENTAMIENTOS, HACIENDA Y GOBIERNO. Nicoya y el Golfo. Cartago y Valle Central. Gobierno y Constitución. Colección de Documentos para la Historia de Costa Rica, Volumen III. Biblioteca Patria. Editorial Costa Rica. San José, Costa Rica, 1976.

Monge Alfaro, Carlos. Historia de Costa Rica. Editorial Librería Trejos. 17ª Edición. San José, Costa Rica. 1982.

Ugalde García, Arturo. Contexto Histórico – Geográfico del Liceo de Esparta 1574 – 1974. Inédito. Esparza, Puntarenas, Costa Rica. 2012.

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AUTORES:

(*) Lic. Arturo Ugalde García, Educador, Historiador Académico Graduado de la Universidad de Costa Rica (UCR), Abogado y Notario Público.

(**) Marco Fco.·. Soto Ramírez, Cultor Popular Esparzano, Fundador y Administrador del Blog “ESPARZA MÍA…” y de otras iniciativas en la Red, correspondientes al Proyecto de Rescate y Difusión Cultural “ESPARZA MÍA…”; Terapeuta Holístico y REIKI Master; Narrador Oral; Cantante y Compositor Musical; Co-creador de nuestro Símbolos Cantonales Esparzanos: la Bandera y el Escudo; Co-creador de nuestro Símbolo Provincial: la Bandera de la Provincia de Puntarenas; Creador e intérprete de Ñor Antenor, Personaje Típico Cultural del Cantón de Esparza; ‘Promotor de Paz’ por Costa Rica en el Proyecto ‘Puente a la Paz’ (Bridge to Peace Project).

ESPARZANEIDAD: Decreto Ejecutivo que restituye a Esparza su título de Ciudad Primada

Templo Parroquial de Esparza

Templo Parroquial de Esparza

La Ciudad del Espíritu Santo de Esparza, mediante excitativa de la Asociación para el Rescate y Desarrollo de la Cultura del Cantón de Esparza, a través del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes logra que la Presidencia de la República, mediante el Decreto Ejecutivo No. 25472-C del 15 de setiembre de 1996, declare a nuestra -más que cuatricentenaria ciudad- como Ciudad Primada, devolviéndole el título y calidad que ostentara en época de la colonia, como importante sede político administrativa del territorio y el Puerto de la Caldera, a su cargo.

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Texto del Decreto Ejecutivo No. 25472-C

del 15 de setiembre de 1996

CIUDAD PRIMADA DEL ESPÍRITU SANTO DE ESPARZA

DECLARATORIA

“El Presidente de la República y el Ministro de Cultura, Juventud y Deportes. Con fundamento en el artículo 2.5.1 de la ley de la Administración Pública y artículo 140 de la Constitución Política y,

CONSIDERANDO

1) Que la Ciudad del Espíritu Santo de Esparza posee valor histórico patrimonial, por ser la segunda ciudad más antigua de Costa Rica.

2) Que la Ciudad del Espíritu Santo de Esparza fue fundada en diciembre de 1574.

3) Que hasta el presente, la Ciudad del Espíritu Santo de Esparza ha mantenido el mismo patronímico, y ha permanecido ubicada en la misma región.

4) Que los rasgos destacados en el punto anterior, corresponden a los elementos esenciales de una Ciudad Primada.

5) Que el mes de diciembre venidero, la Ciudad del Espíritu Santo de Esparza cumplirá 422 años de existencia.

6) Que la Ciudad del Espíritu Santo de Esparza, jugó un papel fundamental como segunda sede administrativa después de la Ciudad de Cartago, contribuyendo, tanto al desarrollo de los puertos de La Caldera y Puntarenas, como a la génesis y difusión de la ganadería mular, caballar y vacuna, en los valles de Chomes, Cañas y Bagaces.

7) Que es deber del Estado salvaguardar y patrocinar las iniciativas para que todos los pueblos que integran la República se auto descubran para fortalecer y proteger las identidades locales, que en conjunto estructuran y le dan sentido a los rasgos más sobresalientes de la nacionalidad costarricense.

Por tanto:
DECRETAN

Artículo 1°: Declarar “Ciudad Primada” a la Ciudad del Espíritu Santo, distrito primero del cantón de Esparza.

