Un Recuerdo sobre la Tumba de Lisímaco Chavarría (1915)

Lisímaco Chavarría Palma, poeta ramonense. (Imagen tomada de © El Occidente.net)

Lisímaco Chavarría Palma, poeta ramonense. (Imagen tomada de © El Occidente.net)

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“El 27 de agosto próximo se conmemorará el centenario de la muerte del poeta, agricultor, escultor, maestro, pintor, relojero y periodista ramonense LISÍMACO CHAVARRÍA PALMA, Benemérito de las Letras Patrias, quien falleció a la temprana edad de 35 años -víctima de la tuberculosis y la pobreza material- en 1913.

“En el periódico “El Ramonense” del 5 de setiembre de 1915, apareció, suscrito por Jesús T. Vega, desde Esparta, un artículo titulado “Un recuerdo sobre la tumba de Lisímaco“. Lo reproducimos aquí como recuerdo del vínculo entre los dos cantones, en el marco de la efemérides que se avecina.

“Existe en San Ramón la hermosa tradición de que los escolares le llevan y depositan flores en la tumba al poeta, el día 27 de agosto. Se cumple así cada año con uno de sus últimos deseos antes de morir, el cual dejó plasmado en el poema “Anhelos hondos“:

“…y que manos cariñosas

me lleven a la huesa muchas rosas

cortadas con amor…”

El párrafo final del escrito de Vega, simbólicamente también cumple con esta petición del bardo”. -Comentario del Lic. Fernando González Vásquez, quien ha tenido la cortesía de enviarnos el artículo que transcribimos en esta publicación.

Por: Jesús T. Vega

ESPARTA, Agosto 27 de 1915. No tuve la dicha de conocer personalmente a Lisímaco ni de estrechar su tibia y bondadosa mano, ni de escuchar su fluida y amena conversación, allá en el corrillo de sus muchos admiradores. Pero cada vez que este poeta egregio pulsaba su lira de oro para entonar sus armoniosos cantos, las vibraciones de su mágico instrumento y la meliflua armonía de sus versos gallardos dejaban en el fondo de mi alma, algo así, como el delicado aroma de nuestras vírgenes selvas, el recogimiento misterioso que envuelve a la verde campiña en una noche de luna hermosa, la excelsa majestad de nuestros volcanes, el suave murmullo del arroyo que indolente discurre por el valle, la alegre algarabía de nuestras incipientes aldeas, el susurro lejanos de maizales y cañaverales movidos por la fresca brisa de la montaña y el cuchicheo vagaroso del boscaje en una mañana de Enero.

Y es que la poesía de este gentil trovador, tonifica, anima y eleva. Leyendo a Lisímaco se siente el espíritu como saturado por el alma nacional. Su rica paleta tuvo colores y matices para todas las escenas de nuestra vida cotidiana… sus regios cuadros y sus inimitables acuarelas, tienen un colorido que sólo los verdaderos maestros del arte son capaces de dar. Su guzla de oro vibró con encantadora delicadeza, cuando oficiaba ante el altar de la Belleza, o cuando algún sentimiento generoso impulsaba su noble corazón.

Cuando los laureles del triunfo ciñeron su frente iluminada en los torneos del arte; cuando su nombre era aclamado con entusiasmo más allá de las fronteras, desde mi cálida tierruca enviaba hurras entusiastas al garrido cantor de nuestras bellezas tropicales, al mimado de las musas.

Cayó como herido por el rayo, en la plenitud de la vida, al escalar la cima del arte, víctima de cruel enfermedad, así como cayeron Braum, Pacheco, Aquileo y Víquez. Costa Rica, a excepción de Facio, no ha tenido la gloria de que las musas coronen un venerable capacete cano. El cetro de la gaya ciencia nunca lo ha llevado, entre nosotros, una mano octogenaria; lo ha lucido la exuberante y briosa juventud, quien lo ha disfrutado, en más de una ocasión, en las fecundas y floridas fiestas del ingenio.

Hoy, hace justamente dos años que enmudeció la lira vibrante del inolvidable poeta; al traspasar éste los umbrales de la tumba. ¿Quién la heredará?… Mientras tanto, inclinemos respetuosos sobre su lecho funerario, y dejémosle allí un modesto ramo de guarias, como símbolo de nuestra admiración y cariño y como emblema de sus mejores producciones.

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Algunos Poemas de Lisímaco Chavarría Palma

A petición de un@s amables Lectores, hemos mcolocado esta breve compilación de Poemas del “Bardo Ramonense”

La Roca de Carballo (*)

Autor: Lisímaco Chavarría

Seméjase a una esfinge de pedernal eterno
erguida ante el abismo del piélago sonoro;
sobre ella el Sol despunta doscientos dardos de oro
y ante ella el mar levanta su canto sempiterno.

El fuego del verano, las lluvias del invierno,
los foscos huracanes que van rugiendo en coro
y todas las estrellas que vierten su tesoro,
descienden por su espalda de cíclope de averno.

En ella se posaron Saturno y los Vestiglos
a contemplar la marcha de todas las edades
que fueron en los potros piafantes de los siglos.

El piélago le dice de aquella raza trunca,
señora que fue dueña de aquellas soledades,
en una edad remota que ya no vuelve nunca.