Artículo 2°: Declarar el mes de Diciembre “Mes de la Esparzaneidad”.

Artículo 3°: Rige a partir de su publicación.

Dado en la Presidencia de la República. San José, a los 15 días del mes de setiembre de 1996. (José María Figueres Olsen. El Ministro de Cultura, Juventud y Deportes, Arnoldo Mora Rodríguez)”.

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Para leer artículo “El Significado de la Declaratoria de la Ciudad Primada del Espíritu Santo de Esparza y del Mes de la Esparzaneidad”, haga CLICK en el siguiente ENLACE:

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Ferrocarril Costarricense: rieles de Este a Oeste

Pasajeros de un tren a Puntarenas toman un breve descanso para captar esta fotografía en el puente sobre el río Grande, en Atenas. Foto: © LA NACIÓN.

Pasajeros de un tren a Puntarenas toman un breve descanso para captar esta fotografía en el puente sobre el río Grande, en Atenas. Foto: © LA NACIÓN.

 

El 23 de julio de 1910 finalizaron las obras del ferrocarril al Pacífico y Costa Rica cumplió su sueño de que rieles y durmientes cruzaran el país.

Por: Randall Corella V. (*)

LA NACIÓN, 01 de Agosto de 2010.  Atrás habían quedado décadas de ilusiones e intentos frustrados. Ese día a finales de julio, con la colocación del último riel de la vía al Pacífico, Costa Rica alcanzó la meta de contar con una línea férrea que cruzara sus entrañas de océano a océano.

Pero el camino de este tren no fue ni corto, ni fácil. La historia ferroviaria de Costa Rica comenzó hace casi 200 años. El café fue, sin duda, el principal detonante de este deseo por contar con un camino hacia las costas del país, y la oligarquía de entonces, los más interesados en llevar sus productos a los puertos de Puntarenas y Limón.

El primer intento se dio durante el gobierno de Braulio Carrillo, cuando se construyó un camino hacia el Atlántico que acabó siendo un simple trocha en medio de la agreste montaña.

“El segundo intento se da en 1843, en el gobierno de José María Alfaro, con un órgano llamado Sociedad Económica Itineraria a la que se encargó la construcción de un camino al océano Pacífico. El camino se logró hacer, pero lo cierto es que el gran comercio del café de Costa Rica era por el Atlántico”, explica el abogado e historiador Tomás Federico Arias Castro.

El antecedente para la primera obra ferrocarrilera del país lo suscribió el presidente Juan Rafael Mora Porras en noviembre de 1857, cuando firmó el primer contrato ferrocarrilero de la historia de Costa Rica con el empresario inglés Richard Farrer.

“Fue muy triste para don Juanito porque él creía que iba tener un ferrocarril de San José a Puntarenas, pero Farrer solo hizo una línea de Puntarenas a Barranca. Lo más triste de todo es que lo que Farrer puso en funcionamiento fue un pequeño cajón de madera con unas ventanas, colocado sobre unos rieles y tirado por un par de burros”, explica el historiador y abogado.

Sobra decir que el “burrocarril” no duró ni siquiera un año en funcionamiento, debido al enorme descontento de la gente.

Un nuevo intento por tener un ferrocarril se dio en 1869, cuando el gobierno de Jesús Jiménez designó al ministro de Fomento, Eusebio Figueroa, para firmar un contrato con la empresa dirigida por el inglés Edward Reilly. Sin embargo, el contrato no se pudo cumplir porque se descubrió que Reilly no tenía dinero para emprender la obra.

En 1871, el presidente Tomás Guardia suscribió un nuevo contrato con el empresario norteamericano Henry Meiggs, que se encontraba en Perú, construyendo un ferrocarril en Lima.

Sin embargo, Meiggs no pudo venir y le trasladó el contrato a su sobrino, Henry Meiggs Keith, quien inauguró las obras del ferrocarril al Atlántico en 1871. Tres años después, Guardia rescindió el contrato porque consideró que Meiggs no cumplía con lo acordado.

“El trabajo se había organizado en cuatro etapas. Al momento en que Keith interrumpió las obras, se había concluido el tramo de 43 kilómetros entre Alajuela y Cartago, y 35 adicionales entre Limón Matina”, afirma el historiador Álvaro Castro-Harrigan, autor del libro El correo ferroviario en Costa Rica.

Además de un trabajo inconcluso, el paso de Henry Meiggs dejó también un triste episodio en la historia del ferrocarril tico.

“Para la construcción del ferrocarril, Meiggs trajo alrededor de 650 trabajadores chinos, pero se dio una situación muy lamentable con ellos. En 1874, se sintieron explotados y, durante un día de labores, decidieron no trabajar. El Gobierno dejó el caso en manos de Meiggs y se produjo una masacre, asesinaron a varios de ellos”, recuerda Arias Castro.

El Gobierno intentó asumir la construcción de la vía faltante pero la situación financiera obligó a Guardia a negociar un nuevo contrato en 1879, con Minor Cooper Keith, el hermano de Henry, que se había mudado a Limón en 1871, para iniciar el cultivo del banano en Costa Rica.

M. C. Keith construyó un tramo del ferrocarril desde el puerto de Limón hasta el río Sucio, pero el paso definitivo para el arribo del tren a San José comenzó en 1882, con la llegada de Próspero Fernández a la Presidencia.

Fernández designó como secretario de Fomento a Bernardo Soto Alfaro, quien, en abril de 1884, firmó con Keith el más famoso contrato ferrocarrilero en la historia del país.

“Don Minor se comprometió a terminar el ferrocarril a cambio de cuatro cosas: la cesión de 340.000 hectáreas de tierra baldía a cada lado de la vía, la concesión del tren por 99 años, la creación de una sociedad anónima para administrar el tren llamada Costa Rica Railway Company, y la traída de trabajadores extranjeros, principalmente italianos, para la construcción”, añade Arias.

Bajo la tutela de Keith, el ferrocarril se terminó en 1890, durante el gobierno de José Joaquín Rodríguez, y fue motivo de fiesta en San José.

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"El Burrocarril", caricatura del libro "Historia Ferrovial de Costa Rica", publicado en 1934 por don Joaquín Fernández Montúfar.

“El Burrocarril”, caricatura del libro “Historia Ferrovial de Costa Rica”, publicado en 1934 por don Joaquín Fernández Montúfar.

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Hacia el oeste

El ferrocarril al Pacífico tiene como triste antecedente el “burrocarril” que avanzaba a dos kilómetros por hora, y aunque en el gobierno de Tomás Guardia se habló de construirlo, no hubo dinero para comenzar la obra, pues todos los pesos estaban destinados hacia el tren al Atlántico.

Fue el presidente Rafael Yglesias quien suscribió, en 1895, el primer contrato ferrocarrilero para el océano Pacífico.

Yglesias delegó en su secretario de fomento, Juan José Ulloa, un acuerdo con el empresario William Lynn, quien firmó a nombre del empresario norteamericano John Casement.

Las obras se iniciaron en 1897; durante seis años no hubo problema, pero en 1903, Lynn solicitó rescindir el contrato porque ya no tenía más financiamiento para cumplir con él. El gobierno de Ascensión Esquivel Ibarra decidió entonces terminar el ferrocarril con dineros y mano de obra nacional.

“El clima del Pacífico no era igual al del Atlántico; la gente de entonces se quejaba de que en la ruta hacia Limón llovía constantemente, hacía un calor terrible, había muchas enfermedades y el terreno era irregular. Al Pacífico, en cambio no tenían ningún problema. Hubo obreros de otras nacionalidades, como alemanes, franceses e italianos, pero la obra grande fue con trabajadores criollos”, afirma Arias.

Luego de siete años de trabajo, el 23 de julio de 1910, bajo el mandato de Ricardo Jiménez Oreamuno se colocó el último riel del ferrocarril al Pacífico y la capital finalmente quedó comunicada con sus dos costas.

“El gobierno estaba muy golpeado por el terremoto de Santa Mónica y el ferrocarril fue una manera de salir de la tristeza, fue como un aire de alivio”, añade Arias Castro.

“El Ferrocarril al Atlántico duró casi 30 años en terminarse y el del Pacífico solo 13, eso habla de las grandes dificultades que enfrentó el primero. Por eso se dice que el ferrocarril al Atlántico es quizá la obra de infraestructura e ingeniería más importante de la historia de Costa Rica, no ha habido otra de esa envergadura ni desarrollada en circunstancias como la de entonces”, concluye el historiador.