(*) La Roca de Carballo es un sitio ubicado en Caldera, Esparza.

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En Puntarenas

Autor: Lisímaco Chavarría

Aroma suave da la reseda
y el mar sus tumbos rima en la playa
donde la espuma vibrando queda
como heliotropo que se desmaya.

Un marinero fuma cachimba
viendo dos barcos en lontananza;
allá las notas de una marimba
se unen rimando costeña danza.

Una morena de ojos quemantes,
de curvaturas hechas pecado,
ha vuelto locos dos navegantes
que van tras ella para el mercado.

Se ven dos bongos en el Estero
dando tirones a las amarras,
y junta notas el marimbero
acompañado de dos guitarras.

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Espigas y Azucenas

Autor: Lisímaco Chavarría

La muerte es un matiz de la existencia,
morir es florecer en otra forma;
la caduca materia se transforma
en ser nuevo, en rosales o en esencia.

La vejez es la humana inconsciencia
que sometida a la inflexible norma
de Natura, se rompe y se deforma
en átomos, en luz o en florescencia.

¿Por qué miedo a la muerte? No lo acierto,
si de todo placer triunfan las penas,
las cuales finan cuando el ser ha muerto.

La vida se desciñe sus cadenas
y en la huesa, en el carmen y en huerto
la carne se hace espigas y azucenas.

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Anhelos Hondos

Autor: Lisímaco Chavarría

 Allá en el camposanto
que esmaltan las auroras de amaranto
y las tardes de sándalo y carmín,
allá donde la hiedra
abraza con amor la cruz de piedra
anhelo ahora descansar al fin.

Allá donde los vientos juguetones
columpian los rosales en botones
y lloran al pasar,
allá donde los lúgubres cipreses
me esperan hace meses
anhelo descansar.

En mi pueblo que doble la campana
bajo el oro del sol de la mañana
por este nativo trovador;
en mi pueblo… y que manos cariñosas
me lleven a la huesa muchas rosas
cortadas con amor.

Mi cuerpo que se torne en pasionarias,
que adornen las tumbas silenciarias
en las tardes de lumbre tropical:

es el único anhelo que hoy me inspira,
y que siga la cruz siendo la lira
del alma mía que será inmortal.

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Manojo de Guarias

Autor: Lisímaco Chavarría

Moradas cual la túnica de Cristo,
columpiando sus pétalos de seda,
en mis bosques nativos las he visto
donde el sinsonte al manantial remeda.

Caprichos de amatista suspendidos
en los troncos de ceibas centenarias,
fulgores de la aurora detenidos
sobre el remanso azul, así las guarias.

La más preciada flor costarriqueña
que florece en tejados y pretiles,
parece un alma que en la tarde sueña
con el paje floral de los abriles.

De noche, cuando salen las estrellas,
como pálidas niñas del espacio,
riegan collares de ópalos sobre ellas
y entonces son joyeles de topacio.

Un manojo de guarias, tal los versos
que vengo a deshojar a tu ventana;
son candorosas cual tus labios tersos,
como tu sien de rosa y porcelana.

Te ofrezco el ramillete delicado
de las frescas parásitas nativas:
lo recogí no ha mucho de mi prado
de helechos y jaral y siemprevivas.

Aun viene con las gotas del rocío
que sobre él salpicaron las auroras;
tiene fragancia del terruño mío,
de reinas de la noche y de pastoras.

Lo vieron florecer los campesinos
en las mañanas tibias de labranza,
cuando los bueyes van por los caminos
oyéndole al jilguero su romanza.

Lo vieron reventar los manantiales
en las noches de luna, en las montañas,
como rizos de sedas orientales
junto a la paz rural de las cabañas.

¿Para quién han de ser? ¡Oh dulce niña!
Para ti compañera de mis rutas
son las flores que bordan mi campiña
rica de mies y de doradas frutas.

¿Para quién han de ser? Entre tus manos
serán así como imperial ofrenda,
cual jirón que te dejen los veranos
cuando la tarde en el azul descienda.

Recibe este manojo hecho de guarias
que fueron el collar de las encinas;
ellas te llevan las cadencias varias
que saben las dulzainas campesinas.

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Promesas de la Tierra

Autor: Lisímaco Chavarría

Hay un olor de vida
en el huerto, en el aire y en las cosas;
es un olor a tierra humedecida
que va anunciando la precoz venida
de la mies y del fruto y de las rosas.

Hay nuncios y promesas en el rayo
que el Sol derrama encima de las eras;
durmió la tierra como en un desmayo,
pero las lluvias del florido mayo
fecundarán las mustias sementeras.

Hay regocijos hondos en los prados
y enrojecen sus flores las piñuelas;
van peinando la tierra los arados;
hila el yigüirro versos delicados
y el labriego labora sus parcelas.

El campo reverdece y fatigosas
tornan las yuntas de mover la tierra
tan pródiga en ofrendas hechas rosas
y espigas… Vida nueva hay en las cosas
y en las verduras que el cercado encierra.

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CRÉDITOS

Texto: Lic. Fernando González Vásquez, a quien agradecemos su valiosa colaboración.

Imagen:  El Occidente.net

Poemas: Periódico La Nación, y Página de Los pobres de la tierra.org

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