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(*) Randall Corella V., Periodista de LA NACIÓN. Artículo publicado la Revista PROA, de LA NACIÓN, del 01 de Agosto de 2010.

FOTOGRAFÍAS:

– Tren en puente de río Grande, Atenas: Periódico LA NACIÓN, Costa Rica.

– Caricatura del ‘Burrocarril’: Libro “Historia Ferrovial de Costa Rica”, publicado en 1934 por don Joaquín Fernández Montúfar.

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ENLACE

http://www.nacion.com/2010-08-01/Proa/NotasSecundarias/Proa2462062.aspx

Tomás Guardia y el Ferrrocarril Interoceánico

Una cuadrilla de mantenimiento trabaja con picos y palas para remover un derrumbre sobre la vía del ferrocarril. Fotografía tomada en 1924, por Manuel Gómez Miralles.  Fuente: © LA NACIÓN.

Una cuadrilla de mantenimiento trabaja con picos y palas para remover un derrumbre sobre la vía del ferrocarril. Fotografía tomada en 1924, por Manuel Gómez Miralles. Fuente: © LA NACIÓN.

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Por: MSc. Ana María Botey Sobrado (*)

Tomás Guardia, llegó al poder por medio de un golpe de Estado, en 1870, y a diferencia de sus antecesores estableció prioridades en la construcción de ferrocarriles hacia las costas y como era de esperarse definió que:

“…la mayor y más urgente de las necesidades nacionales, reconocida como tal por mis antecesores y por los hombres de buen juicio y de reconocido patriotismo, era la construcción de una vía férrea al mar del norte”.

En consecuencia, su administración entró en negociaciones con Henry Meiggs para la construcción de un ferrocarril entre la ciudad de Alajuela y el puerto de Limón, en 1871, que el contratista abandonó, en 1873, sin haber concluido la obra. No obstante, al finalizar esa década, pese a que el gobierno debió asumir la construcción del ferrocarril al Atlántico y se encontraba inmerso en enormes problemas técnicos, humanos y financieros inició los estudios preparatorios para la construcción de la línea férrea entre San José y Puntarenas. Guardia expresó así sus preocupaciones:

“Desde que se iniciaron los trabajos de la construcción del Ferrocarril, entre esta Capital y la ciudad de Limón, tuve la idea y formé el propósito de que la línea fuese interoceánica, como lo demandan la más alta conveniencia de esta República y aún la de una gran parte del mundo, y como lo permiten la feliz posición geográfica de Costa Rica y el aumento progresivo de las rentas nacionales”.

Guardia y sus allegados estaban convencidos de que la construcción de la línea férrea al Pacífico presentaba ventajas sobre la del Atlántico, por lo tanto no dudaron en proceder a la construcción del Ferrocarril al Pacífico. En consecuencia, en 1882, el ministro de Fomento Manuel Argüello Mora contrató con el empresario Myers, la construcción de una línea que, aprovechara el trazado del “burrocarril” para unir Puntarenas con Esparta. Un año después esta sección fue inaugurada, pero su continuación fue postergada.

“La circunstancia de ser plana una gran parte de ese trayecto, el número de brazos disponible, la posibilidad de que la parte de la línea que primeramente se construya, ayude a los trabajos ulteriores, como en otros países ha sucedido; en fin, la ventaja de la experiencia adquirida, todo me hace augurar que la línea férrea del sur será llevada a término, si no con prioridad, casi al mismo tiempo que la del norte; y que aún antes de enlazarse los dos grandes ramales de la vía interoceánica, la del sur empezará a ser de grande utilidad, cuando llegue la época de exportar la próxima cosecha de café”.

Los sucesores inmediatos de Guardia, postergaron el ferrocarril interoceánico y dirigieron sus esfuerzos hacia la conclusión del ferrocarril al Atlántico y al arreglo de la deuda con los ingleses tenedores de bonos. En esa perspectiva, se firmó el contrato Soto Keith, entre Bernardo Soto, ministro de Fomento de Próspero Fernández y Minor Cooper Keith, en 1884, el cual acabó con la idea de un ferrocarril nacional y creó condiciones para la concreción de un monopolio de capital extranjero orientado a la producción y exportación de bananos, que enajenó inmensas extensiones de tierras, el ferrocarril y el puerto de Limón.

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Vía de la ruta del Ferrocarril Puntarenas-San José, bordeando la Roca de Carballo, Caldera, Esparza. Foto tomada el 16 de enero de 1923.

Vía de la ruta del Ferrocarril Puntarenas-San José, bordeando la Roca de Carballo, Caldera, Esparza. Foto tomada el 16 de enero de 1923.

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LAS VICISITUDES DEL RAMAL  “ESPARTA- PUNTARENAS”

En la década de 1880, algunos creyeron que el ferrocarril al Atlántico era suficiente para resolver el problema del comercio exportador e importador, además, que el gobierno no podía gastar recursos en una vía de escasa importancia. A ellos se unieron los carreteros que transportaban mercancías y personas, que se veían sumamente amenazados por la posible competencia de un ferrocarril entre la capital y el puerto de Puntarenas y solicitaron al presidente Próspero Fernández el desmantelamiento del ramal Puntarenas-Esparta. La decisión de levantar los rieles no prosperó, debido a que el ingeniero Luis Matamoros logró convencer a los carreteros de las ventajas que obtendrían dejando las cargas en la estación de Esparta y no en el muelle de Puntarenas.

En adelante este ramal aligeró la exportación de café y se autofinanció con el monto de los fletes. El ingeniero Matamoros fue su primer administrador.

El presidente Carlos Durán en su mensaje del 1 de mayo de 1890 señalaba que:

“El negocio del ferrocarril al Pacífico, que ya conocéis al haber dado vuestra aprobación al contrato firmado por el señor Secretario de Fomento y el empresario señor Smith, va progresando de un modo satisfactorio. Se ha organizado ya en Londres la Compañía que ha de dar vida al proyecto , y los informes recibidos hacen esperar que se obtengan los fondos necesarios para dar término a una obra que ha de reportar al país cuantiosos provechos, ya porque entrarán en activa explotación nuestros terrenos del sur, ya porque se aumentarán nuestro comercio y relaciones con Centro América y demás pueblos del Pacífico, como porque atraeremos gran parte del tráfico comercial interoceánico y porque nos servirá esa línea de regulador del ferrocarril al Atlántico”.

Se trataba del convenio firmado por don Alejandro Alvarado, ministro de Fomento y la firma de Cyril Smith y Cooper con el objeto de continuar el ramal de Esparta por la ruta de San Ramón, Naranjo y San Antonio de Belén. Smith no logró sus objetivos y la construcción del ferrocarril al Pacífico quedó postergada en espera de mejores momentos para el fisco, mientras tanto el ramal Esparta-Puntarenas debía autofinanciarse.

Es interesante observar que aunque el ferrocarril al Atlántico todavía no estaba finiquitado, el presidente Durán consideraba que el ferrocarril al Pacífico serviría de “regulador” con respecto a la Costa Rica Railway Company, la empresa de capital inglés responsable de su explotación.

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(*) MSc. Ana María Botey Sobrado, Historiadora costarricense. Se le conoce popularmente por sus trabajos en historia social de los movimientos sociales en el Valle Central y el Pacífico de Costa Rica. Botey Sobrado es catedrática de la Escuela de Historia e investigadora del Centro de Investigaciones Históricas de Ameríca Central de la Universidad de Costa Rica. Actualmente es miembro del Programa de las desigualdades del CIHAC.

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Biografía de la MSc. Ana María Botey Sobrado: Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Ana_Mar%C3%ADa_Botey_Sobrado)

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FUENTE del Artículo: Botey Sobrado, Ana María. El Ferrocarril al Pacífico: un ente de regulación y desarrollo en crisis permanente (1880-1972). Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica, 25(1): 139-158. San José, 1999.

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FOTOGRAFÍAS:

1) Periódico LA NACIÓN.

2) Colección del Blog “ESPARZA MÍA…”

HISTORIA de ESPARZA, Ciudad Colonial… (Programa “Conociéndonos”, Canal 15-UCR)

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Documental producido por Canal 15 y la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica
sobre el cantón de Esparza, Puntarenas, Costa Rica, América Central.

Entrevista a la recordada MSc. Claudia Quirós Vargas, connotada Historiadora Costarricense de renombre internacional, oriunda de Esparza, Premio Nacional de Historia “Aquileo J. Echeverría” 1990.

Escuela de Historia, UCR – Encargado de Extensión Docente CIHAC: Juan José Marín.

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